las manzanas y el cesto.

Rafa Iglesias Cóctel Molotov

Un periodista preguntó al Vicepresidente Alfonso Guerra ‑político muy de izquierdas y muy querido por sus votantes‑ por la corrupción en que había caído: nombrar para un carguete a su hermano Juan Guerra con gran sueldo y despacho. El señor Guerra, Vicepresidente del Gobierno de España, respondió: –¿Es que usted no lo haría? ¿Quién no hace lo que puede por un hermano? (Para el pueblo, que lo adoraba, el caso Alfonso Guerra no fue más que una manzana podrida.)

En el reciente PP es norma argumentar que el presunto corrupto o la presunta corrupta ya fueron indultados por los votos que han vuelto a recibir en las últimas elecciones, o sea: ganaron por soberanía popular lo que presuntamente perderían ante jueces que siempre podrán ponerse en entredicho. (De donde, el aforamiento.)

Aplicando la teoría del Cuerpo místico de Cristo (que abarca y une desde Cristo y la cabeza de la Iglesia hasta el último y más insignificante de los creyentes), tan corrupto es un partido como quien lo vota. Ahora no es Alfonso Guerra ni Juan Guerra quien nos interesa: es el periodista o el oyente o receptor de aquella entrevista, hombres y mujeres cuerpo místico del partido corrupto que ya llevaban dentro la corrupción o la han aprendido de sus mayores. (Las manzanas del cesto, todas, estaban o están podridas.)


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