de dónde viene “el tango, lamento de cabrones”

De dónde viene
EL TANGO, LAMENTO DE CABRONES
Si las lágrimas te dejan ver el teclado

En 1977 escribe Javier Figuero[1] en la revista Exprés Español: «La literatura [erótica] española es lamento de cabrones como el tango porteño.»[2]

En 1988, sostiene Horacio Vázquez Rial, hispanoargentino[3]: «El varón del tango es el engañado sin remedio, en todas sus variantes: herido en el orgullo o en la dignidad, vencido por la traición, el olvido o el desprecio de ella, siempre, o casi siempre, canta una queja. De vengador de su honra. De ahí sacó Valle- Inclán su idea de que el tango es la canción del cabrón.» No consta dónde Valle escribió o dijo eso.

En 1994, leemos en el ecuatoriano Francisco Tobar García[4]: «El tango es un lamento de cabrones. No es mía la definición, pertenece al ogro, al maldito Mario Blanco.»[5]

TRES CONCLUSIONES y un divertimento:

1º) Si el invento (como canción) fue de Valle‑Inclán, su secuela (como lamento) cumple un siglo. Valle pasó un año en México, como periodista, en 1892[6], y en 1910, siguiendo a su mujer la actriz Josefina Blanco, estuvo de gira seis meses por Argentina, Chile, Paraguay, Uruguay y Bolivia, países donde dio alguna conferencia.

2º) Nada tiene que ver la Marquesa del Tango de Luces de bohemia (1920‑24), donde ella, la portadora del décimo de lotería, llama a su par, el Rey de Portugal, cabrito viudo.

3º) En Luces lo cabrón o cabrona es la Academia. Clama Max Estrella: Yo soy el verdadero inmortal y no esos cabrones del cotarro académico. Don Latino llora a su amigo muerto con estas palabras: ¡Que caiga esa vergüenza sobre los cabrones de la Academia! ¡En España es un delito el talento! Y poco después: ¡Ni una cabrona representación de la Docta Casa!

4º) Habla Mayloba, que debe ser Malena, en un chat a propósito: «Malena es nombre de tango. Yo no sabo ónde leí una de finición de tango: ¡lamento de cabrones! u cornudos. Mismamente. Lesse [Lis] m’acaba de comunicar lo contrariá que ha resibío un mensaje de mi hermana. Pa jartarse de llorar. En cuantito ahora mismo me lo mande, te lo reenvío. Si las lágrimas me dejan ver el teclado.»

Pues eso, que las lágrimas no les impidan ver el teclado ni, si pueden, echarse un tango a la salud del mundo. Total, varones míos, de cabrones, a engañados o a consentidos ‑que en algo consentiremos‑, es poca la diferencia.

/ a Juan Andivia /

[1] (Valladolid, 1947)

[2] Publicada en Fráncfort del Meno en febrero de 1977.

[3] (Buenos Aires, 1947‑Madrid, 2012)

[4] (Ecuador, 1928‑1997)

[5] Queda pendiente saber algo más de este Mario Blanco.

[6] Volvió en 1921 invitado por el presidente de la República, Álvaro Obregón, por mediación del escritor Alfonso Reyes, con motivo de la celebración del Centenario de la Independencia (1821‑1921).

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