filantropía

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FILANTROPÍA

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–La bondad es muy soberbia y solo el Estado debería administrarla–

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Apostillas sobre apostillas a El factor humano. «Sabemos que la filantropía pública está a años luz[1], máxime en lugares donde imperen la barbarie y la superstición[2]. Mi discurso se daba, sin matiz religioso[3], desde la perspectiva de que el amor, la empatía, llámese filantropía (al final es lo mismo), nos hace humanos. Sin humanismo no hay cambio. Otro mundo no es posible si no lo ha sido ya[4]. Otra cosa es que nos guste admitirlo. A falta de pan, me parece muy loable esa filantropía individual y pragmática[5]. Porque la hoja de reclamaciones a Dios no nos sirve para nada[6]

[1] Más lejos estará si no se pide. Y no se está pidiendo por ninguna parte.

[2] La filantropía no es cuestión de lugares, sino de poder. Hacer el bien es poder hacerlo. Barbarie y superstición son defectos exportados y lo previsto era que sucedieran en su sitio, en las colonias. La estrategia fue que segundo, tercer y cuarto mundo (ese que transcurre en los suburbios del primero) aceptaran sus límites sin salirse de sus países de origen o como mano de obra barata haciendo los trabajos que nadie quería hacer. Sobre ese plan, bien estaba el islam con sus mujeres tapadas y con sus barbas fanáticos, de Oriente Próximo para allá, mientras Occidente siguiera siendo Occidente. Lo malo es que se han saltado las fronteras. Están aquí y han venido a quedarse.

[3] El matiz religioso no importa. Salvo Greenpeace, las iglesias controlan las oenegés y las oenegés, la bondad.

[4] Por la misma razón, “los mundos imposibles deberían ser imposibles ya”. Ser ya imposible la dictadura de los mercados y del beneficio.

[5] No se discute la bondad individual, pragmática. Se discute su publicidad con nombres y apellidos, el culto a la personalidad que trae consigo.

[6] Lo más probable, con Dios o sin dios o con quien yo ponga en su lugar, es que nos vayamos de este mundo sin haber visto verdaderos cambios. La historia es una larga geología y nuestras vidas, ríos de erosión que no modifican el paisaje. ¿Qué generaciones se acostaron en un mundo y se despertaron en otro, nuevo y distinto? ¿Quien vivió el fin del Imperio Romano, el descubrimiento de América, la Revolución Francesa, el final de la Segunda Guerra Mundial? Pocas, muy pocas personas. Y, aun así, ¿qué conocieron luego?, ¡la oscura Edad Media!, ¡la matanza del indio!, ¡Napoleón Bonaparte!, ¡Israel! Solo los valores duran y nos salvan. El héroe de la bondad llora en un rincón porque sabe que necesita de la maldad para ser héroe. La bondad es muy soberbia y solo el Estado debería administrarla.

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