gramática

confieso-que-he-vivido-pablo-neruda-1-638.jpg

LA GRAMÁTICA

La gramática se asienta en la escritura y es de base latina, de ahí las dificultades para aprenderla, para enseñarla y para verle la gracia. Gracias a la gramática, sabemos si se dice le vi o lo vi (al abuelo, por ejemplo), si es correcto *habían muchos grupos o si laísmo o dequeísmo merecen el infierno. Además de darnos la posesión de la estructura de una lengua, la gramática nos permite contrastar el lenguaje de la calle y ver cómo un intransitivo se vuelve de pronto transitivo (entrar: entra al niño en casa; flipar: lo flipo) o cómo los hablantes prefieren la concordancia (*habían gentes pero también las pasivas reflejas antes que las impersonales: se venden flores en vez de se vende flores). Dominar la gramática es conocer el enemigo por dentro, la mecánica del vehículo que conducimos. Los reparos a la gramática son dos: usarla como arma de clase (clasista) para vulgarizar o menospreciar a quien no la domina (lo que ya es de mal gusto con las faltas de ortografía) y que unas veces se use el método sintáctico (objetivo) y, otras, el semántico (subjetivo). La subjetividad se da en los conceptos de transitividad (todos los intransitivos admiten complemento directo) o de modalidad (el ¿qué hora son estas de llegar?, de una madre al hijo que vuelve de madrugada, es todo menos interrogación y, si no, pruebe el niño a contestarle ¡Las cinco menos cuarto! y verá qué pasa). Mientras la lengua siga siendo un metro de medir el vulgarismo, profesionales de esto debemos hacer de gramática y ortografía instrumentos de emancipación. Por último, es hermoso que, gracias a unas reglas comunes compartidas, los millones de ustedes del mundo podamos entendernos; yo ir a Buenos Aires y ustedes venir a Sevilla y ver que el destrozo individualista y la dispersión de lenguas no han sido tantos como para que no sigamos entendiéndonos. Lo jodido son las contaminaciones del eufemismo que traen más vulgarismos que no hacen más que empobrecer la lengua. Que palabras como huevo o coger sean palabras fallidas que no podemos usar sin malicia o sin que algún imbécil nos saque un chistecito. El otro enemigo es la pleitesía ante el inglés y, antes, ante el francés, que endemonia nuestro hablar llano (kilo papas, no kilo de papatas) con estupideces como coincidir en el tiempo o es por eso que, cuando coincidir ya implica espacio y tiempo; por eso es suficiente y de…que, un galicismo. Transmitir estructuras al alumnado, decirles por qué su equipo se llama fútbol club en vez de club de fútbol es gramática. Qué buen oficio el nuestro. Qué buen idioma el mío, Pablo Neruda[1].

[1] La palabra

… Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan… Me prosterno ante ellas… Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito… Amo tanto las palabras… Las inesperadas… Las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen… Vocablos amados… Brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío… Persigo algunas palabras… Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema… Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes, ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas… Y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto… Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola… Todo está en la palabra… Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció… Tiene sombra, trasparencia, peso, plumas, pelos, tiene de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto trasmigrar de patria, de tanto ser raíces… Son antiquísimas y recientísimas… Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada… Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos… Éstos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo… Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas… Por donde pasaban quedaban arrasada la tierra… Pero a los bárbaros se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras.

Confieso que he vivido
Pablo Neruda, 1974
Maule, 1904 – Santiago de Chile, 1973

en fluidos.eia.edu


 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s