El calor de Sevilla, teoría y práctica

Barrio Santa Cruz Sevilla página traductor jurado
Plaza de la Alianza, en Traductor Jurado

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EL CALOR DE SEVILLA, TEORÍA Y PRÁCTICA

Que cada latitud tiene su estación mala o insalubre, lo vemos por el telediario, donde no faltan terremotos, inundaciones, vendavales, desprendimientos de glaciares, sequías o hambrunas y otros azotes, y lo sabemos por los libros de historia, donde los asentamientos más antiguos coinciden con paisaje y clima privilegiados. Llegado yo a la edad de reescribir mi vida, mi versión del calor de Sevilla quedó así: Por alguna razón[1], siempre me ha dado una rabia especial[2] el calor como noticia de la ciudad de Sevilla. Porque no hay clima que no tenga su servidumbre: la nieve, la lluvia, los días grises, el viento, la sequía o el aburrimiento, donde el ropero es el mismo todos los días del año, o esa rareza de navidad en el verano austral. Entre Córdoba y Sevilla existe una extraña rivalidad sobre cuál de las dos logra mayores temperaturas y en ABC 20 de julio de 1967 se lee que Sevilla se metió hasta en pleitos con Écija, la sartén de Andalucía. Tanta pamplina, rivalizar las ciudades por ver cuál de ellas las pasa más putas, me hizo acordarme de mi profesor Antonio Miguel Bernal, quien nos enseñó a buscarle a la geografía humana su sentido. De dónde viene el paisaje, de qué historia de clases sociales y de qué modos de producción. Y me dije que, fuese cual fuese la antigüedad y la justificación de la ciudad de Sevilla, no podían los señoritos equivocarse, así que una de dos: o las clases altas nunca vivieron aquí, siendo Híspalis asentamiento de marineros, pescadores, agricultores, alfareros y menestrales bajo la guarnición de la Alfalfa (punto a salvo de inundaciones) obediente a Itálica famosa o se pegaban el piro a la sierra o al mar en cuanto llegaban las calores. Para eso, tenían dos de los otros dos vértices del Triángulo Montpensier, también llamado de Aníbal González o de la Buena Vida: Aracena y Sanlúcar, Reino de Sevilla las dos, curas de aire y de aguas, con jamoncito bueno, langostinos y vinos de manzanilla. En Aracena, la conformación residencial de la carretera a Linares y, en Sanlúcar, las casas de La Jara o al final de las Piletas (casas sin chimenea, para qué, si en invierno aquí no vivía nadie), dan a entender que el Triángulo funcionaba en el largo y cálido verano del que estamos hablando, de familias bien que tomaban de Sevilla lo mejor: de mediados de septiembre hasta mediados de junio, pasado el Corpus. En caso de no poder abandonar la ciudad, otra posibilidad era vivir como se vivía antes el urbanismo arábigo de calles estrechas, plaza arboladas, pozo y huerto en las casas de dos plantas habitables, la de arriba para la estación fría y la de abajo para la estación cálida, donde, con ayuda del servicio y de la vida que estas clases llevaban, un agosto en la calle Aire o en la plaza de la Alianza, ¿quién, caminando a lo suyo por la sombra, se iba a quejar de las altas temperaturas? El calor de Sevilla es obra de urbanistas burgueses que, a imitación del Ensanche de Barcelona[3], levantaron bloques y abrieron avenidas como placas solares donde ya no hay quien viva[4]. Pero ¿qué más da, si esos son los barrios obreros y yo sigo en mi Aljarafe, en mi Aracena o en mi Sanlúcar hasta que pasen las calores? Y a la vuelta, fiesta, toros y demás jarana para hacer cuerpo: esa Feria de San Miguel (29 de septiembre) a comienzo del curso escolar y productivo, que trabajar cansa y algo habrá que hacer. ¿Calores, el señorito? Bajo el sombrero por su virgen del Rocío.

Daniel Lebrato, de Fuenteheridos a Sanlúcar, veranos de 1992 a 2016.


[1] (que tiene que ver con mi infancia dividida entre una madre que quería de mí un chicarrón del Norte y un padre que me tiraba hacia el Sur) paréntesis autobiográfico de DL.

[2] (otros dirían un coraje especial, pero me da coraje que las cosas nos den coraje) paréntesis de DL.

[3] Barcelona, con Santander y Sevilla, mi otra ciudad. DL.

[4] Esta impostura de urbanismos ajenos me trae a la cabeza la que ahora estamos viendo con la importación desde Holanda o de Alemania de un plan bici contrario a la ciudad abierta y acerizada a un mismo nivel que podría ser el casco histórico de Sevilla. DL.

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