Etiqueta: Historia

tratado de la impaciencia.

aceleración de la historia José Emilio Pacheco

¿Qué duró más, la Guerra de los Cien Años o la de los Seis Días? ¿Cuándo terminará la interminable posguerra en España? Sobra decir: el efecto aceleración de la historia en nuestras vidas y sobra que el tiempo es subjetivo. Hablando de telediarios, hay quien se cansa de la cuestión catalana, de la memoria histórica o de la lengua de géneros o lenguaje inclusivo, temas que ¡por ahí resoplan! igual que Moby Dick, aunque no seamos gavieros ni balleneros. Como no es plan volver a un Bergson de pacotilla ni discutir si la aceleración es filosofía de la historia o hija tonta de la idea del progreso ilimitado, o de la teoría de la revolución de Carlos Marx o de la ley de la relatividad, queden ustedes con Guillermo Ríos, escritor chileno, quien en La aceleración de la Historia Universal (2016) ilustra y ameniza la aceleración con casos tomados de la tecnología, de tendencias en artes plásticas y en música, y de la propia historia; con dos acelerantes: el hoy concepto de comunicación y la masa crítica de ciudadanía, que no responde a un ciego aumento de población como el que conocieron Malthus, Darwin, Dickens, Marx y Engels y compañía, durante el acelerado siglo 19. Mientras la humanidad no se plantee problemas que no pueda resolver, y como no podemos salirnos de la historia: hable con coeducación, póngase las pilas del derecho a decidir e imagínese un cadáver familiar desaparecido en una cuneta por una guerra que, dicen todos, ya ha terminado. Nada ha terminado. Y el telediario que nos impacientaba nos seguirá impacientando pero al revés: a ver si dejan que las historias, como argumento que nos tiene en vilo, terminan de una vez y con final feliz.


 

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memoria del 68. (dos estampas retrospectivas).

El abrazo de Genovés

En la primera estampa, Ignacio Garmendia, Carlos Mármol y Alfredo Valenzuela, con Jesús Vigorra, han reflexionado en Canal Sur sobre lo que fue el Mayo del 68 en Francia. (Este es el enlace, vídeo de 30 minutos). En los análisis de Garmendia y Valenzuela me llamó la atención su anticomunismo feroz cuando de lo que se hablaba en Europa en los años 60 era de eurocomunismo y, aquí en España, de antifranquismo por la libertad. (Pueden leerlo en Antirrepresivos y antidepresivos.) Supongo que la explicación es que estos jóvenes (que no vivieron el Mayo del 68) se creen que viven en un mundo bueno o en el mejor de los mundos; de ahí su rechazo retrospectivo a un ismo del que Occidente no conoció su bondad, porque no lo dejaron expresarse.

En la segunda estampa, ayer día 10, asistí a la mesa redonda Expedientados y expedientables en el 68 sevillano, convocada por Alberto Carrillo Linares, con Carmen Romero, Bartolomé Clavero, Rafael Senra, Pilar Aguilar y Antonio Bocanegra, ante un público que no llegaba a las 50 personas, entre actuales estudiantes y antiguo alumnado con pinta de vieja guardia. Más gente hubiera yo esperado, siendo como fueron aquellos años de gran movilidad, agitación y riqueza. Aparte de Bartolomé (Pipo) Clavero, la mesa fue personalista y botafumeira: yo, yo, a mí, me. Poco análisis objetivo. La vez que alguien del público planteó el paralelismo entre el 68 y el 15‑M, relación más que interesante y que unía en perspectiva a las distintas generaciones allí presentes, la mesa estuvo (incluso Pipo Clavero) decepcionante, parece que no se hubieran enterado de nada. (Este mal aqueja a ciertas mesas redondas, que se olvidan que la máxima redondez se alcanza cuando ponentes y público se igualan.) También fue de interés la influencia de la reforma del calendario juliano (por su impulsor el ministro de educación Julio Rodríguez, quien impuso comenzar las clases en enero y terminarlas en diciembre, lo que al final dio una promoción excepcional: estudiantes que cursaron un primero de carrera en solo seis meses, porque en pleno experimento el ministro fue cesado y se volvió al calendario de siempre) y la contribución de aquel engendro para el desánimo y desinfle del movimiento estudiantil, pues los estudiantes se pusieron como locos a empollar en seis meses programas previstos para nueve, lo cual fue como el sálvese quien pueda que desbarató la solidaridad y abrió paso a una individualidad y a una lucha por el examen y por la nota que anticipó la excelencia docente (de hecho, en las oposiciones de 1979, aquella promoción se llevó de calle los primeros y mejores puestos, frente a la promoción del 68 que, entre tanta asamblea y tanto cierre de facultades, poco habíamos estudiado). Una tercera intervención puso en relación la rebeldía de entonces, que incluía a perseguidos comunes, quinquis como el Lute, con la permisividad de ahora con lo que se está actuando contra el referundismo en Cataluña (podría ser otro pueblo u otra la causa que chocara con el aparato del Estado) y cómo el bloque antirrepresivo se había roto y de aquella solidaridad, la que hubo contra Franco, no queda al día de hoy absolutamente nada, lo cual es lástima, se lamentó el interviniente que abandonó la sala cuando un vieja guardia se enzarzó otra vez en la lectura personal de sus heridas de entonces.

Dicho lo cual, el presente ilumina el pasado, y no al revés: el movimiento estudiantil no luchó por esta democracia (esto lo dijo muy bien dicho Pipo Clavero) sino por la libertad. Que unos fuéramos marxistas, otros leninistas, trotskistas, maoístas, anarquistas o anarcosindicalistas no modifica lo esencial. Ni vale argumentar, desde las elecciones democráticas que se hicieron en 1977, que partidos y siglas como Pce‑i, Acción Comunista, Bandera Roja o Liga Comunista no dieron la talla ante las urnas (esto lo dijo Pilar Aguilar como quien dice una gran cosa). No se trataba de urnas. Y hay que recordar que la gran iniciativa fue el Pacto por la Libertad (1969), alentado por el Pce y cristalizado en la Junta Democrática (1974), donde partidos muy pequeños, como el de Tierno Galván o aquí en Andalucía el de Rojas Marcos, pudieron tener cabida (por tanto, también hubieran cabido partidos de la llamada extrema izquierda muy minoritaria). ¿Qué pasó? ¿Por qué el Pacto por la Libertad no cuajó ni la Junta Democrática juntó lo que podía haber juntado? La clave está en el Psoe, partido reacio a integrar movimientos (o lo que hoy diríamos mareas sociales) que alzó, frente a la Junta y para vaciarla de contenido, su Convergencia Democrática (1975), convergencia que no fue tal sino obstrucción o boicot al Pce y a su área de influencia: movimiento obrero, movimiento estudiantil, vecinal, etcétera. El Psoe fue el gran tapado del final de una época. Un Psoe entonces apadrinado por Olof Palme y Willy Brandt, socialdemocracia europea que en 1982 auparía al poder a Felipe González y Alfonso Guerra, cuya ruptura con el franquismo fue reforma y no ruptura. Sépanlo al menos generaciones jóvenes. El Psoe se adueñó de la patente izquierda pero de izquierda tenía lo que tiene ahora: juzguen ustedes. No sé, la verdad, qué pintaba Carmen Romero en aquella mesa. De las cabezas pensantes que desde el 68 no han caducado o claudicado, dos me parecen: Isidoro Moreno y Javier Pérez Royo. Honor a quienes en su vida defienden y custodian sus Termópilas (Kavafis).

Daniel Lebrato, 11 de mayo 2018

/ a Benito Moreno, en memoria, y a Alberto Carrillo Linares /


 

historia / historias.

Desde Cicerón, la historia se ha tenido por madre de la vida; Cervantes: de la verdad. Jorge Luis Borges, donde historia, puso literatura, y escribió el Tema del traidor y del héroe (1944). Ya es hora de que la vida dé lecciones a la historia. De aplicación a la cuestión catalana y a otras historias para no dormir que se cuentan los demócratas. Y lean de paso, si no lo conocen, el genial relato de Borges.

–enlace a Tema del traidor y del héroe (siete páginas, 10 minutos)


un país de película.

He ido al cine a ver dos películas de valores. Figuras ocultas (Usa, 2016) y Franz (Francia, 2016). De las dos salí contento con la película y disgustado con la cultura o con el uso que damos a la cultura. Figuras ocultas plantea cómo una potencia primera del mundo puede ser una mierda en derechos humanos. Las ocultas son las científicas negras que en los años 60 se abrieron paso en la Nasa contra el racismo histórico de sus colegas blancos; al fondo, la carrera espacial que fue, y es, una carrera de armamentos; de manera que las adelantadas mujeres negras no hacen más que sumarse a la enloquecida guerra que los varones llamaron fría pero que fue caliente y ha traído misiones de paz y guerras justas solo porque a la Onu o a la Otan les salga de los misiles. Franz es un soldado alemán muerto en la Gran Guerra por un soldado francés, que inmediatamente se arrepiente, y esa es la peli: un retrato en primeras personas de los horrores de la guerra. Mi pregunta es: ¿por qué el esfuerzo intelectual que dedicamos a denunciar los horrores del pasado o a ensalzar avances en las luchas civiles no lo empleamos no en ir al cine, ni en leer novelas que viven del cuento que cuentan y recrean la barbarie, sino en tomar posturas que serán decisiones políticas para que las guerras no se repitan? Al salir del cine, al tomar una copa, ¿no caeré en la cuenta de que mi país tiene soldados, tiene ejércitos, fabrica armas, que mi país mata? No en 1917. España. Un siglo después. ¿No querremos ser pioneros de un pacifismo real que desarme el planeta para que alguien algún día haga una buena película sobre nosotros? ¿Nos vamos a conformar con Gandhis y Luther Kings de bolsillo? ¿Cultos, intelectuales, artistas y cineastas vamos a seguir consintiendo la guerra para nosotros seguir perteneciendo, Meryl Streep, al selecto grupo del no a la guerra?

*

Cándido, of course.

Cuatro reflexiones sobre El espíritu de las Leyes más acá de Montesquieu y sobre el factor Estado para el optimismo de las criaturas, Ilustración de que es vaso el Cándido de Voltaire.

1.
La historia no es la historia del pasado sino del presente. La historia no remonta de atrás alante, sino desde aquí al atrás que más conviene. Por ejemplo, que esta democracia estaba ya en el siglo quinto griego y en la Revolución Francesa. Por ejemplo, que el buen dios nació en Belén.


2.
Aunque solo fuera por ir contra el feudalismo, el nuevo Estado y las nuevas Leyes del siglo 18 merecieron la pena. Doscientos años después, el Estado y las Leyes pueden ser lo contrario, al servicio de la dominación y del atontamiento de las masas.


3.
¡Más que nos gusta el Estado a marxistas, leninistas o comunistas! Nadie fía tanto en el humanismo de Estado como único dios verdadero. Ha sido la socialdemocracia o en alianza con la democracia cristiana la que, con el consentimiento de sindicatos, descuartizó el Estado (del Bienestar) poniendo las Leyes a los pies de los caballos del individualismo capitalista, con brillantes conceptos (eso hay que reconocerlo) como libertad o país libre junto a conceptos no tan brillantes pero más efectivos (de en efectivo o con tarjeta) como mercados, Bolsa o finanzas, exigencias del guion del que los socialdemócratas no se han movido una coma.


4.
El 18 no vuelve. Quienes habían leído a Voltaire y a Rousseau ocuparon escaños y se olvidaron, como suele ocurrir, del programa de libertad, igualdad y fraternidad que los llevó a ganar las elecciones. Y la igualdad se quedó en igualdad entre obreros de un mismo gremio, y entre la marquesona y el burgués, o sea, entre el nuevo y el viejo régimen, que no desapareció en absoluto. La libertad se quedó en la libertad que tenemos de no ser rey, cuando otro lo es, o de no ser ricos, cuando otros lo son. La fraternidad, esa sí, triunfa como el cándido que se cree las misiones de paz del ejército español o el buen rollismo de Acnur y de tantas oenegés. ¡Menuda película!


Lectura relacionada: Cándido en la Asamblea, por J. J. Díaz Trillo.

España, último modelo de golpe de Estado

. Por orden de agente (o emisor), el golpe de Estado ha conocido tres fases: 1) El golpe absolutista (napoleónico o monárquico). 2) El golpe militar. 3) el golpe constitucional o democrático, que está siendo la última estrategia de la Cía para América Latina (Honduras, 2009, Paraguay, 2012, Brasil, 2016) centrada ahora en el golpe en Venezuela. | En España, el primer golpe de estado lo ganaron los golpistas con un pronunciamiento (1874); el segundo, con una guerra civil (1936‑39); el tercero con una Constitución (1978) y, el cuarto con dos palabras: en funciones (investidura de Mariano Rajoy el 29 de noviembre de 2016). | Hacia el 29‑N los pasos fueron: 1. Creación de un enemigo interno (soberanismo, como ruptura de la unidad nacional, y populismo como ruptura del discurso político). 2. Creación de un estado de opinión (inconvenientes de un gobierno en funciones y de unas terceras elecciones). 3. Prevalencia de la ley (Constitución, judicialización y autoritarismo incluso en partidos de oposición). 4. Presiones internacionales. 5. La democracia como solución: reelección de Mariano Rajoy con solo el 33,03 por ciento del voto.

GOLPES DE ESTADO
por Eduardo González Calleja

En 1639 Gabriel Naudé (Considérations politiques sur les coups d’état) acuñó el término coups d’état como un empleo audaz y extraordinario del poder por parte del príncipe que elige en secreto la acción más eficaz a sus intereses. Tras el paréntesis napoleónico, la Restauración contempló el golpe como coup de force impuesto por el poder absoluto de un monarca, revolución de palacio que fue quedando obsoleta por la democratización y burocratización del aparato del Estado. El golpe fue adquiriendo un sentido negativo tras el asalto al poder de Luis Napoleón el 2 de diciembre de 1851.[1] El término acabó adaptándose al italiano, portugués y castellano y, en forma literal, al vocabulario político inglés. En 1909 Charles Maurras (Si le coup de forcé était possible…) [2] observaba que la tarea previa al golpe debía ser la creación de un estado de ánimo a través de la propaganda ideológica, para que no fuera un mero pronunciamiento, sino una acción dirigida políticamente, tras convencer al ejército de la toma del poder. Maurras observaba que un grupo de conspiradores resueltos y bien preparados podría hacer caer el régimen, al estilo de los golpes de mano en las guerras convencionales. El período de entreguerras volvió a poner el golpe de actualidad por tres ensayos de signo diverso: la toma del poder por los bolcheviques (1917), la Marcha sobre Roma (1922) y las asonadas en los primeros pasos de la República de Weimar (1923). En 1931 Curzio Malaparte (Técnica del golpe de Estado) intentó demostrar que el arte de defender el Estado está regido por los mismos principios que rigen el arte de conquistarlo. Tras la Segunda Guerra Mundial y al final del proceso descolonizador EEUU difundió la creencia de que, en sociedades transicionales con instituciones democráticas débiles, el ejército disponía de una experiencia técnica, de una organización burocrática compleja y racionalizada y de una impregnación de las ideas occidentales que le permitían jugar mejor que los civiles el papel de élite reformadora. Fuente: Eduardo González Calleja. En las tinieblas de Brumario: cuatro siglos de reflexión política sobre el golpe de Estado [3] (pdf descargable).

ESPAÑA, ÚLTIMO MODELO DE GOLPE DE ESTADO

Por orden de agente (o emisor), el golpe de Estado ha conocido tres fases: 1) El golpe absolutista (napoleónico o monárquico). 2) El golpe militar. 3) el golpe constitucional o democrático, que está siendo la última estrategia de la Cía para América Latina (Honduras, 2009, Paraguay, 2012, Brasil, 2016) centrada ahora en el golpe en Venezuela. | En España, el primer golpe de estado lo ganaron los golpistas con un pronunciamiento (1874); el segundo, con una guerra civil (1936‑39); el tercero con una Constitución (1978) y, el cuarto con dos palabras: en funciones (investidura de Mariano Rajoy el 29 de noviembre de 2016). | Hacia el 29‑N los pasos fueron: 1. Creación de un enemigo interno (soberanismo, como ruptura de la unidad nacional, y populismo como ruptura del discurso político). 2. Creación de un estado de opinión (inconvenientes de un gobierno en funciones y de unas terceras elecciones). 3. Prevalencia de la ley (Constitución, judicialización y autoritarismo incluso en partidos de oposición). 4. Presiones internacionales. 5. La democracia como solución: reelección de Mariano Rajoy con solo el 33,03 por ciento del voto.

[1] Este rechazo moral y jurídico debe mucho a escritos de combate de Víctor Hugo (Histoire d’un crime, Napoleón le petit), Pierre-Joseph Proudhon (La révolution sociale démontrée par le coup d’état) y Karl Marx (El 18 Brumario).

[2] A imagen de la labor emprendida por Cánovas del Castillo para propiciar la restauración alfonsina en España.

[3] Eduardo González Calleja, del Instituto de Historia del CSIC y profesor asociado de la universidad Carlos III, ha publicado La razón de la fuerza (1998), El máuser y el sufragio (1999) y «El Estado ante la violencia» en el libro dirigido por Santos Julia, Violencia política en la España del siglo 20 (Madrid, Taurus, 2000).

lecciones del Saco de Roma

SACO DE ROMA
(1527)
el emperador contra el papa | poder civil y poder religioso | hombre y dios | política y religión

Se conoce como Saco (o saqueo) de Roma, sacco di Roma, a la toma de la ciudad y del Vaticano por tropas alemanas y españolas de Carlos V. Para escándalo de la cristiandad, un papa estuvo sitiado casi un mes, del 6 de mayo al 5 de junio de 1527. Carlos V era titular del Sacro Imperio Romano Germánico y el papa Clemente VII había cometido la deslealtad o la traición de aliarse con el rey francés Francisco I, con quien firmó la Liga de Cognac formada por Francia, el Papado, Milán, Venecia y Florencia.

El lunes 6 de mayo de 1527 las tropas imperiales entraron en la Basílica de San Pedro. El Papa huyó disfrazado bajo una capa morada por el pasadizo que conduce al castillo de Sant’Angelo, allí resistió. Las tropas de la Liga de Cognac llegaron en su ayuda el día 21 pero, vistas las fuerzas[1], se retiraron el 2 de junio. A Clemente VII no le quedó otra que rendirse, lo que hizo el miércoles 5 de junio. El Papa pagó en rescate la cesión de Parma, Piacenza y Módena, más 400 mil ducados al ejército imperial con el compromiso de no excomulgar a nadie participante.

En los siglos 12 y 13 el Sacro Imperio Romano Germánico dio lugar a dos banderías, los güelfos, por la parte Sacro, y los gibelinos, por la parte Imperio. güelfo viene de Welfen, casa de Baviera, velfen, güelfo. gibelino, del castillo de  Waiblingen, de la casa de Hohenstaufen o Staufen.

Antes del jacobino de la Revolución Francesa, gibelino tuvo que ser el primer insulto en ‑ino del bando reaccionario contra el bando progresista. Dirán ustedes: ¿un emperador, progresista? Desde nuestro siglo, sí. Sabemos que es más fácil hacer bajar de su silla a un emperador, que hacer bajar a un papa de su cátedra de San Pedro. Un hombre es rey por una gracia, un don, una concesión de Dios; y un hombre es papa porque está en línea con Dios. Emperadores y reyes han sido sustituidos con ventaja por presidentes o primeros ministros a mayor gloria de la humanidad. Papas, imanes y rabinos no solo no han sido sustituidos sino que están crecidos para vergüenza de los telediarios y de la humanidad.

[1] Y visto quizá el cognac que llevarían encima, anota al margen algún graciosillo. (Tachado en el original.)