Cándido, of course.

Cuatro reflexiones sobre El espíritu de las Leyes más acá de Montesquieu y sobre el factor Estado para el optimismo de las criaturas, Ilustración de que es vaso el Cándido de Voltaire.

1.
La historia no es la historia del pasado sino del presente. La historia no remonta de atrás alante, sino desde aquí al atrás que más conviene. Por ejemplo, que esta democracia estaba ya en el siglo quinto griego y en la Revolución Francesa. Por ejemplo, que el buen dios nació en Belén.


2.
Aunque solo fuera por ir contra el feudalismo, el nuevo Estado y las nuevas Leyes del siglo 18 merecieron la pena. Doscientos años después, el Estado y las Leyes pueden ser lo contrario, al servicio de la dominación y del atontamiento de las masas.


3.
¡Más que nos gusta el Estado a marxistas, leninistas o comunistas! Nadie fía tanto en el humanismo de Estado como único dios verdadero. Ha sido la socialdemocracia o en alianza con la democracia cristiana la que, con el consentimiento de sindicatos, descuartizó el Estado (del Bienestar) poniendo las Leyes a los pies de los caballos del individualismo capitalista, con brillantes conceptos (eso hay que reconocerlo) como libertad o país libre junto a conceptos no tan brillantes pero más efectivos (de en efectivo o con tarjeta) como mercados, Bolsa o finanzas, exigencias del guion del que los socialdemócratas no se han movido una coma.


4.
El 18 no vuelve. Quienes habían leído a Voltaire y a Rousseau ocuparon escaños y se olvidaron, como suele ocurrir, del programa de libertad, igualdad y fraternidad que los llevó a ganar las elecciones. Y la igualdad se quedó en igualdad entre obreros de un mismo gremio, y entre la marquesona y el burgués, o sea, entre el nuevo y el viejo régimen, que no desapareció en absoluto. La libertad se quedó en la libertad que tenemos de no ser rey, cuando otro lo es, o de no ser ricos, cuando otros lo son. La fraternidad, esa sí, triunfa como el cándido que se cree las misiones de paz del ejército español o el buen rollismo de Acnur y de tantas oenegés. ¡Menuda película!


Lectura relacionada: Cándido en la Asamblea, por J. J. Díaz Trillo.

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