
Las Carreras de Caballos de Sanlúcar de Barrameda, como Fiesta de Interés Turístico Internacional, tienen financiación mixta pública / privada, donde Ayuntamiento y Diputación de Cádiz, Junta de Andalucía y Ministerio de Turismo aportan subvenciones por su retorno económico mientras empresas y organismos privados invierten por su propio beneficio. Un nombramiento de Fiesta Inti requiere una larga tradición cultural y un alto impacto promocional, y su valor radica en un sello de calidad que multiplica la llegada de visitantes.
El Ayuntamiento asume el coste de la infraestructura local (seguridad, limpieza, tráfico) y aporta una subvención base. Diputación y Junta y Ministerio financian promoción y logística. Las marcas comerciales costean gran parte de premios, carpas y actos paralelos a cambio de visibilidad. Ingresos propios como venta de entradas, derechos de retransmisión y retorno fiscal generado por la hostelería local, compensan la inversión pública a través de la recaudación de impuestos.
La clave está en la definición de la fiesta. Normalmente, las fiestas mal llamadas populares son apropiaciones del ocio con base en el Antiguo Régimen, que le han colado ese gol a ayuntamientos republicanos o democráticos sin mucho escrúpulo, para seguir reinando o gobernando. Es lo que hicieron dinastías jerezanas a la moda del gran turf que venía de Inglaterra (purasangres, enganches, exhibiciones y apuestas) en tiempos de Montpensier de tan fausto recuerdo desde 1845 hasta aquí, logrando primero el interés turístico Nacional, en 1986 y el Internacional, en 1997. El hipódromo está en la Dpmt, por Ley de Costas, en Las Piletas desde 1980. Solo quien vea y recuerde cómo era esta parte de Sanlúcar hace 50 años, comprenderá de qué estamos hablando. Hace falta que el pueblo de Sanlúcar a través de un referéndum se exprese sobre las CCS como Inti y gestione lo que le apetezca participar. Esa es la misión, supongo, de una alcaldía que se precie de consultiva y representativa.
