Pocas invenciones tan ricas de aventura, tan de universales, tan tópica, tan útil, tan inútil, tan caridad y tan falsa moneda como una vieja plata en subasta de anticuario. Tan tentadora como la invención del amor.
Añadámosle Al sur del sur o del Sur,
mayúsculas a convenir.
Digamos Paraíso.
Rodrigo Gamarra
AL SUR DEL SUR
apostillas a
EL SUR DEL SUR
Digamos Paraíso
Siendo Gigante De quien mata a un gigante, libro de poesía de 1988, ¿Quién como yo?, lo mismo en 1996, y TdC Tinta de Calamar, novela en prosa de 2010 a 2014, estas son las apariciones de el Norte y el Sur, Infierno o Paraíso, en parte o de parte de Daniel Lebrato.
TdC 730.
La General fue la máquina eléctrica de escribir ¿Quién como yo? La General y yo, su maquinista, El Maquinista de la General, estaba cantado. La General Electric o GE, fue fundada en 1892 por Thomas Alva Edison. La General era todavía una máquina de carro pero apuntaba a ordenador. Era de esas que traían un visor donde podías ver si te habías equivocado y corregirlo a tiempo. Por máquinas como la General nos libramos de los papelitos de Típex. Pero enseguida vinieron los Word Perfects y los portátiles, y la General no duró. Mi primer portátil fue un Toshiba viejo que me prestó mi cuñada Mary Rose una vez que tuve que pasar algún tiempo en la cama. También usé el Amstrad Spectrum 12k de los niños. Ya estaba yo a punto para pasar del carro a la impresora. Nostálgico de las viejas teclas y de la vieja mecanografía, el Word lo personalicé para hacer todo al teclado y nunca usar el ratón, también para verlo todo grande en pantalla y no perder la vista entre iconillos, letras de lupa y dónde demonios andará el puntero. Lo primero que desactivaba, era el Ayudante de Office, Clipo, menudo pelma. Ese fue el origen de Máquina Word, un programa doméstico que me abrió otro mundo, el de la tipografía y la edición de libros. Así se hizo [eLSoBReHiLaDo], escrito y maquetado desde mi pantalla para fotocopiar y encuadernar los libros en donde fuese: papelería Argüelles, El Taller de la Copia, Padilla Libros, editorial que me había encargado El ojo del culo, de Quevedo, primer trabajo que hice cien por cien en el ordenador. Padilla y Pepe Lebrato me introdujeron en Page Maker, que llegué a manejar razonablemente, aunque visto está que los programas o los usas con frecuencia o al final se te olvidan. Volví a Word y a mi letra preferida, que ha sido siempre la Garamond.
¿Quién como yo?
CRUCIFICCIONES
(Borges, Buly)
Corría el año del Señor. Seguramente el imaginero discurre entre los tres o cuatro clavos (Pacheco: Visiones de Santa Brígida) sobre la tabla de la policromía románica, más veraz que el triángulo gótico. Duda que resistan radio y cúbito, que verosímilmente pise el uno al otro pie sin ir allá como miriñaque triste tanto metatarso. No le ayudan los cuatro evangelistas. No le sirven los apócrifos y muy poco la versión siria del de Rábulas. Cuando cree que termina, es nada, se equivoca: a saber si la greña baja por derecho o izquierdo lado, si aún conserva la corona de espinas o qué lienzo disimularía la mórbida cadera, el muslo mortecino. Con ojos piadosamente yertos o en órbita (como quien ya vislumbra concilios, vidrieras, viernes santos), tal vez se da a ensayar futuras iconografías, el fin. Ante esos ojos dios y artista se confunden, pues a ninguno de los dos le cabe la gloria en la cabeza ni otro destino que inventar el paraíso
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Gigante 1.
He aquí la herencia de los bárbaros. No vinieron por avenidas ni por pasos de frontera ni observaron las leyes del Plenilunio y la Vendimia. Invadieron el templo con su lenguaje inentendible. Todo lo llenaron de invierno y de un olor semejante al de sus cabalgaduras. No hicieron ascos a ciudades en cuarentena ni, que se sepa, respetaron el lecho donde duerme Ares con Afrodita. Por toda herencia nos dejaron un camino hacia el Norte y un Occidente interminable
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Gigante 3.
Roguemos a los dioses el norte perseguido, la ruta favorable y la paz tan deseada. Roguemos una forma de contarlo y luego al árbol de la sombra más propicia dormir hasta que sople el viento del sur
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Gigante 40.
Amigo las almenas nuestra boca el tiempo incertidumbre por ejemplo este cielo familiar tu mano o escribir aquí yace y más abajo la fecha exacta tú la sabes a pie de muralla y de mucosa alguna vez amigo escribir nuestros labios dados acertaron con los árboles sagrados o el soplo del elíseo
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TdC 168.
Al siglo 18 (mientras aquí andábamos con las Luces) y a Muhamad Ibn Abdel Wahab, se remontan las barbaridades iconoclastas en Tombuctú. AlWahhab (Arabia Saudí, 1703·92), de quien deriva el término wahhabismo, predicó un islam radical que cerró muchas ciudades como Tombuctú a los no creyentes. Tombouctou o Timbuctú era punto de encuentro de los camelleros tuareg, quienes comerciaban con la sal que traían del Mediterráneo y la intercambiaban por oro, no era mal negocio. Se decía que el oro viene del sur, la sal del norte y el dinero del país del hombre blanco; pero los cuentos maravillosos y la palabra de Dios solo se encuentran en Tombuctú. En 1591, tropas del sultán de Marruecos al mando del morisco almeriense Yuder Pachá conquistaron la ciudad y se fundieron con la población. El primer viajero europeo en pisar Tombuctú había sido León el Africano (1488-1554), granadino de familia musulmana expulsada de España. El primer europeo no musulmán será el escocés Alexander Gordon Laing en agosto de 1826. En 1827 llegó el francés René Caillié navegando por el río Níger y disfrazado de musulmán. Permaneció en la ciudad dos semanas, las justas para su Journal d’un voyage à Tombouctou (1830), primer europeo que volvió para contarlo. León el Africano, vivió su juventud en Fez, donde estudió, y acompañó a su tío en viaje diplomático por el Magreb hasta Tombuctú, del Imperio Songhay. La fascinación por Tombuctú persiste en la piel de Granada. Rafael Gálvez, Jesús Conde; científico el uno, artista el otro, pura fascinación por aquel sur. Diego de Guevara, más conocido como Yuder, Yauder o Joder Pachá (pachá, virrey o gobernador) nació en Cuevas del Almanzora, hoy provincia de Almería, y murió en Marrakech, 1605. Se habla de sus descendientes pero Yuder era eunuco, castrado, que es como pasarse un pelín con eso de la circuncisión. Lo capó un amo, el hijoputa.
TdC 755.
Arthur Gordon Pym (1838). Anotaciones al margen. El cielo protector (Paul Bowles 1941, Bertolucci 1991), El corazón de las tinieblas (Joseph Conrad 1899), Apocalipsis Now (Francis Ford Coppola 1979). Mientras el turista se apresura a regresar a casa al cabo de algunos meses o semanas, el viajero, que no pertenece más a un lugar que al siguiente, se desplaza con lentitud durante años de un punto a otro de la tierra, y le hubiera sido difícil decidir en cuál de los muchos lugares donde había vivido se había sentido más a sus anchas. Te pasa cuando vas entrando y entrando a no se sabe dónde y no tienes ni idea de lo que te vas dejando atrás o de si podrás regresar. De las cuatro o cinco estructuras que nos han dejado el cine y la literatura, la del viaje sin retorno es la más inquietante. Mientras busco a Kurtz (Marlon Brando), me voy buscando a mí y a la vez me voy haciendo como Kurtz, de la misma materia que él. Cavafis hizo del viaje la aventura. La mueca es la aventura. El contraluz de quien no puede volver atrás se ilumina también con otro verso de Cavafis. Honor a quienes en su vida defienden y custodian sus Termópilas. abrupto. Escarpado, quebrado, de difícil acceso, áspero, violento, rudo. trunco. incompleto. continuará. Fórmula para significar que un argumento o una historia pide continuación en otra parte. En el siglo 19 los viajeros del hemisferio Norte imaginaron un final al Sur. A Occidente está el Sol, y nosotros detrás, pero hacia el Sur, el vacío.
TdC 760.
Manuscrito encontrado en Zaragoza (francés original, Manuscrit trouvé à Saragosse) es una novela gótica publicada por Jan Potocki en 1804 y 1805. Manuscrito hallado [o encontrado] en una botella es un cuento de terror de Edgar Allan Poe publicado en 1833, que dio a su autor los 50 dólares de un premio literario. El barco sin duda está en una corriente, si así se puede llamar con propiedad a una marea que aullando y chillando entre las blancas paredes de hielo se precipita hacia el sur con la velocidad con que cae una catarata. Es absolutamente imposible concebir el horror de mis sensaciones; sin embargo la curiosidad por penetrar en los misterios de estas regiones horribles predomina sobre mi desesperación y me reconciliará con la más odiosa apariencia de la muerte. Nos precipitamos hacia algún conocimiento apasionante, un secreto imposible de compartir, cuyo descubrimiento lleva en sí la destrucción. Tal vez esta corriente nos conduzca hacia el mismo Polo Sur. La tripulación recorre la cubierta con pasos inquietos y trémulos, pero en sus semblantes la ansiedad de la esperanza supera a la apatía de la desesperación. De repente el hielo se abre a derecha e izquierda y giramos vertiginosamente en inmensos círculos concéntricos, rodeando una y otra vez los bordes de un gigantesco anfiteatro, el ápice de cuyas paredes se pierde en la oscuridad y la distancia. Los círculos se estrechan con rapidez, nos precipitamos furiosamente en la vorágine y, entre el rugir, el aullar y el atronar del océano y de la tempestad, el barco trepida, oh, Dios, y se hunde.
TdC 765.
Poéticas del Fracaso. La famosa variante del final abrupto de Julio Cortázar en Continuidad de los parques insinúa que fatalmente será asesinado por el personaje de la novela. En la poesía épica de lenguas romances, domina durante la Edad Media el final abrupto que encontramos en la Chanson de Roland. Los mitos degradados. En general, los grandes poemas épicos clásicos carecen de conclusión. Está escrito, respondió Acab, mañana será el tercer día y el tercero es el último en la vida de una ballena herida. ¿Tenéis temor, valientes? Yo acabaré con ella, no ella conmigo. 22 de marzo. La oscuridad había aumentado sensiblemente, atenuada tan solo por el resplandor del agua reflejando la blanca cortina que teníamos delante. Bandas de aves gigantescas de un blanco pálido volaban por detrás del velo. Y se abrió un abismo para recibirnos.
Historias de la literatura
AMAR A DiOS
De chico, te aburría el paraíso prometido. Menudo premio eterno es ver a Dios y Dios a todos vernos igual que en el colegio. Y sin domingo. Y era un secreto a voces divertido el cielo del Profeta, el desenfreno del sexo y pelis porno, todo aquello que en religión teníamos prohibido. El centro de la vida, que es la polla, pasó a regiones menos transparentes, se fue la fe y entre la fe la gloria. Con Dios o con Profeta te morías igual, así que, a ti, lo que te echen: lo mismo vas al cole que a una orgía.
Personas Paraíso – daniellebrato.com
/ a Rodrigo Gamarra
l’altre stelle, de L’amor che move il sole e l’altre stelle /
16~07
día del carmen
2026
