
Dios no juega al fútbol, pues todo juego es un juego de azar, al que ganas o pierdes, y al que solo los hombres o los dioses simples como los hombres juegan: son dos polos míticos líricos o épicos, incompatibles y complementarios. En el campo, el mayor espectáculo corre por cuenta de Dios. Quienes a Dios rinden culto, o creían en un dios menor y travieso, o creían que el juego iba a precio de bolsa o de saldo, mafiosos o tramposos, vendidos y corruptos.
»El dolor es muy grande y va a costar que cierre esta herida. Pero también me quedo con todo lo bueno… Con los partidos que dimos vuelta dejando todo y que quedarán para siempre en la memoria, con el apoyo de un país entero que junto con el trabajo y el esfuerzo de este grupo nos llevó a volver a estar, una vez más, entre los mejores del mundo. Hoy cuesta valorar lo que hicimos, pero este grupo llegó a dos finales consecutivas de la Copa del Mundo. Muchas gracias de corazón por cada saludo y por cada mensaje. Una vez más logramos unirnos como país y estar todos juntos, compartiendo el inmenso orgullo de ser argentinos. También quiero felicitar a España por el campeonato.»
(Dios, el 21 de julio de 2026, 48 horas después de aquel partido:)
