Etiqueta: Bienestar

desmontando las mareas por lo público.

trajes de sevillanas fotos antiguas de Sevilla

Los tres soberbios lemas de la Edad Contemporánea fueron libertad, igualdad y fraternidad (1789). Por libertad se colaba libertad de comercio; por igualdad, igual derecho a voto de la burguesía; y, por fraternidad, la vieja caridad. Lo endeble de esas tres divisas cuajó en Napoleón, un hijo de la Revolución pronto convertido en emperador (1804), quien dio leyes a un Estado policial que lleva su nombre: estado napoleónico. Contra el estado napoleónico se alzó la Internacional de anarquismo y socialismo; ambos fiados en el final de las clases sociales: el anarquismo, por la abolición del Estado, y el socialismo, por la toma del Estado por el proletariado hacia el comunismo.

La Revolución Rusa y dos guerras mundiales configuraron un cuadro inesperado. Las clases obreras, al aceptar servir como tropas nacionales (negarse a la guerra hubiera sido la única opción), renunciaron, de hecho, a la Internacional. Y Rusia se convirtió, como socialismo en un solo país, en un bloque frente al bloque capitalista, que administró a su antojo libertad, igualdad y fraternidad contra una experiencia sistemáticamente presentada como dictadura.

Las clases obreras aliadas empezaron a llamar a la puerta de la patronal reclamando el mejor nivel de vida que podrían permitirse: ser mano de obra cualificada, a costa de mano de obra bruta emigrada y materias primas de países que habían sido (y de esta forma seguían siendo) antiguas colonias, únicamente emancipadas bajo gobiernos títeres. La trampa iba a ser la deuda; deuda de países pobres forzados a comprar tecnología a las metrópolis ricas.

La mano de obra occidental se prestó encantada; su recompensa sería pasar de clase obrera a clase media, a cambio del Estado suministrar servicios que hasta entonces no daba: seguridad social, pensiones, formación profesional, salud, vivienda, transporte, etc. Había nacido el Estado del Bienestar. Soviética y el socialismo por los partidos comunistas no tenían nada que hacer. Vuelvan a 1989 y recuperen las imágenes de la Caída del Muro de Berlín: nunca tanto esclavo aplaudió la consagración de su propia esclavitud.

Lo que falta, ya lo han vivido ustedes. El mapamundi de libertad y democracia para todos, que prometió la Generación Berlín, se vio, en seguida, que resultaba una falacia. Y un anciano Stéphane Hessel dio a los jóvenes su llamamiento al ¡Indignaos! (2010), o sea: haced que se cumplan las promesas que a la humanidad se hicieron al término de la Segunda Guerra Mundial, más Occidente, en fin. Entre nosotros, José Luis Sampedro y el movimiento ¡Democracia real, ya!, que daría en Podemos, picaron el anzuelo. Y ahí los tenemos, a Pablo Iglesias y a Alberto Garzón de ministros de un Gobierno que ya me dirán qué tiene de izquierdas. La misma palabra izquierda está desactivada.

Hoy, una sociedad como la española se divide entre gente pobre y media que pide derechos y aspira a vivir a costa del Estado del Bienestar, y gente rica que no quiere contribuir al Estado (esa es la guerra de los impuestos), entre otras cosas, porque su bienestar ya lo disfruta. De ahí, que la palabra público (sector público, sanidad pública, enseñanza pública) haya quedado, como la palabra izquierda en boba petición de lo que ya se tiene. No es la pública progreso de nada, sino garantía de una privada y concertada con sus respectivas excelencias.

De otro modo. Donde el estado capitalista se hace llamar Estado del Bienestar (no en Estados Unidos), el anticapitalismo obliga a denunciar el Estado del Bienestar. A nivel personal, no fiando que el Estado nos resuelva la vida (ser parasitario ha cundido en la juventud media) y, a nivel ciudadano, activando todo tipo de objeciones de conciencia aceptadas como derechos: derecho a la objeción a las armas y a las fuerzas armadas, a religiones en público, a la natalidad subvencionada; objeción a solidaridades públicas que, en forma de acogida, no hacen más que prolongar la desigualdad, caso del tapadismo islámico en estos tiempos supuestamente feministas. Hay que ser insolidario y coherente con nuestro lugar en el mundo, ya que no lo elegimos. Yo apenas si me hablo con creyentes del bienestar y, a sus partidos políticos (ni a ninguno), ya ni les voto. La España de las Mareas me aburre o me da vergüenza.


marear con las mareas.

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Las mareas sociales son llamadas al Estado del Bienestar, fondo común que habrá que discutir: cuánto es y quién lo paga.

La marea Stop Desahucios plantea un acceso a la vivienda sin antes plantearse el concepto mismo de vivienda unifamiliar asociado a noviazgos y bodas de las de “a nueva pareja, nueva casa propia” y “a hijo tenido, niño con derechos”.

La marea Enseñanza Pública es parte de un trío, con la privada y la concertada; cuando lo suyo sería una enseñanza única, igual y la misma para todos, que no viniera a ampliar la diferencia inherente a nacimiento y clase social.

La marea blanca por la Sanidad Pública cojea como trío con privada y concertada: caso Muface para personal funcionario. Y el gasto público en salud ¿no debería ser inversamente proporcional al nivel de renta? ¿Tienen las clases pobres y medias (que también pagan sus impuestos) que financiar la salud de las clases más que pudientes, sobradas para pagarse lo suyo? Mismo diríamos de la marea de Pensionistas. ¿Qué quiere decir ser pensionista?

Y pienso, con el egoísta que siempre va conmigo, que yo a través de impuestos estoy pagando vidas ajenas.

Y pienso, con el comunista que a veces me acompaña, que el Estado del Bienestar es el gran invento propagandístico para que el capitalismo se perpetúe entre nosotros; al fondo: oenegés, Iglesia, Ejército y Estado, cuya esencia profundamente antisocial, camuflada bajo solidaridad y bienvenida acogida a lo desigual, habría que discutir.


El origen del populismo, la globalización y el Estado del Bienestar.

estado-bienestar en lamentable.org

No sé dónde leí que nombrar algo es empezar a darle vida. Sin remontarnos a Adán en el Paraíso, nos sobran cosas o conceptos o acciones que existen solo porque alguien les dio nombre y ese nombre habitó entre nosotros. Por ejemplo: Adán, Paraíso.

Un día me tocó leer a Engels, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado (1884), libro que, por su título, entraba en el currículo del primer marxista que pasara por allí. Ahora estoy leyendo libros de historia contemporánea que me ayuden a entender lo que pasa. Y, entre Engels y Josep Fontana,[1] me atrevo a proponer una reflexión sobre El origen del populismo, la globalización y el Estado del Bienestar, tres conceptos que, si no los enderezamos y simplemente (como personas simples) los repetimos sin más, pudiera ser que nos los acabemos creyendo.

populismo es el peyorativo recibimiento que da la clase política instalada a la que recién llega: nazismo, fascismo, xenofobia, etc. El populismo de izquierdas, el que ahonda en los Derechos Humanos o en la Constitución del 78 o en el Bienestar (1982), sería el populismo por antonomasia, el de Podemos, para entendernos. IU y PCE, que no son nuevos, no han sido nunca populistas; y eso que los dos han caído en demagogia o en promesas incumplidas.

globalización es concepto, en principio, semiótico y alude a una sociedad donde (aparte el oscurantismo de Seguridad del Estado y de la Razón de Estado) “sabemos todo de todos, que todo lo pueden saber de nosotros”[2]. Mundo en el bolsillo por teléfono móvil. Pareja con esa globalización, iría la aldea global: mundo donde lo que nos importe sean dos extremos, mínimo y máximo: por abajo, mi casa, mi calle, mi barrio, el sitio a donde van a parar mis impuestos y, por arriba, un poder mundial donde fronteras, estados, nacionalidades, ejércitos y banderas no tengan ya sentido.[3]

estado del bienestar, desactivada la fuerza sindical que lo conquistó un día, mejor escribirlo entre comillas como algo sin existencia real. Que partidos socialdemócratas que construyeron Europa se lo hayan creído; que clases obreras (de pronto: medias) se hayan ‘bienestarizado’ a costa de sus antiguas colonias, no significa nada a día de hoy.

Fue el primer error Podemos, su populismo: creerse la burra llena de mataduras que le vendió el Psoe. El segundo error: tomarse la globalización como etiqueta abusiva del capitalismo y como algo contrario a nuestra libertad individual. O sea, como si fuésemos libres dentro de un sacrosanto estado tenido por zona de confort.

[1] Josep Fontana (m. 2018): El siglo de la revolución. Una historia del mundo desde 1914 (2017). Capitalismo y democracia. Cómo empezó este engaño (2019).

[2] Reconociendo que el acceso a internet (como al agua potable) hay que tenerlo y no todo el mundo lo tiene.

[3] España: Las autonomías carecerían de sentido. No habría cuestión catalana, porque tampoco andaluza ni vasca, ni debate monarquía o república presidida. España cedería soberanía ante Iberia con Portugal. Mi ciudadanía (o línea de mando reconocida, extraída por democracia de base) iría desde mi barrio a la remota ONU con intermedios mínimos de obligada Administración. La acción política sería otra dimensión y no habría clase política profesional.


Neoliberalismo y Estado del Bienestar.

santillana-del-mar fotos Seguros RGA

Más que Santillana del Mar, miente la palabra neoliberalismo[1], que ni es nuevo ni libertad; salvo para la parte empresa sin que el Estado intervenga. No hace falta leer a Carlos Marx. Todo es capitalismo puro y duro. No hay más. Solo en épocas de crisis el capitalismo ha puesto sordina a sus desvaríos, como el Don Guido de Machado. Cuando o aunaba criterios o se iba a la mierda. Esas etapas de concesión al arbitraje del Estado han coincidido con las posguerras de dos Guerras Mundiales. Reagan en Estados Unidos (de 1981 a 89) o Thatcher en Reino Unido (de 1979 a 90) fueron la expresión de que la posguerra había terminado y de que el modelo soviético iba a ser vencido (1989). Si Reagan y Thatcher representaron el neoliberalismo fue por contraste y por demoler el Estado del Bienestar (1930/años 70)[2] que había encandilado a socialdemócratas de toda Europa, empezando por los países nórdicos.

Otra cosa fue la adopción del neoliberalismo en nuestros hogares y modos de vida: se ve cuando la niña elige ser artista de conservatorio y luego no prospera y ahí la tenemos, de nini que ni estudia ni trabaja y cumplirá los 40 sin salir de su cuarto, “que es mi cuarto”. Y como los bolsillos no suelen dar para tanto, es fácil, y casi normal, padres y madres en edad de votar acudir al socorro del Estado: becas, vivienda, salud. Pero la pregunta sigue siendo:

–Bienestarista, hija: ¿Tu bienestar, quién lo paga?

En tiempos de abundancia la preguntita se podía soslayar. Ahora resulta de lo más molesta (Psoe IU Podemos ni quieren hablar). La respuesta es dura a los oídos de quien vive “en un país libre”.[3]

Ocurre que, al final, ya no es la ley de la plusvalía del capitalismo que más gana cuanto menos paga: ya soy yo (el contribuyente, el sin familia) quien gano más cuantas menos vidas ajenas pague a través de impuestos vía Presupuestos del Estado. Esa es la gracia a la que yo no le veo la gracia. Creerá el estríper o el esculpidor de uñas que el Estado les va a pagar su salario social o que el neoliberalismo, ya vencido por lo visto, los va a reponer en el negocio en que estaban. Dan ganas de reír si no fuera para llorar.

[1] neoliberalismo. Iniciativa privada económica, frente a intervención del Estado. Viene de libre, libertad, y no tiene nada de nuevo. Basta consultar la Wiki. Se resume en la expresión francesa laissez faire.

[2] El Estado del Bienestar surgió como respuesta a la Gran Depresión de 1930, intervencionismo estatal para abordar el desempleo, la pérdida de producción y el colapso del sistema financiero.

[3] De ahí, el menosprecio al milagro chino ante la epidemia: ¡Claro, es que allí la gente está toda controlada, y no como aquí, que hay libertad!


foto de portada: web de Seguros RGA

¿Nuevos Pactos de la Moncloa? (2).

Si lo primero sería ir hacia una reubicación geopolítica más económica de España en el mundo (UE, Otan, Onu, Ejército, Jefatura del Estado: todo eso sale muy caro), lo siguiente sería el replanteo del Bienestar, como individual zona de confort.

El Estado del Bienestar fue un farol que se marcó el Psoe de la Transición, bajo el poderoso influjo de la social democracia alto europea (Willy Brandt, Olof Palme), lo que catapultó al poder a Felipe González en cinco años (de 1977 a 1982) con el decaimiento del PC. De entre los encantos del Estado del Bienestar, uno se inoculó para siempre en la ciudadanía progresista, y fue que el Estado dejó de verse represivo [1] para pasar a verse como órgano benefactor. Cundió una doble moral: si me va bien, para mí, y, si me va mal, para el Estado a través de impuestos, vía Presupuestos. Esa doble moral ha traído la mentalidad que vemos en nuestros hijos y nietos, dicho en Manuel Machado: «Que todo, como un aura, se venga para mí y que jamás me obliguen el camino a elegir». ¡Y, luego, nos quejamos! ¡Cuando los hemos criado nosotros, madres o padres, abuelas y abuelos, más/menos yayo flautas!, que picamos el anzuelo del Psoe en los 80 y de Podemos en 2005, a cambio de renunciar a lo que ideológicamente nos definía: la conciencia de clase, que, perdida, ha cuajado en una generación que ha hecho de revolución y cambio una batallita de abuelos cebolletas.

Sea como sea, y diga lo que diga el Estado, del Bienestar se sale en cuanto llega la crisis. Pasó en 2008 (quiebra del sistema financiero inmobiliario; 2007, Lehman Brothers) y pasará ahora. A falta de vanguardia hacia nuevas metas [2], el desempleo y verse en la calle harán a las criaturas espabilar de la zona de confort donde estaban dormidas.

Al final, dos piezas saldrán al tablero. Una, ya lo verán, será otra vez que “estábamos viviendo por encima de nuestras posibilidades”; y, otra, más en serio: que habrá que replantearse familia, trabajo y residencia sin ayuda de los mayores ni del Estado, cuyas ubres se habrán quedado secas. Solo un estado de necesidad puede remover conciencias. Ojalá la gente espabile, empezando por el abandono del narcótico voto útil. Reducir en peso y nómina la clase política (hasta acabar con ella, habiendo Administración) ayudaría a llenar las esquilmadas arcas sociales. Y no haría falta pacto ninguno que, de firmarse, iría contra la gente, como han ido siempre los muchos pactos que en la historia han sido. [3]

[1] represivo veía al Estado la izquierda; la derecha, lógicamente, no. Pero el Bienestar puso a una y otra más de acuerdo que nunca.

[2] No es vanguardia la intelectualidad, que da pena en cuanto la sientan a la mesa de los Príncipes de Asturias; no es el arte; no es IU abducida por Podemos, a su vez, abducida por un Psoe que ni en el 77 fue, ni en 2020 es socialista, sino lo menos facha que se despacha, y por eso a los coalicionistas les gusta tanto, y les viene tan bien, quejarse de las burradas de Vox y de las privatizaciones del PP.

[3] Documentación:

¿Nuevos Pactos de la Moncloa? 1

Jinetes del apocalipsis

Análisis del Bienestar

Carta a un demócrata creyente en el Estado del Bienestar

‘Adelfos’, de Manuel Machado


Cataluña y la España vaciada.

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Cataluña como León Solo.

Al mes del Gobierno de Coalición está muy claro por dónde van los ejes de la política nacional: evitar euforias de Frente Popular y dar prioridad a “lo que de verdad importa a la gente”, donde, al margen las secuelas del Procés, no figura Cataluña (pero ver cuadro).

El frentepopulismo está salvado a precio del populismo de lo que de verdad importa a la gente. Sin embargo, ese populismo tiene un recorrido muy corto. Subido el salario mínimo, actualizadas las pensiones más alguna otra medida cara a la galería, el Gobierno de Coalición no va a acudir al manual de la vieja izquierda. No va a luchar, en Europa y en la Onu, por la paz y el desarme. No va a sacar a España de la Otan, como país no alineado. No va a impulsar una fiscalidad una y mundial proporcional a ingresos y beneficios. No va a mover en España el apoyo a la familia numerosa y a la enseñanza concertada. El Gobierno no va a nacionalizar las bases Usa ni va a llamar al ¡Gibraltar, español! cuando sería más factible, después del Brexit. No va a reconvertir para la paz la industria de armamento (Santa Bárbara, Navantia, Airbus). Ni va a consultar la Jefatura del Estado ni a reformar la Constitución hacia una España federal que pudiera entenderse con Portugal, con Cataluña y con lo que venga; sin ir más lejos, las funcionarias y ruinosas plazas de Ceuta y Melilla que tanta alambrada y tanta patera y tanta víctima traen hasta nuestros telediarios. Este Gobierno, con Iglesias y Garzón, no va a hacer nada de eso, no.

En cambio, y mientras, en Cataluña no va a parar de crecer una opción que se alimenta por pirámide de población en edad de votar, generaciones criadas bajo la marca Cataluña. Si se aplica a Cataluña la misma ley de referéndum que a León para constituirse en autonomía como León solo (el 143 de la Constitución)[1], la independencia de Cataluña prosperará en cuanto reúna dos tercios de Diputaciones y Parlamento autónomo con la mayoría simple del electorado. No hará falta cumplir cien años para ver Cataluña independiente.[2]

Votantes y simpatizantes de IUP tienen los datos, si los quieren ver. Hablar y hablar de “lo que de verdad importa” es otra forma de vaciar España y mandar Cataluña a esa otra España vacía.

□ Enlace al Cuadro de lo que de verdad importa en España.

[1] León solo: otra noticia silenciada, para evitar comparaciones.

[2] Buscando en Google, Catalunya: 170.000.000 resultados. Cataluña: 107.000.000. lo que importa a la gente: 249.000. lo que más importa a la gente: 36.100. Otras búsquedas como paro, desempleo, sanidad, vivienda, española o en España ponen a prueba lo que de verdad importa. Lo que de verdad importa a la gente (para estar a favor o en contra, sean de izquierdas o derechas) se llama Cataluña.

análisis del Estado del Bienestar.

estado-bienestar en lamentable.org

El Bienestar fue el invento del Estado en la segunda mitad del siglo 20, a la salida de la Segunda Guerra Mundial, y no lejos del Crac del 29, vendido por la izquierda como conquista, pero, en realidad, respuesta de la derecha política más espabilada a dos debilidades del capitalismo: su recurso al conflicto armado como regulador del mercado, y sus crisis periódicas.

El capitalismo activaría algún control de producción y competencia y, a cambio de la paz social, sus clases trabajadoras recibirían ciertas satisfacciones a sus reivindicaciones primarias: seguridad social, vivienda, sanidad. Partidos socialistas de la 2ª Internacional (el Psoe), junto a laboristas y sindicatos, firmaron un pacto con su patronal a cambio de cero soldados muertos y a costa de plusvalías extraídas a sus antiguas colonias. Socialdemócratas y democristianos trasmutaron el Estado máquina o pesadilla que aplasta al individuo (ese Estado que reflejan Larra, Galdós o Kafka en El castillo, 1926). ¡Con ustedes…, el Estado del Bienestar!, película para todos los públicos:

Vivíamos en el mejor de los mundos y, en caso de duda, ahí estaban Soviética, China o Cuba, para ver, no más por televisión, lo que el socialismo real era capaz de hacer con la pobre clase trabajadora, pauperada, huérfana de oportunidades y, encima, presa del comunismo frente al mundo libre. Tras libertad y democracia, ese fue el tercer peldaño del Bienestar en su subida al podio: ganar la Guerra Fría: guerra sin tiros que vino a suplir las que (tras Hiroshima y Nagasaki) no debían repetirse sino como especulación, dependencia, negocio o carrera espacial. Con que cayera el Muro de Berlín (1989), el partido habría terminado.

Pasó que el colorín colorado de un mundo plano bajo la tutela Usa estalló por la parte islámica sensible a la gendarmería de Israel en Oriente Medio. Contra el islamismo, toda estrategia se demostró incapaz: Torres Gemelas, Metro de Londres, Atocha. No obstante esas derrotas, el Bienestar de arte mayor aún sabría componer un poema: el Todos somos Democracia y Todos somos Occidente (lemas desde el 11-S a Charlie Hebdo) junto a la leyenda del islamista honrado bajo la alianza de culturas y civilizaciones (2007). Esa película vendría de perlas para, por miedo al miedo, reforzar la publicidad del Bienestar en Estados cada vez más absolutistas: más policía, más ejército, más Otan, con el pretexto de misiones de paz, y más bases de los Estados Unidos. A libertad, democracia y bienestar se había unido la seguridad bajo demanda de sociedades muy atemorizadas y acostumbradas al papá Estado, compatibles con oenegés aduaneras de fronteras y vicarias de los servicios de migración y empleo. Se descartaron conferencias mundiales por la descolonización y el desarme, que el siglo 20 había conocido. Para darle cancha a la izquierda, qué mejor fórmula que la igualdad hombre mujer y elegetebeís, modelo orgullo o 15-M, y qué mejor aglutinante que el Salvar el planeta como único Dios verdadero.

La acción votante pasó a corralito entre comunidades que pagan sus porteros, sus perros y vigilantes, frente al duro arrabal. Lo más de izquierdas era contribuir a una oenegé y sensibilizarse ante el telediario con adónde vamos a parar con tanta infancia que sufre y tanta patera en el Mediterráneo. El bienestar: conservante, colorante y edulcorante de un universo conocido.


 

El primer Bienestar acudió a cubrir necesidades de formación, mantenimiento, reparación y reproducción de la mano de obra cualificada como exigía la revolución científico técnica, con acciones en áreas de educación, vivienda, sanidad, con la seguridad social de fondo como mutua laboral pagadora de pensiones y asistencias. Aquel milagro, sueco o nórdico, lo pagó la importación de materias primas y la exportación de tecnologías más plusvalías de mano de obra en colonias o ex colonias, o inmigrantes en los trabajos más duros y peor pagados. Las clases trabajadoras nacionales, encantadas: suyo era lo mejor de la cadena productiva, suyo el nivel de vida propio de mandos intermedios y casi suya la empresa a nada que la empresa repartiera alguna acción por nómina o por resultados. A nadie importaba que al Bienestar se le fueran agregando, como efectos secundarios, más ejército, más policía, más juzgados, más centros de acogida, más servicios para paliar la creciente masa sin techo y con la mano mendiga por el centro comercial o peligrosos barrios periféricos a las grandes ciudades.

Paralelo a ese fenómeno de marginación o exclusión, se fue extendiendo una mentalidad de café para todos. La asunción del Bienestar por partidos reaccionarios pero obligados, por ganar votos, a prometer lo que no iban a cumplir, cuajó en la impresión, común a electores y a elegidos, de que no había más Estado que el Estado del Bienestar, y de que, quien venía, venía con los derechos bien puestos (algo visible en inmigrantes ilegales recién desembarcados). Así, se da el caso de la chavala sin formación ni recursos que se queda involuntarimante preñada y que, alentada por el ambiente pro familia y sé tú misma y sí se puede que se respira, pretende que la criatura en barriga se la subvencione el Estado, es decir, usted o yo a través de impuestos, sin que usted o yo podamos replantear otro estado (de cosas) y sin que salgamos en la foto fachas insolidarios o maltusianos contrarios a la pirámide de población y al futuro de la población mundial, total: unos monstruos.

Monstruos o buena gente, la tercera guerra mundial será la guerra de los impuestos que responda a la pregunta: el Bienestar, ¿quién lo paga? Solo planteárselo, sin caer en prejuicios de voto útil, será ir abandonando la pomada de la democracia, es ir dejando el corralito.


Daniel Lebrato


Excursión dominical.

Bello día para salir de España. No se preocupe viendo el tiempo que hace ni qué manifestación o su repulsa se va usted a perder. Va España entera: la facha, que se dice de centro derecha, y la constitucionalista, que se dice de izquierdas. Y todo porque la aldea catalana se ve a sí misma como la de Astérix el Galo. Mientras, los Goya invitan a la natalidad down (viene a decir Campeones) y a la clase política con clase (es el mensaje de El reino). Y todo, con el aplauso de una mayoría que con votar se queda tan a gusto y dirá que lo que está desfasado es el marxismo. Cómo no coincidir en el tanatorio.

¡España!, ¡España!, ¡España!, grita el coro desde Bruselas a Caracas, desde Navantia hasta el taxi, desde pensionistas a jóvenes parejas con su bebé en el carro, con sus tatuajes y pírsins, con su descanso dominical. No hallará donde poner los ojos que no sea recuerdo de la democracia y del bienestar. Sálgase si es que puede. España está cerrada y tampoco se abrirá mañana.


 

Reconocimiento de Vox.

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La vieja manera de concebir la política consiste en pedid y se os dará. No hemos salido de San Mateo. Quien da es el Estado del Bienestar a través de partidos y, quien pide, la ciudadanía a través del voto. Pero al banquete vinieron a sentarse tres convidados de piedra: el yihadismo, la crisis y la presión migratoria. La respuesta fue la incongruente Alianza de civilizaciones, el aumento de oenegés, como modo de vida, y de mareas sociales, como modo de pedirla. Como cuarto invitado no deseado, desde Cataluña asomó el derecho a decidir en referéndum, malévolamente servido como desafío o independentismo.

El resultado ha sido. Quien se acostumbró a pedir, sigue pidiendo sin más análisis ni asomos de rebeldía. Y quien tildó de derechas lo que pasaba en Cataluña se creyó tan de izquierdas que, de paso, le negó a toda España semejante derecho. Secuelas del contra terrorismo y contra el Procés fueron los empoderamientos de Policía, Judicatura y Jefatura del Estado, garantes de la convivencia y de la unidad en tiempos difíciles. Afuera, también llovía: Trump en Usa, Brexit en Europa.

Ni el yihadismo ni el feminismo han resultado disruptivos. El yihadismo con su inyección de todos somos la víctima, no nos moverán o no podrán con nosotros (todo tematizado en Je suis Charlie Hebdo); con su despliegue de velitas y flores, aniversarios y duelos pomposamente presididos, ha venido a reforzar el Estado del Bienestar. El feminismo, volcado en igualarse con un mundo macho impresentable, ha venido también a fortalecer lo que había.

Eso, por fuera. Por dentro, la polarización de unas clases medias o aspirantes, que cada vez tienen más difícil su encaje, lleva a sus miembros a extremos de radicalidad que solo en el secreto de la papeleta de voto puede permitirse; de boquilla, hay que comportarse, pedir para que te den, seguir siendo demócrata, solidario, feminista y convencido de que el bienestar funciona. Ahí aparece Vox, la otra cara de una ciudadanía que no puede entonar el sálvese quien pueda y que os vayan dando. ¡Oh maravilla de operación triunfo de la mala conciencia: que lo mío es mío y que no me lo toquen!

Mientras Vox ocupa sus escaños, en el polo anti, donde estaba lo que se llamó e insiste en llamarse la izquierda, no hay absolutamente nada. ¿Monarquía o República?, esa es la gran expectativa: un Rey o un Presidente, “un Macron para España” (por no decir otra cosa). ¡Qué esperanza de cambio, señora Podemos, señor Garzón, señor Anguita!


jubilados, copagos, funcionarios y jornadas laborales.

No siendo iguales las vidas laborales, no será igual la vida del grupo “los jubilados” (yo diría ‘pensionistas’, siempre). Tampoco ante el copago o el sin pago del gasto sanitario es justa la linealidad. Como generación a extinguir, nuestros derechos adquiridos deben ser respetados pero la generación que viene, la que está en marcha como población activa, no puede ‑sin más‑ seguir llamando a las puertas de un Estado del Bienestar que no ha hecho más que esconder (para aumentar) la desigualdad y el malestar. Dígalo el grupo “los funcionarios”. Por fidelizar el voto al Psoe, la Junta de Andalucía rebaja a 35 las horas semanales de “los funcionarios”. Nada más poco ejemplar ni más injusto. Rebaje usted, señora Díaz, las horas de quienes más horas semanales echan, que no son precisamente “los funcionarios”. Lo dice un funcionario de Educación que trabajó 20 horas a la semana y se jubiló a los 60, solo por pertenecer a Muface, institución que me da prestaciones y cobertura sanitaria por la privada mientras los demás, a las listas de espera de la superpoblada Seguridad Social. Cuesta ver y vernos. Pero el cuadro está ahí. Ya que no podemos hacer justicia, seamos, al menos, justos con nosotros mismos.

*

Cándido, of course.

Cuatro reflexiones sobre El espíritu de las Leyes más acá de Montesquieu y sobre el factor Estado para el optimismo de las criaturas, Ilustración de que es vaso el Cándido de Voltaire.

1.
La historia no es la historia del pasado sino del presente. La historia no remonta de atrás alante, sino desde aquí al atrás que más conviene. Por ejemplo, que esta democracia estaba ya en el siglo quinto griego y en la Revolución Francesa. Por ejemplo, que el buen dios nació en Belén.


2.
Aunque solo fuera por ir contra el feudalismo, el nuevo Estado y las nuevas Leyes del siglo 18 merecieron la pena. Doscientos años después, el Estado y las Leyes pueden ser lo contrario, al servicio de la dominación y del atontamiento de las masas.


3.
¡Más que nos gusta el Estado a marxistas, leninistas o comunistas! Nadie fía tanto en el humanismo de Estado como único dios verdadero. Ha sido la socialdemocracia o en alianza con la democracia cristiana la que, con el consentimiento de sindicatos, descuartizó el Estado (del Bienestar) poniendo las Leyes a los pies de los caballos del individualismo capitalista, con brillantes conceptos (eso hay que reconocerlo) como libertad o país libre junto a conceptos no tan brillantes pero más efectivos (de en efectivo o con tarjeta) como mercados, Bolsa o finanzas, exigencias del guion del que los socialdemócratas no se han movido una coma.


4.
El 18 no vuelve. Quienes habían leído a Voltaire y a Rousseau ocuparon escaños y se olvidaron, como suele ocurrir, del programa de libertad, igualdad y fraternidad que los llevó a ganar las elecciones. Y la igualdad se quedó en igualdad entre obreros de un mismo gremio, y entre la marquesona y el burgués, o sea, entre el nuevo y el viejo régimen, que no desapareció en absoluto. La libertad se quedó en la libertad que tenemos de no ser rey, cuando otro lo es, o de no ser ricos, cuando otros lo son. La fraternidad, esa sí, triunfa como el cándido que se cree las misiones de paz del ejército español o el buen rollismo de Acnur y de tantas oenegés. ¡Menuda película!


Lectura relacionada: Cándido en la Asamblea, por J. J. Díaz Trillo.

cálculo de la solidaridad

CÁLCULO DE LA SOLIDARIDAD
La cigarra y la hormiga o El pollo de Pitigrilli (2)

Quien lamenta y recrimina las muertes infantiles en playas fronteras a Europa y anima o colabora en oenegés y recogida de firmas por internet, responda sinceramente a estas PREGUNTAS.

1º) ¿A cuántos niños estaría dispuesto a recoger y a mantener a su cargo?

2º) La recogida, ¿sería con madre, padre y resto de hermanos del niño recogido o solo recogería niños huérfanos?

3º) Si es con cargo al Estado (al Presupuesto, a Hacienda, y Hacienda somos todos), ¿tiene usted un plan de financiación, y en todo caso, ese plan quién lo pagaría, qué impuesto o qué clase de impuestos y sobre qué actividades económicas?

EL BIENESTAR, ¿QUIÉN LO PAGA?

¿Usted, yo, los otros? Porque esto es crónico: pedir y pedir derechos como si estuvieran ya financiados o como si nadie los tuviera que pagar. Guardería, colegio, sanidad, transporte, vivienda, cultura, espectáculos, todo lo metemos ahí, pongamos también la ayuda a los refugiados, y que el Estado nos las dé todas. Y eso, sin molestar al Estado del Bienestar, donde bienestar incluye democracia, primer mundo, Occidente, la muletilla de que vivimos en un país libre, etecé, etecé, es decir, sin molestar la estructura de clases ni el sistema económico.

Se pide que pague más (impuestos) quien más tiene, lo que llevado a fábula significaría que las cigarras vivan a costa de las hormigas o yo, el pobre, gracias a un Estado que se lo quita al rico y me lo da a mí. Pero la fiscalidad puede ser más progresiva; nunca, cien por cien progresiva y, aunque lo fuera, no serviría de mucho mientras no haya una fiscalidad igual para todos los países y naciones del mundo.

El Presupuesto del Estado sale de los tributos y los tributos se clasifican en impuestos, tasas y contribuciones especiales. [Sálteselo si ya se lo sabe. Los impuestos se fundamentan en la capacidad económica de los ciudadanos (IRPF, IVA). Las tasas son consecuencia de una actuación administrativa (tasas por recogida de basuras, expedición del dni). Las contribuciones especiales se pagan cuando una actuación pública produce un beneficio privado (el valor de una finca a consecuencia de una obra pública).]

Del 1 al 9 tenemos:

  1. IVA (Impuesto sobre el valor añadido).
  2. IRPF (Impuesto sobre la renta de las personas físicas).
  3. Impuestos especiales: bebidas alcohólicas, hidrocarburos, tabaco, matriculación de vehículos.
  4. Impuesto sobre el patrimonio.
  5. Impuesto sobre sociedades.
  6. Impuesto sobre sucesiones y donaciones: herencias.
  7. Impuesto sobre transmisiones patrimoniales y actos jurídicos documentados.
  8. Tasas
  9. Contribuciones especiales.

Antes de lamentarse por niños sirios muertos, marque del 1 al 9 de dónde sacaría usted el maldito dinero que vale poner en práctica la solidaridad con los refugiados. Hágase caso y no sea hipócrita (o siriócrita): en el fondo usted quiere que la solidaridad la paguen otros y también es cierto que niño muerto más o menos usted sigue cogiendo el sueño, y hasta roncado, todas las noches.

Ética de la infancia, 10 02 2016

ÉTICA DE LA INFANCIA

ICONOGRAFÍA DE LA INFANCIA

1) La protección de la infancia de una ética superior, por encima de la voluntad de los padres. (Y ahí están las familias que quieren hacerles a sus hijas la ablación.) 2) Cuando hablamos de infancia hablamos de dos infancias: la de colegios públicos y la de colegios privados o concertados. 3) La Iglesia empieza por un niño (que nació en Belén) y tiene un imaginario poblado de angelitos, catequesis, monaguillos, institución que deja a los menores peligrosamente en manos de los mayores y del varón que los curas y monitores llevan dentro. Correspondería a la Iglesia hacer su autocrítica y ser la propia Iglesia la que estableciera una edad de ingreso o una mayoría de edad religiosa, supongamos los 16 años. 4) Como es improbable que la Iglesia cambie su plan de bautizos y comuniones, Ley del menor para los menores y Ley de asociaciones para el registro de las religiones. Algunos casos de

INFANCIA FELIZ

MANTILLAS Y COSTALEROS. En vísperas de Semana Santa, colegios y guarderías disfrazan y sacan a la calle, disfrazadas, las criaturas. 1) Semana Santa no es carnaval. Una y otra tienen un señorío distinto y un kitsch diferente. 2) Si de algo los disfrazamos, que sea un disfraz ajustado a su edad y el único disfraz sería vestir a niños y niñas de monaguillo. (Único papel que las cofradías guardan para los peques.) 3) La mantilla está llena de malicia. (Por eso algún reverendo quiere poner límites a escotes y canales de picardía.) 4) La faja y el costal es ropa interior y está llamada al secreto bajo los pasos. (Que el orgullo costalero exhiba el costal, no borra que no es prenda de lucimiento sino de esfuerzo callado.)

INFANCIA DESGRACIADA

REFUGIADOS. Quien lamenta y recrimina las muertes infantiles en playas fronteras a Europa y anima o colabora en oenegés y recogida de firmas por internet, ¿tiene un plan de financiación para costear la acogida?, y, en todo caso, ese plan, ¿quién lo pagaría?

NIÑOS SOLDADO. Ningún niño, soldado. ¿Y adultos, sí? Nadie merece morir ni sufrir pero entre un niño soldado y su padre soldado, el padre soldado es que el que hay que evitar, pues es evidente que, si no hubiera armas, guerras y adultos armados, tampoco habría niños soldado.

Cálculo de la solidaridad, 10 02 2016

refugiados

migración-Siria

REFUGIADOS
Post tenebras spero lucem (lema de portada en el Quijote)

Nuestra vida consciente empieza a los tres años de edad. En 2015 ha cumplido 18 años la primera generación ya sin recuerdos del siglo 20, sin noticia de la peseta y sin imágenes del Muro de Berlín ni de las Torres Gemelas. Esos hombres y mujeres, concebidos en 1996, llevan en su adeene el mundo que concibieron sus mayores y se comerán las uvas esta noche después de haber podido votar o abstenerse en las últimas Elecciones. A esta generación, el siglo 20, que les llega de oídas, les ha dejado en herencia tres creaciones mentales: la democracia, el bienestar y las culturas o civilizaciones.


De la democracia, sistema político ligado al sistema económico que sigue siendo el viejo capitalismo, se dice que es lo menos malo que se conoce, o sea: algo que la juventud con 18 años no tiene más remedio que aceptar, lo que convierte a la democracia en el sistema más totalitario jamás nunca conocido, porque no depende de una autoridad tiránica o dictatorial ejercida por un poder político, sino que depende del propio individuo que cae en el discreto encanto de la libertad, y se la cree.


Del bienestar (o Estado del Bienestar), construcción social paliativa de los rigores antisociales del capitalismo, se dice que es un derecho humano, con base en la declaración de Derechos Humanos de la Onu en 1952: algo que quien ha cumplido los 18 tiene derecho a exigir sin que esté muy claro, por contrapartida, qué institución tiene el deber, la obligación, de dárselo. Lo arraigado es que el bienestar, si no me lo dan, me indigno (como el Indignaos del 15‑M), lo que convierte al bienestar en la ética personal más irresponsable y más indulgente con uno mismo y con las propias conductas: no se pide por justicia social, y a las clases depredadoras, sino que se pide por ser yo quien soy, y a las clases recaudadoras (a la Hacienda del Estado). Visto así, es normal que gente joven se posicione en contra de procesos soberanistas en la medida que la mengua del Estado implicaría la mengua del Bienestar del que espero me vengan mis derechos (tener familia, vivienda, estudios, trabajo, sanidad) y la irrelevante cuestión catalana adquiere un valor en sangre que ni tiene ni tendría que tener con ojos y perspectiva de Aldea Global, para caer en lo que habíamos quedado que estaba muy pasado: los nacionalismos.


La alianza de culturas o civilizaciones es una propuesta diplomática que, más allá de la diplomacia, significa la integración de la religión en nuestras vidas tomada como suma de lo que nos habían dicho que teníamos que ser: demócratas (tolerantes con lo que no debía tolerarse), liberales (abiertos a cualquier moral y, por tanto, inmorales) y bienestaristas, esto es: partidarios de darles a los demás, sean de la religión o de la raza que sean, no sus derechos, sino algo mucho más barato y menos comprometido para mí, para mi sociedad, para mi religión y para mi nacionalismo: el derecho a tener esos derechos (de pronto, concedidos al pobre, al emigrante, al musulmán), o sea: a exigir, aunque no se sepa muy bien a exigir qué y, sobre todo, a exigir a quién.


Total, no es de extrañar que refugiados haya sido para la Fundación del Español Urgente la palabra del 2015. En refugiados se confabulan democracia, bienestar, nacionalismo y culturas para que Bolsa y oenegés bailen y se den la mano un año más. Con esos mimbres, entiendan que eLTeNDeDeRo no les felicite el nuevo año. Post tenebras esperamos luces y, también, para la Fundéu. Lo que significa que después de tanta mierda, habrá que tirar de la cadena. Feliz 2017.

LO PÚBLICO, LO PRIVADO Y EL JEFE INFILTRADO

El Mundo

LO PÚBLICO, LO PRIVADO Y EL JEFE INFILTRADO

Este país lleva muy mal la separación entre lo público y lo privado, que son al final tres esferas que la gente confunde y que la moral no distingue: el Estado, la empresa y la persona. La confusión no es exclusiva. Solo pensar que la nación más poderosa de la Tierra tiene por lema In God we trust, en Dios confiamos, da escalofrío a la mentalidad civil y laica; como que en el escudo de la casa real inglesa, que ejerce la Jefatura del Estado, figure el lema Dieu et mon droit, Dios y mis pelotas, desde que lo adoptara Enrique V en el siglo 15; Dios y mis ovarios, dirá su majestad la reina. Para ser un buen estadounidense usted tiene que creer en Dios y que confiar en él y, en Reino Unido, que creer en la reina y en que lo de la reina es suyo por derecho divino. Viene esto a cuento porque el Servicio Andaluz de Salud ha abierto expediente a 253 médicos e impuesto sanciones de hasta dos meses de separación del puesto por una falta grave por ejercer en la privada sin haber solicitado autorización para ello y cobrando el plus de exclusividad, unos 750 euros brutos mensuales (El Mundo). Por un lado, hay una razonable moral de que el funcionario público no debe lucrarse desviando trabajo a su empresa privada y, por otro, es el Estado el primero que se implica en la privada, la agranda y la beneficia, en sanidad o educación, a través de conciertos y concesiones. Los mismos conceptos de ente público, empresa pública, entidad pública empresarial, empresa pública participada, sociedad municipal o empresa metropolitana no hacen más que confundir quién pone el dinero y quién ejerce el mando. En tiempos de Franco, este lenguaje era muy simple y Renfe era el tren que había y, lo mismo, Seat, Telefónica, Campsa o Red Eléctrica Española: a empresa por actividad. Se reían del dictador que inauguraba pantanos, pero el franquismo hizo fuerte el brazo del Estado, hasta que vino como nuevo rico el Bienestar, que ya hemos visto en qué ha acabado, y aquella red de empresas, que integraban el INI, se desmanteló, se malvendió o se descuartizó por partes. Muy demócrata, muy liberal, muy occidental y muy mono todo. Telefónica se hizo Movistar y, ésta, a competir con Jazztel, con Orange, con Vodafone. Dijeron que la competencia y el libre mercado repercutirían en los precios a la baja, ¿alguien lo ha notado? También entraron compañías petroleras extranjeras, ¿se ha abaratado la gasolina? Una sociedad con unos servicios públicos que funcionaban (una luz, un grifo, un teléfono, un coche, un tren, una gasolina, una línea aérea) vio de pronto la proliferación de marcas para mayor gloria del consumismo nacional, sin que por ello se haya acabado con la mentalidad gremial retrógrada y refractaria al progreso: taxistas, contra Uber; mini ganaderos, contra las grandes lecheras. En esa descomposición del Estado, el individuo sufre tentaciones que propician la doble moral, como la de los médicos del caso, con un talonario de recetas en el ambulatorio o en el hospital y, otro, en su consulta privada. Paralelamente, se diría que Airbus (del que se esconde su apellido, Military) es más española que la selección nacional de fútbol, de tantos telediarios que Gobierno y Biparty han salido detrás de las inauguraciones del proyecto, como si Airbus fuese asunto de Estado. Todo son mixtificaciones: la religiosa, la empresarial, la civil, con las fiestas nacionales, la militar, la deportiva: todo va, entre el Estado, la empresa y el individuo, de esta confusa manera. Y aunque a médicos y profesores se les suponga una ética acorde con su formación, la pela es la pela y, muy caro, el bienestar en que médicos y profesores se han enfrascado: familias numerosas, altas carreras, conservatorios, Erasmus, jóvenes que no se van nunca de casa. Por último, ¿qué son 750 euros en la España de Bárcenas y cuentas en Suiza? Y como también la empresa, el empresario y el empleado se confunden, no se pierdan, máxime si padecen estreñimiento, el programa El jefe infiltrado, en La Sexta. La empresa buenona que se hace pasar por Cenicienta para espiar a sus currantes. Literalmente: es que te cagas

Ni tontos ni marxistas, 14 del 10 de 2015