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Cataluña y la España vaciada.

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Cataluña como León Solo.

Al mes del Gobierno de Coalición está muy claro por dónde van los ejes de la política nacional: evitar euforias de Frente Popular y dar prioridad a “lo que de verdad importa a la gente”, donde, al margen las secuelas del Procés, no figura Cataluña (pero ver cuadro).

El frentepopulismo está salvado a precio del populismo de lo que de verdad importa a la gente. Sin embargo, ese populismo tiene un recorrido muy corto. Subido el salario mínimo, actualizadas las pensiones más alguna otra medida cara a la galería, el Gobierno de Coalición no va a acudir al manual de la vieja izquierda. No va a luchar, en Europa y en la Onu, por la paz y el desarme. No va a sacar a España de la Otan, como país no alineado. No va a impulsar una fiscalidad una y mundial proporcional a ingresos y beneficios. No va a mover en España el apoyo a la familia numerosa y a la enseñanza concertada. El Gobierno no va a nacionalizar las bases Usa ni va a llamar al ¡Gibraltar, español! cuando sería más factible, después del Brexit. No va a reconvertir para la paz la industria de armamento (Santa Bárbara, Navantia, Airbus). Ni va a consultar la Jefatura del Estado ni a reformar la Constitución hacia una España federal que pudiera entenderse con Portugal, con Cataluña y con lo que venga; sin ir más lejos, las funcionarias y ruinosas plazas de Ceuta y Melilla que tanta alambrada y tanta patera y tanta víctima traen hasta nuestros telediarios. Este Gobierno, con Iglesias y Garzón, no va a hacer nada de eso, no.

En cambio, y mientras, en Cataluña no va a parar de crecer una opción que se alimenta por pirámide de población en edad de votar, generaciones criadas bajo la marca Cataluña. Si se aplica a Cataluña la misma ley de referéndum que a León para constituirse en autonomía como León solo (el 143 de la Constitución)[1], la independencia de Cataluña prosperará en cuanto reúna dos tercios de Diputaciones y Parlamento autónomo con la mayoría simple del electorado. No hará falta cumplir cien años para ver Cataluña independiente.[2]

Votantes y simpatizantes de IUP tienen los datos, si los quieren ver. Hablar y hablar de “lo que de verdad importa” es otra forma de vaciar España y mandar Cataluña a esa otra España vacía.

□ Enlace al Cuadro de lo que de verdad importa en España.

[1] León solo: otra noticia silenciada, para evitar comparaciones.

[2] Buscando en Google, Catalunya: 170.000.000 resultados. Cataluña: 107.000.000. lo que importa a la gente: 249.000. lo que más importa a la gente: 36.100. Otras búsquedas como paro, desempleo, sanidad, vivienda, española o en España ponen a prueba lo que de verdad importa. Lo que de verdad importa a la gente (para estar a favor o en contra, sean de izquierdas o derechas) se llama Cataluña.

análisis del Estado del Bienestar.

estado-bienestar en lamentable.org

El Bienestar fue el invento del Estado en la segunda mitad del siglo 20, a la salida de la Segunda Guerra Mundial, y no lejos del Crac del 29, vendido por la izquierda como conquista, pero, en realidad, respuesta de la derecha política más espabilada a dos debilidades del capitalismo: su recurso al conflicto armado como regulador del mercado, y sus crisis periódicas.

El capitalismo activaría algún control de producción y competencia y, a cambio de la paz social, sus clases trabajadoras recibirían ciertas satisfacciones a sus reivindicaciones primarias: seguridad social, vivienda, sanidad. Partidos socialistas de la 2ª Internacional (el Psoe), junto a laboristas y sindicatos, firmaron un pacto con su patronal a cambio de cero soldados muertos y a costa de plusvalías extraídas a sus antiguas colonias. Socialdemócratas y democristianos trasmutaron el Estado máquina o pesadilla que aplasta al individuo (ese Estado que reflejan Larra, Galdós o Kafka en El castillo, 1926). ¡Con ustedes…, el Estado del Bienestar!, película para todos los públicos:

Vivíamos en el mejor de los mundos y, en caso de duda, ahí estaban Soviética, China o Cuba, para ver, no más por televisión, lo que el socialismo real era capaz de hacer con la pobre clase trabajadora, pauperada, huérfana de oportunidades y, encima, presa del comunismo frente al mundo libre. Tras libertad y democracia, ese fue el tercer peldaño del Bienestar en su subida al podio: ganar la Guerra Fría: guerra sin tiros que vino a suplir las que (tras Hiroshima y Nagasaki) no debían repetirse sino como especulación, dependencia, negocio o carrera espacial. Con que cayera el Muro de Berlín (1989), el partido habría terminado.

Pasó que el colorín colorado de un mundo plano bajo la tutela Usa estalló por la parte islámica sensible a la gendarmería de Israel en Oriente Medio. Contra el islamismo, toda estrategia se demostró incapaz: Torres Gemelas, Metro de Londres, Atocha. No obstante esas derrotas, el Bienestar de arte mayor aún sabría componer un poema: el Todos somos Democracia y Todos somos Occidente (lemas desde el 11-S a Charlie Hebdo) junto a la leyenda del islamista honrado bajo la alianza de culturas y civilizaciones (2007). Esa película vendría de perlas para, por miedo al miedo, reforzar la publicidad del Bienestar en Estados cada vez más absolutistas: más policía, más ejército, más Otan, con el pretexto de misiones de paz, y más bases de los Estados Unidos. A libertad, democracia y bienestar se había unido la seguridad bajo demanda de sociedades muy atemorizadas y acostumbradas al papá Estado, compatibles con oenegés aduaneras de fronteras y vicarias de los servicios de migración y empleo. Se descartaron conferencias mundiales por la descolonización y el desarme, que el siglo 20 había conocido. Para darle cancha a la izquierda, qué mejor fórmula que la igualdad hombre mujer y elegetebeís, modelo orgullo o 15-M, y qué mejor aglutinante que el Salvar el planeta como único Dios verdadero.

La acción votante pasó a corralito entre comunidades que pagan sus porteros, sus perros y vigilantes, frente al duro arrabal. Lo más de izquierdas era contribuir a una oenegé y sensibilizarse ante el telediario con adónde vamos a parar con tanta infancia que sufre y tanta patera en el Mediterráneo. El bienestar: conservante, colorante y edulcorante de un universo conocido.


 

El primer Bienestar acudió a cubrir necesidades de formación, mantenimiento, reparación y reproducción de la mano de obra cualificada como exigía la revolución científico técnica, con acciones en áreas de educación, vivienda, sanidad, con la seguridad social de fondo como mutua laboral pagadora de pensiones y asistencias. Aquel milagro, sueco o nórdico, lo pagó la importación de materias primas y la exportación de tecnologías más plusvalías de mano de obra en colonias o ex colonias, o inmigrantes en los trabajos más duros y peor pagados. Las clases trabajadoras nacionales, encantadas: suyo era lo mejor de la cadena productiva, suyo el nivel de vida propio de mandos intermedios y casi suya la empresa a nada que la empresa repartiera alguna acción por nómina o por resultados. A nadie importaba que al Bienestar se le fueran agregando, como efectos secundarios, más ejército, más policía, más juzgados, más centros de acogida, más servicios para paliar la creciente masa sin techo y con la mano mendiga por el centro comercial o peligrosos barrios periféricos a las grandes ciudades.

Paralelo a ese fenómeno de marginación o exclusión, se fue extendiendo una mentalidad de café para todos. La asunción del Bienestar por partidos reaccionarios pero obligados, por ganar votos, a prometer lo que no iban a cumplir, cuajó en la impresión, común a electores y a elegidos, de que no había más Estado que el Estado del Bienestar, y de que, quien venía, venía con los derechos bien puestos (algo visible en inmigrantes ilegales recién desembarcados). Así, se da el caso de la chavala sin formación ni recursos que se queda involuntarimante preñada y que, alentada por el ambiente pro familia y sé tú misma y sí se puede que se respira, pretende que la criatura en barriga se la subvencione el Estado, es decir, usted o yo a través de impuestos, sin que usted o yo podamos replantear otro estado (de cosas) y sin que salgamos en la foto fachas insolidarios o maltusianos contrarios a la pirámide de población y al futuro de la población mundial, total: unos monstruos.

Monstruos o buena gente, la tercera guerra mundial será la guerra de los impuestos que responda a la pregunta: el Bienestar, ¿quién lo paga? Solo planteárselo, sin caer en prejuicios de voto útil, será ir abandonando la pomada de la democracia, es ir dejando el corralito.


Daniel Lebrato


Excursión dominical.

Bello día para salir de España. No se preocupe viendo el tiempo que hace ni qué manifestación o su repulsa se va usted a perder. Va España entera: la facha, que se dice de centro derecha, y la constitucionalista, que se dice de izquierdas. Y todo porque la aldea catalana se ve a sí misma como la de Astérix el Galo. Mientras, los Goya invitan a la natalidad down (viene a decir Campeones) y a la clase política con clase (es el mensaje de El reino). Y todo, con el aplauso de una mayoría que con votar se queda tan a gusto y dirá que lo que está desfasado es el marxismo. Cómo no coincidir en el tanatorio.

¡España!, ¡España!, ¡España!, grita el coro desde Bruselas a Caracas, desde Navantia hasta el taxi, desde pensionistas a jóvenes parejas con su bebé en el carro, con sus tatuajes y pírsins, con su descanso dominical. No hallará donde poner los ojos que no sea recuerdo de la democracia y del bienestar. Sálgase si es que puede. España está cerrada y tampoco se abrirá mañana.


 

Reconocimiento de Vox.

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La vieja manera de concebir la política consiste en pedid y se os dará. No hemos salido de San Mateo. Quien da es el Estado del Bienestar a través de partidos y, quien pide, la ciudadanía a través del voto. Pero al banquete vinieron a sentarse tres convidados de piedra: el yihadismo, la crisis y la presión migratoria. La respuesta fue la incongruente Alianza de civilizaciones, el aumento de oenegés, como modo de vida, y de mareas sociales, como modo de pedirla. Como cuarto invitado no deseado, desde Cataluña asomó el derecho a decidir en referéndum, malévolamente servido como desafío o independentismo.

El resultado ha sido. Quien se acostumbró a pedir, sigue pidiendo sin más análisis ni asomos de rebeldía. Y quien tildó de derechas lo que pasaba en Cataluña se creyó tan de izquierdas que, de paso, le negó a toda España semejante derecho. Secuelas del contra terrorismo y contra el Procés fueron los empoderamientos de Policía, Judicatura y Jefatura del Estado, garantes de la convivencia y de la unidad en tiempos difíciles. Afuera, también llovía: Trump en Usa, Brexit en Europa.

Ni el yihadismo ni el feminismo han resultado disruptivos. El yihadismo con su inyección de todos somos la víctima, no nos moverán o no podrán con nosotros (todo tematizado en Je suis Charlie Hebdo); con su despliegue de velitas y flores, aniversarios y duelos pomposamente presididos, ha venido a reforzar el Estado del Bienestar. El feminismo, volcado en igualarse con un mundo macho impresentable, ha venido también a fortalecer lo que había.

Eso, por fuera. Por dentro, la polarización de unas clases medias o aspirantes, que cada vez tienen más difícil su encaje, lleva a sus miembros a extremos de radicalidad que solo en el secreto de la papeleta de voto puede permitirse; de boquilla, hay que comportarse, pedir para que te den, seguir siendo demócrata, solidario, feminista y convencido de que el bienestar funciona. Ahí aparece Vox, la otra cara de una ciudadanía que no puede entonar el sálvese quien pueda y que os vayan dando. ¡Oh maravilla de operación triunfo de la mala conciencia: que lo mío es mío y que no me lo toquen!

Mientras Vox ocupa sus escaños, en el polo anti, donde estaba lo que se llamó e insiste en llamarse la izquierda, no hay absolutamente nada. ¿Monarquía o República?, esa es la gran expectativa: un Rey o un Presidente, “un Macron para España” (por no decir otra cosa). ¡Qué esperanza de cambio, señora Podemos, señor Garzón, señor Anguita!


jubilados, copagos, funcionarios y jornadas laborales.

No siendo iguales las vidas laborales, no será igual la vida del grupo “los jubilados” (yo diría ‘pensionistas’, siempre). Tampoco ante el copago o el sin pago del gasto sanitario es justa la linealidad. Como generación a extinguir, nuestros derechos adquiridos deben ser respetados pero la generación que viene, la que está en marcha como población activa, no puede ‑sin más‑ seguir llamando a las puertas de un Estado del Bienestar que no ha hecho más que esconder (para aumentar) la desigualdad y el malestar. Dígalo el grupo “los funcionarios”. Por fidelizar el voto al Psoe, la Junta de Andalucía rebaja a 35 las horas semanales de “los funcionarios”. Nada más poco ejemplar ni más injusto. Rebaje usted, señora Díaz, las horas de quienes más horas semanales echan, que no son precisamente “los funcionarios”. Lo dice un funcionario de Educación que trabajó 20 horas a la semana y se jubiló a los 60, solo por pertenecer a Muface, institución que me da prestaciones y cobertura sanitaria por la privada mientras los demás, a las listas de espera de la superpoblada Seguridad Social. Cuesta ver y vernos. Pero el cuadro está ahí. Ya que no podemos hacer justicia, seamos, al menos, justos con nosotros mismos.

*

Cándido, of course.

Cuatro reflexiones sobre El espíritu de las Leyes más acá de Montesquieu y sobre el factor Estado para el optimismo de las criaturas, Ilustración de que es vaso el Cándido de Voltaire.

1.
La historia no es la historia del pasado sino del presente. La historia no remonta de atrás alante, sino desde aquí al atrás que más conviene. Por ejemplo, que esta democracia estaba ya en el siglo quinto griego y en la Revolución Francesa. Por ejemplo, que el buen dios nació en Belén.


2.
Aunque solo fuera por ir contra el feudalismo, el nuevo Estado y las nuevas Leyes del siglo 18 merecieron la pena. Doscientos años después, el Estado y las Leyes pueden ser lo contrario, al servicio de la dominación y del atontamiento de las masas.


3.
¡Más que nos gusta el Estado a marxistas, leninistas o comunistas! Nadie fía tanto en el humanismo de Estado como único dios verdadero. Ha sido la socialdemocracia o en alianza con la democracia cristiana la que, con el consentimiento de sindicatos, descuartizó el Estado (del Bienestar) poniendo las Leyes a los pies de los caballos del individualismo capitalista, con brillantes conceptos (eso hay que reconocerlo) como libertad o país libre junto a conceptos no tan brillantes pero más efectivos (de en efectivo o con tarjeta) como mercados, Bolsa o finanzas, exigencias del guion del que los socialdemócratas no se han movido una coma.


4.
El 18 no vuelve. Quienes habían leído a Voltaire y a Rousseau ocuparon escaños y se olvidaron, como suele ocurrir, del programa de libertad, igualdad y fraternidad que los llevó a ganar las elecciones. Y la igualdad se quedó en igualdad entre obreros de un mismo gremio, y entre la marquesona y el burgués, o sea, entre el nuevo y el viejo régimen, que no desapareció en absoluto. La libertad se quedó en la libertad que tenemos de no ser rey, cuando otro lo es, o de no ser ricos, cuando otros lo son. La fraternidad, esa sí, triunfa como el cándido que se cree las misiones de paz del ejército español o el buen rollismo de Acnur y de tantas oenegés. ¡Menuda película!


Lectura relacionada: Cándido en la Asamblea, por J. J. Díaz Trillo.

cálculo de la solidaridad

CÁLCULO DE LA SOLIDARIDAD
La cigarra y la hormiga o El pollo de Pitigrilli (2)

Quien lamenta y recrimina las muertes infantiles en playas fronteras a Europa y anima o colabora en oenegés y recogida de firmas por internet, responda sinceramente a estas PREGUNTAS.

1º) ¿A cuántos niños estaría dispuesto a recoger y a mantener a su cargo?

2º) La recogida, ¿sería con madre, padre y resto de hermanos del niño recogido o solo recogería niños huérfanos?

3º) Si es con cargo al Estado (al Presupuesto, a Hacienda, y Hacienda somos todos), ¿tiene usted un plan de financiación, y en todo caso, ese plan quién lo pagaría, qué impuesto o qué clase de impuestos y sobre qué actividades económicas?

EL BIENESTAR, ¿QUIÉN LO PAGA?

¿Usted, yo, los otros? Porque esto es crónico: pedir y pedir derechos como si estuvieran ya financiados o como si nadie los tuviera que pagar. Guardería, colegio, sanidad, transporte, vivienda, cultura, espectáculos, todo lo metemos ahí, pongamos también la ayuda a los refugiados, y que el Estado nos las dé todas. Y eso, sin molestar al Estado del Bienestar, donde bienestar incluye democracia, primer mundo, Occidente, la muletilla de que vivimos en un país libre, etecé, etecé, es decir, sin molestar la estructura de clases ni el sistema económico.

Se pide que pague más (impuestos) quien más tiene, lo que llevado a fábula significaría que las cigarras vivan a costa de las hormigas o yo, el pobre, gracias a un Estado que se lo quita al rico y me lo da a mí. Pero la fiscalidad puede ser más progresiva; nunca, cien por cien progresiva y, aunque lo fuera, no serviría de mucho mientras no haya una fiscalidad igual para todos los países y naciones del mundo.

El Presupuesto del Estado sale de los tributos y los tributos se clasifican en impuestos, tasas y contribuciones especiales. [Sálteselo si ya se lo sabe. Los impuestos se fundamentan en la capacidad económica de los ciudadanos (IRPF, IVA). Las tasas son consecuencia de una actuación administrativa (tasas por recogida de basuras, expedición del dni). Las contribuciones especiales se pagan cuando una actuación pública produce un beneficio privado (el valor de una finca a consecuencia de una obra pública).]

Del 1 al 9 tenemos:

  1. IVA (Impuesto sobre el valor añadido).
  2. IRPF (Impuesto sobre la renta de las personas físicas).
  3. Impuestos especiales: bebidas alcohólicas, hidrocarburos, tabaco, matriculación de vehículos.
  4. Impuesto sobre el patrimonio.
  5. Impuesto sobre sociedades.
  6. Impuesto sobre sucesiones y donaciones: herencias.
  7. Impuesto sobre transmisiones patrimoniales y actos jurídicos documentados.
  8. Tasas
  9. Contribuciones especiales.

Antes de lamentarse por niños sirios muertos, marque del 1 al 9 de dónde sacaría usted el maldito dinero que vale poner en práctica la solidaridad con los refugiados. Hágase caso y no sea hipócrita (o siriócrita): en el fondo usted quiere que la solidaridad la paguen otros y también es cierto que niño muerto más o menos usted sigue cogiendo el sueño, y hasta roncado, todas las noches.

Ética de la infancia, 10 02 2016