crítica del terrorismo de Estado.

Ángel Monge
Ángel Monge

CRÍTICA DEL TERRORISMO
–por Ángel Monge Pérez–
apostillas a Cal viva o Gal vivo

La cal viva y otros instrumentos con los que mancharse.

Lo más vergonzoso de todo esto es que la mayoría, por no decir la totalidad de los medios de comunicación, comentaristas políticos, políticos profesionales y no profesionales, incluso una gran parte de la ciudadanía censuran la crítica a Felipe González por Pablo Iglesias, como si lo que ocurrió en aquellos gobiernos del PSOE con los Gal y en tiempos de la UCD, con el batallón vasco español, hubieran sido cosas de escasa importancia. Más de cien personas fueron eliminadas, en Francia y en España por las fuerzas paramilitares y parapoliciales de esos gobiernos; personas estas que no pertenecían a ETA pero fueron asesinadas. Y hay que recordar que el Sr. Presidente de entonces, Sr Felipe González no fue procesado por la diferencia de un voto en el Tribunal Supremo. Y todos sabemos cómo se eligen a sus señorías en el Tribunal supremo. El terrorismo de Estado estuvo presente en la época democrática de éste país, auspiciado por los gobiernos centristas y socialistas y tolerados por la mayoría de partidos políticos del país. Generales del ejercito, ministro del interior, Secretario de Estado del Ministerio del Interior, comisarios de policía, fueron condenados y encarcelados porque eran tan evidente y tan escandalosas su participación que hasta tribunales, ciertamente conservadores, no tuvieron más remedio que ante la evidencia de pruebas dictar sentencias condenatorias.

Si el terrorismo es execrable e injustificable, el terrorismo de Estado es un navajazo a traición al tuétano de los principios democráticos de una sociedad libre. Por eso y por el recuerdo de las víctimas inocentes que fueron ajusticiados sin contemplación por las más altas instancias del Estado es necesario no olvidarlo. El recuerdo es lo único que tenemos los seres humanos para poder seguir caminando por estos mundos tan complejos, evitando que el engaño del poder no se perpetúe y sea cada vez menos dañino para los ciudadanos. Y cuando el poder se corrompe y huele a putrefacción es necesario arrojar pesticida contra quienes lo provocaron. Y no otra cosa hizo el otro día Pablo Iglesias, recordarles a los del PSOE quienes habían sido y quienes eran todavía, porque muchos de ellos hoy, además de dedicarse a gestionar sus grandes fortunas y a aumentarlas, tienen tiempo también para evitar que la política española cambie a pesar de que haya habido mas de cinco millones de votos de ciudadanos que estamos hastiados de sus políticas, de sus cínicos discursos y si me apuran de su corbatas tan bien planchadas.

Lo que tienen en el fondo es mucho miedo; miedo como si fueran unos chiquillos a los que cualquier mal nacido de otro barrio les puede quitar sus juguetes; miedo a perder las prebendas de tantos años de poder político; miedo a no perpetuarse, miedo a la desaparición y a la extinción, miedo a que sus descendientes empiecen a sufrir las políticas económicas que fueron dictadas para ganar unos pocos y perder todos los demás. El miedo del político que ha tocado el poder es el peor de los miedos porque no saldrá huyendo, ni se quedará escondido en el silencio, sino que le clavará el cuchillo a su atacante en toda la yugular para que se desangre antes de que tenga tiempo de cumplir su amenaza.

angelmongeperez@hotmail.com, 7 de Marzo de 2016


continúa en THE EGOMANIAC, de Antonio Delgado Cabeza



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