El Jueves

La Bicicutura en el Jueves de Sevilla (3)EL JUEVES (1)

Les avisó su adalid de los puestos donde habían de acudir: por las mañanas, a la Carnicería y a la plaza de San Salvador; los días de pescado, a la Pescadería y a la Costanilla (Cuesta del Rosario hacia San Isidoro); todas las tardes, al río; los jueves, a la Feria. Era la Sevilla de Cervantes, que así pinta el mapa de la picardía en Rinconete y Cortadillo. Hoy es jueves. También podría decirse que hoy es El Jueves. Porque El Jueves es una organización con ánimo de lucro y con derecho al hiato y artículo en mayúscula como El Corte Inglés. Lo que peor soporta El Jueves es que lo llamen mercadillo. Mire usted, mercadillo, nunca lo fue; si acaso, baratillo, o malbaratillo, nombre del otro gran mercado al aire libre de la ciudad, en el Arenal, cerca del río; o directamente feria, del latín ferĭa, mercado. En Portugal jueves es quinta feria, porque allí empiezan la semana en domingo, que sería la primera feria. Feria es también la fiesta que culmina un día de mercado, pues ya se sabe que, donde la bolsa suena, suena la alegría y, con la bolsa, el puterío, que buscó su sitio en la misma calle y en la Alameda, y, claro está, la delincuencia. De ahí, que el primer carterista de la historia de la literatura, Diego Cortado, Cortadillo, viniera ilusionado con su colega Pedro del Rincón, Rinconete, jugador de cartas, hasta la calle Feria de Sevilla, donde había bolsas, faldriqueras o faltriqueras, tela que cortar. Para nuestro mundo que distingue días negros laborales de días rojos, festivos, feriar nos parece una palabra contradictoria. Sin embargo, como sería de lógica esa mezcla del ocio con el negocio que siglos más tarde la palabra feria se usó para la Feria de Abril. Y cómo va a extrañarnos que una feria mercado de ganado la idearan un catalán y un vasco, algo que he oído contar con ánimo de pasmar al visitante o de tocarle las pelotas a los nacionalismos vasco y catalán. Lo que pasó es que sobre la idea mercantil original se impuso la vagancia del señorito andaluz, que está siempre, como cantaba El Pali, de cachondeo. Pero volviendo a la calle Feria, hay que ponerse en 1248, en la Isbiliya recién conquistada por los cristianos, que no tenían templos propios y tuvieron que aviarse con las mezquitas que abundaban por la ciudad, que siguieron usando los musulmanes residentes. Esta convivencia la expresan la mezquita del Salvador, que no se hizo iglesia hasta 1340, y el arte mudéjar de Omnium Sanctorum. En aquella ciudad no tan intolerante el jueves resultaba el mejor día, por ser el último de labor, común a las tres religiones. En viernes, ya empezaban a faltar los musulmanes. Todavía hoy, y desde que el viernes empieza el fin de semana, el jueves se ofrece como el más sociable: nadie se ha ido de Sevilla y hay que trabajar al otro día, lo que pone tasa a la bebida y da pretexto a despedirse. Cómo sería de importante el jueves, que a un hecho extraordinario o a aquello que hace mucho tiempo que pasó, lo llama el diccionario cosa del otro jueves. Ser de otro jueves es no existir o ser de otro mundo. No sean de otro mundo. Vayan al Jueves de Sevilla. Y no lo llamen rastro ni mercadillo. Es el Jueves.

Daniel Lebrato, La fiesta según Sevilla, 11 del 6 de 2015
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