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Machado y las dos Españas | crítica de la Segunda República.

Por reacciones al artículo Manuel Machado y la Virgen del Carmen[1] se ve que siguen vivas, muy vivas, las dos Españas personificadas en cada uno de los Machado. A Manuel Machado, lo trato con el máximo respeto y a su hermano Antonio, el de las dos España, ni lo nombro. Está mal citarse uno mismo, pero la teoría de las dos Españas, tan útil cuando ansiábamos una España distinta, con el tiempo se ha vuelto más peligrosa que un alacrán en un zapato.[2]

Hay mucha impostura en la otra España de Segunda República y, la mayor, no haber disuelto el ejército, sin el cual no hubiera habido ni golpe de Estado ni levantamiento.[3]

La segunda impostura fue cambiar monarca hereditario por monarca elegido, manteniendo la Jefatura del Estado bicéfalo, segunda monarquía y la peor: si hoy se hiciera un referéndum sobre la forma del Estado, ganaría doña Letizia.

La tercera patraña es la exaltación del exilio exterior por encima de la resistencia interior[4], siendo así que quien se exilia (hoy, de Siria) tiene, al menos, los medios económicos para quitarse de en medio y decirle al país: Ahí te quedas.[5]

La cuarta impertinencia de doña República fue su propia mitología: la banderita tricolor como símbolo de algo y el lastre que eso trae desde los Pactos de la Moncloa (1977) hasta la España de los demócratas.

Lo quinto (y malo) es una usurpación. La Segunda parece que fuera o fuese la única república posible. República y Guerra Civil se sigue enseñando a la gente menuda en los libros de texto, a mayor gloria de la Casa Real que, ignominiosamente, se sigue postulando para poner paz y orden entre las dos Españas.

Lo que no inventen.

Dicho lo cual, que la vida nos libre de Sanjurjos, Francos, Molas o Queipo de Llanos que aún cría esta España nuestra, solo que maquillados de misiones de paz bajo el paraguas de la Otan. ¿O no huelen a cuartel secciones enteras de los telediarios? Será casualidad, pero hoy es, vuelve a ser, 18 de julio.

Daniel Lebrato, 18/07/17

[1] Fuente: Antonio Rodríguez Almodóvar.

[2] Daniel Lebrato, Tinta de calamar, cap. 60

[3] No se conoce Historia de España ni partido político que progrese adecuadamente en conclusión tan sencillita: sin fuerzas armadas no hay guerra que valga ni conflicto armado.

[4] Resistencia interior ninguneada. Comparad los honores a Víctimas del terrorismo frente a ¿Víctimas del franquismo?

[5] De este patrioterismo, lo peor fueron intelectuales equidistantes de las dos Españas, centristas o liberales por encima del uno y otro bando, tipo Ortega y Gasset, María Zambrano o Chaves Nogales, biografías muy hinchadas por el psoecialismo y el bipartidismo constitucionalista.

crítica del exilio.

Reprochan a eLTeNDeDeRo rebajar al exilio español republicano. Pero igual que se aconseja conocer la historia para entender el presente, podría decirse: conoce el presente para entender la historia. Y el exilio que hoy vemos en Siria, Cuba o Venezuela, ilumina el pasado: se exilia quien puede. Figuras republicanas encontraron en el exilio solución a su centrismo en política en una España forzada por el Frente Popular, el golpe y la guerra a tomar posturas extremas. Y exiliarse fue una manera ‑incómoda, es verdad‑ de quitarse de en medio y de decirle a la patria: España, ahí te quedas. Compárense las biografías de Max Aub, José Nogales o María Zambrano, con Antonio Machado o Miguel Hernández. No hay color. El exilio es un lujo y la resistencia, un grado.