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la cabaña.

LA CABAÑA
versión de la escondida senda por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido,

de Fray Luis de León.

Los dos salíamos al campo. Nos hablábamos de usted.
Era otoño por la tarde y el sitio a donde íbamos,
más lejos de la cabaña a pocas millas
(la película era inglesa) de la mansión principal.
Yo era el tímido sirviente de toda confianza
–tu preceptor de música o el secretario de tu padre–
y, tú, la hija única destinada a casar
con el rico y odioso señor.

Andábamos no cogidos del brazo.
Yo, a mi chistera y mi bastón de caña.
Tú, en tu mundo de pamela y organdí.
Y todos, todos menos nosotros,
vieron venir la tormenta que el camino
de vuelta volvería impracticable:
–Tendremos que pasar sin más remedio
la noche en la cabaña, señorita.

/ a quienes, con suerte y maña,
la vida confinó a su medida /

LA CABAÑA.

2006 12 24 pilar
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Los dos salíamos al campo. Nos hablábamos de usted.
Era otoño por la tarde y el sitio donde íbamos
más lejos de la cabaña a pocas millas
(la película era inglesa) de la mansión principal.
Yo era el leal sirviente de toda confianza
–tu preceptor de música o el secretario de tu padre–
y tú la hija única (Emma Thompson andará por ahí)
destinada a casar con el rico y odioso señor.

Íbamos andando no cogidos del brazo
–tú, a tu sombrilla; yo, a mi bastón de caña–
y todos menos nosotros vieron venir la tormenta
que el camino de vuelta pusiera impracticable:
–Tendremos que pasar sin más remedio
la noche en la cabaña, señorita.


/ a quienes, con suerte, la vida confinó a su medida /

con caspa y al reproche.

statue church amor cupid
Cupido. Foto Skitterphoto


receta

Se empieza en ¡Lo sabía! o ¡Te lo dije!
Se sigue en ¡Y tú más! o Anda que aquella
vez que estuviste a punto de meter la
pata y como quien dice la metiste
del todo (aquí la fecha). Está en los ¡Ni se
te ocurra!, ¡Yo no he sido!, y ¡No hay manera
contigo!, en que nos oyen o en que vieras
dos tan felices y ahora, ¿ves?, dos tristes.
Se cuece a fuego lento en la retranca.
Se tuesta por un lado y otro y hasta el
se nos quemó el amor de tanto usarlo
o no y, entonces, íbamos con otro
que apenas parecíamos nosotros
cuando éramos nosotros, sin embargo.


Daniel Lebrato

los días de la semana.

Luna-Nueva-Visible

AMO ESTE LUNES, que está escrito: ha vuelto a abrir el bar de la esquina y, para más lucidez, los lunes cierran por descanso los museos. Ponte en mi lugar. Me gusta el martes, que es día de mercado, más que el miércoles del espectador y el cine me lo atiborran de estudiantes con palomitas. Los jueves laborales son del Jueves en calle Feria y cerveza en Vizcaíno. Los viernes son los viernes. Y sábado y domingo, para qué, sin ti, sin coche y sin trabajo. MAÑANA SERÁ OTRO DÍA.


 

cumpleaños.

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toque para ver el vídeo (4:26)

65

No he sido un niño bueno
ni soy aquel anciano
a quien la edad ya indulta.
Fui joven siglo veinte
de muros de Berlín,
Melilla o Palestina.
He visto tantas guerras
mundiales (lo son todas);
la última, en las Gemelas.
Vi el juego en la alianza
que llaman tres culturas.
Vi primaveras árabes
y el ¡Indignaos! de Hessel
y vi subir Podemos
y luego lo vi hundirse.
A su tiempo, ganaron
los de costumbre. He visto
pudrirse en una cárcel,
morir en el Estrecho;
pedir más fuerza armada
y más, más policía;
votar las mismas heces
fecales democráticas
con ¡No nos moverán!
¡No podrán con nosotros!
Y he soportado a ricos,
que no han sabido ser,
estúpidos, felices,
y aún juegan con la crisis.
¡Han podido conmigo!
Me han recetado ensayos,
manuales de autoayuda,
el yoga terapéutico,
los viajes del inserso o
marcharme a una onegé:
–¡Que no puedan contigo!
Me traen un mayo más
la tarta con sus velas.
Japi Berdi. Veremos
si el próximo me alcanza
con más o menos dientes
postizos. Suficientes.
Y adiós.

*

Daniel Lebrato Lista de espera

CRÉDITOS CINEMATOGRÁFICOS
a quien felicitó a Daniel Lebrato
por su 65 aniversario

(4:26)

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toque para ver el vídeo (4:26)

cumpleaños.

SONETO PARA EL DÍA 30

Las cuentas son que en el armario tienes
más camisas que cuerpo en que ponértelas,
mil rayas que te huelen a pijama.
Si la obra es mala, fíjense el teatro.
La calva, radical y venerable.
Las gafas, de curioso impertinente.
Bastón de caña, lazo y panamá.
Qué tal, señor. Ya ves. Galán de barra,
y otra cerveza mientras, no nos saquen
el hígado a concurso de acreedores.
Mis libros, ese hueco, son la herencia.
Me dicen papi y más, que cumplas muchos.
Velas, las que me echen. Sopla. Soplo.
Vendrán más días y traerán pañales.


SONETO PARA EL DÍA 31
donde renuncia a ser felicitado en cumpleaños

Gente feliz que me avisáis por algo‑
ritmos sociales de que soy más viejo,
tendríais que estar hoy en mi pellejo
a ver si os felicito yo por algo

igual. Corre la edad, podenco y galgo.
Me tira una analítica los tejos.
Me acosa el médico de cerca y lejos
me tiene una monjita a sopa y caldo:

–Lebrato, esté usted quieto. –Faltaría
más. –Pórtese y apague ya las velas.
–¿Yo?, ¡que en la vida fui jinete y potro!

Dejadme con la cuenta de mis días
en paz, que el japi berdi huele a esquela
que está puesta a mi nombre, no a vosotros.


Daniel Lebrato, episodios en Lista de espera (2018)

ahora dedicados a mi madre
y a Luis Fernando García Barrón


 

amarillo amarillo amarillo.

La Maga 1998
La Maga, 1998

Nada más llegar a Higuera, el otoño era en la Sierra
amarillo, amarillo, amarillo

de los castaños y de los chopos.
Juan José Espinosa Vargas,
hermano sobrehilante, nos grabó aquello
de Pobre Berta, creía
que el sol iba a ser siempre
amarillo amarillo amarillo,
y toda la chavalería del instituto
se aprendió aquel verso de memoria
y cada vez que uno de los nuestros se recalcitraba
que iba a tener un 10 siempre y nunca un 5
el grupo le tatareaba: Pobre Equis,
creías que el sol iba a ser siempre
¡amarillo, amarillo, amarillo!

Las tardes de septiembre a todos los santos
La Maga y yo salíamos a las caminas,
yo con mi navajita,
y nos jartábamos robando melocotones,
membrillos, peros y peras
a vecinos que se lo esperaban y casi les parecía un feo
que prefiriéramos robarles a otras huertas.
Nunca he merendado tan como Adán la fruta prohibida
y cuando nadie me escucha ni yo escucho
me sale decir de aquella Sierra en su estación única
¡Que Dios la bendiga!

(El daltónico creía que todo iba a ser siempre
amarillo amarillo amarillo.
Todavía lo creo.)

*