Escritores 3.0

Informe para Escritores 3.0, literatura y nuevas tecnologías, Galaroza 2012

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ALGUNOS DATOS

Isbns 2011 creación literaria: 20.460 primeras ediciones, 56 por día

Facturación editorial: 2.772 millones de euros, baja 4 puntos

Ejemplares publicados: 286.46 millones, bajan 5,3

Ediciones públicas/privadas: 7,2 / 92,8

Cataluña (29,7) y Madrid (33,7) publican el 63,4 del total

Producción editorial: 116.851 libros, sube 2,1

Tirada media: 1.345 ejemplares por título, y bajando

Libros impresos/digitales: bajan 4,2 / suben 43

Exportaciones: 314.6 millones de euros, suben 18,9

Registros en el Isbn: 116.851

Isbns por edición de carácter público: baja 9,1

Isbns por edición de carácter privado: sube 3,1

Suben creación literaria (7,7), sociales y humanidades (6,7), infantil y juvenil (3,2), de tiempo libre (1,6), ciencia y tecnología (0,4) y bajan los libros de texto (6,9)

Isbn en soporte papel: 91.931bajan 4,19

Isbn en otros soportes: 24.920suben 34,70

Primeras ediciones: 97.504suben 8,55

Reediciones: 3.754bajan 34,54

Reimpresiones: 15.593bajan 17,49

Las 7 empresas gigantes de la tecnología informática son Amazon, Apple, Ebay, Facebook, Google, Microsoft y Yahoo, cuyas filiales españolas pagaron solo 25 millones de euros en impuestos. Estas empresas se sirven de filiales extranjeras (Irlanda, Luxemburgo o Suiza) para transferir sus beneficios a zonas con fiscalidad más ventajosa o a paraísos fiscales. Según El País de 24 de noviembre de 2012, que cita fuentes del Registro Mercantil, a Google le salió a pagar ¡menos! 33.304 euros. Ebay o Yahoo liquidan a cero euros. Quienes más pagan son Microsoft (6.136.024) y Apple (2.634.346).

Facturación empresas Tic: 85.073 millones, baja 5

Ingresos de las 7 gigantes: 309 millones, suben 141

Venta de terminales móviles: 20 millones, baja un 10

Ventas de última generación: 9,8 millones (49%), suben 30

Móviles de última generación: 18 millones

Población: 47 millones

Móviles: 51,6 millones

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Generación a generación, los padres han dicho: ¿Qué es esa basura que escuchan mis hijos? Y a la siguiente generación es aceptada. (Steven Holtzman)

Quien escribe está en destierro de la escritura;
allí está su patria donde no es profeta

(Blanchot)

Don Quijote se inventaba los sucesos, mientras nosotros
no sabemos escapar a los hechos que nos acosan

(Cioran)

La historia de la profesión de escritor en la época digital es tan desprolija como los trapos manchados de tinta que habrían ensuciado el taller de Gutenberg o el plomo fundido ardiendo del linotipo (Kirschenbaum)

El valor de las obras de arte está en lo que alguien está dispuesto a pagar por ellas
(Andy Warhol)

La humanidad no se plantea problemas que no pueda resolver

Hasta ahora, el arte no ha hecho más que interpretar las situaciones; de lo que se trata es de transformarlas
(Karl Marx y Guy Debort)

Hemos pasado de estar en las nubes a estar en la nube
(Daniel Lebrato)

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1934. Lewis Mumford, Técnica y civilización

1936. Walter Benjamin, el arte en la era de la fotografía

1962. McLuhan, La Galaxia Gutenberg y la Aldea Global

1967. Guy Debord, La sociedad del espectáculo

1978. Jean Baudrillard, Cultura y simulacro

1991. Paul Virilio, Estética de la desaparición

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La historia literaria de la máquina de escribir va desde Mark Twain, que en 1883 produjo el primer original mecanografiado (Life on the Mississippi), hasta el muy famoso rechazo de Truman Capote a On the road, de Jack Kerouac, tecleado en un rollo de 37 metros. Según Capote, eso no era escribir, sino mecanografiar.

La primera máquina de escribir redonda, conocida como pelota para escribir, la usó Friedrich Nietzsche para componer algunos aforismos (1874-1889). He aquí alguno: Nuestras herramientas para escribir también trabajan en nuestros pensamientos.

Drácula (1897), de Bram Stoker, descrito en la introducción como un trabajo dictado a Mina Harker, sería una alegoría de la naturaleza vampírica de los modernos medios de comunicación.

Otros han atribuido el estilo enredoso de las novelas tardías de Henry James (1843-1916) a su método de dictárselas a una máquina de escribir, término usado en Estados Unidos para referirse a la máquina misma como a la persona, por lo general una mujer.

En 1891 Jimmy Carter desató lo que puede haber sido el primer pánico relacionado con el tratamiento de textos, cuando accidentalmente borró varias páginas de sus memorias al presionar las teclas equivocadas en su Lanier de 12 mil dólares. (Jennifer Schuessler, Influencia de las nuevas tecnologías en la literatura, 2012)

# Juan Alegría Licuime, Duchamp, el posmodernismo y la muerte del arte (2006)

Aunque la modernidad artística no tiene fecha exacta, se sostiene que ésta comienza el siglo 18 con la creación de la institución museo y la elaboración del concepto de arte y estética. Para muchos, la visualidad moderna se concreta con el cuadro Las señoritas de Avignon (1907), de Picasso. El cubismo (1907-1914) plasmaría la multiplicidad de visiones de la modernidad, gesto que tiene su origen en el principio de incertidumbre del físico Werner Heisenberg. La revolucionaria técnica del cubismo se enmarca en la tradición de la pintura y sus materiales siguen siendo los tradicionales. Por el contrario, el dadaísmo (1916) constituye una especie de ruptura epistémica. La adhesión de Duchamp al movimiento Dadá, de vital importancia, pone en evidencia la falsa conciencia que concibe el objeto de arte como una peculiar posesión privada y no como un objeto del proceso de un esfuerzo intelectual.

La crítica de Duchamp se inserta en un período que deja entrever un agotamiento del proyecto moderno. Esta disipación se manifiesta en todos los ámbitos de la sociedad. Asistiríamos a la pérdida de legitimidad de aquellas narraciones modernas que operaron en términos de filosofías de la historia: concepción de un devenir emancipador de los hombres y de las sociedades, protagonismo del sujeto moderno como el lugar de la enunciación racional de la verdad y de la transparencia de los sentidos de la realidad, visión del derrotero humano como un progreso indeclinable hacia la libertad, la soberanía de los pueblos y la justa igualdad en la distribución de la riqueza.

Nueva York asumió el papel de capital del arte mundial, en detrimento de París. El arte pop y el retorno a la figuración, causaron alboroto y sensación. El pop surgió en esencia de un cambio de fuentes en lo referente a la obra de arte y el concepto tradicional de estética. El collage y el ready-made habían abierto un campo de infinitas posibilidades en el que el gesto del artista consiste en seleccionar los objetos: minimalismo, arte ecológico, happenings, arte póvera (arte pobre), escultura abstracta y arte conceptual.

Desde el paleolítico hasta las figuras cubistas, existe la sensibilidad de crear visualidad en función de representar objetos como mímesis, expresión o espiritualidad. Contra esa tradición, Duchamp y Malevich alcanzaron el grado cero en el arte a través del propio objeto o a través de la no presentación del objeto. El ready-made (o arte encontrado) es de 1913 y el Cuadro blanco sobre fondo blanco, de 1919.

En este contexto, se hace realidad la profética sentencia de Hegel: el arte ha cumplido su sentido, pero ya ha perdido para nosotros su verdad y su vida. No es arte sino ciencia del arte. En el sistema de Hegel, el arte forma parte del espíritu absoluto y está en una relación de inferioridad con respecto a la religión y la filosofía. En esta lógica, el arte sería un estadio más en la preparación del concepto. Hegel sitúa el triunfo del espíritu absoluto en el momento romántico. Se trataría de un proceso dialéctico donde la intuición (tesis), se opone a la representación (antítesis), resultando la primacía del concepto (síntesis). Bajo estas premisas el arte sería cosa del pasado, una especie de ilusión o una filosofía ilusoria.

La institución arte debe superar una especie de tanatofobia, que impide valorar las infinitas oportunidades que abre la tecnología y los nuevos sistemas de representación y visualidad: arte digital, arte callejero, instalaciones, neoexpresionismos, e intervenciones urbanas. Estas expresiones rompen con las lógicas de categorizar y clasificar fenómenos estéticos. En un período donde las instituciones políticas, sociales y culturales se desconectan de los problemas y vivencias del sujeto, el arte puede encontrar un terreno propicio para recuperar su protagonismo en la sociedad.

# Tomás Albaladejo, Literatura y tecnología digital: producción, mediación, interpretación (1999)

0) La palabra tecnología significa estudio de la técnica y por metonimia se usa, en lugar de técnica. 1) Desde su nacimiento, la literatura ha estado relacionada con la tecnología. La poesía oral requería unas estructuras basadas principalmente en la repetición, con una finalidad estética y mnemotécnica que facilitara la comunicación. 2) Hay que distinguir entre literatura no creada con medios digitales y literatura creada con medios digitales. 3) La tecnología digital ofrece bidireccionalidad entre público y autor (del que un conocido y anacrónico antecedente es el de las cartas a Dickens a propósito de La tienda de antigüedades, con el fin de que evitara la muerte de un personaje). 4) Lo digital permite superar algunas limitaciones que para la literatura se han derivado de la escritura y de la imprenta. 6) El texto es el hipertexto (enlaces o hipervínculos).

# Xavier Berenguer, Arte y tecnología: una frontera que se desmorona (2002)

Charles Percy Snow en Las dos culturas (1964),describe dos comunidades bien diferenciadas; la de los científicos, por un lado, y la de los artistas e intelectuales, por otro, caracterizadas por haber perdido sus raíces comunes y la capacidad de comunicarse entre sí. El mundo del arte acabó adoptando el romanticismo como ideología principal y el artista se convirtió en un personaje marginal, un comentador y un crítico, más que un participante y contribuyente de la realidad.

Para la nueva física, el universo parece a menudo ilimitado e imprevisible, y en el mundo subatómico los sucesos pueden ser, no ser, y todo a la vez. La astronomía y la cosmología hacen uso de la imaginación, la metáfora y la analogía como si de una elucubración se tratara. Además de producir argumentos que implican la condición y existencia humanas, la ciencia invade terrenos reservados a la otra cultura. El arte, en cambio, parece menos abierto y activo. Su crisis es una crisis de soportes y de lenguajes.

En la Antigüedad no había ninguna separación entre artistas y científicos. Los griegos no hacían distinciones, todo era techné (arte, habilidad, técnica, destreza). Leonardo da Vinci representa una síntesis de los dos oficios. El divorcio entre artistas y científicos tuvo su inicio con Newton y su modelo mecanicista del universo, y se consolidó durante la revolución industrial. La ciencia, cada vez más poderosa, empezó a enseñar los dientes de la destrucción. Entonces los artistas se refugiaron en sí mismos hasta el Manifiesto Futurista de 1909: «Es necesario que el poeta se prodigue, con ardor, boato y liberalidad, para aumentar el fervor entusiasta de los elementos primordiales. La literatura exaltó, hasta hoy, la inmovilidad pensativa, el éxtasis y el sueño. Nosotros afirmamos que la magnificencia del mundo se ha enriquecido con una nueva belleza, la belleza de la velocidad. Un coche de carreras con su capó adornado con gruesos tubos parecidos a serpientes de aliento explosivo que parece correr sobre la ráfaga, es más bello que la Victoria de Samotracia.»

El movimiento futurista propició el dadaísmo con artistas tan significativos como Marcel Duchamp, Max Ernst o Man Ray. La máquina aparece como motivo en diversas de sus obras. Otra escuela positiva ante la ciencia y la técnica fue la de los constructivistas (1914), el uso de nuevos materiales y, en general, una nueva concepción del artista. El arte ha muerto. ¡Viva el nuevo arte de las máquinas de Vladimir Tatlin! Naum Gabo, otro constructivista, primer autor de una escultura cinética, decía que debemos construir nuestras obras de la misma manera que el universo construye las suyas, el ingeniero los puentes y el matemático sus fórmulas matemáticas.

Otro de los antecedentes del acercamiento entre artes y técnicas es la escuela Bauhaus, fundada por el arquitecto Walter Gropius en Weimar. De 1919 a 1933 la Bauhaus propició una enseñanza tanto de la tradición histórica de las artes como de los métodos artesanales de las escuelas de oficios, inspirando la aproximación del arte a la realidad viva y a las nuevas tecnologías y propugnando el trabajo en equipo en lugar del individual. En ella trabajaron pintores como Paul Klee y Vasilij Kandinsky. La Bauhaus queda en la memoria como una institución que extendió el arte a la vida cotidiana y a la industria, y que promovió el valor y el desarrollo del diseño industrial, disciplina en la que, como en la arquitectura, conviven sin problemas los oficios y criterios artísticos y técnicos.

Durante la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de innovadores se trasladaron a Norteamérica, por eso las propuestas más interesantes en el uso de la tecnología procedieron de allí. John Cage, en 1938, trucó las cuerdas de un piano con diversos materiales y propuso la composición basada en el azar. Nacía la música electrónica. Walter Benjamin advertía cómo, por la tecnología, uno de los tabúes del arte tradicional, la obra única e irrepetible, dejaba de existir. El arte pierde su aura y queda en objeto de consumo. Aparece el tecnoarte. En 1967 Frank Malina fundó la primera publicación periódica dedicada a las artes, ciencias y tecnologías, Leonardo. La década culmina con la exposición Cybernetic serendipity (Londres 1969) y con la popularización de la televisión, lo que atrajo a artistas que vieron en el nuevo medio una nueva posibilidad expresiva, el videoarte. En los 80 se extiende el ordenador.

Uno de los paradigmas emanados de la cultura digital es el de la llamada realidad virtual. Con la realidad virtual, el ordenador alcanza su clímax simulador. Permite establecer ambientes artificiales habitados por espectadores que interactúan entre sí. Paul Brown: «Las simulaciones difuminan la distinción entre realidad e ilusión. Las dos caminan juntas en un modelo que modifica la relación entre el observador y lo observado, entre el significante y el significado.»

# Jaime Alejandro Rodríguez, Algunas posiciones en torno a las nuevas tecnologías (1999). Iñaki Arzoz, Arte y tecnología en el fin del milenio (2000)

Ya Platón en el mito de la caverna incluido en La República a través de la fábula de los esclavos que quedaban atrapados por la fascinación del juego chinesco de sombras proyectadas en el interior de una cueva, nos advertía del engaño de la tecnología visual. Pero debemos esperar hasta el siglo 20 para contar con la aguda reflexión filosófica de Walter Benjamin que avanzará las bases críticas de la duplicación masiva de la realidad en La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica (1935) y Pequeña historia de la fotografía (1936). Un poco antes, Lewis Mumford había analizado la relación estética entre Técnica y Civilización (1934). Ambos estudios responden al excesivo entusiasmo de las vanguardias que veían en la máquina su modelo estético o que propugnaban el fin del arte tradicional y burgués y la alianza revolucionaria de técnica y arte en la producción de objetos industriales (Nicolai Tarabukin, Del caballete a la máquina, 1922). Guy Debord en La sociedad del espectáculo (1967) critica un mundo convertido en espectáculo de sí mismo, dominado por un Estado policiaco y represivo. En esa línea, profundizan Jean Baudrillard, que en El crimen perfecto (1995) da por definitiva la sustitución de la realidad por su simulacro, y Paul Virilio, con su Estética de la desaparición (1970). En España: García Calvo contra la televisión; Roman Gubern, y la continuidad del paradigma visual occidental en el arte tecnológico; y Eduardo Subirats, contra las vanguardias y contra el arte electrónico (Linterna mágica, 1997).

Aunque el grupo crítico utiliza un lenguaje similar, existe un debate larvado sobre la actitud ética y política ante la virtualización del mundo. Frente a los claramente críticos y activos (Virilio, Subirats), Baudrillard hace gala de un postmodernismo nihilista que le impide actuar. Otros, como Tomás Maldonado en Lo real y lo virtual (1992), manifiestan una actitud más comedida, dado el ambiguo papel de la experiencia virtual como enajenadora de lo real a la vez que como generadora de experiencias de valor cognoscitivo real. La recepción crítica de estos autores en conjunto es minoritaria en la sociedad y la cultura, pues los integrados, como los calificaría Umberto Eco, son legión. Nuestra esperanza viene de la literatura de ciencia ficción crítica, en la línea de Orwell o Ray Bradbury.

Para Iñaqui Arzoz, el arte moderno no supo aprovechar su oportunidad de estetizar el mundo, quizá porque la sociedad no estaba preparada, y su lugar lo ocupa la tecnología sirviéndose de los aspectos más superficiales de la iconografía artística para construir su propio mito, una simulación de la realidad. La vía tecnológica se ha impuesto como nueva vanguardia. El arte de las élites sigue siendo el de los cuadros y los museos, pero el arte tecnológico se ha convertido en el arte del futuro, en el arte popular, al que hay que reprochar que sea más un producto que un despertador estético de conciencias. El peligro del arte tecnológico no está en que pueda suplantar las otras artes, sino en que sea sustituido por la pesadilla del arte virtual.

Antonio Rodríguez de las Heras invita a explorar y reconocer el espacio de la pantalla y propone un primer paso: abandonar la estructura de la página y sus terminologías concomitantes. Luego plantea una comparación para comprender mejor lo que debe hacerse con el texto en el nuevo soporte: el pliegue del papel. Es importante apreciar la oportunidad del término plegar para denominar la tarea hipertextual. De la misma manera que la papiroflexia trabaja con una hoja de papel sin cortarla, solo la pliega, el hipertexto nos ofrece un texto plegado, no un conjunto de textos hilvanados por medios informáticos.

Francisco Gutiérrez Carbajo, sobre novela y nuevas tecnologías. Si bien éstas pueden ser previstas a partir de una extensión del concepto de texto abierto y están, de alguna manera, anticipadas en la incorporación que varios autores han hecho de recursos como el juego de cartas (Calvino, Max Aub), habría por lo menos tres corolarios: 1) La potenciación del lector. 2) La carnavalización de la escritura. 3) La ampliación del espectro creativo. Gutiérrez Carbajo diferencia entre una novela que deriva de la palabra y otra de la imagen.

Para Carlos Moreno Hernández lo que facilita el hipertexto es la práctica de potencias dormidas de la literatura que, dado el cierre ideológico producido en occidente durante el siglo 19, habrían sido despreciadas en favor de una noción reducida de la literatura. Los nuevos medios no hacen sino potenciar lo que ya funcionaba en las anteriores tecnologías de la escritura. Es lo que nos propone Juan Ruiz, desde su contexto hipermediático anterior a la imprenta.

Para Jesús Camarero, la lectura simple y pura habría desaparecido, el lector será escritor, no habrá barrera entre escritura y lectura, la literatura se convertiría en una gran comunidad de hacedores.

Genara Pulido Tirado concluye que más que del fin de una escritura habría que hablar de la escritura del final de una época.

La mayoría del público apenas se conforma con visitar las tristes exposiciones de impresionistas provincianos o con acudir al reclamo de las exposiciones antológicas que organizan los grandes museos. El interés estético de la sociedad se ha desplazado al consumo masivo de soportes tecnológicos. El divorcio entre arte y público que abrieron las vanguardias al separarse del paradigma realista occidental no ha sido superado y el arte tecnológico ha tomado el relevo popular.

# Otros textos

El arte antiguo consistía en la contemplación. Su filosofía era una metafísica. La maestría productivista es una actividad práctica, real. Su filosofía es la filosofía de la acción. En ella, arte y técnica se confunden. Esta solución reside en la sustitución de las formas típicas del arte por las formas funcionales que construyen y configuran la vida. Nicolai Tarabukin, Del caballete a la máquina (1922).

La técnica reproductiva desvincula lo reproducido del ámbito de la tradición. Al multiplicar las reproducciones, pone su presencia en el lugar de una presencia irrepetible y confiere actualidad a lo reproducido al salir al encuentro de cada destinatario. Ambos procesos conducen a una fuerte conmoción de lo transmitido, a una conmoción de la tradición, que es el reverso de la actual crisis y de la renovación de la humanidad. Están en estrecha relación con los movimientos de masas. Walter Benjamin. La obra de arte en la época de la reproductibilidad técnica (1935).

La realidad virtual irradiada desde los centros de investigación informática ha coincidido con una creciente colonización del imaginario mundial por parte de las culturas trasnacionales hegemónicas, que presionan para imponer una uniformización estética e ideológica planetaria. La realidad virtual en manos de laboratorios universitarios, gabinetes militares, industrias del entretenimiento y del espectáculo y talleres de ciberartistas, está iluminando con nueva luz el sentido y la evolución de las imágenes a lo largo de la historia occidental, movida por su aspiración hacia el ilusionismo referencial. No extraña que los medios se hayan convertido en biombos artificiales y poco inocentes para ocultar los aspectos menos gratos de la realidad. Roman Gubern, Del bisonte a la realidad virtual (1996).

En el horizonte de la crisis contemporánea se sienten por doquier los signos de recuperación. Los movimientos pacifistas y ecologistas han desarrollado una estrategia de defensa civil de la vida. Cualesquiera sean los juicios sobre sus ambigüedades y sus fuerzas, en los proyectos alternativos que levantan habita hoy la única esperanza de un fin al desarrollo agresivo del progreso tecno científico. En un plano afín, la defensa de las culturas históricas o regionales está llamada a generar una nueva poética del espacio y las formas, tanto en el diseño industrial como en la arquitectura y el urbanismo, volcada a las peculiaridades sociales, como a la identidad histórica de los pueblos. En un plano estrictamente estético, el retorno del arte figurativo lleva consigo la reintroducción de la experiencia humana en las artes plásticas y, con ella, el restablecimiento de momentos reflexivos y críticos del arte como conocimiento de la realidad. Eduardo Subirats. El final de las vanguardias (1989).

Con la revolución rusa entró en escena el formalismo. El inmanentismo crítico sepulta bajo el peso de relaciones de presencia-ausencia toda alusión directa o vedada a la realidad. Estamos en plena efervescencia de mayo en París y las reflexiones se encaminan a definir aquello que hace literaria a una obra: la literariedad. Quedaría en el sentido común de profesores de secundaria el viejo mito que los especialistas en estudios literarios califican como la falacia referencial: la literatura expresa nuestra sociedad. Miguel Ángel Huamán, Literatura y sociedad: el revés de la trama (1999).

# Lars Iyer, Desnudo en la bañera, asomado al abismo (2012),
traducción de Susana Lago Ballesteros.

El descenso de la montaña

Hubo un tiempo en que los escritores eran como dioses. Vivían en las montañas, cual eremitas desahuciados o aristócratas lunáticos. Escribían con la única finalidad de comunicarse con los muertos, los aún no nacidos, o con nadie en absoluto. No habían oído hablar nunca del mercado, eran misteriosos y antisociales. Aunque tal vez deploraran sus vidas, marcadas por la soledad y la tristeza, vivían y respiraban en el reino sagrado de la literatura. Escribían teatro y poesía y filosofía y tragedias y cada muestra era más devastadora que la anterior. Los libros que alcanzaban a escribir llegaban con carácter póstumo a sus lectores, y por el más tortuoso de los caminos. Asomarse a sus pensamientos e historias era tan aterrador como toparse con los huesos de un animal extinto.

Andando el tiempo, surgió una segunda oleada de escritores. Vivían en los bosques, al pie de las montañas y, aunque seguían soñando con las alturas, necesitaban morar en los confines de bosques colindantes con alguna ciudad, en la que se adentraban de vez en cuando, para darse una vuelta por la plaza pública. Congregaban multitudes, cuyas mentes agitaban; provocaban escándalos, se metían en política, se retaban en duelos e instigaban revoluciones. A veces emprendían largos viajes a las montañas y cuando regresaban, el pueblo temblaba oyendo sus nuevas proclamas. Los escritores se habían convertido en héroes. Más de uno entre quienes deambulaban ociosamente por la plaza pensó: Me siento medio inclinado a intentarlo yo mismo.

Pronto los escritores empezaron a instalarse en pisos de la ciudad y aceptaron puestos de trabajo. Ciudades enteras se vieron colonizadas y ocupadas por escritores. Pontificaban acerca de cuanto tema hay bajo el sol, concedían entrevistas y publicaban en la editorial local, Libros del Monte Santo. Los había que llegaron incluso a vivir de las ventas y, cuando éstas menguaron, impartieron clases en la facultad de Olimpia City, y cuando se dejó de contratar a nadie en los departamentos de humanidades, se dedicaron a escribir libros de memorias sobre el arte de vivir en las montañas. Se hicieron expertos en publicidad, porque resultaba evidente que la industria editorial era una rama de la comunicación. Los más astutos empezaron a escribir anuncios, pues era una excelente manera de adquirir una buena técnica. En poco tiempo, los autores empezaron a ser más numerosos que los lectores, y pronto quedó claro que a fin de cuentas el público no era más que una alucinación, del mismo modo que la importancia de la escritura era básicamente una alucinación.

Ahora te sientas ante el escritorio, soñando con la literatura y leyendo distraídamente el artículo de Wikipedia sobre la novela, mientras picas algo y ves vídeos de perros y gatos en el móvil. Escribes un poco en tu blog y tuiteas los pensamientos más profundos de que eres capaz. Te devanas los sesos intentando añadir tu propia opinión sobre algún tema de moda en la red. Susurras, como en una plegaria, los nombres de Kafka, Lautréamont, Bataille, Duras, y te sorprendes riéndote impotente de ti mismo muy a tu pesar, hasta que casi se te saltan las lágrimas. Por fin haces clic en abrir nuevo documento y te preguntas qué demonios podrías escribir ahora.

El cadáver de la marioneta

Hay más lectores y escritores que nunca. El crecimiento de internet indica, en cierto sentido, el aumento de una cultura profundamente alfabetizada. Tendemos a mandar mensajes, en vez de hablar. Ahora más que nunca publicamos comentarios por escrito, en vez de observar o escuchar. Se suele citar el dato de que el número de diplomados en programas de escritura es superior al número de londinenses en tiempos de Shakespeare. Como dice Gabriel Zaid en Demasiados libros (1982), la proliferación de autores apunta a que el número de libros publicados pronto eclipsará al de la población humana. Pronto habrá más libros que personas han existido desde el principio de los tiempos. Tenemos bibliotecas enteras en los móviles, libros disponibles o descatalogados con solo mover un dedo. Amazon, la Wikisabiduría, las recomendaciones, favoritos, listas, críticas, comentarios. Vivimos en una época de palabras sin precedentes.

1) Como la paloma de Kant, que para el vuelo precisa la resistencia del aire, el escritor necesita la resistencia por parte de la literatura, oponerse a algo, y ¿a qué oponerse cuando no queda enemigo contra el que luchar? 2) Se podría hablar de la globalización, de la absorción del planeta entero por el mercado mundial, cuyo efecto ha sido el debilitamiento de las antiguas literaturas nacionales. 3) Vemos cómo se eleva la idea de individuo a un punto en que el concepto mismo de idiosincrasia se convierte en un lugar común, punto en el que términos como yo, alma, corazón y mente son jerga demográfica. 4) Nuestra idea de lo que es tradición se ha reducido a algo tan exiguo que no tiene sentido plantarle cara. No quedan autores del pasado a los que hacer frente. 5) Se podría apuntar el populismo de la cultura contemporánea, 6) la disolución de los antiguos límites entre arte culto y popular y 7) el debilitamiento de nuestros recelos ante el poder del mercado. Hoy día, los escritores trabajan en concierto con el capitalismo. No eres nada si no vendes, si tu nombre no es conocido, si no acuden decenas de admiradores cuando firmas ejemplares de tus libros. 8) La banalidad de las democracias liberales, al tolerarlo todo, al absorberlo todo, no da licencia para nada. No nos faltan temas a los que enfrentarnos con seriedad pero 9) la globalización ha aplastado la literatura, reduciéndola a un millón de nichos en el cementerio del mercado.

La literatura era un recurso finito, como el petróleo, como el agua. Cada nueva manifestación literaria ha sido una prospección que ha ido mermando las reservas hasta acabar con ellas. El postmodernismo nos ha conducido al final del juego. Todo está a nuestro alcance pero nada nos sorprende. Antes, cada gran afirmación contenía un manifiesto y cada vida literaria era una invitación a la heterodoxia. Hoy todo es fotocopia, nota a pie de página, gesto teatral. Ni la originalidad misma es ya capaz de sorprendernos. Hemos presenciado tantos ejercicios de estilo y forma, que incluso algo original nos resulta reconocible. El prestigio literario solo existe como liturgia. ¿Quién se toma a sí mismo en serio como autor? ¿Quién se atrevería a soñar con archivar sus emails y tuits para que los lea agradecida la posteridad? Ya no se rechaza ni ignora a nadie, puesto que se publica a todo el mundo sin esfuerzo ni reflexión. La idea de autor se ha evaporado, sustituida por un ejército de obreros de la tecla, codo con codo con publicistas y programadores.

Se podría argüir que deberíamos estar agradecidos por este nuevo orden. Que los demás puedan leerte. Tus amigos y tu familia creen que es estupendo. Para tu círculo, publicar una novela es más importante que lo que pueda contener. Ya es algo que aparezcas en Google.

¿Para qué evocar el espectro pantomímico del poète maudit, las sombras burlonas de Rimbaud o Lautréamont, con su botella de absenta y los ojos inyectados en sangre? No podemos repetir fórmulas antiguas ni probar fórmulas nuevas. Las palabras de Pessoa nos resuenan en los oídos: «Ya que no podemos extraer belleza de la vida, busquemos extraer belleza de no poder extraer belleza de la vida.»

Detectives salvajes

Penúltimo ejemplo de literatura que se enfrenta a su propia muerte y sobrevive, Los detectives salvajes (1998), de Roberto Bolaño, un libro sobre el intento de crear una vanguardia literaria en 1975, escrito después de que las condiciones para poner en práctica la vanguardia se hayan desmoronado. «Luchamos por partidos que de haber vencido nos habrían enviado de inmediato a un campo de trabajos forzados, dice Bolaño hablando de su generación. Luchamos y pusimos toda nuestra generosidad en un ideal que hacía más de cincuenta años que estaba muerto.»

Abrazar deliberadamente un ideal muerto. Esta es la cualidad que impregna Los detectives salvajes. La intuición de Bolaño revela que ya solo es posible escribir el epílogo de la literatura, la historia de quienes se rascan las rodillas mientras rastrean las huellas que ha dejado la literatura tras su desaparición. Vivimos en una cultura en que millones de escritores se dedican a mimetizar los grandes modelos que adoran, con tan solo una vaga consciencia de que lo único que hacen es vomitar vulgaridades. Año tras año vemos cómo se intenta hacer pasar como si fuera el último grito muestras de estilos muertos como el realismo, el modernismo, el nuevo periodismo o alguna variante lúdica del postmodernismo, todos ellos más retro que la peste. Es hora de que la literatura acepte su propia muerte, en vez de seguir jugando a las marionetas con su cadáver. Debemos denunciar la farsa de una cultura que sueña con cosas que no puede crear, porque esta farsa es nuestra tragedia. Debemos afrontar con humor la oscuridad y la amargura de la situación en que vivimos. Una vez más, como en Cervantes, la historia más poderosa es la que realza el papel que tiene la literatura en nuestras vidas, solo que en las circunstancias actuales es un papel reducido al de un fuego que flota sobre una ciénaga, un fantasma que arrastra sus cadenas, un ente derrotado que hipnotiza a un ejército de idiotas: todos nosotros.

Enfermos de literatura

El narrador de El mal de Montano (2002), de Enrique Vila-Matas, padece la enfermedad de la literatura, lo cual le hace experimentar el mundo únicamente a través de los libros que ha leído, escritos por los grandes autores de la historia de la literatura.

De la misma manera que Kafka nació demasiado tarde para la religión, todos nosotros hemos nacido demasiado tarde para la literatura. Al reactivar las vidas y obras de literatos legendarios, el narrador de Montano no hace sino poner de relieve cuán remotas son estas figuras para nosotros, todas ellas de escritores a quienes la propia literatura parecía mantener a cierta distancia. La literatura se aleja de nosotros al igual que se alejó de nuestros predecesores literarios, empezando por autores de diarios como Gide quien, como se describe en El mal de Montano, sueña eternamente con escribir una obra maestra. Y es que la noción de obra maestra o albergar la esperanza de escribir una obra maestra es ya síntoma de mal gusto literario.

Qué escribir en las postrimerías.

Utiliza una sencillez aliteraria. El juego ha terminado, ya no queda nada. El estilo no se maquilla ni adorna, sino que escupe la materia de su descontento. El abismo necesita la clara quietud de un testigo, el testimonio sobrio del día después para recordar lo que pasó. La literatura ya no es nada por sí misma. Es la gran desaparecida.

Resístete a las formas cerradas, a las obras maestras. El empeño por escribir obras maestras es una modalidad de necrofilia. Escribir debe ser un acto abierto por todos sus flancos, de modo que un esbozo de vida real pueda atravesarlo, pasando las páginas. Los autores deben renunciar a imitar a los genios.

No seas generoso ni amable. Ríete de ti mismo y de lo que haces. Saquea el arte, como el caníbal que eres. No tengas la arrogancia de ser cómico. Tú eres el serio en esta farsa. El gracioso es el universo. No vayas de tonto, ni de listo, ni de simpático, ni de tímido. Deja un margen a la hilaridad, a una risa dolorosa y purificadora que te parta en dos los costados y el corazón. Sigue tu propia estupidez.

No dejes de escribir acerca de este mundo, un mundo dominado por sueños muertos. Resalta la ausencia de esperanza, de fe, de compromiso, de seriedad. Señala el pasado, del que hemos sido desgajados. Señala el futuro, que nos destruirá. Escribe sobre un tipo de esperanza que antaño fue posible en tanto que literatura.

Deja claro que eres consciente de tu impostura. No eres un autor. En realidad, no has escrito ningún libro, un libro de verdad. No formas parte de ninguna tradición, movimiento ni vanguardia.

No te estás jugando verdaderamente nada en la literatura. Por muchos aires insensatos que te quieras dar. La verdad es que poquísima gente lee. Hay más novelistas que lectores. Hay demasiados libros.

Deja ver tu melancolía. Resalta que el final se acerca. Se acabó la fiesta. Las estrellas salen y el cielo negro se muestra indiferente ante ti y tus sandeces. Estás haciendo dibujos estúpidos para matar el tiempo en el desierto. No hay más. Son tus obras completas.

Recuerda. Únicamente cuando el cuerpo está sin vida y ha sido picoteado durante millones de años por los cuervos, roído por los chacales, cubierto de escupitajos y olvidado, solo entonces descubriremos que aún queda una última esquirla de hueso intacta.

# Manuel Ruiz Zamora, El fin de la literatura (2012)

Uno se sienta en cualquier sitio y una simple conversación telefónica le franquea la entrada a un mundo en el que, por pudor, jamás hubiera penetrado aunque se lo hubieran pedido. Las llamadas redes sociales son aún más imperiosas e intempestivas. Abres tu ordenador y la casa se te inunda de confesiones íntimas, de declaraciones concluyentes, de publicitaciones extemporáneas de los más extravagantes atributos. En un mundo en el que nadie valora a nadie todo el mundo tiene una necesidad patológica de sentirse valorado. Ni el propio Narciso, ahogado en el río de su propia apariencia, se hubiera atrevido a imaginar una realidad en la que cada imagen no fuera sino un reflejo casi exacto de la suya. Nos hemos acostumbrado hasta tal punto a estas impúdicas exhibiciones gratuitas que hemos empezado a comprender que, tal vez, la amistad más profunda sea aquella que nos veda algunos de sus rincones más privativos.

# Juan Alegría Licuime, Duchamp, el posmodernismo… (2006)

Marcel Duchamp (1887-1968) es considerado el artista más influyente del siglo 20. La obra de Duchamp se caracteriza por el silencio. Su prolongada inactividad contrasta con la idea de producción que se instala con los artistas modernos. Según Susan Sontag, el silencio es una especie de opción. Debido al conflicto que se produce cuando el espíritu choca con la condición de materialidad del arte, quedan desenmascarados los instrumentos del artista y, de esta forma, la gratuidad del arte. Duchamp se plantea como el fin de una época o la disolución definitiva del concepto tradicional de arte.

Duchamp utiliza la pintura como medio, y no como un fin predeterminado. Su evolución va del fauvismo al cubismo. Posteriormente, sus investigaciones se centrarán en el estudio del movimiento. Su esfuerzo consiste en sustituir la pintura olfativa y retiniana por la pintura idea. Su máxima obra pictórica se concretó en Desnudo bajando la escalera (1912), considerado como el cuadro que pone fin al cubismo. El rechazo que generó llevó a Duchamp a abandonar la pintura, lo que no significó un receso en su actividad productiva. Su primer ready-made, Rueda de bicicleta (1913), significa una nueva forma de concebir la producción artística. Se trata de otorgar la categoría de arte a objetos de consumo.

La palabra ready-made no apareció hasta 1915, cuando fue a Estados Unidos. El ready-made es un pretexto para activar una serie de ideas, donde lo central es reflexión por el contexto de la obra. Lo que determina finalmente que simples objetos pasen a constituirse en arte, es la pérdida de la función de uso del objeto. Esta desconstrucción del signo, Duchamp la remonta a Mallarmé, cuya sintaxis se interrumpe por la sinestesia y la incompatibilidad semántica.

Para Duchamp la obra debe ser utilitaria y desechable. De esta forma rompe con el concepto de genialidad, o talento especial. Su concepción del gusto queda reflejada ante la pregunta de Cabanne de qué es el gusto: Una costumbre, una repetición ya aceptada.

# Eduardo Subirats, La muerte del arte, metamorfosis de la cultura moderna (1991)

Las tres muertes del arte:

1) La teoría estética de signo crítico que niega la posibilidad del arte como consecuencia de los múltiples desgarramientos interiores que ha sufrido el hombre moderno, desde la visión de la destructividad inherente a las formas dominantes del conocimiento científico, hasta la perspectiva de la perversidad que han entrañado los totalitarismos modernos. En un mundo poseído por la desesperación, el arte solo puede expresar una conciencia negativa En la era de Hiroshima y de Auschwitz la poesía solo es posible como protesta. Y a la inversa, la conciliación con la naturaleza y la cultura que define el reino estético de la belleza adquiere o adquiriría un carácter conciliador, por tanto, encubridor, con respecto a la escisión de nuestro mundo objetivo e interior. La misma afirmación de la posibilidad del arte adquiere en nuestra sociedad una cierta dimensión legitimatoria, al fin y al cabo, la belleza siempre acaba por redimir al mundo.

2) La muerte del arte se convirtió para el pensamiento moderno en un valor o en un postulado positivo. Hegel, el socialismo y el positivismo del siglo 19 y las vanguardias más allegadas a los círculos revolucionarios del siglo 20 concibieron la muerte del arte como anuncio de una era de esplendor basada en la dominación racional de la sociedad. Constructivistas y productivistas pasaron las críticas iconoclastas de Marx, Proudhon o Comte a un programa artístico que celebraba el nuevo amanecer bajo el signo del maquinismo. La tesis socialista de la desaparición del arte ha dado lugar a un concepto tecnicista del diseño y ha concluido en la estética informática.

3) La muerte del arte fue anunciada por el futurismo con motivos artísticos muy ambiguos que combinan una fascinación por la violencia de la civilización industrial con un oscuro entusiasmo por sus formas de poder. La poética de Marinetti anticipa las flores estéticas de una science fiction heavy, y las visiones suburbanas de monumentalidad y destrucción que hoy brinda cualquier megalópolis. Se trata de la muerte del arte bajo el culto del brutalismo, de la agresividad en las formas y en los valores morales, y de un cierto entusiasmo estético por el heroísmo y la violencia que penetran en todos los poros de la socialización del individuo, desde los films de Walt Disney hasta las actitudes morales de grandes líderes del espectáculo político internacional. Se trata, en fin, de aquella muerte del arte que acaba en la fealdad y el feísmo que caracterizan las grandes empresas de la cultura contemporánea.

# Enrique Castaños Alés, La muerte del arte y el problema de la poética, Nota sobre un artículo de Umberto Eco (1988)

Tradicionalmente se ha querido ver en la concepción hegeliana de la muerte del arte un sentido de conclusión definitiva, a partir del momento en que surge la verdadera filosofía en la realidad temporal e histórica, el sistema idealista en que se hace realidad el espíritu absoluto. El arte, pensaba Hegel, es la manifestación sensible de la idea absoluta a través de un medio material. La tarea del artista es expresar la idea, que se identifica con la verdad. El arte, cuyo desarrollo no sigue el modelo de la naturaleza, sino la representación de lo ideal, recorre un camino de conceptos estéticos: 1) el simbólico, en el que la representación se realiza mediante signos abstractos, correspondiente al lenguaje arquitectónico; 2) el clásico, o del equilibrio entre materia e idea, al que corresponde el lenguaje escultórico; 3) el romántico o del predominio de la idea sobre la materia, ejemplarizado en el lenguaje de la pintura, trayectoria que se detiene cuando la única y definitiva verdad, la filosófica, se encarna y materializa en su prístina contingencia histórica. De ahí precisamente que Hegel califique el arte como error filosófico o filosofía ilusoria. Bajo todas sus formas, el arte queda como cosa del pasado.

Dino Formaggio entiende el concepto hegeliano muerte del arte en su acepción dialéctica. Más que ante el fin histórico del arte, nos encontramos ante el fin de una determinada forma del arte, cuyo máximo exponente es el dominio de la poética sobre la obra.

En el arte contemporáneo el modelo formal, el problema de la poética se ha convertido en el problema central, debiendo ser considerada básicamente la obra artística como la explicitación de una poética. El carácter autónomo conferido a la forma como organismo permite a Umberto Eco afirmar que la obra vive y vale como realización de su propia poética en contacto directo con la forma formada, única capaz de conferir significado y valor al modelo:

«La obra realiza su pleno valor estético en la medida en que la cosa formada añade algo al modelo formal y se presenta como formación concreta de una poética. La obra es algo más que la propia poética en la medida en que el contacto con la materia física añade algo a nuestra comprensión y a nuestro placer.»

# Jorge Juanes, El situacionismo y la muerte del arte (2005)

La mano temblorosa que de noche sostiene el vaso de whisky, a la hora de la jornada laboral se convierte en mano diestra condenada a someterse a la máquina productiva que sigue los ritmos impuestos por la necesidad imperante de producir plusvalía. Cosas signo, objetos, imágenes para atraer y poseer, aquí y allá, ofertas al alcance de quien cuente con los dólares suficientes para comprar. No hay que temer a la tentación de la mercancía. El gasto y el exceso están programados con suma eficacia por los ingenieros de conciencias.

El arte no escapa a la trampa. En los 70 asistimos al arte de masas dirigido a las mayorías y producido mediante la tecnología moderna. El ejemplar único cede a la producción en serie. El arte se convierte, en una mercancía forjada por expertos en diseñar una cultura estándar, capaz de representar los estereotipos que pueden ser fácilmente asimilados y consumidos. Arte de entretenimiento, previsible y distractivo, para cuya comprensión no se requiere de una educación especializada. Los amos del sistema se frotan las manos, pues se ha conseguido el objetivo de manipular a las masas mediante fórmulas y clichés digeribles.

El criterio para juzgar el arte se pierde. Los mandarines democráticos han dicho: todo vale, todo es arte; arte es lo que el sistema de la mercancía considera tal. Tras la presunta democratización del arte se asiste a su fin. Si no fuera por las instituciones que viven del arte, el arte no existiría más.

Hay otras formas de percepción, otras propuestas, otra manera de tratar con el cuerpo y con el deseo. Allí, donde las imágenes fotorrealistas tan del buen gusto burgués, se erige una gris arquitectura urbana funcionalista, apenas sensualizada con los anuncios forjados en el mundo de la publicidad. Allí mismo la contracultura mancha las paredes con la poética del grafiti, borrando al paso las representaciones del simulacro. Se trata de romper o rasgar algo que provenga de la autoría del poder, de inscribir en las paredes públicas nuestro signo rebelde y hermético: Yo, soy Jorge. Los hay que van hasta el final: Jean-Michel Basquiat (1960-1988), de ascendencia puertorriqueña y haitiana, negro y yonqui, muerto por una sobredosis de heroína en Nueva York a la edad de 27 años.

# Guy Debord, La sociedad del espectáculo (1967)

Si hablamos de arte es porque el dominio del espectáculo ocupa el plano de la seducción estética, mediante una oferta de imágenes que convierte la enajenación en un atractivo deseable. Y para destruir la enajenación hay que practicar el entrismo, meterse en sus entrañas y destriparlo. La apuesta es intervenir en la cotidianidad sin pedir permiso, pues el espacio de la calle, en tanto que no pertenece a nadie, pertenece a todos. Se trata de ocupar, invadir e interrumpir las prácticas del poder poniendo en juego la manifestación espontánea de las fuerzas emancipadoras. Todo lo que el arte marginal y distanciado prometió como alternativa debe estar ahora presente en la vida. No queremos trabajar en el espectáculo del fin del mundo, sino en el fin del mundo del espectáculo.

Estamos con Baudrillard en que el gran reto del arte estriba hoy en reconocer y gestionar su muerte. Lo primero que tiene que hacerse al respecto es dejar de simular que lo que ofrece la industria de la cultura es arte. Cuando se proclama que todo es arte es el fin del arte. Pintores que simulan que pintan, poetas que quieren convencernos de que las musas siguen inspirándolos. Y siguen y siguen. Puede que los consumidores de museos sean los sepultureros del arte. Fingir que el arte existe y se expande por los cuatro puntos cardinales es una tendencia inmanente a la cultura del espectáculo. Pero quedarse ahí es ser víctima de esa cultura. Hay un arte sin complacencias que entierra lo que está muerto y nos invita a radicalizar la crítica de la sociedad administrada.

ESCRITORES 3.0, Daniel Lebrato, 1 de diciembre de 2012

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José Antonio Moreno Jurado

Claqueta menos 2. Si hablo deprisa es porque la organización me limita el tiempo a 5 minutos. Esto es un Cristo con muchos romanos.

Claqueta menos 1. Los ajustes van en sueldos, horas y productividades, pero también en una mentalidad. Para este acto, tengo de permiso solo una hora. Cumplimentado el príncipe, como Cenicienta, tendré que volver a mis fogones. No se lo beban todo.

Negritas que se citan:

Alfredo Valenzuela

Alicia Murillo

Benito Moreno

Díaz Trillo

Diego Vaya

Federico Ortés

Guillermo Román

Jeannette Clariond

Jesús Aguado

Joaquín Alegre

Jorge Burgos

José María Aguilar

José María Delgado

Jose Marrodán

José Vicente Pascual

Jota Ese de Montfort

Juan Cobos Wilkins

Luis Alberto de Cuenca

Luis Margüenda

Luisa Romero

Manolo Jurado

Padilla

Pedro Cantero

Pepe Cala

Pilar Villalobos

Rafael Gómez Rivera

 

 

1               Toma 1. Se ve a MJ de pijama y zapatillas en los pasillos del hospital Virgen del Rocío. Dentro voz. Soy uno más Un blanco un negro un rubio un amarillo Qué importa Soy lo que soy y digo, quitándome estas pocas mareas que me quedan.

2               Toma 2. Se ve una playa. Apartamento al que llega la brisa y la queja lejana de los barcos y los inmensos pinares de verdes infinitos que lamen Mazagón, La Rábida, Moguer y Palos. Paisaje o beatus ille.

3               Toma 3. 1979. JA en todos los telediarios. Le han dado el nóbel de literatura a Odysseas Elytis y ni Dios sabe quién demonios (o daimonios) es Elytis, nunca publicado en lengua española. MJ sí sabía. Llevaba años sacando griegos del armario y quitándoles la túnica, harto de que griego y lengua muerta parecieran la misma cosa.

4               Se llama cameo a la estrella fugaz que ayuda a promocionar una obra. En el teatro anglosajón cameos eran escenas con actores invitados de prestigio, que daban brillo a la función y que empezaron a llamarse camafeos, miniaturas engastadas en una joya.

5               Me llama Alfredo Valenzuela. MJ ha vuelto. El que dejaba la poesía, vuelve a publicar, trece años después. Últimas mareas trasciende las coordenadas del surrealismo y aprovecha el movimiento y la fuerza de las imágenes oníricas que conducen a la libertad y a lo bello.

6               La primera palabra es, a veces, la última. Lo primero que pensé cuando me enteré del título. ¿A quién se le ocurre ponerle a la criatura Últimas mareas, en la ciudad de las rondas de cerveza que nunca son las últimas sino las penúltimas? Últimas mareas. Mi amigo siempre tan optimista.

7               Conocí a JAMJ por los años en que conseguía abarrotar la Biblioteca Pública de la calle Alfonso XII, cada semana, para escuchar a los poetas más interesantes del momento, años de la desaparecida Dendrónoma. Era el ciclo Martes y Literatura organizado por él con Manolo Jurado y Rafael Gómez Rivera. Contra miércoles y fútbol, Martes y Literatura.

8               Cuenta Jota Ese de Montfort que Últimas mareas surge como un milagro después de Las elegías del Monte Atos, cuya consumación sugirió a su autor que su pasión por la poesía se le había terminado. Pero la poesía volvió a brotar, en forma de mareas, que vinieron de ese mar que nunca se pregunta.

9               Conocí a MJ al afeitarme. A veces me tropiezo sin querer con el que fui y apenas me saluda, puente entre Juan Ramón Jiménez que se pregunta ¿Soy yo o soy el mendigo que rondaba mi jardín? y Juan Cobos Wilkins, el de Lo más profundo que de ti conoces, la piel. Me sonaba Yourcenar, en Memorias de Adriano. A la larga la máscara se convierte en rostro. Y me sonaba Plano corto, primera mirada, a mi querido José María Aguilar. Sobraba el despertador. Uno sabe que sí, que llega el día. Vas al cuarto de baño. Igual que ayer el agua corre. Es el espejo. Un hombre parecido te repite El mundo va a funcionar hoy bien. Guiñas una legaña azul a tu séneca triste. El busto es mío. El espejo, la máscara de José Antonio, no ha cambiado.

10           Gacetilla. Zona Gente. El 23 de abril de 2000, domingo que fue de Resurrección, me casé en Galaroza, que significa la novia, con mi novia. Oficiaron Pedro Cantero y adivinen quién más.

11           En días claros, se deja ver JA sobre las once y media de la mañana entre la librería El Desván y el Instituto Tipográfico del Mediodía, calle Feria. Las 11:30 es nuestra hora. Hora para su penúltimo café y hora para mi primera cerveza, siempre por prescripción facultativa. Él vivía en Pedro Niño y fue poblando mi casa de emperatrices calvas y de novelas bizantinas.

12           Conocí a MJ el jueves 4 de noviembre de 1999, cuando un libro pasó desapercibido Hacia la nada. Con su sentido práctico de la vida, JA recomendó en la prensa aquel libro inencontrable. Giralda. Otro cuerpo busca, de campanas, quien se atrevió a mirar y a ser mirado. Diez años más tarde, en la Casa de la Provincia, el martes 29 de septiembre de 2009 presentó con Diego Vaya, de editorial SimLibros, un raro libro Todo a cien, contra la crisis y los dolores de cospedal.

13           Aunque de JA a mí va la misma edad que de Pedro Salinas a García Lorca, partes de lo mismo, siempre he tenido y sentido a MJ como de otra generación. Desde su Premio Adonais en 1974, JA tiene Razón de la presencia en la poesía universal. Recuerdo el pelotazo que supuso Fedro, Poemas, 1979. Ahí ya se hablaba de mareas. Fedro, Para un dios de invierno (1981) y Bajar a la memoria (1985), nos dieron armas para matar al gigante. Flechura de tus ojos, nube persa, si muero con el sol que ahora me prohíbes, acuérdate de mí, mañana cuando estés llegando a Salamina.

14           Conocí a MJ el jueves doce de febrero de 1998, a las 21:30 en La Imperdible de plaza San Antonio, montaje poético, y lubricante, Tres en uno, con José María Delgado, Alicia Murillo y Guillermo Román. Otro jueves, 19 de julio de 2007 nacía para el mundo El bebedor de cerveza, con el vía crucis de Jose Marrodán. JA no sale en la foto. A esa hora, las once y media, él se daba al humo con café. Cartela de Padilla. En esta casa se fuma, y sea lo que Dios quiera.

15           Conocí a MJ el lunes 18 de junio de 2012, con José Vicente Pascual. En Últimas mareas los ámbitos y referentes históricos de nuestra civilización se vuelven absurdos y se establece el inquietante símil entre las últimas mareas de una vida y las de toda una era.

16           El cronista Pepe Canapé era fijo en los pases oficiales y en las copas de vino español que se servían en Sevilla. Otro Pepe, Pepe Cala, hacía las fotos con su Leika, y Joaquín Alegre coleccionaba autógrafos. Publicidad. Presentaciones y eventos Danielito. Catálogos, coros y danzas, extraescolares. Teléfono 669etc. Servicio 24 horas.

17           Se llama Síndrome de Zenobia a las relaciones desiguales con persona que se tiene por artista. Por razones históricas, es más frecuente en mujer, de Zenobia a Juan Ramón. Rara vez él se sacrifica al talento de su mujer, sin proxenetismo, braguetazo o calzonería. Lo cuenta Pepe Canapé en Habladores o atragantados, vida social y arte manual y gratuita de comer jamón (Sevilla, 1998). José Antonio padece el síndrome de Zenobia con Moreno Jurado. Un culto irracional que no tiene cura ni remedio.

18           Conocí a JA en 1985, un año de poesía imprescindible. La caja de plata, de Luis Alberto de Cuenca, Sol, de Juan Cobos Wilkins, Mal te perdonarán a ti las horas, de Díaz Trillo, Metamorfosis con pérdida de alas, de Jorge Burgos y Bajar a la memoria, de MJ. Efemérides. Tal día como hoy, 10 de octubre, de 1985, murió Orson Welles como mueren los poetas, de ataque al corazón y por supuesto en los ángeles.

19           Dicen. El poeta utiliza las palabras al igual que un albañil utiliza los ladrillos. Y digo. Se empieza en mientras haya algún misterio para el hombre, no para la mujer (que posa como hermosa o fastuosa de tesoros), se sigue con que siempre habrá poesía, y acaba uno encerrándose en la casa que fueron levantando por su gusto y el suyo antepasados y albañiles, con muy pocas visitas, las precisas, y viendo, apasionado, cosas raras.

20           Conocí a JA el miércoles 7 de marzo de 2001 cuando El Sobrehilado, de Pilar Villalobos, publicó aquel día, que llovía, doce libros a la vez. Doce por doce, doce autores en la escalera de Jacob de Padilla, en calle Laraña, que por algo se vino abajo. Yo, con tantos nombres, empezaba a perder la cabeza y a salir de casa con ayuda del memorándum No salga de casa sin Padilla: pañuelo, dinero y llaves.

21           Reconocí la voz de MJ en Últimas mareas. África y Europa y Asia navegando hacia el cabo de la mala esperanza. Vendedores del cuerpo. Trabajos del infierno de la fresa o del sexo en idénticas proporciones, acurrucados los unos junto a los otros, para sentir la bendición de toda la pobreza compartida.

22           Pausa en play. Me llamo Jasmina, soy de Ecuador y tengo 27 años. Trabajo limpiando, llevando casas y cuidando niños o personas mayores. Aunque no me falta cultura ni gusto por la poesía (en Quito yo era maestra), perdone que no conozca a ese tal MJ y que no tenga ni idea dónde está la librería Beta, cine Imperial hasta 2002. Play.

23           Conocí a JAMJ en la revista Con Dados de Niebla, Huelva, y en Encuentros de Escritores en la Sierra. Hablaba de La Nava y de su padre. Ya habían muerto Juliano el Apóstata, Copérnico, Giordano Bruno, Kavafis o Constantino Paleólogo. El resto, Gil de Biedma, a envejecer, que es el único argumento de la obra.

24           Entre canapé y canapé, charla con Jeannette Clariond, de Vaso Roto Ediciones. Esta obra supone para el poeta un regreso a la ilusión primera. Las olas de estas Últimas mareas constituyen un homenaje a aquellos que le precedieron y a través de ellos a la palabra misma.

25           Conocí a MJ en Cortegana, casa de Luisa Romero. Con su lectura dramatizada JA ponía música sobre la música y daba vida entonces a la falta de puntación en unos poemas y al uso de los asteriscos en otros. La poesía se oye y se ve. Y con frecuencia se suda.

26           En 1996 coincidimos en los escaparates con las Gracias y desgracias del ojo del culo que firmaba el Maestro Oculista. Música maestro va por Benito Moreno, año 2000, que nos daba nombre a todos con su disco Me han quitado lo bailao. Ya del Estado del bienestar no queda nada. Ni en farmacia. Mi mundo ya no existe. Yo soy el Gatopardo.

27           Conocí a MJ la noche del miércoles 29 de 1985 en Moguer, adonde habíamos ido su club de fans a la ceremonia de entrega del Juan Ramón Jiménez de Poesía, que ganó aquel año Bajar a la memoria.

28           Recibí y desmenucé, con entusiasmo, cada uno de sus libros. Poesía que se nutre de la tradición para superarla, no anclada en la imitación y el epigonismo. JA sigue arriesgándose, consciente de que su poesía necesita ser descodificada con un esfuerzo mayor que la poesía descriptiva, costumbrista, sentimentaloide o periodística.

29           Conocí a MJ por aquellos años de ensoñaciones, en que José Manuel Padilla editaba en papel de estraza comprado en el mercado de la Encarnación una sextina libelada, de autor anónimo, escrita contra todas las sextinas pedantes que se escribían por entonces y tras la frase malintencionada de La poesía ha muerto, viva la novela.

30           JAMJ se reconoce en la única civilización, la griega, cuyos relatos fundacionales no son de carácter mágico religioso sino puramente literarios, de índole estética. El último de los griegos ya ha caído.

31           Lo que se desea, dice MJ, por mucho que no vaya a ser posible ya, aún sigue siendo hermoso y un pertinaz reclamo de la fortuna de haber vivido como viven los libros.

32           1990. JA, con Manolo Jurado, figura al frente de la magna Antología general de la poesía andaluza, en la que ya asoma como un experto Luisito, Luis Margüenda. Y no se pierdan el prólogo o cameo que le escribe a JA su otro discípulo amado, Jesús Aguado. Vayan a Por los bosques de otoño, Icaria, poesía, 2006.

33           JA imagina, con Borges, que el paraíso es una biblioteca, y que en el paraíso van a estar todos sus libros. Lectura de Fedro a los poetisos. En aquel tiempo dijo Fedro. A orillas del Iliso, lector, he pulido las mágicas aristas de estas hojas con las manos cansadas por la edad y con mis ojos tristes. Es temprano. El segador despierta la muralla de las mieses con su silbo. Distante late el mar. Solo el aliento vivo de la muerte me ciñe su diadema. En ti. Contigo quiero verla crecer, sentir de frente su paso virginal sobre mi cuerpo. Después, recorreremos las agrestes mareas de la luz bajo la tarde, libres al fin del mal que nos envuelve.

34           El tiempo. Temperaturas sin cambios y en el Atlántico marejada con Últimas mareas, de venta en librerías y con la firma de ejemplares por su autor.

35           Milímetro 35. Conocí a JA en 1986. Aquel año Pilar y yo, con Federico Ortés, Juan Cobos y MJ formamos el jurado lector del premio Juan Ramón Jiménez, que presidía JA. Desde entonces, lo llamo presidente. Con la venia, Presidente. Va por ustedes.

Daniel Lebrato, 10 de octubre de 2012

 

COPLAS CONTRA LOS DOLORES DE COSPEDAL

COPLAS CONTRA LOS DOLORES
DE COSPEDAL

Seguro azar, Pedro Salinas

Contra los dolores
de la política,
media pastilla
de Cospedal.

¿Qué es Cospedal?

Que no se retribuyan
cargos electos,
que no haya señorías
profesionales,
ni escaños por la paga
ni, en fin, las mismas caras
siempre en la cosa pública.

Llevamos siglos
detrás de eso.
Dígame la farmacia.

Ya se hace en los jurados
y en las comunidades
de vecindad y en las
mesas electorales.
Lo cual tampoco es mucho.
Lo hicieron ya los griegos.

Por caprichoso azar,
quien manda es el sorteo.
Te toca estar, y estás,
que alguien vendrá detrás
por riguroso turno.

Qué mejor orden
que el alfabético.
Que mejor ley
que la estadística.
Que más sociología,
más igualdad, si cabe,
ni qué juego más limpio
que el censo democrático.

De Cospedal no sabe
ni lo que ha dicho.
Más vale no lo sepa.

Qué cambio en la política
tomando al pie la letra,
tomando Cospedal.

LINEALES, PROPORCIONALES, INVERSAS.

Soy profesor de la pública y me quejo lo justo de lo injusto. No me convoquen contra la degradación de mi sueldo y mi trabajo. No es lo mismo darle una salida que una alternativa a esta crisis. Las jornadas de lucha duran dos telediarios. Se vio en la Huelga General. Y lo peor es la atonía, la frivolidad y el envilecimiento moral ante el fin de una época que ‑como la caballería en don Quijote‑ sobrevive únicamente en un lenguaje que no esconde ni el ojo que no ve ni el sálvese quien pueda.

De una crisis se espera, como de una enfermedad, salir con salud. Si la palabra revolución asusta, digamos cambio o solución radical. Contra esa esperanza, asistimos a la escenificación del miedo y que gane la crisis quien ya la ganaba. Las medidas lineales del Psoe trataron por igual lo desigual: responsabilidades y niveles de renta. Ahora el PP ha metido la directa, la proporción que aumentará las diferencias. Que le quiten a un alto cargo su extra de navidad no alivia a quien necesitaba esa paga para gastos nada extraordinarios. Y es que haría falta una proporcionalidad inversa, compensatoria a favor de quien más lo necesita Y una linealidad tajante por arriba: fijación del sueldo máximo y leyes de porcentaje, beneficio, patrimonio y herencia.

Socialismo o barbarie, no hay forma de combatir la miseria sin repartir lo que hay. Trabajar menos para que trabajen todos y trabajar todos para trabajar menos. Desde que Zapatero atacó la edad de jubilación, y no la escala de aportaciones y cotizaciones personales, se vio que en este país (de hidalgos, duquesas y santos inocentes) volvería la mano de obra de reserva, y que los oficios iban a pelear unos con otros. Como si ser funcionario fuese un oficio, el Gobierno dio ejemplo a la patronal bajándonos el sueldo. Al meter en el mismo saco el trabajo del Rey y el del catedrático; a la periodista y a la limpiadora, el Psoe mostraba sensibilidad social cero cero, aunque todavía podía apelar a una causa común: España.

¿España? El Estado del bienestar en que creyó el Psoe, el PP lo va a reducir a su mínima expresión, que es casi de libro: ejecutivo, legislativo y judicial. Y a educación, sanidad, coberturas y prestaciones, que les vayan dando. El caso es administrar la marca España sin tampoco exagerar el patriotismo. Que Zara siga fabricando en los paraísos laborales y cotizando en los fiscales, que Telefónica emigre sus inversiones y que en el mapa de España no chirríen demasiado ni Rota ni Gibraltar. Que Alemania mande en lo económico, Otan y Estados Unidos en política exterior y el Vaticano en nuestra vida privada.

Las llamadas del pijo presidente de la Ceoe o del calvinista señor de Mercadona a que arrimemos el hombro todos por España, provocan colon irritable. El 15-M, que ya nació cortito de ideas, se ha quedado afónico. Mineros y sindicalistas han querido emocionarnos con Santa Bárbara bendita y otro camino de Santiago. Encierros, huelgas de hambre, marchas. Toxo y Méndez quedan patéticos. Rubalcaba rubalcó. En Andalucía, donde, con el voto a Izquierda Unida, nos creímos la aldea gala frente a la derecha, nos estamos comiendo parecidos marrones. En la enseñanza, la demagogia de no aumentar el número de estudiantes por clase, y sí el horario del profesorado, nos priva de cobrarnos la crisis en productividad; tan fácil como sería: a más alumnos, menos exámenes y menos tutorías, y en paz. Pues nada. Sostiene Valderas que los recortes no repercutan en la comunidad. A joderse, profes.

Ni tontos ni marxistas, salvo los goles de la Roja, la música nacional ya no nos puede levantar. Como en los bares donde la repetida mendicidad no nos impide seguir con nuestra cervecita, así los oficios irán desfilando por la plaza de la desigualdad. No hay limosna para tanta pobreza ni brazos para tanta pancarta. Contra esa derrota y para no ser ciegos, quién no daría con gusto su paga de navidad. Teníamos que haber seguido leyendo a Bertolt Brecht y llevamos años leyendo el ¡Hola!

Daniel Lebrato, 16 de julio de 2012

La clase obrera pide carbón

LA CLASE OBRERA PIDE CARBÓN

La minería del carbón es ruinosa pero se pide que el Estado, con mayúsculas, financie la minería.

Mucho antes, los astilleros eran ruinosos, y Zapatero invirtió el orden de la paz y de la guerra y reflotó Astilleros a base de pedidos militares. UGT y Comisiones, callaron: sí, boana. Pero la fábrica de cualquier cosa no justifica la ética de cualquier cosa. Mantener el empleo no es ningún valor. ¿Defenderíamos la guerra solo para que los militares no se queden en paro? ¿Repondríamos la pena de muerte para que los verdugos no se queden sin trabajo? Los oficios tienen que plantearse la división social del trabajo y la función social de su trabajo. Y un minero está obligado a proponer algo más que bajar un día y otro a la ruinosa mina.

Ni tontos ni marxistas, los sindicatos han renunciado a su ideología. No usan socialización, no usan nacionalización, sino que, como la gitana del chiste ­‑dame algo‑, se apuntan al dame trabajo. Tantos huevos que tienen los mineros, ¿y no han promovido un movimiento cooperativista? ¿Nada inventarán frente al omnímodo Capital y frente al escuálido Estado?

El trabajo tiene un color. Astilleros fabrica lanchas militares, sirven para matar. El Airbus, orgullo de una Sevilla, es Airbus Military, sirve para matar. La minería del carbón no es rentable, Santa Bárbara Bendita. Nada hay en la lucha de los mineros ni de progresista ni de revolucionario. Tan conservadores son como el PP. Y menos prácticos.

La clase minera ha perdido la clase, no tiene clase. Queman neumáticos, cortan carreteras, ferrocarriles, cierran pueblos enteros. Pero no tienen razón económica al margen del vil y servil dame trabajo. Olvidan que la ley del trabajo es el beneficio. Una economía subvencionada es un sinsentido. La ética de la economía, su obligación social, no es ser subvencionada sino subvencionar lo humanamente necesario: educación, sanidad, tercera edad, etc.

Los mineros no votaron verde. No votaron Izquierda Unida. La mitad de sus banderas son de UGT, falacia bipartidista y antisindical que vino a impedir la unidad obrera. Y ahora piden carbón a los reyes magos: vivir con cargo al presupuesto.

Nuestros trabajos no pueden ser, sin pecado, un adorno.

Estamos tocando el fondo. Estamos tocando el fondo.

Lo dijo Gabriel Celaya, lo cantó Paco Ibáñez y lo recuerda

Daniel Lebrato, 19 del 6 del 2012

LA CLASE OBRERA PIDE CARBÓN

el beneficio de la cultura

Concierto de Año NuevoEL BENEFICIO DE LA CULTURA
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(mentiras artísticas y culturales)

Dice la Wiki, mi mascota, que la cultura (de cultivo) va en personas, épocas o naciones. Ana es culta. Suecia es un país muy culto. Como sinónimo de civilización, cultura implica un reparto del trabajo y una idea del progreso, según la cual la humanidad camina siempre hacia adelante, aunque sea ‑conservadora‑ quedándose como está. La cultura egipcia. La cultura occidental. Culto es homenaje, honor, admiración.

Al revés que el capital, que crece con el neg-ocio, no ocio, la cultura crece con el ocio, tiempo libre, que hay que tener. Y hay quienes ‑teniéndolo‑ lo pierden, y quienes lo invierten en el cultivo de su persona: lecturas y viajes, conciertos y exposiciones, vinos de origen o quesos franceses. La cultura es esa información más opinión, o juicio crítico. Y nos parece progresista porque rompe la clausura de aquel jardín abierto solo a los pocos sabios que en el mundo han sido, los que sabían latín, que fue la cultura del Antiguo Régimen.

La nueva cultura no es la popular cultura de masas, con la que comparte edad y base, la revolución científico técnica. De raíz universitaria, post moderna y post democrática, la cultura sigue sabiendo latín (ahora inglés) y sigue aspirando, a perpetuarse entre nosotros como clase o grupo de presión.

La instalación del arte y la cultura se hace en cuatro fases. Primero la cultura se une a la ciencia, positiva, y el arte, ese inútil, de polizón. Después viene el Elogio de la cultura, chantaje, pues nadie ‑en su sano juicio‑ va a estar en contra de educación, investigación, museos, conservatorios o planes de fomento de la lectura. Luego se minimiza el interés individual: no es que el artista quiera vivir del ocio sino de su obra. Y por último se convence a opinión y Gobierno de la necesidad de legislar el copyright e invertir en cultura y arte como especies protegidas, con cargo al presupuesto. Aquel churrete adolescente es ya, ni más ni menos, patrimonio nacional. Y los demás, a pintar el día que se jubilen.

Pero la extensión del mecenazgo, la multiplicación de los panes y los peces de la cultura en la cultura de masas ha alterado nuestra percepción del arte y acabará en la práctica, junto con internet, con la torre de marfil del presunto y presuntuoso artista. La paradoja alcanza a otros artistas del pensamiento y la vida pública. Política. Filosofía. Religión.

Y aunque, con la misma paradoja, sigamos disfrutando del arte y de la cultura, pirámides de Egipto o glorias vaticanas, sabemos la verdad de las mentiras artísticas y culturales que ‑ni cultos ni artistas‑ hemos dado por buenas.

 

La enseñanza. La enseñanza mezcla cultura, educación y formación profesional y recibe culto progresista bajo las advocaciones de pública y gratuita. Sin embargo, se consiente la explotación de inculta mano de obra no cualificada y el enriquecimiento de incultos negreros. La enseñanza no universitaria, además de pública y gratuita, tendría que ser única (ni religiosa, ni privada, ni concertada), pero eso iría contra la libertad de las personas, otro culto. La alta Universidad debería pagarla quien se beneficia de sus titulaciones. No hablamos del funcionariado educativo o sanitario sino de títulos de élite con máximo ánimo de lucro. Y hablamos del efecto cubalibre: yo me licencio por la pública en La Habana y me la monto por la privada en Miami. Muy pública y muy gratuita, pero la farmacia se queda en casa.

I+D. El culto a la I+D se basa en que sin investigación no hay economía nacional. Antes, habría que diferenciar muy bien el altruista eureka, lo conseguí, que salva vidas, de la voraz carrera de patentes. Edison patentó la bombilla a su nombre, no al de Estados Unidos. Y más que inventar productos originales, al capitalismo importan las finanzas y el PIB, por ese orden. China, y su I+D de imitación. La I+D está obligada a preguntarse a quién le sirve la investigación, si a la Bolsa o a la vida, y qué se entiende por desarrollo.

Derechos de autor. Sin artistas profesionales se ha escrito la historia del arte. Hay quien vive de un arte como si fuese un oficio y hay quien vive de un oficio como si fuese un arte. La cuestión es: trabajo creativo o trabajo alienante. Quién, por la mañana, irá a poner ladrillos o a fregar suelos, y quién, a su estudio o su despacho a dialogar con las musas.

La fuerza de la cultura. En Mayo del 68 y en las facultades antifranquistas la clase estudiantil miraba a la clase obrera. Hubo su demagogia, pero se esperaba de la cultura una teoría del mundo. Fue la inteligencia o intelectualidad: el compromiso. A juzgar por el 15-M, hoy las fuerzas del arte y la cultura han sustituido la teoría por un discurso moral sobre un tabú con eufemismos. Vivir por encima de nuestras posibilidades, ambición, codicia o corrupción son culpables de la crisis de la sociedad actual o mundo en que vivimos. Palabras ventilador. Allá va eso.

Ni tontos ni marxistas, no podemos exigir a un grupo que se haga el haraquiri, que se suicide como clase. Pero sí podemos exigirle la lucidez que tuvo la generación de sus mayores, degustadores de vinos de origen y de quesos franceses que les inculcaron desde la infancia a sus hijos y a sus hijas el beneficio de la cultura.

DL, 4 del 6 de 2012

Próximo capítulo: Mentiras ecológicas y animalistas


El autobús

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Sin bajarse del autobús significa ganar un partido tan cómodamente que deja chico el ganar sin despeinarse, que ya era ganar. Distinto es rehuir el partido por miedo a perderlo, y vengan excusas y declaraciones. Sirva esto de entrada para los penúltimos encuentros sobre el sexismo en el lenguaje.

El 4 de marzo de 2012 el académico Ignacio Bosque, con 26 firmas más, publicó en el país un artículo que, en resumen, venía a desautorizar las guías prácticas de lenguaje no sexista elaboradas por sindicatos y distintas áreas de la mujer, entre ellas la Universidad de Málaga. Mes y medio después, el 25 de abril, Álex Grijelmo publicó en el mismo país otro artículo, conciliador, en el que concluye que los dos bandos actúan bien intencionados y los dos están comprometidos en la lucha por erradicar el sexismo, salvo que el bando criticado da prioridad a los significantes, y el bando crítico, de Ignacio Bosque y firmantes, básicamente la Academia, a los significados.

Para empezar, antes que las buenas o las malas intenciones está la profesión, que para eso nos pagan, y en materia de género la Academia ha mostrado ninguna profesionalidad. Contra sus hábitos y frente a la prisa con que admitió cederrón o azafato en el Diccionario, esta vez la Academia no ha hecho más que abstenerse y criticar. Y digo yo que lo suyo no es dar lecciones de lo malas que son las guías ajenas, sino dictar, como Academia, su propia Guía. Ésta sería un libro de estilo, obligado en medios oficiales (prensa, radio y tv), y un manual de uso para la mayoría, más allá de la vieja prevalencia del masculino sobre el femenino (ya que esa y otras prevalencias son parte del problema, no la solución) y por encima del yo no me siento excluida, cuando hay quien se siente excluida. De eso se trata: de mayorías y minorías. El lenguaje de género puede ser cosa de cuatro feministas, si usted quiere, jefe, pero no es efímero. Ha venido a quedarse y habrá que regularlo en un país donde por educación se visibilizan todas las minorías, donde procuramos no meter la pata en casa del cojo ni hablar de nuestra buena mano en la cocina del manco. Por educación lo hacemos, por contexto y situación, por derechos del receptor.

Con su tono conciliador, quizás Álex Grijelmo le esté echando un guante al bando crítico, que se declara, por supuesto, partidario de la plena igualdad. Al seguir al pie de la letra a Ignacio Bosque y compañía, es como si les dijera: a ver si es verdad. Porque en su sano juicio (de Salomón), Grijelmo distingue a la verdadera madre (la que sufre prejuicios y perjuicios, techo de cristal y pegajoso asfalto) de la madre falsa que, por supuesto, está por la igualdad, faltaría más: todos reconocen el sexismo pero nadie se reconoce sexista.

Dicho lo cual, el artículo de Álex Grijelmo cae en la deformación profesional del lingüista que no ve más que lingüística por todas partes. Como si no influyeran la acción educativa y la acción política. Como si el psoe no hubiera firmado, con una mano, un Ministerio de Igualdad y, con la otra, alianzas con culturas, civilizaciones y Estados que tratan vejatoriamente a sus mujeres. Como si Cospedal o Esperanza Aguirre fuesen a borrar las diferencias entre ellas y sus criadas.

Las palabras entran en sociedad por mecanismos que no explica el Triángulo de Ullman, de significante, significado y referente. Hay triángulos con vértices en la política, la prensa y la enseñanza, que hacen maravillas: libertad o democracia son ‑como Dios‑ conceptos que nadie ha visto y en los que todos creen, como en cultura, arte o derechos de autor, sin ponerlos en duda. Prensa y bipartidismo han pintado monárquico un país que no lo es y nuestras clases medias ‑que aprueban en Occidente o Constitución y suspenden en llamar al capitalismo por su nombre‑ sacan nota en su santidad, monseñor, su alteza o su señoría. Así que, claro que tenemos forma de cambiar muy rápidamente los significantes que usan millones de personas, sin contar propagandas ni tecnicismos de última hora. Memoria histórica o parienta un día vinieron, y se quedaron, y bastó un discurso de un ministro para que en tres telediarios pasáramos de crisis a recesión. Sin eufemismos.

Sin embargo, nos dicen: lo importante es cambiar la realidad (mujer, y nosotras sin saberlo). Otro día nos dijeron que lo importante es comunicar. Y si este lema no mejoró la comunicación (al revés: empezando por la ilegible caligrafía, desde entonces elevada a expresión de la personalidad), ahora los por supuestos pondrán todos sus medios (prensa, radio, tv) para que no cambie nada: ni la realidad ni el lenguaje.

Ni tontos ni marxistas, hagamos como en poesía, reino donde las cosas existen a partir de su nombre. Ya hemos purgado nuestra incultura por una vez que alguien dijo miembros y miembras. Tampoco arquitecto tiene femenino etimológico (no cabe *-tecta, techa), y el drae admite arquitecta. De tal manera, digamos los femeninos que hagan falta, alto y claro lo que pasa, y que les vayan dando a la gramática y a la etimología.

Quien creó el área de Igualdad y Coeducación ‑esos insignificantes‑ olvidó que sin igualdad no hay coeducación y que igualdad y coeducación se llevan mal con colegios religiosos y con muchachas tapadas. Por ahí les viene el miedo: no vayan a salir a campo abierto Iglesia y monarquía, civilizaciones y culturas que tienen mucho que perder si se bajan del autobús.

*Ignacio Bosque, Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer, El País, 4 mar 2012

*Álex Grijelmo, Cambiar las palabras o cambiar la realidad, El País, 25 abr 2012

*El Coeducón, http://elwoman.wikispaces.com/

CARTA A UN SOLDADO

CARTA A UN SOLDADO

Antiguos alumnos y alumnas tengo en las fuerzas armadas. Como salida profesional. Debo ser mal profesor porque la última definición del ejército es la que me ponen la primera: la misión de paz y el servicio público. ¿Servicio?: el agente de tráfico, la socorrista, quien apaga un incendio, quien protege a menores o conduce ambulancias. Cuando el ejército se suma a esas tareas es por una emergencia de tal calibre, que estaría bueno que gente joven físicamente bien preparada no acudiera a remediar la catástrofe. Pero la tropa está de paso en las misiones humanitarias, como el administrativo de mi instituto cuando lo ponen de conserje, que se queja porque él no es conserje. Ustedes están en una institución que dispara, mata o destruye lo que le mande ¿quién? ¿La conciencia de ustedes?, ¿el cabo o el sargento?, ¿el general que jamás estará en la línea de fuego?, ¿el que caza elefantes o el que caza letizias?, ¿el Parlamento, esa clase política que todos cuestionan, menos ustedes?

A quien no obedecen ustedes es a las clases sociales más necesitadas, de las que, por cierto, proceden ustedes. Ustedes defienden intereses ajenos de una clase dominante que también domina Onu, Otan, el Ministerio mal llamado de Defensa. Si esos organismos fueran bienintencionados y la guerra no fuera un negocio capitalista, trabajarían por el desarme a nivel mundial. Desarmados también los países vecinos, no haría falta un ejército como se dice ahora, como fuerza disuasoria y garantía de la paz. ¿Se imaginan que el presupuesto militar revirtiera en gastos sociales? ¿Saben ustedes lo que vale una hora de vuelo de un señorito en su caza? ¿Lo que gasta el Sebastián Elcano con esos hijos de papá por ahí de crucero? ¿Decimos lo que cuesta a España Irak, Afganistán, pensiones de por vida, mutilados, medallas al mérito? Y todo para que el otro bando ponga una bomba que se lleve por delante, no a ustedes, que estaban en su cuartel, sino a indefensas personas que iban en el metro a trabajar. Recuerde Atocha, soldado. ¿O va a decir otra vez que a usted que le registren, que usted obedece órdenes? Tantas veces que les hablan los mandos del enemigo, y lo poco que saben ustedes del enemigo.

Han hecho de ustedes mercenarios, se dice de quien coge un arma por dinero. Trabajar por dinero no es deshonra, lo hacemos todos. El problema es con armas. Y qué decir del extranjero que sirve en las fuerzas españolas, ¿que España es su patria? Ya veremos, cuando el PP ‑como en USA‑ privatice el ejército, cuál es su patria: la empresa privada.

Para cualquier duda, consulten los libros de historia. Militares hubo al servicio del pueblo pero, de dos Repúblicas que tuvimos, una se la cargó el general Pavía y la otra el general Franco. ¿Hablamos de Primo de Rivera o del coronel Tejero? Y consulten ustedes las marcas proveedoras del ejército español. Verán que, de patente española, hay bien poco y que en caso de conflicto armado las patentes extranjeras, con darle a un bando repuestos y negárselos al otro, sin moverse de su despacho habrán decidido quién gana la guerra. ¿Les suena las Malvinas?

Ustedes, mi gente, no vinieron al mundo para marcar el paso, presentar armas, izquierda, derecha, hip árou, hip árou. Nada de eso, ni con balas de verdad ni de fogueo, les enseñamos en el colegio o en el instituto. Que hay que buscarse la vida, es lógico, pero no a cualquier precio. Habiendo fuerzas sociales y de progreso, ¿por qué a las fuerzas armadas?

Daniel Lebrato, 10 del 5 de 2012

La manzana de Newton

Toma uno. Carlos Marx murió en 1883 y difícilmente fue marxista. Culpar a Marx del exterminio metódico y de la realización inexorable del socialismo es tan exacto como culpar a Jesús de Nazaret de las atroces cruzadas, lo dijo Borges, y coger al marxismo por el rábano de China o Cuba es coger al cristianismo por las hojas del Papado de Avignon.

Toma dos. No estuvimos en la Bastilla ni hemos cortado el cuello a rey ninguno pero nuestros avances en república y laicismo algo le deben a aquella guillotina, igual que nuestra pacífica transición democrática algo le debe también al atentado terrorista contra Carrero Blanco.

Toma tres. Quien se mofa de la teoría de la evolución y ríe el chiste del mono vendrá usted se beneficia de una ciencia médica en deuda con Darwin. Desde que la Tierra es redonda ‑o sea, desde Galileo‑, evolucionismo, psicoanálisis o relatividad no son asignaturas optativas sino obligatorias. Todos estuvimos en la pizarra de Einstein y a todos nos dio en la cabeza la manzana de Newton. Algo así pasa con el marxismo.

Para no ser marxistas, tendríamos que haber nacido antes de Adam Smith, último en creer que el trabajo es la riqueza de las naciones. Desde El capital (1864), donde Smith puso naciones se pone burguesía. Marx despejó la fórmula de la plusvalía como trabajo acumulado, y de la fuerza de trabajo como la única mercancía capaz por sí sola de generar riqueza, al tiempo que demostraba el doble fetichismo del dinero y del salario que es la base de la alienación. Este análisis no ha sido nunca rebatido.

Un fanatismo muy común es ver la paja del dogmatismo en el ojo marxista y no ver la viga fanática en el ojo propio. De entre libertad, propiedad o democracia, tomemos por caso el pensamiento religioso, empezando por el curioso método que tiene el Vaticano para lavar sus trapos sucios. Pidiendo perdón a Galileo Galilei, el Papa se perdona a sí mismo, mientras que los terribles delitos marxistas no prescriben nunca.

La militancia cristiana puede justificarse (a) desde sus orígenes: Jesús de Nazaret, aquel hombre tan bueno cuyo mensaje adulteró la Iglesia, que así se salva porque, además de divina, es humana, o (b) desde sus finales: una institución, la Iglesia, que es pilar de occidente. Biblia o Corán serán unas veces (c) la sagrada escritura que a ver quién la mueve, o (d) esa escritura relativa, adaptable a los tiempos que corren. Se trata de (e) bautizar al niño, que la niña haga la primera comunión y que a la morita la tapen de por vida. De la (a) a la (e), hasta con cinco barajas, marcadas todas, juega la religión. Y para el marxismo, ni cartas.

Ni tontos ni marxistas, el juego es que un sistema injusto lo tome por justo quien lo sufre o quien podría ‑con otro sistema‑ vivir mejor, gran masa que, en tiempos democráticos, qué curioso que no acierte nunca a plasmar sus mayorías en el conjunto de unas naciones que se llaman unidas. Ahora que se habla de visibilidad, pongámonos las gafas de la visibilidad social que nos quitamos cuando cayó el Muro de Berlín, y a ver qué vemos en andamios, inmigración, tercer y cuarto mundo. Puede que el marxismo haya muerto. Quien no ha muerto, porque se necesita viva, es la mano de obra a la que un sistema extrae plusvalías y materias primas a cambio de unos salarios que si fueran justos no serían salario. ¿Alienados? No, gracias.

daniellebrato@gmail.com, 10 del 5 de 2012

Sevilla, Geografía e Historia

Eva Díaz PérezQue la historia es la mentira encuadernada lo decían profesores de la materia cuando, al llegar República y Guerra Civil, se saltaban esas lecciones. Más que mentira, la historia se apaña o se amaña para que el presente encaje. Por algo los demócratas entre comillas han ido a la Atenas de Pericles para hacerle a la democracia un vestidito. La historia se escribe en analepsis, en vuelta atrás. Tú dime qué quieres del presente y yo te cuento un cuento a tu medida. Para justificar el Estado de Israel, las películas de nazis. Para la transición española, el Cuéntame cómo pasó. Y al Rey, que me lo maquillen para el 23-F.

La geografía es un tratado del paisaje, antigua y noble curiosidad de viajeros. Y hay una geografía que explica el paisaje por la economía y las clases sociales. El profesor Antonio Miguel Bernal nos enseñó a buscarle a la geografía económica su sentido. Era como aplicarle la dialéctica a lo que vemos: campo, ciudad o fragmento de ventana. Su enfoque de la ciudad era muy simple. ¿Para qué sirve Sevilla? Joder. Nunca nadie se había planteado que las ciudades sirven.

Ciudad terciaria y privilegiada por la navegación de su río, con poca industria en proporción, sabemos que Sevilla es centro comercial, de transportes y administraciones. Que es puerto fluvial ya discutible, desde que no hay vikingos. Y que tiene una rara capacidad para vivir de sí misma, de sus fiestas, de sus leyendas y miserias, dadas al turismo y a la exportación. Sevilla, marca registrada. Hasta la delincuencia y las Tres Mil Viviendas, venden. Atrás queda la Sevilla que hubiera podido y debido, quizá, ser la capital de las Españas, como también Barcelona o Lisboa. Qué cicatería la del Austria que no quiso trasladar su corte y hacer de Lisboa la capital de Iberia. Ay, Saramago.

Ni tontos ni marxistas, sabemos que a Sevilla la sostiene en su sitio y en su historia aquel fenómeno que bajó de Itálica o del Aljarafe hasta la Alfalfa, lo más alto y lo menos malo de Hispalis la infelice, la insalubre en cuanto se inundaba el Guadalquivir. Este fenómeno humano, estirpe de emperadores, es el señorito. Con su artículo determinante, el señorito es sintagma epiceno que incluye el señorito macho y el señorito hembra; no confundir con señorita.

Lo señorito se basa en la tenencia de la tierra, saca sus cuartos del campo y se los gasta en la ciudad, cifra y compendio de la buena vida: todos los días del año, que fueran Feria o Rocío. Lo tópico es lo típico, y el futuro…, cuán largo me lo fiáis. El señorito ‑estético y vividor, aristocrático y calavera‑ es herencia de una injusticia que viene de siglos: el latifundio. El pueblo ama y aborrece al señorito (todo, menos el término medio) y, tratándose de la buena vida, de su señorito aprende y a señorito aspira. No tenemos una gorda, pero vamos pal Rocío.

Igual que se dice del habla andaluza que ninguno de sus rasgos lingüísticos es exclusivamente andaluz, diríamos del señorito que nada en él es exclusivo. Los santos inocentes están aquí y en Valladolid o en Extremadura y La escopeta nacional, lo mismo en Madrid que en Valencia. Lo pertinente ‑o impertinente‑ de Sevilla, es la concentración de sus rasgos. Ni importa si la Niña Chole ‑quien, por distraerse, echaba hombres a los tiburones‑ era andaluza o no. De la estirpe de Carmen sí que era su mirada, propia de un césar viendo morir gladiadores, mirada que en Sevilla imitó la nobleza. En Semana Santa, que carguen los costaleros, y bajo los faldones, que no quiero verlos, como Lorca, en su Llanto. Y en las corridas, el toreo a pie. Cortos de rienda y de hacienda, los caballeros de Sevilla reservaron sus jacas árabes y jerezanas y dieron la venia a sus gañanes, otra vez gladiadores sobre la arena. Que toree Pepe-Hillo. Y los maestrantes, a ver los toros desde la barrera. Como desde la barrera se asoma el señorito al flamenco y casi, casi, a la Feria de Abril, ese baile macho por sevillanas, que reducen a faena de aliño con su bajonazo final a la cintura. Las sevillanas son claveles y clavellinas. Los sevillanos, barras y varas, antifaces y presidencias.

Y es que de los cinco sentidos, de ninguno se goza el señorito como de la vista y del ser visto. Dicho está que Sevilla es la ciudad barroca, como su portada de Feria, pura fachada, alto sentido del ridículo y tarro de las esencias. Y no será porque Viena, Venecia o Praga se contemplen menos. Es que tienen otras clases dirigentes y otra mentalidad hegemónica. Como en la máscara de Esopo, no busquen más, que no hay. Sevilla es una belleza probablemente hueca.

Una vez que fueron sometidos por la Corona los incómodos tercios moro, judío y protestante, la cultura en Sevilla no pudo ser más contrarreforma, más romana que Roma. Y ahí está la aportación de Sevilla, su I+D, a la cultura universal: el dogma de la inmaculada. Con su visión de la virgen madre y ajeno por completo al calvinismo, el señorito, aprendiz de san Juan y de don Juan, desprecia el trabajo. Lara el editor lo expresó desde la cama: una empresa que te obligue a levantarte antes de las once, no es empresa.

De esa Sevilla superficial, se diría lo que Juan Cobos Wilkins, de la piel: lo más profundo que de ti conoces. Oxímoron: la profunda Sevilla superficial. No hay una Sevilla de retrato artificial frente a otra Sevilla de verdad a la altura de la historia. Aparte de que ‑tal y como está la historia, de invasiones y guerras mundiales‑ preferible estar al margen, la verdad.

No hay más Sevilla que la que arde, y esa arde en cirios nazarenos, habanos de la Maestranza y candelas del Rocío. De Sevilla, se puede decir lo que del dinero y la buena vida: la hay más barata, pero ya no es vida. Hay otra Sevilla, pero ya no es Sevilla. De recordárnoslo, se encargan en las procesiones y en las casetas. Ese tío no es rociero.

La Alameda, el Pumarejo, la otra Sevilla tendrá que preguntar a sus intelectuales de oficio y artistas de copyright qué es lo que hacen por ella. La mayoría, me temo que cultivarse a sí misma como hicieron los señoritos Caro, Arguijo, Laffón o Romero Murube.

Biblia del Oso, Abate Marchena, Blanco White vienen al pelo para sostener la historia de los heterodoxos sevillanos. La última figura hiperplasiada está siendo el ecléctico Chaves Nogales. Toda Sevilla, a leer a Chaves Nogales, díganlo Carlos Colón o Alfonso Lazo. Lo que no va en charanga y pandereta, va en el Diario de Sevilla o en la edición de El Mundo.

Por parte culta, el tópico expresa lo que literatura, pintura, música, fotografía y cine creen ver en Sevilla. Escritores de casa, forasteros o viajeros imaginarios, aquí encontraron locus amoenus y dramatis personae, decoro y decorados, óperas completas. Andalucía por antonomasia, Sevilla es Triana, Alándalus, Guerra de Independencia y, al fondo, Tartessos. Papeletas para la mítica. Esa propensión al mito ‑y algún arquero fino de Sevilla‑ cautivó a Jaime Gil de Biedma. Pero del mito al misterio hay mucho trecho y más aún, hasta la ciudad de ensueño, profunda y esquiva.

La cara popular y no libresca del mito se resume en Cernuda: el Sur es una tierra que llora mientras canta (aunque él se refería a un blues). Y en Machado: cantando la pena, la pena se olvida. Y hay muchas penas: la negra, fatal; la blanca, resignada; penas de azul, de rojo o de violeta. Para penar y cantar, el pueblo está doblemente motivado. Por contraste, con la vida que se pega el señorito, y por simpatía, con los suyos. Sombra y luz que han dado cuerda a la lírica y al flamenco y a esa otra cara de lo que los señoritos meapilas y reaccionarios entienden por la gracia. De todas formas, más gracia tienen en Cádiz y, ya ven: ¡vivan las cadenas!

Para no divagar como alma en pena y sin fin por la ciudad de la gracia, propongo a la juventud que piense Sevilla al margen de la Sevilla del ABC, más rancia imposible. Y, si es difícil saber para qué sirve Sevilla, hay otras preguntas más fáciles. Por ejemplo, ¿a quién sirve [o le sirve] Sevilla?

Al cierre, recuerdo a mis amigos Jiménez Barrientos y Gómez Lara (Jorge y Manolo), empeñados en los 80 en integrar las esencias de Sevilla en un proyecto vital (miedo da decirlo) de izquierdas. Cofradías. Rafael de León. Concha Piquer. Acaso aquel esfuerzo fue comparable al que hicieran ilustres del siglo 18 por aunar patria y progreso, pasado y futuro, sin salir afrancesados en la foto. Bajo el poderoso influjo de Umberto Eco, apocalípticos e integrados, de la crónica sentimental de España, de Vázquez Montalbán, y de Isidoro Moreno, con su lectura laica y republicana de la Semana Santa, Jorge y Manolo lo intentaron. Que si las fiestas de la pasión, la primavera y de los cinco sentidos. Que si la copla como transgresión o válvula de escape del mariquita. A la vista de la Giralda que sigue señalando la herejía, solo nos queda lo que al penúltimo heterodoxo de Ramírez Lozano: caminar por la sombra.

Yo voy con ellos.

Daniel Lebrato, 2 de mayo de 2012

Sevilla, Geografía e Historia viene motivado por la lectura de Sevilla, un retrato literario (2011), de Eva Díaz Pérez. Nacida en 1971, Eva pertenece a la tercera generación que moderna o postmodernamente piensa Sevilla. Los primeros fueron Isidoro Moreno y Antonio Miguel Bernal, por delante de Gómez Lara y Jiménez Barrientos, años 90.

Sevilla es cainita y puñetera. Tan clasista como otras, la ciudad no deja indiferente. Lo menos crispado es la división entre Sevilla y Betis o entre Sevilla y Triana. Lo demás, mueve al amor o al odio. Semana Santa, los toros, la Feria. El grado de sevillaneidad o de sevillanismo (términos que significan idoneidad; no aristocracia, que sería sevillanía) va en proporción al número de festejos en que uno puede participar. Lógicamente, no cuentan la Bienal de Flamenco ni el Festival de Cine o el de Territorios, intercambiables con otras ciudades. Tampoco cuentan la vida al margen ni la vida al ritmo de tribus internacionales: jipis, góticos, antis sistema. Todos tienen su ciudad y su literatura. Y algún encontronazo.

La madrugá del año 2000, con su escenificación del Nadie conoce a nadie, de Juan Bonilla, marca ejemplarmente el choque de una Sevilla con otra. Años antes ya hubo conflicto cuando el Gran Poder quiso cambiar su itinerario de regreso y pasar por la plaza de la Gavidia, donde por entonces se hacía botellona todos los viernes. Más atrás, en tiempos de la UCD, estaba el Teatro Real, en Joaquín Costa, mundo bufo, inteligente y maricón que alentaba el Carnaval en la Alameda y en Cuaresma montaba sus Estrellas sublimes o Macarenas, guapas, guapas, guapas, en besamanos a base de klínex y papel de plata. Lo cuentan Molina Flores y Vicente Tortajada.

El calendario específico de Sevilla empieza en la Cabalgata de Reyes (fecha en la que las bandas de música cierran su año musical y empiezan el nuevo) y dura seis meses. En ese medio año la Sevilla que puede permitírselo sale de una fiesta y se mete en otra, anda de víspera en víspera, de resaca en resaca, encabalgamiento que ejemplifica el domingo de Resurrección, mañana de penitentes, tardecita de Maestranza. Es ciclo de primavera que pasa por el Rocío y se hace verano en Matalascañas. Tiene dos citas de cierre, las dos donde empezó: en la Catedral. Una es el Corpus y otra es el 15 de agosto cuando la Virgen de los Reyes. En el semestre festivo de Sevilla falta el Carnaval, que parece que huyendo de la gracia de la ciudad de la gracia se hubiera ido hasta Cádiz. Durante unos años fue una carnaval la noche del 7 de septiembre, vigilia de la Inmaculada, pero en esto llegó Palacio [arzobispal] y mandó rezar. Otra fiesta que no ha cuajado ha sido la feria de otoño o Feria de San Miguel. Y es que con el frío Sevilla tira al campo o la Sierra, días de candela y matanza. Nota: el señorito sevillano pasa este tiempo sin quitarse el traje oscuro de capillita que se puso el Miércoles de Ceniza.

En el postfranquismo, integrarnos en ese calendario parecía compatible con el cambio que esperábamos. La militancia en el PCE (en el que había una poderosa corriente de cristianos por el socialismo) casi identificaba reconciliación con las hermandades como parte de la política de reconciliación nacional. Luego vino Felipe González. Toda España bailaba por sevillanas y se iba a venir a la Expo en el Ave. En la Feria abrieron la Pecera y el Garbanzo Negro. El Cerro del Águila sacaba adelante dos hermandades, una de penitencia y otra al Rocío; también al Rocío, el Polígono Sur. Chavales de los barrios vestidos de capillita se venían al Centro a ver procesiones. Parecía que se abría y se compartía el tarro de las esencias, tan celosamente custodiado por la Sevilla de negro.

Pero la Sevilla de negro es mucha Sevilla y enseguida iba a demostrarle a la de colores quién manda aquí. Primero, porque los niveles de democratización empezaban a serle preocupantes y, después, porque la Sevilla católica y mariana iba a acudir con ímpetu (como segunda Roma que es) al rearme de occidente y de la religión, a demostrar su cara más auténtica, esto es, más integrista.

Nuestro intento se rompió por tres ejes. El eje de las clases (siempre las hubo y siempre hubo ricos y pobres), el eje de las creencias (Dios distingue a los suyos, de entre curiosos, laicos y diletantes) y el eje de la antigüedad (que en Sevilla es más que un grado). Tal y como se las gasta últimamente esta Sevilla, más que reconciliación, hubiera hecho falta una ruptura. No pudo ser.

LA CRISIS DEL LENGUAJE O EL LENGUAJE DE LA CRISIS (EL TITÁNIC, LA PRINCESA Y EL LEÑADOR)

LA CRISIS DEL LENGUAJE O EL LENGUAJE DE LA CRISIS
(EL TITÁNIC, LA PRINCESA Y EL LEÑADOR)

El Estado, en tanto acuerdo entre ingobernables, ha sido siempre mal mayor, monstruo o Leviatán. Psoe y pp, siguiendo rancias consignas democráticas, han hecho creer que existe un Estado del bienestar.

El bienestar según el psoe fue subvencionar conceptos como vivienda, educación o familia, y ayudas al consumo sostenible, política de fachada de igualdad de oportunidades con renuncia expresa a corregir la desigualdad social. Algunas de esas medidas fueron desde el principio demagógicas (plus por parto); otras encajaron como altruismo universal (sanidad gratuita) y hasta las hubo que provocaron el rechazo de la parte supuestamente beneficiada, como la gratuidad de libros de texto ‑¿Mi hija estudiando en un libro usado?‑ y un ordenador portátil por estudiante. ‑Como si eso arreglara el fracaso escolar.

Huérfano de teoría (hay que recordar que el psoe abominó del marxismo en tiempos de Felipe González), y con pce y sindicatos garantizándole la aceptación de la democracia (cuya transición habían firmado como ejemplar), el socialismo español creyó que el Titanic capitalista jamás se iba a hundir. Tanto fue to el mundo es bueno, que hasta el islámico tapadismo de género ‑contrario a igualdad y coeducación‑ se dio por bueno con tal de no violentar a su excelencia el si les gusta. Viva la gallina con su pepita.

España estaba a punto de adelantar a Italia y calentaba el sillón 21 del G-20. El Rey Juan Carlos mandaba callar al indio de Venezuela y ¿por qué no te callas? fue la camiseta de españolitos que no solo cambiaban de móvil cada dos por tres, sino de funda, con lo que aburre un teléfono siempre del mismo color. Junto a Venezuela y a Cuba se despreciaba a China, no cierran nunca los chinos, aquello son dictaduras y aquí estábamos en democracia. El crédito del Santander, las tiendas de Zara y los goles de la selección española de fútbol fueron la lechera de clases trabajadoras en tres generaciones elevadas a categoría de clases medias. Con ugt impidiendo la Central Única del Trabajo y con los sindicatos de pilotos y controladores tan lejos de los suyos, la clase obrera española estaba missing, desaparecida.

Cuando vino la recesión que llamó crisis, el psoe montó una trola formidable. Resulta que la culpa era del sector inmobiliario (menor, al lado de banca y finanzas) y no del capitalismo en sí. Y culpa también de la ambición de nuestras clases medias (no de las altas), por haber querido vivir por encima de nuestras posibilidades. Las medidas del Gobierno de Zapatero fueron, otra vez, lineales e injustas. Retrasar la jubilación y bajar el sueldo al funcionariado significa nada para quien viaja en primera clase por esta vida y es una auténtica putada para la tripulación, que va en tercera. Al tratar por igual trabajo cotizado por cuenta ajena, trabajo autónomo y no-trabajo (rentista), el psoe demostraba ninguna sensibilidad social y dejaba además al funcionariado a los pies de dos caballos: la empresa privada y la opinión pública, que juraría que qué bien vivís y qué vacaciones, de maestros: que haya colegio hasta julio. Del decretazo, al cainismo.

En su turno, el pp, como partido clasista que es, y en su afán de recortar, matiza el bienestar con factores de renta. Y se hará un lío. Ni tontos ni marxistas, pillemos al pie de la renta ese lenguaje. Será verdad la gratuidad total de servicios para quienes no tienen, y será verdad, por fin, que quien tiene todo pague todo.

Al Estado-Patrón hay que exigirle que ‑igual que regula el salario mínimo‑ regule el salario máximo. Que decrete una ley de derechos adquiridos: sueldo, jornada laboral y pensiones. Y que se ponga, como Estado, a trabajar. Que en vez de tutelar a la monarquía, Presidencia asuma la Jefatura del Estado. Que en vez de criticar el pueblo a la clase política, no haya clase política. Que Congreso y Senado se unifiquen y que no pueda nadie vivir de la política profesional, de la representación como oficio. Subvención cero a ugt y Comisiones. Que las fuerzas armadas trabajen de policías, bomberos o protección civil. Que España se declare neutral en el concierto de las naciones, con renuncia a la guerra y a la fabricación de armamento.

Que despierte el leñador y que la bella
durmiente despierte:
Vuelven las clases sociales.

23 de abril de 2012

¿Qué significa ni tontos ni marxistas?

¿QUÉ SIGNIFICA NI TONTOS NI MARXISTAS?

En ciencias sociales, no se conoce método de análisis y síntesis del conocimiento que supere al marxismo. No es que sea el método mejor; es que es el único. Pero lo mismo que a la gente de Media Markt no gusta que la tomen por tonta, tampoco gusta, o “no se lleva”, que nos tomen por marxistas.

Ni tontos ni marxistas nació como frase en respuesta a un artículo de Alfonso Lazo en el que el ilustre se despachaba con aquello de que la democracia es lo menos malo que se conoce, frase piloto del pensamiento tópico, más de derechas que sus muertos. (Donde muertos adquiere todo su sentido literal, porque los tiene, y muchos, la democracia.)

Ni tontos ni marxistas, no hace falta leer a Marx ni ser muy listo para darse cuenta de la vaina que nos venden por democracia. Estaremos de acuerdo en que la democracia mejor sería la más estadística. Contra la estadística y a favor ‑es un decir‑ de la democracia ahí están esos países que eligen presidente a su banquero (Pujol, Berlusconi).

El pilar de la democracia es ridículo y es el principio de “igualdad (todos somos iguales) ante la ley”. Riamos pues. Y no hace falta comparar los tratos que de la justicia reciben Garzón, Urdangarín o un vagabundo común. Aunque la justicia funcione, ya dijo Marx que todo derecho es el derecho de la desigualdad, o sea que, incluso tratando por igual a esas personas, la desigualdad se queda como está. Somos 364 días del año desiguales pero un día, el de las urnas, “una persona, un voto”. ¿Mande?

El mecanismo que consagra la desigualdad es doble: representación y profesionalización. Representación no es presentación, igual que el teatro no es la realidad. Si en teatro hay público y actores, en la democracia hay una clase política (activa) y una masa electoral (pasiva). Añadan censos, circunscripciones, sistemas más o menos proporcionales. Fijen un sueldo a sus señorías y unas condiciones para su mandato. Con ustedes: ¡la democracia!

Pero si la democracia fuese democrática, las clases trabajadoras ganarían por goleada. Si la democracia fuese democrática, resultaría un poder diferenciado de los otros poderes del Estado y ni la monarquía ni la banca ni las iglesias ni la milicia tendrían nada que hacer allí. Bastante sería que el banquero siguiera siendo banquero; y el señor obispo, obispo. De cuya existencia democrática (tema de la democracia social) habíamos dicho que no íbamos a hablar hoy, ni tontos ni marxistas ni demócratas.

comunistas.

Diez días que estremecieron el mundo
John Reed (1919)

Que siguen los rusos en tu patria / y que nunca llegaron a la mía
Jesús Munárriz (1975)

De tanto ir por la vida en igualdad y a fondo común, uno se hace comunista,
y eso, al margen de la propaganda anti y de las malas prácticas reales
que ha conocido la humanidad en nombre del comunismo
Ni tontos ni marxistas (2012)

Guion gráfico. Storyboard.

No hay línea de Alta Velocidad que no haya costado un plus en vidas humanas. Obreros que se precipitaron al vacío desde un viaducto o por aplastamiento por estructuras que se les vinieron encima. Aun tomadas todas las medidas de seguridad e higiene en el trabajo, el accidente es inevitable. Lo cual no consuela a la familia de la víctima, que pensará ‑con razón‑ que siempre mueren los mismos, no ingenieros ni accionistas de la empresa constructora. Otro modo de verlo es que los muertos a buen seguro hubieran preferido otra política de obras públicas. Menos Ave y más viviendas, escuelas y hospitales en sus barrios obreros, si es que tiene que haber ‘barrios obreros’. En fin. Para pactar el tema, podemos aceptar un número de bajas por kilómetro en comunicaciones, por último, el progreso. No diremos lo mismo de los caídos por Keops o Notre-Dame, obras levantadas a mayor gloria de un solo hombre, el faraón, o de una casta, sacerdotal. Tampoco en la exótica medina somos ajenos a que buena parte del exotismo lo aportan las mujeres tapadas, por ellas o por sus varones familiares. Da igual. Una costumbre que no progresa. Una cultura que lo permite. Una religión que invade espacios que deberían ser laicos en todas partes ‑como derechos humanos‑, paisaje humano “sin discriminación por nacimiento, raza, sexo o religión”. ¿Les suena? Sin tapadas en la Yemá y sin parias en Benarés se perderá exotismo pero se ganará en salud y civilización. Y la misma lógica, a las corridas de toros. El Coliseo de Roma, mejor sin sangre de gladiadores.

Panorámica. Milenios y milenios de costumbres, cultura o religión (esos horrores) se enseñan en colegios y se inscriben en Constituciones. El pretexto es que el mundo no conoció su bondad, caso de unos Derechos Humanos, “que no se cumplen”; caso de un Reino de Dios que “ojalá se cumpliera aquí en la Tierra”. Obreros muertos, mujeres maltratadas y animales intocables se venden como civilización, y se está a la espera. Que si un mundo mejor, otro mundo es posible. En cambio, no se da la más mínima oportunidad a la utopía social. Primer plano. Puede usted seguir tapando a su mujer y abrir comercio respetable. Puede darle permiso o ella tomárselo para quitarse el velo en pie de igualdad. Voz en off: ¿No serán ustedes comunistas?


Vuelta atrás (flashback)

Toma 1.

Desde la Gloriosa Revolución, inglesa de 1688, hasta la Revolución de los Claveles, Portugal, 1974, en todas las revoluciones coinciden una guerra y un pueblo que pasa hambre. Un soldado ruso apunta al zar.

Toma 2.

El soldado se cuestiona en la guerra lo que en tiempo de paz ya era evidente. Cuál es su bando. Una patria o una clase social. Si es por patrias, yo francés y tú alemán, podemos pegarnos unos tiritos. Pero, si es por clase social, los dos obreros, no vamos a matarnos por intereses de la patronal.

Toma 3.

En tiempo de crisis ‑esa otra guerra‑ la emigración anula el factor nacional y el trabajo se paga por su cotización mundial: ingenieros con ingenieros, mano de obra con mano de obra. La patria era el lujo que podíamos permitirnos.

Toma 4.

Dos fechas. 1848. Manifiesto comunista. 1948. Fundación de Israel. Hoy sabemos lo que los muertos de las dos Guerras y del Telón de Acero no podían ni imaginar: que Rusia y Estados Unidos, Merkel y Sarkozy iban a darse un beso.

Toma 5.

La gran guerra del siglo no fueron las mundiales de reparto capitalista. La gran guerra fue contra el socialismo, forzado por el bloqueo a socialismo en un solo país. Un solo país significa el fracaso del internacionalismo, de la Internacional.

Toma 6.

De la Primera a la Cuarta, las Internacionales van a compás de la historia. Las de 1889 (centenario de la Revolución Francesa) y 1900, dieron la Internacional Socialista. La de 1919, la Tercera, Comunista. La Cuarta, 1938, ya será el sueño de Trotski por una revolución mundial. Che Guevara exportó otra revolución, otra internacional: la guerra de guerrillas. Del Che hicieron camisetas.

Toma 7.

Noviembre de 1989. Quienes saludan con euforia la caída del Muro de Berlín, ignoran lo que espera a la pobre gente: mendicidad, emigración, subempleo, mafia y xenofobia. Lo dice mi asistenta, que es rusa y desconfía de las rumanas, y lo dicen los mendigos por el puente Carlos, Praga.

Toma 8.

El guiño de Occidente funciona mientras que el desarrollo y la cuota de mercado pinten bien para las clases trabajadoras, de pronto convertidas en clases medias y sus organizaciones, en cómodos partidos y dóciles sindicatos.

Toma 9.

Veraneos con niños saharauis. Oenegés sin fronteras. Galgos por la Alameda. Especies protegidas que habrá que comerse en cuanto apriete el hambre.

10. Epílogo

Después de Berlín, el progresista se declara por la paz y no violencia, no por la paz y el desarme. Se lleva ser crítico con la democracia pero con la muletilla de que es el menos malo de los sistemas posibles. Se lleva ser antisistema aunque asociando bienestar a dinero y dinero a sistema porque “eso es lo que hay”. Esta postura es de raíz posmoderna (Umberto Eco, Apostillas, 1987). Ya nadie puede ingenuamente hacer declaraciones de amor al capitalismo pero, salvando las distancias, podrá seguir amándolo y vivir del cuento como intelectual o como artista sin parecer un yupi o un pringado de mierda. Más claro, el 15-M.

11. Créditos

Alguien calcula las víctimas y atropellos del ismo comunismo, incluyendo todo el terror rojo que nos han contado y todos los Paracuellos de este mundo. Calcula luego el peso en sangre de otros ismos. Salen más atrocidades con cargo a cristianismo, religión o progreso. Sin embargo, se elevan a la Alianza de Civilizaciones. Lo que no va en civilización, va en cultura o en costumbres. Y, si no, en democracia. O en libertad o en si les gusta.

12. The end

En la misma hoguera que el estalinismo, arde el socialismo, fase primera hacia una sociedad sin clases sociales, que sería el comunismo. De paso, se quema el marxismo, esa dialéctica que explica la historia como una sucesión de sistemas económicos. Se termina haciendo creer que era el marxismo ‑no la economía‑ el causante de la lucha de clases. Muerto Marx, se acabó la Historia.

13. Toma falsa

Tráiler del siglo 21. Torres Gemelas. Alguien se sube al metro. Parece Londres. Pero es Atocha. La toma, desgraciadamente, es real.

IGUALDAD

IGUALDAD

De los tres lemas soberbios de la Revolución Francesa, libertad, igualdad y fraternidad, solo la igualdad es absoluta. La fraternidad es de carácter altruista, algo parecido al amor al prójimo modernamente desarrollado en forma de oenegé. Ser fraternos no cuesta nada, y la libertad…

La libertad la entendemos en tres planos: en un plano metafísico, en un plano político y en un plano individual. La libertad metafísica nos iguala, así que no hay para qué hablar (ni de ella hablaban los revolucionarios franceses). La libertad política que da libertades civiles ha sido fácil de redactar en constituciones y declaraciones pero de qué valen esos derechos si la mayoría no se los puede costear. Ya te diré cuando me compre el yate.

Libertad es elegir y elegir, ni elegimos nacer (fuimos nacidos) ni elegimos la cuna y clase social. A partir de ahí, la mayoría se va de este mundo sin saber qué es la libertad. Simplemente, porque quien manda en sus vidas no es ni libertad ni igualdad ni fraternidad, sino necesidad. Los acomodados del primer mundo no queremos ver este estado de necesidad que padece el tercero y por eso le aplicamos al mundo indigente graciosas categorías y valores espirituales que conformen su espíritu. No me dirán que no quedan graciosas nuestras consignas de realización personal (sé tú mismo, tú a tu bola, si es lo que te gusta) aplicadas al negrito muerto de hambre de nuestros sueños oenegeros (antes domundgueros). Solo por esa falta de libertad que padece quien solo piensa en sobrevivir, merecería la pena repartir con ellos nuestra igualdad, esa que sostiene nuestro derecho al sé tú mismo protagonista de nuestras vidas: yo artista y ella abogada. Aunque entre derecho o arquitectura, o entre tocar el violín o escribir novelas también nosotros elegimos muy limitadamente.

La clase que hereda ni elige ni le hace falta, no es libre más que para salirse del guion de lo previsto: es la libertad de la duquesa que salió roja y lesbiana, la del príncipe inglés que por amor a una plebeya renunció a la corona. Aparte de estos colorines, la herencia impone su necesidad: la de asegurar esa línea que hará del infante futuro rey, y de un otro mocoso, terrateniente o ganadero. A otra escala, también de la farmacia sale la hija farmacéutica y donde hay tienda o taller, tenderos o mecánicos herederos.

Libertad libertad solo se tiene y se practica cuando la necesidad (de sobrevivir o de heredar) no aprieta y donde una estrategia individual puede dar una vida u otra. Desde El lazarillo de Tormes la libertad es de clases bajas que quieren venir a más y que tienen las justas luces, las habilidades de imitación como para arrimarse a los buenos y ser uno de ellos. La libertad es la novela y la novela es libertad. Fuera de cuatro casos ejemplares, las clases medias ejercemos poquísimas libertades, elegimos lo mínimo que se despacha: si estudiar o no, si ciencias o letras, cosas así. Ni en el amor hay libertad. El amor de nuestra vida no es más que un mito para consumo interno de las parejas que se quieren bien y se subliman como nacidos el uno para el otro. La verdad es que queremos (y dejamos de querer) a quien se pone en nuestro camino, y ese camino está lleno de nuestras limitaciones y de las limitaciones de las otras personas: encontrarse, conocerse en el momento oportuno, casualidades.

Me nacieron en Ciudad dentro de una familia clase media. Me pudieron dar estudios y con esos estudios elegí hacerme funcionario profesor. Dentro de poco me jubilaré sin haber cambiado nunca de trabajo. A las mujeres de mi vida, a una la conocí en la facultad y a otra en el instituto donde ella vino destinada. Es verdad que dentro de un margen hubiera podido elegir otra carrera y que a lo peor, si no hubiera yo aprobado las oposiciones, estaría ahora trabajando en un colegio privado; que hubiera podido sumar otra licenciatura a la de Filología; que hubiera podido quedarme en la Universidad. En el plano familiar, en vez de tener dos hijos hubiera podido tener tres o tener ninguno. Cuando la paguita dio algún ahorrillo, pude irme a la Sierra y después pude vender la Sierra y comprar algo en el Mar. Mi libertad es un cruce de voluntades. Fui libre para hacerme la vasectomía, para no romper mi primera relación de pareja, libre para hacerme homosexual, libre para escribir o no los libros que tengo escritos. Fui libre para acceder a mi primer ordenador y, con permiso de mi analítica, soy libre entre cubata o cerveza. Una sola pieza que yo hubiera cambiado en mi vida, mi biografía hubiera sido distinta, pero básicamente mi vida estaba ‑está‑ escrita, entre genes y adeenes, casualidades y circunstancias como las que he contado por encima. Mi libertad compartida deja nombres que hubieran podido ser otros: Javier, Juan, Juan Rabadán, San Isidoro, De quien mata a un gigante, Citroën, Sanlúcar de Barrameda están en mi vida porque yo quiero y porque los he podido querer. Así, puedo decir con Machado que al cabo nada os debo. Aunque sí debo. Basta que el Estado patrón me rebaje el sueldo, como ha pasado y está pasando ahora, para que mis libertades (en igualdad) disminuyan. Dadas las formas de vida, no es probable que mis hijos cuiden de mí en la edad provecta y entre consultas médicas y quirófanos a la vista, parte de mi dinero-libertad sé que lo tengo que destinar a una jubilación y a una vejez dignas.

Entre la libertad y mi libertad, la política, quiere hacerme creer que disfruto de libertades cívicas. Para ello, me hablan de Constitución, elecciones libres, votaciones en urnas de cuatro en cuatro años. Pero eso no es libertad ni igualdad. En el mejor de los casos, sería estadística. Mi libertad no estuvo en el franquismo, ni en la transición, ni con Felipe González ni con Aznar ni con Rajoy. Mi libertad no la veo en los sacrosantos conceptos o instituciones: cultura, civilización, occidente, OTAN, Europa. Y aunque una vieja teoría de raíz cristiana me ofrece siempre la fraternidad como salida, y esos modelos (Gandhi o Teresa de Calcuta) supuestamente altruistas, mi fraternidad se limita a condolerme del mal ajeno, a sufrir (tampoco mucho) con quienes sufren. Gracias a mis cultivos fraternos no soy un hijo de puta. Me duele ver que hay quien busca en los contenedores la comida que me sobra, altramuces del cuento de Patronio, cáscaras que otros aprovechan.

Del total de mis actos en mi vida adulta, cinco de cada siete tienen una motivación económica, quiero decir: para ganar la vida. Supongamos que sábado y domingo son más de mi libre disposición, pero también mi tiempo libre está predeterminado, sigue un guion. Mis compras, mis planes, mis viajes, mis lujos siguen dependiendo de mi jornada y mi jornal. Ya pueden políticos y constituciones democráticas garantizarme libertades, que nunca iré a aquel hotel de lujo. Ya pueden poner se vende campo de golf. Alguien lo comprará con su libertad porque mi libertad no me alcanza.

Biblias y Constituciones son el cuento de la lechera de la igualdad y los cuentistas debieran dejarnos en paz. Eso abriría paso a discursos menos cínicos. Valores como cultura, civilización o democracia lucirían como lo que son: no joyas de la humanidad sino bisutería para la ocasión.

Ni tontos mi marxistas, la igualdad la practicamos en nuestros círculos inmediatos. En igualdad, mi pareja, en igualdad la cuenta que pagamos en los bares. En igualdad, mi derecho y el tuyo. De tanto ir por la vida en igualdad y a fondo común, uno es sanamente comunista, y eso, al margen de la propaganda anti y de las malas prácticas reales que ha conocido la historia en nombre del comunismo. Quien sepa de otra utopía más igualitaria que el comunismo, que corra pronto a decirla. Quien sepa de otra égalité.

daniellebrato@gmail.com, febrero de 2012

pública o privada

silla de ruedasPRIMERO

Mientras discuto entre enseñanza pública o privada me olvido de que la respuesta no es ni una ni otra sino la superación de ambas: la enseñanza única, igual y gratuita a cargo del Estado. La educación de las personas no puede ser negocio ni siquiera concertado.

SEGUNDO

Es falso que estudiemos para trabajar. Estudiamos exactamente para lo contrario: para no trabajar o, por lo menos, para no trabajar en lo más duro, en lo más indigno y en lo peor pagado. Con esa certeza, queremos para los nuestros la mayor y mejor capacitación que podamos darles, lo que va unido a una buena carrera. Quien estudia, aspira, mediante la titulación, a igualarse con las clases herederas y rentistas. Con ese horizonte, la enseñanza privada es tan lógica como el beneficio privado o la explotación de unas personas por otras.

TERCERO

La distancia que Ortega quería para la justa contemplación del arte contemporáneo habría que aplicarla al pensamiento crítico. El pensamiento crítico no emocional es comparable a un cuadro: demasiado de cerca, el cuadro no se ve. Si me preguntan mi opinión sobre el tema La enseñanza, ¿pública o privada?, no debo aportar mi opinión personal antes de tiempo. Igual que en el comentario crítico para Selectividad, mi opinión debe figurar al final. Antes, tengo que pensar el tema como quien dice ‘al vacío’. Objetivamente. Con la objetividad de un buen árbitro. Como si el tema no fuera conmigo.

1. Vivimos a trompicones, aunque rechazamos la improvisación. Lo mismo que en pareja gusta el tópico de la media naranja y del estamos hecho el uno para el otro, con olvido del azar que nos trajo aquí. Así, hacemos pasar por voluntario, coherente y planificado lo que en realidad fue forzado, incoherente y azaroso. A la enseñanza privada hay clases acomodadas que llegan porque esa enseñanza siempre fue la suya. Pero la gente que yo más trato y conozco justifica ahora una experiencia casual: trabajan para la privada o mandan a sus hijos a la privada simplemente porque es lo que hay o lo que hubo: hace años, para buscarse un trabajo; ahora para escolarizar a la prole.

2. El principal problema que presenta la privada, es que está ahí, quiero decir que la han puesto en condiciones de que nosotros la necesitemos o la percibamos como útil (por el sitio donde está el colegio, por la enseñanza esa especial que da, etc.). De esta manera, la enseñanza privada se presenta como una opción, es un hecho aceptado que yo tengo que aceptar también. De ahí al debate no hay nada. Esa es la trampa. Mientras discuto entre pública o privada me olvido de que la respuesta no es ni una ni otra sino una buena, igual, plural y democrática y gratuita enseñanza única para la formación de individuos iguales o con vistas a la formación de individuos iguales.

3. De los tres lemas de la Revolución igualdad, fraternidad, liber-tad , la clave (por donde el sistema no pasa de ninguna de las maneras) está visto que es la igualdad. La fraternidad es de índole altruista. Y la libertad se ha vendido a doña democracia, señora del señor liberalismo: un voto cada cuatro años y a otra cosa, mariposa, ya eres libre. Todavía hoy cuando con la crisis se está viendo la poca libertad y la ridícula democracia que tiene quien no tiene dinero o poder la gente se agarra a las libertades democráticas: las libertades democráticas puede que no estén vigentes, pero siguen siendo deseables, como el reino de Dios, que tampoco se ha cumplido; o como el premio gordo, que todavía no me ha tocado, pero ya veremos.

4. Con la igualdad no se juega. Quien dice que el dinero no da la felicidad, que iguale su dinero y el mío, y ya veré yo si igualo también mi felicidad con la suya. A medida que crezcan la idea y el sentido de la justicia, la igualdad será la única moneda de cambio entre personas, precisamente porque entre iguales se puede cambiar cualquier cosa (bonos del tesoro o servicios sexuales), sin nadie que interprete por nosotros qué nos hace felices.

5. Derechos que no son para todos no son derechos, sino privile-gios. Una sociedad mísera y pobre ya puede escribir en su Constitución el derecho a la propiedad y a la riqueza, que no por mucho que lo escriba se enriquece más temprano. El llamado derecho a la libertad de enseñanza es derecho exclusivo de las clases dominantes. Decir libertad de enseñanza es como decir libertad de comercio de coches Ferrari o de diamantes en bruto.

6. Punto de partida: la enseñanza depende del sistema económico. Esto que se dice pronto y parece tan obvio y que todo el mundo lo sabe hay que ponderarlo suficientemente. El sistema tiene un nombre, y hay que dárselo: capitalismo, señor. Lo que es bueno (y malo) para el capitalismo, es bueno (y malo) para el sistema de enseñanza, criatura suya. El capitalismo invierte en enseñanza porque de la enseñanza espera (1) la formación profesional y (2) la reproducción del capitalismo como sistema dominante. Donde dice formación profesional se escribe educación, cultura, saber: el sistema exige (3) una mano de obra cualificada distinta de (4) unos cuadros técnicos y dirigentes. Lo de reproducción del capitalismo como sistema dominante no hace gracia: quien así se expresa es, sin duda, marxista. Ni tontos ni marxistas, lo llamaremos, pues, economía, producción, bienestar o libre mercado. Presidido, eso sí, por el principio de igualdad de oportunidades.

7. La igualdad de oportunidades se asienta en una doble falacia: (5) la falacia del trabajo y (6) la falacia de la capacitación personal. Todo el mundo sabe que (7) trabajar por cuenta ajena es una condena y quien pueda hará muy bien en (8) trabajar por cuenta propia, incluso en (9) no trabajar. En este sprint no participan (10) rentistas y herederos, que viven sin trabajar. Y trabajo no es esfuerzo, sino esfuerzo físico para que otro nos pague para ganar la vida. No es trabajo ser rey ni poeta ni músico. Trabajar es que te den equis euros hora por bajar a la mina o poner ladrillos a una casa que no será tuya.

8. La libertad de enseñanza da a elegir algo que nadie elige. La in-mensa mayoría, porque sin igualdad no puede permitirse más que la enseñanza que le den o pille cerca; y la minoría, porque no elige: sigue un plan preestablecido por su conciencia y casi siempre por la santa madre Iglesia, pesadísima en esta materia, intolerable si hubiera la necesaria y democrática separación Iglesia Estado. Y no nos diga la Iglesia que el catolicismo es democrático porque es la religión mayoritaria entre la población. También es mayoritario el PP y se presenta a elecciones.

9. A esas alturas de la película, la libertad se limita a que una niña de familia bien y de zona céntrica pueda elegir entre estudiar en el instituto más cercano o en el colegio de esclavas o concepcionistas. O sea, ella puede elegir la pública (el Estado) pero la pública (el Estado) no puede elegirla a ella. Por ahí se escapan también esas cabecitas rubias que en sus colegios de nobles aprenden a ser letizias o urdangarines. Qué fatiga.

daniellebrato@gmail.com, 18 del 12 del 11

Coplas del Carril Bici

Daniel Lebrato Sanlúcar abril 2014 (9)

[ LA VELOZ ]

No soy la máquina azul de tus sueños

ni me espera un maillot por los Campos Elíseos.

No soy la verde ni entre el verde de los parques
ni hago el domingo ningún domingo por la mañana.

Los lunes al trabajo no imparto ideología.

No soy la roja.

Me miran y desconfían los policías.

Me miran y desconfían los ladrones.

No me quieren los chicos del barrio.

Media ciudad me pita y la otra también me pita.

Mi amor es un autobús, tal vez alguna moto.

Ni azul ni roja ni verde ni amarilla.


[Todas las rimas
en -eta van en contra
de bicicleta.]


[ CANCIÓN DEL PIRATA ]

Con diez piñones por marcha,
platos tres, a toda biela,
no corta el tráfico, vuela
por su sitio y su carril

aquel gimnasta que llaman,
por su postura, el civismo:
en todo el mundo el ciclismo
lo hicieran todos así.

Y si freno,
¿qué es la bici?
Por frenada
ya la di

cuando hicieron
la ordenanza
del plan bici
para mí.

Que es mi bici mi tesoro,
mi carril mi libertad,
mi luz, mi casco bien puesto,
mi única patria, el pedal.


Al pan, pan,
y a la bici, cleta.

Veni, vidi, bici.
Lo dijo el César.

Tu bbc [tubí bisí]
es ser bicí,
por un francés.

La vichyssoise.
La bici elige.

Venid y vamos todos
con bicis y a lo loco.

Canción de Brel:
Ne me pites pas.
Después vendrá
My way.

La bici se vicia
y da la sevicia.

La Bici y la Visa

Pigmento biliar:
la bicirrubina.

Pa que te enteres:
no es lo mismo ir marcando,
que ir de paquete.

Bici ripiosa:
la que saca las rimas
de cualquier cosa.

Bicicleta escaldada,
de las calzadas,
huye.

Bicicleta con guantes
no caza a viandantes.

Bicicletas caracol,
col, col: las que apabullan
hasta en las bullas.
Deja las bicis al sol.

Bicicleta bonsay
te quedas, si te quejas
de lo que hay.

Bicis de clase y clases.
Clases de bicis.

Quien Marx quien menos,
las bicicletas andan
por los extremos.

¿La bici entre las abuelas
y los carritos?
¡Metamorfosis, colegas,
digna de Ovidio!

Qué bicis tan diferentes,
la mía y la suya,
señor presidente.

Verte y no verte.
Tú, por la acera.
Yo, como siempre.

Sillín alto y sin miedo.
No esas máquinas Sínger
que van cosiendo.

Manda pedales
que algunas bicis sean
mis semejantes.
Vergüenza ajena,
que mi bici y la suya
se les parezcan.

Bicicultura
quiso darle a la bici
otra lectura
como era antes
tan normal por la vida,
no militante.

Bipartidismo
es también la postura
coche o ciclismo.

Valiente con las aceras,
y con los coches, cobarde.
Plan Bici. Lo adivinaste.

Lo que se dice
carril, no es
la acera-bici.

Quién dijo que el carril fuera
la bici por las aceras.

Ya viene el óscar,
que el carril nos lo han puesto
de alfombra roja.

Dialogaban las bicis
con las motos, las motos
con los coches, los coches…
¡…otra vez solos!

Diálogo fue el prólogo
de una ciudad no escrita
que dio en monólogos.

Manda sillines
el coche que ahora nos dice:
¡al carril-bici!

Esta película
ya la hemos visto:
las bicis, a las aceras
y a la reserva, los indios.

Por ciertos conductores
que nuestro bien desean,
se dijo lo de ¡móntate
aquí, y pedalea!

Como reyes antiguos,
reparten los alcaldes
lo que no es suyo.

Tantas señales
y tanto asfalto rojo,
con lo que valen.

La calle estrecha.
La bici. Un coche,
detrás, muy cerca.
Si acaso, acoso.

Calles antiguas,
qué pesadilla
con los sillines
y el manillar
porque el alcalde
pone las calles
con adoquines
sin refilar.

Dice el pavés:
coge tu próstata
y sígueme.

Ritual anal, gimnasio,
granito en bruto,
la bici es un taladro
dando por culo.

Cómo quieres que circule
por la derecha,
si, entre husillos y otros baches,
esto es la guerra.

Un día me mato
y dirán que la culpa
la tuvo el casco.

¿Quién dijo: ponles
para el giro a la izquierda
paso peatones?
Mi maniobra,
que no ponga en peligro
la vida. Y sobra.

Las cosas como son:
el carril es mi derecho
y no mi obligación.

Es mi derecho
coger o no el carril,
ya que lo han hecho.

Haz tu camino.
La bicicleta escribe
la ciudad como Dios,
con renglones torcidos.

Piérdete en bici.
No te la pierdas.

Cuánto capullo,
ayer, ciclista al margen;
hoy, con orgullo.

No sé qué tocan.
Si el timbre o las pelotas.
No sé qué tocan.

Esos modales
parece que los vieron
entre alemanes.
Hay otra Europa
y otras bicis modelos.
Todo es fijarse.

Peatonal significa
no pensar demasiado
ni por dónde se pisa
ni ir pendiente del tráfico.

Dicho en Machado:
la bici en que vas no es
bici porque te vean;
es bici porque tú ves.

Dicho en don Juan:
burlador de la bulla y
convidado de rueda.

Armados van los guerreros
ciclistas entre la gente.
Que no se diga, si pasa
algo, que ha sido accidente.

Casco, guantes, luz, la blusa
reflectante de amarillos,
que los abuelos por las aceras
son un peligro.

El casco puesto.
No pierdas las ideas
que llevas dentro.

El carril-quillo
es coger patulea,
y al Alamillo,
y algún domingo,
con la poli de escolta,
pegar el grito:
¡Más carril, quillo!

Quién te ha visto y quién te ve,
tanta placa Carril-bici
y entre carros de bebé.

Secreto a voces:
la bici, el buen humor;
colesterol, el coche.

Van dos personas,
una en su coche
y la otra en bici,
y al poco rato
una está que la ingresen,
la otra cantando.

Ni la capa de ozono
ni ese cambio climático
tienen mucho que ver
con lo bien que lo paso.

El camino más largo
y el camino más corto
entre dos puntos.
Y no digamos,
pedaleando juntos.

La gentil con las personas,
la que hablaba con los coches
sin gritar. Suicida o loca.

La bicicleta andante,
lo dijo Sancho Panza
¿o fue Cervantes?

¿Quién delante y quién detrás?
Del pura sangre le viene,
de caballeros ingleses,
al tándem lo que será.

En la mesa y pedaleo
se conoce al caballero.

No me llames cicletero,
que también yo tengo coche
y hasta pies para qué os quiero.

Comunidades.
Lo que sufre una bici,
nadie lo sabe.

La bici: –Ustedes,
¡qué sabrán de subirse
por las paredes!

Veo y no veo
las bicis por los balcones,
como Romeo.

La bici sueña
con otro mundo
sin las cadenas
de Segismundo.

Ya que voy a la oficina
lo mismito que vas tú,
no querrás que vaya, encima,
como si me fuera al Tour.

Si me llamas Induráin,
lo agradezco en lo que vale,
pero, puestos a llamar,
déjame en paz. No me llames.

La bici de mi casa
es particular,
cuando roban la roban,
como a las demás.

Ladrón de bicicletas
no habría si no hubiera
quien luego va y las compra,
domingo y de chaqueta.

Mucho me hablas de las bicis
sospechosas, delincuentes;
más me hablaras si robaran,
no mi bici, tu Mercedes.

Seguridad ciudadana
es que razonemos todos
como razonan los fachas.

Las bicis son propensas
a la reencarnación,
aunque a alguna le cuesta:
¿quién como yo?
La veloz.

Bicicleta laboral.
De ocho a tres, de tres a ocho.
Termina en ¿dónde la dejo?
y empieza en ¿cómo la cojo?

Sin seguro y talleres,
un pinchazo y te mueres
o te llenas de grasa.

No en contramano.
Es que voy por la izquierda,
peatón con ruedas.

Peatón con ruedas:
vehículo o pie a tierra,
según convenga.

Si me salto un semáforo
en rojo, me pones verde.
Ya en verde, paso.

No te sofoques.
¿No dijisteis: las bicis,
con los peatones?

Si me pitas, ¿me pitas
por envidia o caridad?
Se dijo así la veloz,
no por correr:
por llegar.

Chupa rotondas,
tú, que vas en tu coche;
yo, por la sombra.

Chuparrotondas
se dice de bicicletas
que son pelotas.

Por la derecha,
la ciudad se conserva
conservadora.
Y por la izquierda,
la nueva ¡hola!

La mejor táctica
no apocalíptica
es hacer práctica
de masa crítica
todos los días.
Y a ver.

Silenciosas y amantes
de la inercia, algo tienen
que ver las bicis
con aviones y trenes.
Y con las motos
viven su historia
de amor y odio.

Yo, a mi burbuja,
y tú, a la tuya,
que las bicis no quieren
ser sepulturas.

De la bici a la U.C.I.,
decide. Tú conduces.

Por la calzada, las bicis
y, si nos pitan, que piten.

Dale que dale,
que me muero por verte
dando pedales.


[ CANCIÓN DEL PIRATA. 2 ]

Y SI VOY SIN
bici, andando,
desde cuando
la vendí,

cojo el taxi, el
bus, el metro,
y hablo más
con mis veci-
NOS.

QUIEN LE PUSO
“la ciudad de
las personas”,
venga aquí.

Sin aceras
que merezcan
(para andarlas
en pareja),

mi ciudad es
“de carril”.

EL ASCENSOR (ELOGIO DEL ESTUDIO)

1.

Chocante fue el fenómeno mileurista. ¿No eran más sangrantes los casos cien euristas o basuristas (que hurgan en los contenedores)? Con enfoque clases medias que no saben cuándo se irán de casa sus estudiantes, el problema eran los sueldos de ¡mil euros! Ahora, si el mileurista 15-M hiciera algo por conectar con la población en paro, ¿la democracia real?, no sabemos: la explosión social la tendríamos en dos días.

La mercancía mano de obra del primer mundo llevaba un tren de vida imitación de sus clases dirigentes. En España, hombre o mujer con trabajo aspiraba a tener: casa, ducha de agua caliente, desayuno puesto, dieta cuanto más sana más cara, familia escolarizada, coche, aparatos, adaptación curricular en el trabajo, seguridad social y prestaciones más allá de la jubilación, con fox terrier y segunda casa en la playa.

La cosa funcionó mientras el contraste fue entre parias de la India (poco motivados) y obreros de mono blanco de alto rendimiento, tipo Renault o Seat, con el consentimiento de las clases obreras suecas o alemanas, y mientras coló el I+D o el I+D+i. Pero desde que entre el tercer y el primer mundo se ha impuesto el segundo (Brasil, Turquía), y desde que las clases suecas o alemanas podrían quedarse en cuadro, el sistema lo tiene claro: ¿España? Como Taiwán. Y quien compraba en Zara ropa etiquetada made in China, directamente, hala: a comprar a los ‘chinos’.

2.

Lo que llamamos patria es un tiralíneas de horizontales y verticales. Son horizontales las relaciones entre iguales y verticales las relaciones jerárquicas. De la crisis podríamos salir acortando diferencias entre las clases trabajadoras y la clase capitalista. Al revés, andamos pidiendo trabajo, empleo: que nos exploten más. Como en la antigüedad, cuando los esclavos no querían ser libres porque la libertad era el despido. Aparentemente. Porque lo que una minoría zorra y privilegiada quiere no es que la exploten sino explotar, no es trabajar sino que le trabajen. Son quienes han dicho de España, su patria, que aquí no invierten porque, como en el anuncio de La Casera, si no hay márgenes suculentos, pedazo de plusvalías, nos vamos (a Taiwán, a Suiza). Son quienes cuando el PP (si me necesitas, silba) silbe, levantarán el boicó que le tienen a España y querrán volver a invertir sobre un paisaje laboralmente devastado.

Para el caso, quien no tenga más que sus manos que ofrecer, estará a lo que caiga, pero quien tenga una buena formación profesional podrá, quizá, coger el ascensor, trabajar en la parte de arriba, en los pisos superiores de la cadena productiva. Ni tontos ni marxistas, si por mantener su categoría tienen que irse fuera, se irán igual que las inversiones y las empresas. Su nación era es y será buscarse la vida y, por buscarse la vida, se nacionalizarán donde haga falta y a España vendrán, como el Nescafé: por Navidad. Una España terciaria a tope, todo el mundo hablando inglés para el turismo, mucho AVE y energía solar y eólica, que sobran sol, levante y tramontana. Spain seguirá siendo different y beautiful, pero ser español será una mierda.

3.

Y quienes aspiréis a vivir literalmente del arte, desconfiad. O sois de verdad Messi o Mozart, o sobran genios. El más tonto hace lápices, se decía. Ahora, el más tonto toca la flauta, pinta cuadros, escribe poemas o artículos de opinión.

PASTORES Y BORREGOS

1. Tesis

En el libro de texto aprendíamos que la teoría política es hija de El espíritu de las leyes, de Montesquieu, 1748. Montesquieu pone por escrito lo que ya pasaba en la corte inglesa, que el rey reina pero no gobierna, y propone que el viejo poder absolutista se divida en tres: gobierno, parlamento y judicatura. Casi un siglo antes, Thomas Hobbes (Leviatán, 1651) había teorizado el contrato social como base del estado, después de que John Locke estableciera que el poder reside en el pueblo (Tratado sobre el gobierno civil, 1690). A la caída del antiguo régimen, siguió el ascenso de la burguesía como clase, y el de la clase obrera, que fue poniendo en evidencia el raquítico sufragio censitario, por niveles de renta, y acabó imponiendo el sufragio universal. No lo decía el libro, pero en 1933 la República Española reconocería el voto de las mujeres. La teoría política daba un salto de trescientos años, hay que decir, a remolque de los acontecimientos: revoluciones inglesa, francesa y rusa, América independiente, repúblicas.

Las teorías de Hobbes, Locke y Montesquieu se parecen en un punto, que son cuatro: elección, delegación, representación y mandato. El pueblo en asamblea (polis, ágora, censo o electorado) elige y delega en quienes mejor lo representan (aristoi, diputados o senadores), que rinden cuenta de su representación al final de un periodo por algo llamado mandato. Buscando fuentes y bibliografía, la nueva democracia se remontó hasta Grecia y trajo una clase hasta entonces poco o nada perfilada: la clase política. Si la estrella del político podía ser fugaz, el político perduraba en su partido, moderno príncipe de Maquiavelo (1513).

En ese dibujo se pasaban por alto dos teorías políticas. Las de anarquismo y socialismo científico ‑de Bakunin y Marx‑, tan sólidas como diferenciadas en 1872, fecha de la Primera Internacional, una y otra coincidentes en un mismo horizonte: la disolución del estado. Internacionales, hubo: la Segunda (1889: socialdemócrata), la Tercera (1919: comunista) y la Cuarta (1938: trotskista). Tanta Internacional bordea un mapa del siglo 20 entre guerras mundiales y bloques a un lado y otro del figurado telón de acero (1945-1989). Caído el telón, occidente se las prometía muy felices, aunque con tal de reventar la experiencia soviética, había jugado con fuego: el fundamentalismo religioso, que traerá consecuencias; aquí Wojtyla y allí Bin Laden.

Soviet significa consejo y expresa una participación no por urnas y partidos, sino por reuniones de fábrica, barrio o sector. Esta democracia directa y su teoría no la empaña la práctica estalinista que se burocratiza hasta dar con un monstruo tan deforme como la democracia ‘burguesa’ que pretendía criticar. Ni capitalistas ni anticapitalistas, en nuestros países en lucha y bajo la dictadura, la democracia directa fluía como ha fluido en el 15-M: mediante asambleas. Fue la democracia de las comisiones obreras, movimiento que nunca quiso ser sindicato y que lo fue a la fuerza por mecanismos de defensa frente a la UGT. Fue la democracia universitaria de los comités de curso de los años 70, aquellos que lucharon contra el franquismo a la sombra de las movilizaciones contra el Proceso de Burgos, versión de lo que en Francia había sido el Mayo del 68.

Simplificando, hablamos de tres tipos de democracias: la democracia de ágora ateniense, entre individuos libres e iguales, que deja fuera a la población esclava; la democracia de partidos, que excluye a quien no tiene la ciudadanía y disminuye a quien no milita; y la democracia de base por asambleas directas, muchas veces resueltas a mano alzada. A estas tres democracias habría que añadir otras dos: la democracia colegial, tipo claustros o colegios profesionales, y la democracia cívica, por orden de estadística y sorteo, para cubrir plazas sin ánimo político en tribunales, juntas de vecindad o en jurados populares.

2. Antítesis

De todas las democracias debe aprender y sacar sus propias conclusiones el movimiento del 15-M. A corto plazo, es de esperar que el movimiento no se burocratice ni caiga en el culto a la personalidad que trae consigo el liderazgo y la delegación de funciones en portavoces o responsables de área que luego se eternizan y se hacen cargo (que no es lo mismo que hacerse cargo). A medio plazo, el movimiento 15-M tendrá que elegir entre el cambio de modelo social o conformarse con la simple reforma de la ley D´Hont electoral.

Desde Platón hasta Ortega, la democracia se asienta en una base precaria: “es que las masas no están preparadas”. Quien así razona, olvida que si las masas no están preparadas para autogestionar sus intereses, tampoco estarán preparadas para votar con acierto su partido. Caben dos posturas: o seguir la minoría viviendo del cuento de que la mayoría no sabe y no está preparada, o preparar a la mayoría para el futuro, lo que se ha de hacer profundizando en el muy noble principio de igualdad de oportunidades.

Apoyándonos en la revolución científico técnica y en los conceptos de justicia universal, sanidad universal o enseñanza universal, con instrumentos como internet o los últimos foros internacionales, nos falta menos para hacer realidad lo que nuestra cabeza concibe hace ya mucho tiempo: que nadie es más que nadie y que el ser humano sea la primera especie protegida de la humanidad. No solo se ha caído la figura del rey ‑rey por la cara y no por la gracia de Dios‑, también cayeron del pedestal el sacerdote intermediario y el militar salvapatrias. Dios ha muerto, es cierto, y con el Faraón hemos enterrado en su pirámide de los horrores a toda su corte de adivinos, pelotas, farsantes e inquisidores. Si algún dios queda, colectivo, ese es el dinero. (Nada fetiche, que bien que se nota y se disfruta, y se lleva bien con el reparto.) El otro dios, mamado en las ubres del liberalismo, es individual, ganado a pulso: el otro dios soy yo.

Para rezar, mi yo no necesita iglesia. Y, para reconocerle el lado humano a la monarquía, no hace falta que el príncipe se case con la corista. Ni tontos ni marxistas ‑y sin duda agradecidos por los servicios prestados‑, vamos a ir pensando en una grata y pacífica jubilación para sus altezas, sus majestades y sus señorías. Por aliviarles de un peso y por presunción de inocencia.

3. Síntesis

Tanta gente no puede estar equivocada. Ni el pueblo que desconfía de la política, ni la política que, a costa del pueblo, sistemáticamente tiende a la corrupción. Desde Kirchner a Berlusconi, desde Strauss-Kahn a la trama Gürtel, desde Fujimori a Cospedal: lo que falla es la democracia. Salvo contadas voces que usan las elecciones para darle voz a quien no la tiene, la clase política es culpable de ambición o de poder, seguramente de las dos cosas a la vez. En el mejor de los casos: culpables de mesianismo altivo, de vanagloria propia o de bondad engreída. Cualquier cosa un candidato.

Tampoco nuestros votos pueden ser inocentes. En Mayo de 1968 una pintada lo expresaba mejor que nadie en las paredes y en la conciencia de París:

«Porque elijamos al pastor, no dejaremos de ser borregos.»

DanielLebrato@gmail.com, 22 de mayo de 2011, el año de las luces.

ESTADO, DEMOCRACIA Y PARTIDOS

Comenta De Gregorio:

Aunque parezca una blasfemia, a mí me aterra algo tan viejo y al mismo tiempo algo tan moderno como fue y sigue siendo lo que vociferamos y seguimos llamando democracia directa. Sócrates decía “La multitud, cuando ejerce su autoridad, es más cruel que los tiranos de Oriente.” Su ejercicio me recuerda a lo que fue denominado como El Terror, el Nacionalsocialismo o el Nacional Catolicismo. El ser humano es una entidad determinada por lo que se conoce como una inducción de las emociones fundamentada en una reacción simpática primitiva. Y aunque no estoy de acuerdo con Ortega cuando habla de un gobierno de los excelentes, estimo que con independencia de que las masas generalmente son manipuladas, el imperio que en una sociedad debe tener su indudable vigor es incapaz de regentar las discordantes, encontradas y subjetivas pretensiones en las que se desenvuelve. A mi entender, las masas deben tener el derecho a expresarse sin que dicho atributo conlleve su legitimidad a tener que imponerse. Y para ello es preciso que sus manifestaciones sean filtradas a través de lo que yo he intitulado como Asambleas de Base, para posteriormente, lo que haya sido decantado, pase a unas instancias superiores que serían las que por una parte tendrían que legislar; y por otra, a tenor de la libertad y la responsabilidad con la que lo legislado sería enjuiciado, alcanzar resultados que fueran asumidos como procedentes por la mayor parte de la ciudadanía. Y esto, actualmente es dable conseguirlo. (De Gregorio, 20 del 5 del 2011)

Platón y su época creyeron de buena fe que la humanidad consistía en una jerarquía, de esclavos a hombres libres. Hoy todo el mundo de buena fe cree que nadie es más que nadie. Cuando desde Francia se extendían los derechos de sufragio, faltaban por entrar las clases trabajadoras y las mujeres, sin las que hoy no nos salen las cuentas de democracia, ni a la griega ni a la francesa. Ni tontos ni marxistas, lo que sigue son reflexiones desde un observatorio de igualdad y coeducación, vida y derechos en vísperas de elecciones.

Viernes 29 de abril de 2011. No se puede retransmitir desde Westminster una boda vendida como boda del siglo, sin que se vea el plumero de la monarquía española. Domingo uno de mayo. No se puede retransmitir la beatificación de un papa sin hacerle el juego a la fracción más integrista de la Iglesia. Ojo a las noticias. En McLuhan, el medio era el mensaje. En los informativos de RTVE, propaganda pura y dura.

¿Libro de estilo o cárcel de papel para profesionales de la pública? Donde la locutora dice día de la madre, diga festividad católica de la madre. Donde el locutor dice su majestad el rey diga el rey. En la entrevista al obispo, el personaje no reciba tratamiento de monseñor, mi señor; y a un general del ejército diríjanse como general, no mi general; no lo es, no lo son.

Creía Marx que la sociedad no se plantea problemas que no puede resolver. Quien dice problemas, dice soluciones. Hambre, enfermedad y muerte, pobreza, guerra, violencia, explotación. Seguro que dándole cancha a las ideas damos con fórmulas para salir del paso y, en caso de sequía imaginativa, entrando en foros y conversaciones (en internet mismo, tecleando las grandes palabras), seguro que espabilamos el ingenio. El momento es dulce desde que concebimos la aldea global y acuñamos el lema de que otro mundo es posible. Nunca ha estado más clara la definición de reacias o reaccionarias (el diccionario no aclara por qué unas veces con una y otras, con dos c) para llamar a las personas o a las fuerzas que se oponen al progreso. Reaccionario es: defender valores que la historia ‑esa madrastra‑ ha ido dejando atrás. Progreso es: que nadie es más que nadie, que hay que extender los derechos humanos. Va siendo hora de que ritos antiguos se pongan al día, si eso tal es posible. Va siendo hora de darles un repaso lo mismo a las rancias aristocracias que al ceremonial impuesto a la sexualidad de las mujeres. Desconfiemos de quien nos viene con lo tradicionalmente acostumbrado, le digan cultura, civilización o fe de mis mayores.

Estado, democracia y partidos

Después de Platón, Aristóteles clasificó los gobiernos en monarquías, aristocracias y democracias. Pasando por Maquiavelo y Thomas Hobbes, teóricos del absolutismo, John Locke cayó en la cuenta de que la soberanía reside en el pueblo y de que los gobernantes son administradores de esa soberanía cuya suma era el estado, expresión de un poder soberano que las personas aceptan ‑dice mi Encarta‑ para protegerse de sus propios instintos y para satisfacer ciertos deseos y necesidades. Desde Montesquieu, ese contrato social se expresa mediante la separación de poderes y, tras la revolución francesa de 1848, el sufragio se ha ido haciendo universal; para las mujeres: España, 1933. Pasada la segunda guerra mundial, estado y democracia como que tuvieron un hijo y le pusieron de nombre estado democrático. Frente a los absolutismos nazi y estalinista, las luces del sistema democrático crearon en Europa y en Estados Unidos un espejismo de eternidad, base del pensamiento único. El estado democrático durará para siempre como el mejor o el menos malo de los sistemas conocidos, repiten una y otra vez dándoselas de escépticos.

Ese escepticismo, de raíz postmoderna, nos ha dejado un reguero de sombras: maldición eterna a minorías subversivas tachadas de terroristas; y graves amnesias, con sus fechas. 1848: el Manifiesto comunista, de Marx y Engels; 1884: El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, de Engels. Uno y otro demuestran que la historia es la historia de las clases y de la lucha de clases y que estados y gobiernos son agentes de explotación del hombre por el hombre, como se decía antes. Desmenuzado El Capital, la apuesta de futuro del marxismo, que coincide con la vieja acracia o muy noble anarquía, fue la desaparición del estado.

¿Desaparición del estado? La clase política, que se hace la imprescindible, escamotea que el mejor estado no es el que se refuerza como país o nación, sino ‑al contrario‑ el que prevé a la larga su disolución como estado, bajo un proyecto de naciones unidas (aldea global). Demócratas ocultan que el mejor sistema no consiste en periódicas y aparatosas campañas para la alternancia de partidos, sino en el fiel y cotidiano reflejo de un tejido social. En democracia disimulan que el mejor mapa político no sale de la partitocracia ni del culto a la personalidad, sino de la estadística y del azar. Estadística y azar, por cierto, que ya rigen en la formación de mesas electorales, comunidades o jurados populares. Estadística y azar que aplican las encuestas de opinión para proyectar en tablas y tantos por ciento el estado de ánimo, la intención de voto, los programas más vistos o los sueños de una nación. Las encuestas son fiables, simultáneas a lo que se pregunta y de muy rápida lectura, son baratas y ahorran a las ciudades la cartelería electoral.

Antes de la desaparición del estado y en la medida en que mi libertad termina donde empieza la tuya, el estado tiene que entrar en relaciones personales. Habrá que regular el tráfico, para que no choquemos. Enseñanza, sanidad, arquitectura, ingeniería seguirán siendo materia de estado, no así loterías ni quinielas, cuarteles ni iglesias con agua bendita. No podrán ser igual de nobles unos oficios que otros, esas salidas profesionales. Trabajos hay que mejoran la vida y trabajos que la empeoran. Si a usted le gustan las armas de fuego, guardar espaldas o salvar patrias, no será mi patria quien le dé el gusto y si su religión quiere organizar procesiones, ejerza usted su derecho de manifestación. La cofradía va a desfilar lo mismo, pero el estado quedará al margen. Si ‑al margen del estado‑ una pareja quiere que la mujer trabaje en casa, que el marido se declare empresa o ente autónomo y que cotice por su señora a la seguridad social, que es la caja de todos, familias y no familias. Si un país tiene 40 millones de habitantes y cinco de parados, una octava parte del poder tendría que estar en manos de la población en paro. Si el 52 por cien son mujeres, esa es la cuota femenina. Y jamás ganarían las elecciones ni banqueros ni Bush ni Berlusconi.

Para que la estadística impere, el método de elección sería el azar: le toca a usted, le toca al otro o a la otra y por un periodo limitado, supongamos máximo de cuatro años. Igual que las comunidades de vecindad, que rotan por orden alfabético o de piso. Igual que para formar mesas electorales o jurados populares: todo está en que nos toque la papeleta y tengamos, política y ciudadanamente, que cumplir la tarea que nos toca. Como demuestran las reuniones convocadas para la elaboración de los presupuestos participativos, nos resulta mucho más gratificante dar una opinión sobre el carril bici que una sentencia en un jurado. Ayuntamientos, juzgados y otros cuerpos del estado ya se apoyan en un funcionariado independiente de la política en quien priman objetividad y gestión del dinero público. En esa escena, los partidos políticos pueden seguir teniendo su razón ideológica de ser, pero no como escuelas profesionales de enterados o arribistas; no como grupos de presión que usurpan con su voto útil el inútil voto de quienes no son.

La clase política ‑que no puede oír ni hablar de esta línea directarefuerza los factores nacionales: la inseguridad y la xenofobia junto con la política exterior fomentan policía y ejército con cargo al presupuesto. A continuación, la clase se postula a sí misma por vocación de servicio: periodistas y medios echan aquí mucha mano. Una vez instalada, la clase política nos descubre que además es humana ‑como la realeza cuando el príncipe se encapricha de una plebeya‑ y, entonces, admite una gran cantidad de defectos en su seno: el gusto por el dinero o los trajes, el morbo que trae el poder, el tráfico de influencias. Se sigue que el estado ‑expresión de la mayoría‑ también tiene que dar cabida a la natural y mayoritaria tendencia humana a la corrupción. Y si un partido da el cante demasiado, se sustituye por otro, y en paz, que esa es la grandeza del sistema democrático que no tienen ni en Cuba ni en China. Una ley electoral no proporcional, un sistema bicameral y el bipartidismo se encargan de transformar las naturales mayorías en mayorías parlamentarias y reducen a solo dos opciones un vasto dominio. Zapatero o Rajoy.

Contra esa regla de tres ‑el tercero es el rey‑, un mundo como el nuestro, que atiende a la diversidad, tendrá por mejor modelo un estado que refleje la diversidad, las minorías, sin desvirtuar a las mayorías, que nunca sean absolutas. Donde la mayoría es clase trabajadora y clases medias, un rico al frente del gobierno no engaña a nadie: en algún sitio estará el truco, la manipulación o la dictadura, procedimientos semejantes a lo que en feminismo se llama techo de cristal y pegajoso asfalto. Aquí el techo lo ponen mecanismos que apartan a la mayoría social del camino del poder, y el asfalto lo pone el lado canalla de la gente que ‑lejos de rebelarse‑ celebra, imita o disculpa a sus clases dirigentes, con ayuda del tópico: todos son iguales o si ganaran los otros, harían lo mismo o incluso ¡quién pudiera!

Como el sistema tiene amplias tragaderas, la contra contra el estado democrático no viene del capitalismo ‑que en principio, y mientras no le toquen sus plusvalías, se mueve bien y hace negocio entre las urnas‑ ni de las acracias de un marxismo residual. La contra estuvo siempre en las instituciones feudales precapitalistas que vuelven ‑como las aguas‑ por su cauce. Iglesia, nobleza y casa real andaban en vías de secularización y modernización, pero en esto llegó el islam y mandó parar. Y qué mejor que iglesia, nobleza y casa real para, con la vieja milicia, cerrar las ventanas de un mundo peligrosamente abierto de par en par. El estado democrático y el viejo régimen como que tuvieran una hija tardía, que ya nadie esperaba, y le hayan puesto de nombre cultura occidental.

En las colonias, y en su día, la ONU debió frenar la creación de estados confesionales. Sabemos sus fechas, sus protagonistas y sus intenciones dentro de la política de bloques: crear estados afines a las metrópolis (Commonwealth, Unión Francesa, Estado Unidos) lejos del independentismo real y lejos del socialismo en la órbita de la Unión Soviética. Desde la Declaración Balfour, 2 del 11 de 1917, Gran Bretaña estaba comprometida en la creación de un hogar nacional judío y no paró hasta el 14 de mayo de 1948 con la creación de Israel, insólito estado artificial de justificación bíblica. Un año antes, la misma Gran Bretaña había propiciado la segregación de Pakistán hacia una república islámica y, a imagen suya, el 28 del 11 del 48, Francia daba a Mauritania carta de república islámica independiente. Por jugar con fuego de religiones con tal de asegurarse la sumisión, la mal llamada inteligencia estadounidense alimentó por dentro a Osama Bin Laden. Caída la URSS, quedan secuelas del peligroso juego. A imagen y a la contra de Israel ‑el gran enemigo‑, las repúblicas árabes han ido cambiando árabe por islámica, haciendo de la sharia o ley coránica la ley suprema del territorio, todo ello contra la Declaración Universal de Derechos Humanos (artículos 1 y 2, 16, 18 y 26), pues un estado confesional discrimina a personas por razón de sus creencias. En 1979 pasó en Irán y hoy se ven los efectos en países árabes. Sociedades fanáticas dominadas por el islam no tienen inconveniente en implantar democracias. En democracia, conseguirán que ni la igualdad ni la libertad vuelvan nunca a crecer al otro lado del velo.

Martes tres de mayo. Portada de El País. EE UU liquida a Bin Laden. Contraportada. Foto de Tawakul Kerman, heroína de la revuelta yemení. ¡El País es grande!

daniellebrato@gmail.com

La mujer brava (España y el tapadismo islámico)

Refugiados (AI)

LA MUJER BRAVA

España y el tapadismo islámico

  1. Motivo. Revueltas del Norte de África: ¿islamismo radical o fundamentalismo islámico?
  2. Crítica de los conceptos de religión, cultura y civilización.
  3. Crítica de la llamada cultura occidental. Contraste con otras no culturas.
  4. Del burka al velo o al pañuelo: el tapadismo como sistema (y negación de la moda).
  5. Choque de no culturas: un cristianismo gastado contra un islam en erupción.
  6. Turistas, camellos y pirámides. La mirada del primer mundo.
  7. Antecedentes, años 60. Islam rico, islam pobre. Petrodólares e inmigración.
  8. Años 70. Al-Fatah y Frente Polisario. Orígenes del tapadismo militante.
  9. Años 80. Irán: república islámica (1979). Consolidación del tapadismo pobre y militante.
  10. Años 90. Fin de la URSS (1989), Guerra del Golfo (1990-91) y ascensión de Hamás (1987-2006).
  11. 11.Años 2000. Del 11-S al 11-M (2001-2004). Manipulación y reflejos anti terroristas.
  12. Segunda Guerra del Golfo (2003). Del tapadismo militante al tapadismo radical.
  13. La Iglesia-Estado (Juan Pablo II, Ratzinger) y el laicismo postergado.
  14. PSOE y PP. Visión y efectos del bipartidismo. La envenenada política ‘a la contra’.
  15. Política exterior. Marruecos. Ceuta y Melilla. La descolonización pendiente.
  16. Marruecos, un vecino de tapadismo leve. La tentación del exotismo.
  17. La política de alianzas. Israel y Palestina. Crítica de la creación de un estado palestino.
  18. Moros a un lado y otro del Estrecho. El machismo en España.
  19. Un feminismo fuerte en lo político, débil en lo social. El caso Aído, ministra de Igualdad.
  20. Las socialistas españolas. Actitudes que minimizan el tapadismo y perjudican la igualdad.
  21. Los tópicos al gusto: “vivimos en democracia”, “si a ellas les gusta”, etc.
  22. Tapadismo pobre y tutorías, coeducación y ciudadanía.
  23. La vía privada (en educación, sanidad, etc.), como vía de escape para el tapadismo rico.
  24. El orgullo islam fuera del islam. La negación de la negación. Una prenda que nadie pide.
  25. Contradicciones con el comercio justo y con el concepto de malos tratos sexistas.
  26. Los hechos consumados y la moraleja del cuento 35 de El conde Lucanor.
  27. A vueltas con el Norte de África. ¿Islamismo radical o fundamentalismo islámico?
  28. Crítica de la democracia y crítica de las costumbres a un lado y otro de la democracia.
  29. El síndrome de Estocolmo. El tapadismo asumido como negación machista de la libertad.
  30. Donde la mayoría (democrática) ya es islamista, ¿para qué hace falta el terrorismo?

Ejemplos: Irán, Turquía, Palestina, países del Norte de África.

Casos personales: Aminatu Haidar, Ana Pastor en su entrevista con Ahmadineyad, Felipe de Borbón con kipá en Jerusalén, pasos atrás, frivolidad y revistas de moda.

LA MUJER BRAVA (España y el tapadismo islámico)

NOTAS DE LECTURA

I.

Todo empezó en el Norte de África: Túnez, Egipto, Argelia, Libia; con Yemen y Siria, todos países árabes de órbita islámica. Fue ver que allí las manifestaciones paraban ¡para rezar!, y que hembras y varones ‑agua y aceite‑ se manifestaban ¡por separado! Y aquí fueron los comentarios y editoriales en telediarios y tertulias: las revueltas eran claramente democráticas (quien dice democracia dice libertad) y no estaban movidas por el extremismo islámico (y quien dice extremismo dice Al-Queda o dice terrorismo).

La pregunta fue: ¿qué analistas tenemos aquí, que hasta el penúltimo lúcido (para mí: Javier Cercas) va y se suma al coro de los grillos que cantan a la luna? ¿Qué libertad o democracia simbolizan allí esas mujeres tapadas que hacen la uve de victoria ante la cámara? ¿Vencen sobre sus maridos y varones? ¿Ahora resulta que hay victoria sin emancipación y sin igualdad de las mujeres?

II.

¿Qué valores inmortales debemos a lo que llaman cultura o civilización, aparte de algunos logros de tipo humanitario (una sensibilidad frente al dolor)? Alguien dirá: la democracia. Pues salvemos la democracia y lo que se pueda salvar, pero ningún rito antiguo merece la pena, más allá de la curiosidad del turista o del libro de texto. Ablación, celibato, dogma, baños de purificación, reencarnaciones, cuaresmas y resurrecciones ¿son bienes objetivos propicios a la convivencia universal? Hay que decir que no. Ante las pirámides de Egipto, hay que ver lo que realmente se ve: esclavitud en nombre del único dios verdadero. La cultura ‑vista del revés que Freud la vio en El malestar de la cultura (1930)‑ delenda est, debe ser destruida o, al menos, no es para que nosotros la cultivemos.

Frente al latín de delenda est cultura, el pensamiento dominante nos propuso otro latín: noli me tángere, nada nos afecta. Dando por bueno el tapadismo de bajo grado (tipo velo o pañuelo), Zapatero y su gente se han ahorrado batallas que no han querido librar por miedo a la derecha más intransigente: Iglesia, Monarquía, descolonización de Ceuta y Melilla. Ni tontos ni marxistas, quien pierde es el feminismo y la izquierda a la izquierda del PSOE.

La Iglesia, por su parte, ha dejado con gusto de ser la religión única y verdadera, para asegurarse a cambio la generosa cuota que el Estado español le reserva en hacienda, en los medios, en la enseñanza y en la vida pública en general. Una Iglesia que estaba en vías de secularización, se rearma y se queda. Ni tontos ni marxistas, quien pierde es el laicismo.

III.

Una vez que no se tomaron medidas a su debido tiempo, es casi imposible que se tomen ahora. «Si al comienço non muestras qui eres, nunca podrás después cuando quisieres», dicen los versos de moraleja del cuento 35, el de la mujer brava, de El conde Lucanor. Entre que la política consiste en mantenerla y no enmendarla, y que realmente habría muchas cosas difíciles de explicar a estas alturas, tenemos hombres que tapan a sus mujeres para rato. Y, lo que es peor: mujeres bravas. Allí haciendo la uve de la victoria; aquí saliendo a la calle y viniendo a la escuela con su tapadillo puesto. Bravas, ¿pero contra quién?

daniellebrato@gmail.com, abril de 2011