Sanlúcar no se baja del caballo (cuento chino).

—El cuento chino de Las Carreras de Caballos—

Los cuentos se dividen en dos: el cuento literario (oral o de autor) y el cuento chino –‘embuste’ que perjudica su salud, dicho en versos de León Felipe: Yo no sé muchas cosas, es verdad./ Digo tan sólo lo que he visto./ Y he visto:/ que la cuna del hombre la mecen con cuentos,/ que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,/ que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,/ que los huesos del hombre los entierran con cuentos,/ y que el miedo del hombre…/ ha inventado todos los cuentos./ Yo no sé muchas cosas, es verdad,/ pero me han dormido con todos los cuentos…/ y sé todos los cuentos. (León Felipe, 1884-1968, Ediciones La Vorágine publica el poema completo y lo data en Babel, la revista, el año 1944.)

Cuentos chinos así, de género falaz, son los que alimentan el sueño o la fábula del hombre residente en la tierra, pongamos democracia con el cuento de la sabanita del ágora ateniense con sus cuatro filósofos muy educaditos y muy demócratas jugándose la paz y la filosofía a los chinos (mientras los demás, por el mundo, a espada o a azada). Cuento chino falaz es el Estado del Bienestar, que lleva a confundir la realidad con el deseo y éste, a su vez, con lo logrado por (y sigue una retahíla de cuentos) la Constitución,el Estado de derecho, la izquierda y otras milongas milongueras.

Parte importante del cuento chino falaz son los cuentos que sustentan antropólogas calificaciones de base universitaria y libresca que aportan bibliografía y fuentes probadas, con notas al margen o a pie de foto, que hacen creíble o científica una argumentación que en ningún caso merece ser creída. Tal es el caso del cuento chino que se cuenta en Sanlúcar y que nos han contado sobre el origen y condición de las muy históricas y populares Carreras de Caballos de Sanlúcar de Barrameda, pues a ver cómo se come esto: «El origen de estos festejos se encuentra en las competiciones informales que realizaban los vendedores de pescado para llegar los primeros a los mercados  (ese es el cuento chino, comienza ahora la verdad:).

Es una de las competiciones hípicas más antiguas de Europa, en concreto las segundas carreras de caballos de estilo inglés que se reglamentaron en España, las primeras en la Alameda de Osuna (Madrid) en 1835. El origen documentado de las primeras carreras en las playas de Sanlúcar de Barrameda, se encuentra en los estatutos fundacionales de la Sociedad de Carreras de Caballos y datan del 31 de Agosto del año 1845(Historia de la Real Sociedad de Carreras de Caballos de Sanlúcar, CarrerasSanlúcar.es, recogida por la página Tradiciones y fiestas.com)

La Sociedad de Caballos evita hablar de purasangre, tipo o raza de caballo de origen inglés, desde el principio concebido para uso deportivo (hípica, saltos, carreras) para nada ligados al trabajo de carga o transporte. Han sido y son, por decir así, animales señoritos para nobles caballeros que solo adquieren su valor de cambio (precio en el mercado) por comparación con otros caballos (valores de usos) iguales de cuadras o yeguadas en competición y apuestas.1

*[Es de notar la semejanza o paralelismo entre el caballo de pura sangre (o purasangre) y otras especies singulares vinculadas a la trata y al negocio que se han hecho especie protegida para la fiesta aristocrática luego cultura, tradición o fiesta popular (cuando lo popular se confunde con lo numeroso o famoso o turístico): galgos de carreras de galgos, toros bravos, bueyes para el simpecao que va al Rocío; de milagro, no se preservan leones para que siga la popular fiesta del morituri de gladiadores.]

En definitiva, hay tanta distancia del mundo gentleman al gañán que le lleva la brida y le ensilla, que concejales y cabildos tuvieron que vérselas para atenuar tanta brecha de clase social, clase que, encima, se apoderaba de lo único que empezaba a ser democrático o de clases medias a finales del siglo 19 cuando se expandía el veraneo de playa:

—Quítense ustedes, paisanos bañistas, que unos diítas de agosto la playa va a ser nuestra y para nosotros con la marea baja, que vamos a echarnos unas carreras y unas apuestas de nada.

Fue así, con la complicidad de los padres, como inventaron las casetas de apuestas infantiles, saltándose el mal ejemplo que iniciaba a la infancia a la ludopatía (también por esa edad Cruzcampo repartía cerveza a los orfanatos). Un magro sinsentido del que no saldrán sanluqueños jinetes (como salen tenistas que antes han sido recogepelotas): todo en las carreras es estéril como estéril y desmontable o efímero es el portal de Belén. Ni el purasangre aumenta la cabaña de caballos, ni el niño jugará más que al cupón o la quiniela, ni a la Sociedad entraremos por mucho baile de sociedad. Un cuento chino abusador de una escuela de jinetes famélica o anoréxica al servicio de un único, insuperable señoritismo, sufragado por Junta, Diputación y Ayuntamiento para un fastidio y una incultura, esta sí, popular. A ver cuándo Sanlúcar se baja del caballo.

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