violencia en las aulas.

violencia sexistaEl sistema educativo consagra y no corrige (porque es falsa la igualdad de oportunidades) la desigualdad. Y la desigualdad es raíz y fuente de toda agresividad. Lean, para entendernos, Análisis del sistema educativo y luego hablamos.

Niños y niñas, pero sobre todo los niños, se educan para vencer entre balones y pistolitas y entre conductas agresivas disfrazadas de defensa, de superación o de autoayuda. Y eso es así desde los reyes magos y el pacífico ajedrez hasta el día de la patria, desfile al que asisten los menores con sus mayores. Deportes, libros, cine, anuncios, vídeo juegos o telediarios familiarizan a la chavalería con matar y ganar. ¿Se ha movilizado el profesorado por campañas estatales contra esa bélica o beligerante educación?

Ahora visualice usted la competitividad según clases sociales. Entre escolares de clase media alta (con destino a las mejores salidas profesionales) la competitividad se canaliza vía excelencia docente: estudiante peleando con estudiante por una décima en un examen, nota de la que puede depender el acceso a tal o cual carrera. De esa violencia, disimulada entre estadísticas y cuadros de honor, nadie habla.

Se habla de la violencia en las aulas en barrios pobres o zonas marginales. Y ahí se produce un choque de sensibilidades entre un profesorado que sueña con la excelencia y un alumnado con el que no sabe qué hacer; profesorado que no está preparado para unas misiones pedagógicas que piden más de acción humanitaria que de materia específica. ¿Inglés, para quien no saldrá del barrio? ¿Literatura, para quien vive y vivirá sin libros? ¿Matemáticas, para quien con la maquinita tiene bastante? ¿Música sinfónica, a quien no saldrá de la rumbita y del pincho? Salvo si el profe se aviene a ser un perfecto animador o una animosa cuentacuentos, capaces de transmitir, la clase acabará siendo una guardería, un tutelar de menores, un desperdicio o un infierno. Y, sobre esa escena, lo raro es que no haya más brotes de violencia. Cuando la esperanza profesional y el horizonte laboral son basura y donde la rebeldía está en el ambiente y casi casi bien vista, demasiado dóciles críos y adolescentes a quienes no se enseña asignatura tan importante como es la rebelión.

El resto, cuchareo de cafelito, escritos de protesta, manifestaciones o cambios de cargos directivos, películas donde no han de faltar, en versión macho o hembra, el bueno, el feo y el malo.


 

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