oriente y occidente, lo individual y lo social.

Para estar uno bien con uno mismo, cualquier método o terapia puede servir, pero para que el mundo esté bien, hace falta que pase algo, haya o no una acción de masas. El viajero occidental, que viaja a la India con la experiencia que le genera un cristianismo socialmente aceptado (binomio miseria / caridad, ya sea en forma de oenegés y misiones humanitarias sin fronteras), flipa con el yoga o la meditación con olvido de la miseria, desigualdad y atraso humano que se dan en la India. Y es que en Occidente la felicidad consiste en abstraerse del mal que nos rodea (injusticias y desigualdades de las que nos tenemos que aislar para coger el sueño cada noche) mientras quienes en nuestro entorno viven mal y lo pasan mal no se resignan: de ahí el tema emigración del tercer mundo al primero. Esta resignación social sí se ha producido, aparentemente, en la India, país que ya me dirán, en cuanto al bienestar social, qué les parece y si lo querrían para ustedes y para sus descendientes.

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