Vicios privados, públicas virtudes (Postal)

Cogida

VICIOS PRIVADOS, PÚBLICAS VIRTUDES

La polémica sobre los toros está mal planteada. Como personas, tenemos derecho a que nos guste lo que nos gusta. ¿Qué digo toros? ¡La pederastia, la necrofilia, el sadomaso! Si me gustan, me gustan. La única compostura que se nos puede pedir es que no hagamos daño a nadie y que nuestras relaciones sean entre iguales (lo que también puede ser imposible, como es el caso de la pederastia). Tenemos derecho a nuestro lado oscuro, a nuestra pasión secreta, a nuestra zona impresentable, inconfesable, le demos el nombre que queramos darle. Hasta un punto llegan los derechos del individuo y a partir de un punto empiezan los deberes del Estado, que para eso está, para poner orden en nuestro lado oscuro. Y el Estado tiene que impedir como espectáculo público las corridas, los encierros, las sueltas o las becerradas que puedan dañar personas o animales y prohibirlo todo en nombre de dos principios que no se pueden discutir: contra el maltrato al humano, por delitos contra la salud, y contra el maltrato animal. Bien está que, hasta que la afición se extinga del todo (la juventud de hoy no es taurina) y por no hacer violencia en una afición que viene de lejos, el Estado autorice la celebración de festejos taurinos en la más estricta privacidad, sin ánimo lucrativo, sin público de pago y sin publicidad. No hay ganadería que no tenga un tentadero, un coso donde toro y torero se realicen a la vista de quien la ganadería estime oportuno invitar. Los toros bravos (que según dicen los taurinos han leído a Heidegger y saben que son un ser para la muerte) podrían morir viendo realizado su destino (dasein, en alemán) y los toreros podrían morir o matar según la suerte de su oficio dando un bello espectáculo a quienes lo sepan apreciar. El Estado cumpliría con su deber de limpiar de sangre nuestros telediarios, nuestro PIB y nuestra marca España, y consentiría las corridas como consiente que fumemos, que nos emborrachemos o que nos vistamos de enfermera para que nos den unos azotes sexuales en el culo. Si fuera una película, se llamaría vicios privados, públicas virtudes.

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