carta a un joven torero

Joven torero

CARTA A UN JOVEN TORERO

Sé quien eres sin decir que lo eres o que hay que serlo. Una costumbre que os transmitimos los mayores es dar testimonio y querer para los demás lo que para uno quiere, se llame religión (el apóstol), se llame ideología (el político) o se llame matar toros, una rara afición que te ha salido fuera de tiempo y de sitio. De haber nacido en País de Gales, hubieras sido cazador del zorro (deporte nacional ya prohibido en Inglaterra) y en el siglo 18 hubieras sido, con tu cultura, con tu educación y sensibilidad, mejor que Pepe‑Hillo, quien tuvo que dictar a otro más letrado que él su arte de torear, porque él, con su cortos estudios, no daba para más, caso de Juan Belmonte con Chaves Nogales, caso de Curro Romero con Antonio Burgos. Y es que al torero lo hace grande lo más chico: el público que paga por un espectáculo que no excluye la sangre. Porque sin sangre (y eso se os oye a los toreros) la fiesta no sería la misma. Desde Orson Welles a Hemingway o a Joaquín Sabina, desde Ronda a Pamplona, desde la Maestranza a las Ventas de José Tomás, lo que no cambia es el público, que incluye que te maten como a un pelele, mientras se fuman un puro desde la barrera. Corrígeme si me equivoco, no vaya a ser que tú también quieras morirte y lo quieran tu madre y tu novia. Corrígeme si no es tu miedo el que, por darte gusto, afeita los cuernos de los toros bravos para que luego os quejéis de lo mansos que son, como si al futbolista no le llenaran de aire el balón para que no le duelan los pelotazos o como si al esquiador le echaran antideslizante en la nieve, no vaya a romperse la cabeza. Vuestro valor es de los de hasta cierto punto, hasta el Hotel Colón y las revistas de la fama, y por eso las ganaderías están haciendo lo posible por alargaros la vida. Sed valientes y sed del todo toreros. Citaros con la muerte cuando y donde os dejen pero no queráis que el Estado financie, subvencione, declare bien cultural, consienta ni publicite vuestro triángulo: el ganadero, el maestro y un público como el de las putas, que cree que todo lo que paga es bueno si ha pagado por ello. Torea lo que puedas, torero, pero no quieras meternos tus gustos por los nuestros, que estamos muy mayores, muy pendientes de la ecología, de los incendios provocados y de lo que pasa con los negritos en la frontera, para estar pendientes de tu traje de luces. Te hayan contado lo que te hayan contado, la humanidad camina contra el maltrato. No lo discuten en Inglaterra ¿y quieres tú discutirlo? Sé humilde y sé astuto. Aplícate el cuento de los Rolling que, sabiendo que el rock and roll no era gran arte entre las bellas artes, lo cantaron con letra de It’s only rock and roll, but i like it. Mientras tu lema sea “Es solo matar toros, pero me gusta” serás invencible, torero.

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