Etiqueta: Roma

ponentino y levantazo, sufijos.

20160601_213417 Pilar con Francesco en Ponentino

En Roma llaman ponentino al viento Oeste, que viene del mar y hace soportable el verano y, en Sanlúcar, levantazo, al vendaval de polvo y fuego que barre sombrillas y borra la marca a los aires acondicionados por la avenida de las Piletas, exageración que pillo de Montero Glez, perito en vientos de Levante. Il ponentino presta su nombre además a la trattoria [tratoría: bodega restaurante] donde íbamos a comer o a cenar, en el Trastévere. Francesco, el camarero, nos regaló al despedirnos una botella de Chianti, vino que tuvimos que dejar al embarcar en Fiumicino por aquello de la seguridad aérea. ‑ino, ‑azo. ¿Qué sería del idioma sin sufijos? En Andalucía es muy viva la distinción del andaluz de la ‑ico, ‑ica, propia del antiguo reino de Granada, frente al ‑ino, ‑ina, del andaluz occidental. Dejar el Chianti en tierra fue un coñazo. El personal de vuelo no admite regalos y el pasaje desconfía. ¿Dejarlo en una papelera? No hay papeleras cuando estás en la dichosa cinta. Mi caña de paseo, ese bastón que me andamia a lo Charlot en las paradas, también estuvieron a punto de no dejarla pasar. Tuve que fingir el diablo cojuelo ante el policía para que viera que, mi caña, de verdad me necesitaba para servir a una buena causa médica, y no como arrojadizo instrumento terrorista. Y es que son de piñón sufijo. A Roma, pese a ciertos coñazos, se vuelve siempre. En la foto, Pilarica y Francesco, posando una migajina. El fotógrafo sabe que no vale por lo que valen sus fotos. Vale por esas miradas.



 

el público de los toros.

salida de los toros.jpgSevilla, domingo 7 de mayo 2017, 20:45 horas. Terminó la corrida. La afición deja La Maestranza. Tendido sol, a la calle Adriano. Las fotos están hechas a la altura de la Bodega San José. Son los culpables de la fiesta. Unos porque entienden de toros pero no entienden que los tiempos no están para matar toros. Otros porque van ‑más que a ver‑ a que los vean. Casi todos se alegrarán el día de la prohibición. Qué dinero nos ahorramos, vida mía, y qué pesadas las tardes viendo seis veces lo mismo. Cuando fuimos a Roma no había sangre en el Coliseo y nos pareció tan hermoso.

reportaje pinchando aquí: fotos.


roma a la cervantina (receta)

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Auténtico pie de foto (foto Elisa Pernil)
[ CUATRO MIRADAS A ROMA ]
–roma a la cervantina–
Receta. Se cogen los cuatro palos de la baraja. En folio aparte, se disponen un obrero del gremio de la construcción, un Miguel Ángel Buonarroti en buen estado, un Papa cosecha 1527 etiqueta Sacco di Roma, un emperador Carlos V y alguien que sepa cómo va esto. Puede ser Elisa Pernil o usted misma, Leyenda, más acá del Trastévere. Se mezcla todo con el soneto Al túmulo del rey Felipe II en Sevilla. Se arrebujina con toques de marxismo leninismo (podría valer congelado, es difícil encontrar bolcheviques frescos del día en el mercado), y se rehoga con ritmos imparisílabos y asonancias sueltas. Se  sirve en bandeja de entrada de álbum de fotos con megustas de guarnición.
La primera mirada es la de bastos. –Dios mío, esta máquina insigne la levanté yo mismo con mis manos piedra a piedra. Muchos murieron. ¿Me llamarán la próxima o me echarán por tullido para el andamio? ¿Qué será entonces de los míos?
La segunda mirada es la de espadas. –¿Le gustará al terco inquilino del Vaticano? ¿Habrá visto a Dios con mejores ojos? ¿Se morirán de envidia los que no pueden verme? ¿Le encontrará ese defecto mi Cavalieri?
La tercera mirada es la del oro. –Penitenciágite, Emperador del a tomar por sacco. Penitenciaos, tercios del Sacro Imperio. Que os vayan dando, gibelinos, plaza en el purgatorio donde purgar quien no se espante, voto a tal, de esta grandeza.
La cuarta mirada es ya de copas. Del turista occidental que luego, incontinente, entró al museo, requirió la cámara, se hizo la foto y fuese y no hubo nada.

lecciones del Saco de Roma

SACO DE ROMA
(1527)
el emperador contra el papa | poder civil y poder religioso | hombre y dios | política y religión

Se conoce como Saco (o saqueo) de Roma, sacco di Roma, a la toma de la ciudad y del Vaticano por tropas alemanas y españolas de Carlos V. Para escándalo de la cristiandad, un papa estuvo sitiado casi un mes, del 6 de mayo al 5 de junio de 1527. Carlos V era titular del Sacro Imperio Romano Germánico y el papa Clemente VII había cometido la deslealtad o la traición de aliarse con el rey francés Francisco I, con quien firmó la Liga de Cognac formada por Francia, el Papado, Milán, Venecia y Florencia.

El lunes 6 de mayo de 1527 las tropas imperiales entraron en la Basílica de San Pedro. El Papa huyó disfrazado bajo una capa morada por el pasadizo que conduce al castillo de Sant’Angelo, allí resistió. Las tropas de la Liga de Cognac llegaron en su ayuda el día 21 pero, vistas las fuerzas[1], se retiraron el 2 de junio. A Clemente VII no le quedó otra que rendirse, lo que hizo el miércoles 5 de junio. El Papa pagó en rescate la cesión de Parma, Piacenza y Módena, más 400 mil ducados al ejército imperial con el compromiso de no excomulgar a nadie participante.

En los siglos 12 y 13 el Sacro Imperio Romano Germánico dio lugar a dos banderías, los güelfos, por la parte Sacro, y los gibelinos, por la parte Imperio. güelfo viene de Welfen, casa de Baviera, velfen, güelfo. gibelino, del castillo de  Waiblingen, de la casa de Hohenstaufen o Staufen.

Antes del jacobino de la Revolución Francesa, gibelino tuvo que ser el primer insulto en ‑ino del bando reaccionario contra el bando progresista. Dirán ustedes: ¿un emperador, progresista? Desde nuestro siglo, sí. Sabemos que es más fácil hacer bajar de su silla a un emperador, que hacer bajar a un papa de su cátedra de San Pedro. Un hombre es rey por una gracia, un don, una concesión de Dios; y un hombre es papa porque está en línea con Dios. Emperadores y reyes han sido sustituidos con ventaja por presidentes o primeros ministros a mayor gloria de la humanidad. Papas, imanes y rabinos no solo no han sido sustituidos sino que están crecidos para vergüenza de los telediarios y de la humanidad.

[1] Y visto quizá el cognac que llevarían encima, anota al margen algún graciosillo. (Tachado en el original.)

¡Mariquita el último! No a las figuras retóricas (2)

Alimaña 5. Mariquita
Buly: Mariquita (1999)

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NO A LAS FIGURAS RETÓRICAS (2)

Sobre los penúltimos apuntes de retórica, contra las figuras y contra el hipérbaton, escribe mi amigo: Mira que te gustan las cuestiones bizantinas y atacar (supongo que por lucimiento de tu indudable ingenio) lo que otro día defenderías. Alegar que nadie utiliza el hipérbaton en el lenguaje coloquial es como acusar a la ópera de que nadie habla cantando.

Leído lo cual, ópera ‑guste o no guste‑ no hay más que una, burguesa o de tres centavos, pero poesía (o que pase por poesía) hay dos: la que utiliza o reivindica un lenguaje poético y la que no, y simplemente toma de poesía el ritmo o compás o la apariencia tipográfica a la vista (pues entre el verso libre y el poema en prosa, nadie que lo escuche y no lo vea, percibirá la diferencia). Un tiempo se dijo que lo específico de la poesía era la metáfora, aunque la metáfora está en el lenguaje común. Metáfora, subjetividad, sensibilidad, ruptura y originalidad son pautas para todos los géneros literarios, no solo para la poesía ni para la lírica. Me vino a la cabeza caído se le ha un clavel hoy a la aurora del seno, qué contento que está el heno porque ha caído sobre él, de Luis de Góngora al nacimiento de Jesús. Ese verso me chirrió tanto que, hace años, me burlé de él:

[Mariquita]

El agujero negro
lo presagiaba: nada es
creación ni dios, belleza.
«Caído se le ha…» puso
el peor de los Góngoras,
como ese huevo o caca
que acaso es cara abajo
un burdo calambur:
muy mari quita y pone,
lunar, a sus lunares.

Alimañas se publicó a finales de 1999, pero quien sabe leer o interpretar solo tiene que ir a De quien mata a un gigante, libro empezado en mayo del 85. Daniel Lebrato lleva toda su vida riéndose de las figuras y de los figuras, sus cursos de bachillerato como testigos. Esta vez, recalé en Quevedo tras de su soneto ¿Buscas a Roma en Roma?, a propósito de un reciente viaje a Italia. Al caer en la cuenta del obtuso verso tres ‑que no recordaba‑, puse mi máquina de divagar a funcionar. Que escribo a diario lo sufren los míos, que publico en mi TeNDeDeRo lo que interesa y lo que no, y que me guía ‑como a todos‑ la vanidad de ser leído para lucimiento de mi posible ingenio; todo está en el programa de quien escribe y publica, todos a la manera de Lázaro, en su prólogo: confesando yo no ser más santo que mis vecinos, no me pesará que hayan parte y se huelguen los que algún gusto hallaren, lo que incluye a jóvenes profesoras y profesores de lengua y literatura que se encuentran indefensos ante el abominable libro de texto y que corren el riesgo de contagiar el mal, la pamplina o la falsía al raro público que les escucha en clase. En cuanto a las sandeces que alguna vez yo defendería, más motivo para arrepentirme a tiempo y desdecirme y aconsejarles a los míos que hagan lo que bien digo y no lo que mal hice, máxima de Sempronio a su señor Calixto. Como afirma mi amigo, nadie utiliza el hipérbaton en lenguaje coloquial (sí, la inversión o anástrofe y la sintaxis expresiva), así que el hipérbaton es seña ‑como pocas‑ de un lenguaje poético que yo fustigo y pongo en duda y al que acuso de las peores atrocidades. ¿Hay algo en mi postura de bizantino? ¿Hay otro tema en crítica literaria más interesante? No lo creo. Desde estudiante padecí profesores que enfocaban el comentario de texto como quien busca errores o diferencias en un dibujo de pasatiempo: A ver, niños -y nos llevaban a pescar‑, ¿qué figuras hay en este texto? Contra esa manía, alzo mi voz; otros, la suya, no menos bizantinos, supongo. Siempre he combatido las rancias figuras retóricas lo mismo que la acrítica aceptación de los clásicos, Shakespeare, Cervantes, Góngora o Quevedo. Para terminar, digamos que el hipérbaton que obedece a justificación métrica todavía tiene un pase. Bécquer no podía escribir En el ángulo oscuro del salón porque el decasílabo se le salía de madre. Pero cadáver son las que ostentó murallas, en vez de es un cadáver que ostentó murallas son ganas de joder o de parecer propietario de un idioma profesional, minoritario y exclusivo, algo que va muy bien con la jactancia de quien se tiene a sí mismo por poeta. El Góngora que escribe caído se le ha un clavel en vez de se le ha caído un clavel pretende decirnos: ¿Ven ustedes lo poeta que soy? Prefiero el Góngora que se hartaba de caracoles. Otra poesía es posible. No al cáncer de estilo.

Daniel Lebrato, efecto secundario del Viaje a Italia, 24/06/2016

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No a las figuras retóricas

Quevedo

Francisco de Quevedo y Villegas, atribuido a Juan van der Hamen, antes a Diego Velázquez.

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NO A LAS FIGURAS RETÓRICAS

enmiendas a un soneto de Francisco de Quevedo (1580‑1645)
A Roma sepultada en sus ruinas
(El Parnaso español, 1648)

A ROMA SEPULTADA EN SUS RUINAS

Buscas en Roma a Roma, ¡oh peregrino!,
y en Roma misma a Roma no la hallas:
cadáver son las que ostentó murallas
y tumba de sí propio el Aventino.

Yace donde reinaba el Palatino
y, limadas del tiempo, las medallas
más se muestran destrozo a las batallas
de las edades, que blasón latino.

Sólo el Tíber quedó, cuya corriente,
si ciudad la regó, ya sepultura
la llora con funesto son doliente.

¡Oh Roma!, en tu grandeza, en tu hermosura
huyó lo que era firme, y solamente
lo fugitivo permanece y dura.

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No hay más remedio que corregir a los clásicos. Estamos obligados en nombre de la estética, de la claridad y el buen gusto.

Hablamos del verso tercero: cadáver son las que ostentó murallas.

La idea es: las murallas que ostentó Roma son (un) cadáver, equivalente a esta otra: Roma, que ostentó murallas, es [un] cadáver.

las sin antecedente (femenino plural) no encuentra su consecuente hasta murallas, que llega muy tarde y por satisfacer la rima en ‑allas.

cadáver son choca con la concordancia intuitiva: cadáver es.

–las murallas serían cadáveres, no cadáver.

Total: tres reparos y ninguno grave, pues la retórica de su época (anástrofe, hipérbaton) autoriza a Quevedo a no decir cadáver es la que ostentó murallas, o, mejor aún, es [un/hoy] cadáver que ostentó murallas.

Otro punto endeble del soneto resulta la secuencia batallas de las edades (versos 7 y 8), determinada por la rima, otra vez, y por el número de sílabas, que quedaría en 9, y no 11, si hubiera escrito batallas de la edad (carrera de la edad leemos en su soneto Miré los muros de la patria mía).

En fin, niñas y niños que escribís poesía, no exageréis la carga de figuras retóricas. Por algo, a las figuras se las llama licencias, licencias que son permisos para matar la buena literatura y el fluido natural del idioma.

No existe el idioma poético, ese que permitió a Bécquer usar por dónde y a él y a su escuela (Luis Cernuda) tal y cual por como (tal un dios : como un dios). No existe el idioma poético más que como negación del idioma buenamente común, dignamente vulgar y sanamente ordinario. Prevenid, jóvenes, el cáncer de estilo.

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Daniel Lebrato, efecto secundario del Viaje a Italia, 19/06/2016

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Roma y Florencia

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ROMA Y FLORENCIA

Roma y Florencia guardan cierto pique una con otra. A Roma le falta saldar sus cuentas con el Barroco; a Florencia, con los mercaderes de oro y diamantes del Puente Viejo. A Roma le sobran los atropellos de la Contrarreforma; a Florencia le falta el Trastévere. Del barroco romano, se salvan las estatuas de plazas y fontanas, la distorsión y el escorzo dan vida y movimiento a las figuras, pero son abusivas las fachadas jesuíticas. Roma recuerda al viajero lo que el viajero abominó de la arquitectura jesuita en otras regiones. Como en la hermosa Cáceres, donde la iglesia de San Francisco Javier, que está bien para las misiones, nunca debió plantarse donde no había misión. En Lisboa la bella, iguales mamotretos de la Orden estropean lo que vemos. Todo son dudas para el residente y el turista. ¿En qué momento se detienen las ciudades? ¿Quién o qué fija el punto de decirle a la ciudad: no la toques más, que así es Lisboa? Que a veces el atropello obra el milagro, lo sabemos por la Giralda de Sevilla pero lo ponemos en duda por la mezquita de Córdoba. En los dos casos vinieron los cristianos sobre los árabes, hicieron de las suyas. Si consentimos la superposición por parte de los vencedores, Mezquita y Roma tenemos que aceptarlas, pero también Sevilla con Las Setas o la Torre Pelli, en tanto monumentos del capitalismo, que es lo que hoy se lleva y, en ese sentido, es arte vencedor. Probablemente la respuesta esté en la comodidad de la gente y en la vida que la gente imprime. En Roma todas las guías coinciden en que los romanos pasan olímpicamente de sus arqueologías y glorias monumentales. En el Foro, en el Capitolio, no había más que turistas. La vida estaba en otra parte. Florencia, otra vida que tiene, está en Fiésole, cruce de Aljarafe con las ermitas de Córdoba. Allí, en Fiésole, el privilegiado retiro (sacrificio, le llamaban) de los señoritos franciscanos antes de que la Orden los mandara a trabajar, nenes, al centro de las ciudades. Era el románico frente al gótico. Desde Fiésole, da gusto pensar los tópicos y la vida retirada, la primera, la de Boccaccio por huir de la peste, que le inspiró el Decamerón. Boccaccio, Dante, Petrarca. Decir Florencia es decir origen, es como repasar la primera lección del libro de texto. Por donde empieza todo. La lengua. Igual que Florencia está unida a sus humanistas, ya quisiera Roma librarse de sus teólogos y adivinos. El prefijo a‑ es privativo, como anormal de normal. De Roma, nos quedamos con la estatua de Giordano Bruno.

Viaje a Italia (1), (2: Roma)

Fíesole, en nuestras fotos