Etiqueta: París

Arde París.

En Castaño del Robledo, Sierra de Huelva, un grandioso templo inacabado, que hoy llaman el Monumento, da ejemplo de adecuación cristiandad sociedad: Si no hay dinero ni feligresía, porque decae la población, dejamos la iglesia sin terminar y nos vamos. Frente al Castaño, Barcelona está empeñada en concluir una Sagrada Familia que no responde ni a la oferta ni a la demanda religiosa; cierta soberbia a la catalana.

Ahora que arde Notre-Dame de París, varias soberbias y orgullos heridos serán portada. Desde el ¿cómo es posible? (que no se hubiesen tomado medidas preventivas anti chispa o anti incendio) hasta el ¿qué hacer? que debería correr por cuenta de la fe privada, no de la municipalidad ni de fondos unescos o europeos.

Arde Notre-Dame porque Dios lo ha querido, piense el creyente que el ¡hasta mañana! nos lo redondea con ¡si Dios quiere! Dios lo ha querido y, sin nosotros desear a nadie tristeza o desolación, es hora de ajustar los relojes de la sociedad civil y de la sociedad creyente. No estamos en el siglo 12. Dios es un particular. Y hay una belleza especial en la contemplación de las ruinas; tópico muy literario, muy paspartú de la pintura clásica, muy romántico y decadente tan atractivo o más que la catedral impecable que saldría de las obras o que saldrá de la reconstrucción.

La poesía de ruinas de nuestro siglo de oro (aquella que explicaba la derrota de una Roma pagana para el triunfo de otra Roma, cristiana) no sirve ya. Aparte Víctor Hugo, detrás de Notre-Dame de París no había nada que no fuese grandeur o chovinismo, así lo llamen arte, cultura o patrimonio de tal o cual. Déjenlo arder.

Ensayo sobre Luzbel

¿Arde este mundo?

Una ciudad es un mundo cuando amamos a uno de sus habitantes. La cita es de Lawrence Durrell en El cuarteto de Alejandría, (1957‑1960). Como todo es espacio y tiempo, el subordinante cuando introduce una condicional (igual a si). Construcciones de este tipo, también con mientras o en tanto que, lo mismo sirven para casos personales, como el del Cuarteto, que para situaciones humanamente universales. Conectamos con Tinta de calamar, 262:

«¿Arde París? (Paris, brûle-t-il?), novela de Dominique LaPierre y Larry Collins (1964), recrea una escena que, si no fue verdad, es muy hermosa. Sucede al teléfono entre un ayudante de Hitler, en Rastenburg, y un mando del ejército alemán de ocupación en París. La mañana del viernes 25 de agosto de 1944 el Führer quiere saber si ya están dentro de París las tropas aliadas y si se habían cumplido sus órdenes de incendiar la ciudad antes de entregarla. ¿Arde París? Por toda respuesta el alemán asomó el auricular a la ventana abierta por donde entraban La Marsellesa y el repique de todas las iglesias de París. Mireille Mathieu cantó para la película su canción Paris en colère y nosotros nos quedamos con su estribillo. Dios nos libre si no es libre París. A imagen de ese estribillo (no hay A sin B), no hay mundo libre si un país no es libre y no es libre una persona si otra persona no lo es.»

Ahora que A y B mutuamente se felicitan como si no hubiera C, y pues solo podemos ser felices en felicidad condicional (no en el telediario de los horrores ni en la plaza pública de la mendicidad) eLTeNDeDeRo opta por la película: ¿Arde este mundo? Felices ideas y prósperas opiniones.

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La muerte en zapatillas

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CONTENEDOR DE BASURA EXPLOSIVA

Nueva Jersey y Nueva York. El contenedor homicida está dotado con un ingeniosísimo artefacto explosivo que se activa cuando usted ‑medio de casa, medio de calle‑ va a echar la basura. El contenedor explosivo actúa contra la víctima en su hora más tonta. Cuando sacas al perro, cuando bajas a fumar o a tirar tu bolsita de basura. Abres el contenedor y ¡boum! Lo cual que, piénsenlo los hombres y las mujeres de buena voluntad que a cada susto declaran a la tele: no podrán con nosotros, no cambiarán nuestras costumbres, nuestra libertad. ¿Seguro? Ayer en París otra falsa alarma asustó a la ciudad lo mismo que si hubiera sido cierta y confirmada. Es la hora ciudadana de hacernos cargo de la política que hacen nuestros Gobiernos, nuestros ejércitos y nuestras empresas que antes fueron nuestro pasado colonial. Nadie merece un susto pero nadie es inocente.

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LOS CREYENTES NUNCA HAN SIDO

 

Metro de Londres

LOS CREYENTES NUNCA HAN SIDO

Tú no eres musulmán, hermano, le dijo el musulmán bueno al musulmán malo. No ni ná, como se dice en mi pueblo. Todas las religiones se desdoblan y, por supuesto, todas son buenas. Cuando les interesa, su reino no es de este mundo, o estuvo en el paraíso o estará en la gloria, pero sus iglesias bien que están en este mundo. En todos los conflictos desde la Segunda Guerra Mundial para acá, en todas las guerras, ha habido tres componentes conocidos: poder, raza y religión. El poder, la raza y la religión, con fondo de sionismo, estuvieron en la creación de Israel y siguen en la interminable Palestina. El poder, la raza y la religión, con fondo anti soviético, estuvieron en la Guerra de los Balcanes. El poder, la raza y la religión, con fondo de petróleo, estuvieron en Irak, en las Guerras del Golfo y están en Siria; mañana, ya veremos. Y en nuestros telediarios, la sección fija: París, Túnez, Egipto, Níger, Nigeria, Chad, Camerún. Desde San Bernardino, en California, hasta el metro de Londres y hasta Yemen, donde volaron por los aires al mismísimo gobernador de Adén. Poder, raza y religión protagonizan las noticias del horror y, ahora, póngase usted a ver si vota a Pablo Iglesias o a Albert Rivera o cómo quedó su equipo en la Liga ayer domingo. Tú no eres musulmán. Antes fueron buenos los católicos y los protestantes, a quienes Europa perdonó desde la Guerra de los Cien Años a la de los Seis Días. Al lado de eso, que es historia, que tú, el creyente de 2015, seas mejor o peor persona, que te salves o no o que tu dios te acoja cuando te hayas muerto, a quién, más que a ti, le importa. Vive la fe que quieras pero no pretendas convencernos de que lo que pasa en el mundo es por falta de religión. ¿Cuál?, ¿la tuya, la suya o la de ellos? Y en caso de ser la tuya, que será lo más probable, ¿en qué fase de tu religión? ¿En la del Cristo que anduvo en la mar, en el que nació en Belén, en el que expulsó a los mercaderes del templo, el que emprendió cruzadas contra el turco, el que cristianizó a los indios, el de la teología de la liberación, en papas intelectuales como Benedicto 16 o en accesibles como Jorge Mario Bergoglio? Poder, raza y religión. ¿La raza?, después de Obama, un presidente negro, se está en ello. ¿El poder?, mientras no cambie el sistema económico, seguirá ahí. Se comerán Cuba, ayer mordieron Venezuela y con los ultranacionalistas franceses conquistarán París. Y a ustedes, los católicos cultos, educados, razonables, occidentales, ¿tanto les cuesta guardarse sus crucifijos para que, a cambio, se guarden sus velos y sus turbantes, sus bombas y sus fusiles? Si el del cuchillo en el metro de Londres no es musulmán, que vengan los musulmanes y lo recojan. Si la religión musulmana no es mala, que vengan las otras religiones y la recojan. Es su responsabilidad. Todas las religiones están unidas por Dios como Mas y Rajoy por el mismo nacionalismo y como Sevilla y Betis por el mismo fútbol. Quien no juega el juego del poder, quien no entra en cuestiones de raza ni de religión, es superior a sus contrarios. Solo por eso, y por seguir mandando nuestros Erasmus a estudiar a Londres, merece tomarse en serio la erradicación de las religiones de nuestra vida pública. Háganse caso, recen en privado.

Los creyentes, o7 12 2015


Yemen

DOS LECCIONES DE PARÍS

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DOS LECCIONES DE PARÍS
los inocentes

  1. El héroe épico encabezaba la guerra al frente de sus tropas. Leónidas y sus trescientos. El Cid con doce de los suyos. Manrique o Garcilaso, con su alta nobleza, dieron su vida peleando a pie de muralla. En cambio, la guerra moderna se dirige desde un puesto de mando donde el general no arriesga nada. ¡Adelante la infantería!, y allí van los pobres peones (como en el ajedrez) derechos a se acabar e consumir. Para que los peones vayan contentos al sacrificio hacen falta poderosos estímulos y mecanismos de coacción (la paga, la patria, la gloria). En los modernos ejércitos, de oficiales para arriba, ya no hay valientes. Generales y mandos civiles disponen de vidas que no son suyas. Mandan inocentes a la muerte.

  1. Un ejército es un ser para la invasión (si no, sería policía interior). Frente a los ejércitos invasores, las naciones invadidas desarrollan otras formas de ataque y de defensa: la guerra de guerrillas o el guerrillero aislado, los dos estuvieron en nuestra Guerra de Independencia. Hoy, la guerrilla se llama comando y, el guerrillero, terrorista. Comandos y terroristas actúan de dos maneras: contra políticos de altura (un rey, como Alfonso XII, un presidente, como Carrero Blanco), en lo que sería un magnicidio; o sembrando el pánico indiscriminado entre víctimas civiles, en lo que es puro terrorismo. A estos dos modos, habría que añadir un tercero de boicot contra objetivos militares o civiles. Un atentado total, que sumaba las tres estrategias, fue el que pensó Al Qaeda: destruir el Pentágono. Las Gemelas dieron víctimas inocentes; París, también, aunque el presidente Hollande, el general en su escondite, estaba pensado como objetivo de magnicidio.

  1. Los de arriba nos hacen creer que los yihadistas mataron víctimas inocentes. Esto es verdad en parte. Hollande, presidente de Francia no se sostiene sin franceses, del mismo modo que a Hitler lo sostuvo la población alemana. Un francés medio, una francesa media, no se explican (su modo de vida, su consumo, su cultura, su ocio) sin contar con lo expoliado a otras naciones o pueblos (mundo árabe, África, lejano Oriente) y sin contar con la aportación al PIB de la mano de obra inmigrada desde esos países. Francia está en deuda, le debe algo a la Historia; los franceses, también.

  1. Países que no eran la Francia que presume de laica, fueron rearmados ideológicamente con la religión, de base supersticiosa y sumisa, contra los frentes de liberación (OLP de Arafat), de base racional. Desde que internet existe, esos países nos ven, saben cómo vivimos, qué nivel de vida hemos alcanzado a costa de la suya, sumida en la miseria. Esta mirada de Oriente a Occidente, de Sur a Norte, es una mirada rencorosa y muy agresiva contra un pasado colonial que el ciudadano medio del primer mundo finge ignorar o que, como es historia, no tiene remedio y él qué culpa tiene. El sueño de estas clases medias era un mundo plano sobre un modelo sueco, escandinavo o nórdico del Bienestar.

  1. Ante la caída del Bienestar y ante la presión de los bárbaros (los sirios, los subsáharas), el ciudadano occidental se inquieta. Por un lado, quiere guardar sus privilegios, haciéndose el tonto y, por otro, sabe que tiene que contribuir, con su mala conciencia, a una reparación histórica: son las oenegés, los voluntariados, las causas humanitarias, parches para un edificio en ruinas. Estas personas estaban (estábamos, yo hubiera sido una de ellas) en los bares o en el estadio de fútbol el viernes 13 de noviembre. Sus nombres no los vimos ni los supimos por adelantado, claro, pero la masa o el grupo de riesgo al que pertenecían, sí que lo sabíamos, como aquí supimos dónde estuvo España cuando la Guerra de Irak y sabíamos que un día vendrían a por nosotros. Los atentados de Atocha fueron de una táctica ciega sobre una estrategia evidente: tropas españolas, al mando de Aznar y generales en sus despachos, habían ido a joderles a ellos, que no nos habían hecho nada y eran, antes que las víctimas de Atocha, inocentes y en sus asuntos y en su tierra. ¿Qué fuimos españoles a hacer allí? Como la Iglesia habla del cuerpo místico, cuya cabeza es Cristo y, el cuerpo, la comunidad de los fieles, así nosotros somos parte culpable del cuerpo místico de Occidente. Mientras no forcemos la neutralidad política y religiosa de España, el #noalaguerra se queda corto: hay que romper con el bloque Otan Usa y aliados, y con la Iglesia católica como religión de identidad. Mientras tanto, y como españoles, no seremos inocentes.

  1. La lección que viene de París no es el regodeo con las víctimas del terrorismo: más velas, más monumento y más Marsellesa por los caídos. La gran lección es cómo una voluntad universal puede aplicarse para salvar un grado o dos centígrados la sutil temperatura del Planeta. Si lo que se hace por el inasible cambio climático se hiciera por la humanidad como primera especie protegida, no solo se salvaría la Tierra, el vehículo en que viajamos, sino todos, absolutamente todos, los pasajeros. No se conoce mejor ecología.

Ni tontos ni marxistas, 02 12 2015

enlace a crítica del terrorismo puro y crítica lingüística del terrorismo