Etiqueta: opinión

de la necesidad de ideas sostenibles y de un centro de interpretación de nosotros mismos.

Daniel Lebrato en Ave clase preferente Madrid Sevilla 31 05 17

En viaje por España se me han juntado tres conversaciones o llantos: llanto por pueblos y aldeas que se vacían, llanto por pequeñas tiendas y oficios que van desapareciendo y llanto por la fuga de cerebros o titulaciones que se subemplean o emigran porque no encuentran trabajo en lo suyo.

Como no podemos vivir del tópico ni quejarnos de lo que no tiene remedio, y hoy que tanto se lleva lo sostenible y hay un centro de interpretación (turística) para cualquier cosa, aconsejo una interpretación de nuestras vidas y de la vida en general bajo principios sostenibles. Así no nos contamos películas ni caemos en romanticismos. Un principio básico es la economía: las ideas son gratis pero no la política entendida como la llevada a la práctica de las ideas. Y otro principio es asumir la responsabilidad personal de manera que cada quien defienda las ideas y la vida que se pueda costear. Seguro que entonces ya no tendríamos opiniones patrióticas nacionalistas y embotelladas y fáciles de echar al mar de las conversaciones en sobremesa.

Aunque se puedan reinventar con nuevos motivos ‑por ejemplo, el turismo o la ecología‑, pueblos y aldeas y oficios se cierran por motivos económicos irreversibles. Llámenle progreso. Y la universidad española peca de engañosa ambigüedad desde el comienzo: con dinero público se quiere formar un personal que luego, si puede, se forra por la privada: en la Habana, médico y, en Miami, millonario, vida mía. Ese juego no nos podía emocionar y, ahora en España, si tienes que irte al extranjero, te vas, mi vida. Distinto caso sería la fidelización o funcionarización de las titulaciones universitarias, algo que ya sucede con las academias militares, donde ingresar significa egresar para el ejército español. Ese automatismo podría darse en medicina o ingeniería cuando ingresar signifique, primero, que esa plaza de trabajo la necesita España y, después, que usted va a ejercerla si no toda su vida como funcionario público, al menos el tiempo suficiente para devolverle a España el dinero que España invirtió en su formación.

Al final, hablábamos de nosotros mismos y del pie por donde cojeamos. Pero eso en dialéctica da para poco. Saramago en su novela pudo echar a pelear al alfarero contra Porcelanosa. En la vida real, no.


de la necesidad de ideas sostenibles y de un centro de interpretación de nosotros mismos.

En viaje por España se me han juntado tres conversaciones o llantos: llanto por pueblos y aldeas que se vacían, llanto por pequeñas tiendas y oficios que van desapareciendo y llanto por la fuga de cerebros o titulaciones que se subemplean o emigran porque no encuentran trabajo en lo suyo.

Como no podemos vivir del tópico ni quejarnos de lo que no tiene remedio, y hoy que tanto se lleva lo sostenible y hay un centro de interpretación (turística) para cualquier cosa, aconsejo una interpretación de nuestras vidas y de la vida en general bajo principios sostenibles. Así no nos contamos películas ni caemos en romanticismos. Un principio básico es la economía: las ideas son gratis pero no la política entendida como la llevada a la práctica de las ideas. Y otro principio es asumir la responsabilidad personal de manera que cada quien defienda las ideas y la vida que se pueda costear. Seguro que entonces ya no tendríamos opiniones patrióticas nacionalistas y embotelladas y fáciles de echar al mar de las conversaciones en sobremesa.

Aunque se puedan reinventar con nuevos motivos ‑por ejemplo, el turismo o la ecología‑, pueblos y aldeas y oficios se cierran por motivos económicos irreversibles. Llámenle progreso. Y la universidad española peca de engañosa ambigüedad desde el comienzo: con dinero público se quiere formar un personal que luego, si puede, se forra por la privada: en la Habana, médico y, en Miami, millonario, vida mía. Ese juego no nos podía emocionar y, ahora en España, si tienes que irte al extranjero, te vas, mi vida. Distinto caso sería la fidelización o funcionarización de las titulaciones universitarias, algo que ya sucede con las academias militares, donde ingresar significa egresar para el ejército español. Ese automatismo podría darse en medicina o ingeniería cuando ingresar signifique, primero, que esa plaza de trabajo la necesita España y, después, que usted va a ejercerla si no toda su vida como funcionario público, al menos el tiempo suficiente para devolverle a España el dinero que España invirtió en su formación.

Al final, hablábamos de nosotros mismos y del pie por donde cojeamos. Pero eso en dialéctica da para poco. Saramago en su novela pudo echar a pelear al alfarero contra Porcelanosa. En la vida real, no.

por una muerte sin cadáver

Igual que se sirve cerveza con o sin alcohol, tendrían que preguntarnos la muerte ¿cómo la quiere?, ¿con cadáver o sin cadáver? La muerte sin cadáver despide al muerto en el cuarto de hospital y sale a la calle a seguir la vida. El hospital se hace cargo del cuerpo residuo orgánico. Quien no quiera el cadáver, ¿por qué tiene que cargar con el muerto? y, sobre todo, ¿por qué tiene que acudir a la privada (funeraria, tanatorio, etc.) después de haber cotizado toda su vida a la seguridad social que trae consigo la sanidad pública? [1]

Enlace a La muerte a cargo de la seguridad social.

[1] Las respuestas a estas preguntas retóricas no anulan que sigamos preguntándonos ¿por qué la Iglesia?, ¿por qué El Ocaso?, ¿por qué ‑según parece‑ nadie, ningún colectivo, dice nada?

la creación periodística

Captura de pantalla 2016-09-28 12.38.38.png

LA CREACIÓN PERIODÍSTICA
premisas y mecanismos de un género creíble–

Hablamos de creación periodística como hablamos de creación poética o artística. Solo que aquí no se busca la originalidad sino el convencimiento, la alucinación colectiva. Los medios no cuentan la actualidad: la crean, la recrean o la interpretan. Desde McLuhan a Umberto Eco, esto es axioma. La prueba: el receptor decide, el usuario elige el medio que le dé la razón a él y a su partido, político o de fútbol. Mecanismo circular: yo te cuento lo que quieres oír y tú aumentas mi audiencia, mi share, que hará subir mis ingresos por publicidad. Cuestión de fe. La opinión pública: dios; el quiosco o la parrilla: templos de culto; y cada grupo de fieles (al ABC, a El Mundo o El País): creyentes.

–PREMISAS de la creación periodística. Hace falta creer en:

  1. la libertad de prensa (quien paga, manda; quien financia tiene derecho a manipular)
  2. la democracia (como el sistema mejor o menos malo)
  3. la opinión personal (una persona, un voto)
  4. la opinión pública (base de la acción política)
  5. la mayoría o mayorías a las que es conveniente pertenecer (gregarismo)

–MECANISMOS de la creación periodística:

  1. ideología. Enfoque. Valores y visiones del mundo que se quieren transmitir.
  2. selección. Qué es y qué no es noticia.
  3. fuentes. Noticias de procedencia ajena (agencias, otros medios) o de elaboración propia. ¿Qué investiga el periodismo de investigación?
  4. documentación. Antecedentes de la noticia.
  5. composición. Titulación, destacados, avances o recuadrillos.
  6. redacción. Lenguaje y estilo.
  7. opinión indirecta. Testigos dan opinión en estilo directo sobre cualquier noticia (puede ser el tiempo, el calor que hace o lo que diluvió ayer).
  8. opinión directa. Del propio medio a través de editoriales, firmas colaboradoras o el empleo de un lenguaje evaluativo.
  9. montaje. Contexto o relaciones complementarias y suplementarias: lo que va antes y después.
  10. situación. ¿Cómo?, ¿dónde? y ¿cuándo? de la información y de la comunicación.
  11. contraste. Con otras fuentes o medios.
  12. campaña. Relaciones complementarias: todos los medios dicen más o menos lo mismo.
  13. exclusividad. Relaciones suplementarias: un medio crea o da una noticia que los demás no dan.
  14. seguimiento. Tiempo que dura una noticia.
  15. responsabilidad. El medio se implica o se desentiende de lo publicado.

Ejemplo de creación periodística. España (que es Europa y es Otan, Ceuta y Melilla ‑y no Gibraltar‑, sin platearse otra cosa) está muy mal con Rajoy en funciones que no toma posesión por culpa de Pedro Sánchez. En internacional, Siria nos obliga a acoger refugiados, sobre todo por lo que sufre la infancia bombardeada con armas químicas por Bashar al-Ásad apoyado por Rusia. Venezuela es una dictadura. Religiones y armas son buenas y necesarias, aparte casos aislados, como yihadistas o polis blancos que se pasan matando afroamericanos. Hay que apoyar onenegés y movimientos solidarios en un mundo donde todos tenemos los mismos derechos aunque no vivamos en mundos iguales. Tiene que haber de todo. Hablar con la familia: plan para el fin de semana. Nota en la nevera: qué hay que comprar en Mercadona.

periodismo

mezcla
La suma de los colores da el blanco

periodismo

un lenguaje y un estilo que no enmascaren la dominación

Antonio Machado decía a su compadre: ¿Tu verdad? No. ¡La verdad! La tuya, guárdatelá. (Primera vez, que sepamos, que un poeta culto reconocía la acentuación aguda de estas esdrújulas ocasionales que en español forman verbo, complemento indirecto y directo, donde se demuestra además que los pronombres átonos, tan átonos no son, mire usted, pero a lo que íbamos.) El poeta o su mentor creen que hay una verdad objetiva y se supone que esa objetividad es la que un lector de periódicos busca al acercarse al quiosco -iba diciendo el profesor en clase de periodismo-, pero ese lector cuando llega al quiosco y ve que cada periódico da su versión de una misma noticia, percibe que a la objetividad únicamente llegaría llevándose el quiosco a casa y ni aun así: la verdad pudiera no estar en ninguno de los diarios a su alcance. Lo que, desde luego, no podíamos hacer es darle cancha al pensamiento pusilánime: ¿leer el periódico, para qué?, si cada uno va a contar lo que le dé la gana. Ni tampoco ser tan ingenuos que quisiéramos un único periódico, especie de boletín oficial del Estado: aun con sus defectos, la libertad de prensa es preferible. Otro argumento a favor de la prensa subjetiva, que toma partido, es que la prensa nació como gaceta del Estado absolutista o como órgano de expresión de las ideas políticas, así que no es de extrañar que siga habiendo prensa de derechas, de izquierdas y de todos los colores. El profesor cerraba su disertación con el lema del diario Liberación el breve tiempo que estuvo entre nosotros: un lenguaje y un estilo que no enmascaren la dominación. Han pasado los años, comprar periódicos es cosa de viejos y, con las nuevas tecnologías, quien no lo era se ha vuelto periodista, los periódicos de papel se están reinventando en digitales y es casi imposible que pase algo en el mundo sin que alguien lo grabe por teléfono, haga fotos o vídeos de lo que antes era una noticia y hoy puede ser un subidón de audiencia (trending tópic) o un espectáculo. De pronto adquiere más importancia el periodismo de opinión que el periodismo de información, que consumimos, antes que en el periódico diario, por la radio, por la tele, por el teléfono, por la tableta o por el ordenador. Las columnas de opinión presentan el mismo problema que el periodismo informativo: puedo leer a unas y a otras firmas de prestigio, y seguir con la duda de cuál de todas será al final mi propia opinión. Lo que sigue valiendo y mereciendo la pena es el periodismo de investigación, aquel capaz de bajar a las cloacas, de analizar con lucidez el presente que pasa y de anticiparse a las jugadas que desde el poder se siguen maquinando contra las buenas ideas y contra la pobre gente. Necio, aprende, que el mozo de un ciego un punto ha de saber más que el diablo, aconsejaba el ciego a Lázaro cuando era su lazarillo. Un punto más que el diablo, que la realidad, que la subjetividad y la objetividad juntas. Proponemos una tercera vía entre las dos divisiones clásicas del periodismo, el de información y el de opinión: el periodismo de interpretación. ¿Qué pasa en Siria? ¿Acabaremos todas las mujeres tapadas a la islámica? ¿Es cierto que Estados Unidos apoyó el Estado Islámico? O, visto desde aquí, desde Andalucía, ¿merecen Ceuta y Melilla seguir bajo bandera española? ¿No se reconoce a Cataluña su derecho a decidir, y a Gibraltar ya se le ha reconocido? ¿Es ético combatir el desempleo creando puestos de trabajo en empresas que matan, como Airbus Military, o dando prestado el suelo de España para operaciones militares, como en Rota o en Morón? Los de arriba, cuando pueden, la información la esconden, y eso justifica un periodismo de información privilegiada, pero a la contra, un confidencial. Sería un periodismo que respondiera a las preguntas ¿sabías que…?, con muchos puntos suspensivos, que nos hacían los libros en el colegio. La respuesta a ¿sabías que…? puede ser una prensa crítica, libre en el sentido de no manipulada. Un lenguaje y un estilo que no enmascaren la dominación.

  ­


enlace a Libro de estilo


Memoria y desmemoria de la transición

LAS DOS ESPAÑAS

Leo en Luis García Montero que “Antonio Machado no escribió sus famosos versos (una de las dos Españas / ha de helarte el corazón) para referirse a la derecha y a la izquierda, sino a los turnos de los partidos de la Restauración, a las dos Españas monárquicas de los conservadores y liberales”. Anoto al margen: se non è vero è ben trovato, está bien hallado: la teoría de las dos Españas, tan útil cuando ansiábamos una España distinta, mesiánica, con el tiempo y la democracia se ha vuelto una idea más peligrosa que un alacrán en un zapato.

Dos Españas como dos madres ante el juicio de Salomón: una tendría mucho que ganar con que hubiera otra a quien echarle la culpa. Entre la negra y la blanca, entre la azul y la roja, entre el clavel y la espada, se ha ido enredando (enredandó como en el muro la hiedrá) un rey que se postula para arbitrar y poner paz entre las dos Españas, y que nos dejó tirados la larga noche del 23-F mientras su majestad dudaba entre Constitución o generales golpistas.

La teoría de las dos Españas alimenta el tópico nacional. Tópico es: Psoe y Pp, todos los políticos sois iguales; condenar lo que sea, venga de donde venga; y equiparar del tirón todos los ismos de nuestro pasado reciente: nazismo, estalinismo o castrismo. Este centrismo coloca al topicante demócrata en el justo medio, donde le han dicho que está la virtud, y queda él, tan majo y tan buenón, que te dan ganas de comértelo a besos.

Habría que decir al buenón de turno que las atrocidades de la historia moderna (postnapoleónica) echan raíz en los ejércitos y en las patrias, en Estados buenos y enemigos malos a quienes, respetando Convención de Ginebra y Derechos Humanos, se puede exterminar; que los campos nazis y estalinistas deberían llevar al horrorizado a militar en las ideas y que, para ser coherente, tendría que estar en contra de cárceles y sistemas de privación de libertad, alérgico a las ferreterías que venden alambres de espino, y en contra de la guerra como método para resolver conflictos entre naciones o pueblos.

Habría que decirle que, si hay dos Españas, una lleva siglos haciendo historia; otra, tal vez ha levantado el puño o preguntado si se puede. Por otra España entiendo la de los santos inocentes: servil, mal educada, mal vestida, inculta, lujuriosa, medio deforme y faltita de todo. Lo que nadie podrá decir es que esa España de santos inocentes ha traído la crisis o nos ha llevado a Afganistán. Hay una clase que no ha podido hacer mal la historia, porque no la ha protagonizado. Medirse con otros machos de taberna, sí lo han hecho: es parte de una intrahistoria que incluye el fanatismo por el fútbol o por las tías buenas y maltratar a la que llaman la parienta. El espejo de esta España inferior es aquella otra que ora y embiste cuando se digna usar de la cabeza.

Cuando nuestro buenón se digna y pontifica sobre las dos Españas de república y guerra civil (sintagma precocinado), el buenón se está comiendo la demografía de cada bando, sus razones para la paz y para la guerra y el futuro que hubiera traído la victoria de una u otra España. La quema de iglesias, los abusos, fusilamientos y violaciones en el lado republicano, sólo se metabolizan en un pensamiento superior y militante. Lo que no cuadra es tan buena vista para ver de lejos las viejas fechorías y tan poca vista para no ver el mapa de los horrores de ahora mismo. Supongamos las minas antipersona made in Spain.


Una historia que es memoria

La llamada transición española marcó el paso de la dictadura a la democracia y es resultado de una serie de reformas, acuerdos y pactos que tuvieron lugar entre diciembre de 1976 y diciembre de 1978. Protagonistas fueron, por parte progresista, la izquierda social-radical del Pce y la izquierda social-demócrata y liberal del Psoe; y, por parte conservadora, la extrema derecha de Manuel Fraga (Ap-Pp) y el centro derecha de la Ucd más los partidos moderados vasco y catalán, al fondo el rey Juan Carlos y la unidad de España, la bandera y el ejército. Hitos de la transición: Amnistía, Pactos de la Moncloa y Constitución.

Entre amnistías y pactos, quedó blindada la Constitución de 1978 que cerraba un régimen, el franquismo, y dejaba otro atado y bien atado: esta democracia. Pactos y Constitución marcaban la España que iba a ser pero también la que no iba a ser: no sería España republicana ni federal, algo que la Constitución dejaba a la posteridad a precios políticamente prohibitivos.

Además de un Gobierno homologable por países aliados, la clase política española se daba a sí misma una salida y una historia: una historia que fuera la Historia y una salida a personas concretas que pareciera una solución para todos.

La Historia se reescribió así: Tema República y Guerra Civil (de esta manera se asocia la Segunda República con tiros y disturbios desde el mismo momento de su proclamación en 1930). En 1936 lo que hubo fue el estallido de un conflicto latente entre las dos Españas, estallido que se veía venir y que la república atrajo como la torre al rayo. La guerra civil (llamémosla guerra cuanto antes) fue guerra y no golpe de Estado, para lo cual tienen ustedes que pasar por alto un día incómodo, el 16 de julio de 1936, y los días que precedieron y siguieron a aquella fecha. Tienen ustedes que pasar de puntillas por la ‘cuenta de la vieja’ de Franco y de sus compinches: el pronunciamiento, el baño de sangre, la toma del poder y el reparto del nuevo Estado. Todo eso habrá que reducirlo a un mal necesario, por ejemplo: es que la república iba fatal, es que la convivencia estaba muy deteriorada, era el giro comunista del Frente Popular. La cuestión será hacer olvidar que, comunista o no, el Frente Popular fue un Gobierno legítimo salido de una legítimas elecciones.

[Dicen que cada español aficionado al fútbol lleva dentro un seleccionador nacional y un once ideal con el que la selección ganaría todos los partidos. Aquí igual: frente al lenguaje secamente estadístico que preside la democracia, “quien gana, manda”, en la república tenía que mandar no quien había ganado (el Frente Popular), sino quienes tenían y tienen en la cabeza los ‘seleccionadores’ de la patria. La legitimidad democrática se la pasaron los golpistas por la culata como los demócratas se la pasan por las novelas de Javier Cercas.]

Una vez puesto a enfriar el pronunciamiento de Franco, la historiografía oficial fue aliñando otras fechas: la ‘guerra’ se habría iniciado en Asturias en octubre del 34, o el día que mataron a Calvo Sotelo, 13 de julio del 36, de modo que el uno de abril de 1939, último parte de guerra del general Franco, a su modo empezaba, si no la paz, la posguerra y, de la posguerra, a la reconciliación nacional y, de ahí, a la flamante Constitución.

No imaginaban que los derechos civiles, de personas tomadas de una en una, iban a sacar adelante una ley como la Ley de la Memoria Histórica.


Memoria que es historia

Si el golpe llegó a guerra civil no fue porque hubiera dos Españas sino porque la España golpista se vio sorprendida por la resistencia al golpe de la España pacífica, que fue la que hizo fracasar el pronunciamiento. En justicia universal, a los golpistas se les juzga por sus intenciones y por los golpes realmente dados a personas, familias o a instituciones. Si la guerra es el fracaso del golpismo y, a más guerra, más derramamiento de sangre, ¿a quién habría que juzgar con mayor motivo, a Franco o a Pinochet?, ¿al franquismo o la dictadura argentina?

La ley de amnistía (mejor: la amnesia) valía para gente como Santiago Carrillo (a quien la derecha reprochaba una matanza en Paracuellos del Jarama), como valía para culpables del régimen o de haber traído el régimen: golpistas y militares, funcionarios y particulares. Cuatro de las cinco partes firmantes del Pacto de la Moncloa, se dice pronto, tenían las manos manchadas de sangre (de verdad o de mala prensa): el Gobierno del Movimiento, la monarquía continuista, Fraga el de “la calle es mía” y Carrillo.

A aquella transición tan cortita, democráticamente hablando, le venía de perlas la doble presión de estar entre la espada del ejército golpista y la pared de los atentados de Eta. Y, la verdad, hubo un 28 de febrero de 1981. Hoy en 2010 el Gobierno promete la “salida policial” al terrorismo y ya no hay golpistas en el ejército. Si reconocemos las presiones de los poderes fácticos en el 75-81 y si justificamos lo injustificable en nombre del realismo político en aquellos años oscuros, ¿por qué en estos años claros se sigue santificando una Constitución conseguida bajo presiones, que es como decir bajo tortura? El caso más claro es la reforma de la ley electoral, que no costaría nada. Pues tampoco. Psoe y Pp se han dado cuenta de que el bipartidismo funciona, han descubierto que ellos son las dos Españas. Una cámara excesivamente fragmentada daría gobiernos inestables, dice el Psoe (no Izquierda Unida), y no parece oportuno cambiar la ley electoral. Como el Concordato con la Iglesia: “para otro día”.

Mientras la fábula de la modélica transición española corría entre nosotros y se hacía rosa con doña Letizia y libro de texto con la asignatura de ciudadanía, Argentina y Chile demostraban que no pasaba nada por sentar en el banquillo a golpistas y torturadores. Paralelamente, la disgregación de la antigua Unión Soviética no ha destrozado el mundo, sino dado independencia a países o naciones. (Ésa es otra que se ha comido el quinteto de la Moncloa: el derecho de autodeterminación de los pueblos. Ese derecho solucionaría pacíficamente la cuestión vasca o catalana, y haría más fácil el gran tema del que nadie quiere hablar: la descolonización de Ceuta y de Melilla, la puesta bajo control de España de Gibraltar, autónoma o federal, pero de España.)

Mundo al revés: juicios a Garzón y a la voluntad de Cataluña expresada en referéndum. Los demócratas que idolatran la Constitución responden que “en democracia”, y bajo “el imperio de la ley”, estamos a lo que dictaminen los jueces del Supremo y del Constitucional, que eligen los de siempre.

Ni tontos ni marxistas, querrán que digamos: amén.

Daniel Lebrato, 5 del 5 de 2010

MEMORIA Y DESMEMORIA DE LA TRANSICIÓN ESPAÑOLA
APÉNDICE DE FECHAS

1969 Franco nombra heredero al príncipe Juan Carlos

1975.20.11 muere Franco

1976.28.07 Concordato entre España y la Santa Sede

1976.30.07 primera ley de amnistía

1976.15.12 se aprueba en referéndum la Ley para la Reforma Política

1977.09.04 legalizado el PCE

1977.15.06 elecciones generales: gana la UCD de Adolfo Suárez

1977.15.10 segunda ley de amnistía

1977.25.10 Pactos de la Moncloa: firma del pacto económico, dos días después

1977.27.10 firma del pacto político, que Fraga no ve “oportuno ni efectivo”

1978.06.12 se aprueba en referéndum la Constitución, ratificada por las Cortes

1978.27.12 las Cortes aprueban la Constitución, que fija el Senado y la ley electoral

1979.01.03 elecciones generales: gana la UCD de Adolfo Suárez

1982.28.10 elecciones generales: gana el PSOE de Felipe González

2007.26.12 Ley de Memoria Histórica

Los pactos de la Moncloa en boletines oficiales

SOFISMA Y TOROS

M.D., gracias por el artículo de tu compañero sobre los toros.

Me agrada que haya gente contra esa barbaridad, aunque no estoy de acuerdo con
todo lo que él dice. Él no le da ninguna importancia al sufrimiento del animal, y la
preocupación por ese tema lo ve “primermundista” y aristocrático. Y es cierto que lo es,
pero la sensibilidad respecto al sufrimiento de otros seres probablemente sólo puede
surgir cuando las necesidades más perentorias estén resueltas. Él ve muy claro que
toda la muerte duele (hasta la de las lechugas, con lo que podría estar de acuerdo),
pero en este primer mundo hay leyes para reducir el sufrimiento en mataderos,
transporte, en animales de compañía, investigación, etc. (estoy en el comité de bioética
de mi instituto y rechazamos, como en el resto del CSIC y la Universidad, muchos
proyectos de investigación por conllevar sufrimiento a los sujetos de estudio). Así es
que la sociedad (de hecho sólo la del primer mundo, Occidente) no se desentiende del
sufrimiento.animal, trata de reducirlo con leyes.

Su postura es de izquierdas, pero creo que de la izquierda antigua. Bueno, es natural
que la gente no coincidamos en todo

Gracias y un abrazo, F.

LA HOJA Y EL BOSQUE

La mayoría de las reacciones al artículo Sobre los toros se centran en el tema toros y desprecian casi todo lo demás: la sociología del mundo de los toros, la crítica a lo que ha sido históricamente el toreo a caballo y a pie, la denuncia de una sociedad vertical fuertemente dividida y separada entre ganaderías y empresas, por un lado, y torerillos de Triana, por el otro.

Es como si hubiera molestado introducir ese punto de vista económico y social: ¿Por qué sale usted hablando de mundos primeros y terceros, si aquí de lo que se trata es de acabar con las corridas de toros, y nada más que eso?

Me tienta decir que las personas y las opiniones se dividen en dos: quienes están globalmente de acuerdo con el mundo en el que viven aunque admiten que ese mundo se puede mejorar y además aspiran a mejorarlo, y quienes están globalmente en desacuerdo con el mundo en el que viven y tampoco rechazan las mejoras parciales ni renuncian a disfrutar de esas mejoras que puedan hacerse.

En general, mis amigas y amigos empeñados en luchar contra la tauromaquia han rechazado la globalización del problema y me han llamado al orden: oye, que aquí estábamos hablando de “toros sí o toros no”, no de latifundios ni de clases sociales.

Sospecho que este tema y otros temas monográficos son las hojas y la visión crítica por clases sociales es el bosque.

SOBRE LOS TOROS Y EL SOFISMA

Todo lo que he leído y escuchado de la fiesta, gira sobre los toros como espectáculo y sobre las medidas que habría que tomar contra la tortura a un animal. De acuerdo. Esta sociedad nos invita a amar a los animales y a militar en causas humanitarias y parciales (fenómeno oenegé), en batallas pequeñitas, pero no en la gran guerra: las bases de la desigualdad social y humana, también animal.

Sacarle punta al tema toro es como en el instituto cuando estudiábamos: tema, estructura y contenido, género y clases, comentario crítico. La sociología de los toros es un punto de partida y de llegada, y no quiere ser un sofisma.

Para el creyente (y yo, fatalmente lo soy), el verdadero espectáculo se desarrolla en otras partes, no en lo que sufre el toro ni en la caza del zorro ni en la hepatitis del canard. El lord cazador y el bourgeois gourmet sí que son nuestro espectáculo.

¿Es igual el mundo del toro para gitanillos y belmontes muertos de hambre que para Domecqs, Miuras, Borbones y marquesonas? ¿Es un sofisma poner el dedo en esa llaga, más que capitalista, feudal y de rancias aristocracias? ¿Habría corridas si no hubiera grandes dehesas y latifundios heredados y tenidos a título de qué, desde los tiempos de Guzmán el Bueno (¡y tan bueno!)?

Y en cuanto a las sociedades protectoras, la pregunta es esta: quienes sufren por los animales-animales ¿sufren igual por los animales-personas? Según cogemos el sueño cada noche en el primer mundo protector, la respuesta es que no.

Estoy de acuerdo con la ética de que “es un mal causar dolor y muerte, con regocijo, a otro ser vivo”, sin embargo el regocijo va por dentro y puede ser lo de menos. De hecho, los aficionados a la tauromaquia niegan que se regocijen con lo que sufren los toros, más bien buscan argumentos en defensa del toro y del torero, argumentos que sí que son puros sofismas.

Pero supongamos (segundo ‘pero’) que la pena de muerte se aplica “sin regocijo” y con sentido de Estado. ¿Ya me parecería bien la silla eléctrica?

Con perdón tuyo y mío, lo único que hacemos pequeños o medianos burgueses es ajustar nuestra cartelera, dar por buenos o malos nuestros espectáculos, y aquí los toros entran al mismo nivel que el teatro o el cine.

A mí el mundo de las protectoras de animales se me queda muy chico al lado de las protectoras de personas. De culitos y barriguitas antitauristas, pienso igual que pienso de los profesionales de Greenpeace: que son eso, profesionales. Yo crecí creyendo, y todavía creo, en los grandes movimientos de ‘masas’ (palabra desprestigiada, qué le voy a hacer). A los protestones de élite que expresan la mala conciencia del primer mundo, la Humanidad (con mayúscula o con minúscula: de un ser humano en concreto) les importa un bledo (iba a decir un carajo, porque quienes pensamos en clave de ‘masas’ les caemos francamente mal).

Y es que las masas recuerdan al tercer mundo y el tercer mundo, claro está, no protege a los animales ni los cría para hacer taquilla: el tercer mundo se los come.

LA HOJA Y EL BOSQUE