Etiqueta: Góngora

campos de plumas.

Por exigencias de guion (consonantes: espuma pluma), Góngora puso campo de pluma, en singular,[1] pero nosotros podemos leerlo en plural: a batallas de amor, campos de plumas, o sea colchones, y así, además, a las recuestas literarias, batallas de plumas por un quítame allá esa palabra.

La penúltima sucede un lunes cualquiera en un periódico cualquiera. Rara vez una columna de un diario como el de Cádiz se dedica a una traducción literaria. Lean la que monta Ana Sofía Pérez-Bustamante, profesora, poeta y articulista, en su sección Efecto Moleskine, artículo que ella titula Los cinco o seis sentidos.[2] Se trata de un poema de Mallarmé,[3] Les fenêtres (Las ventanas, 1893), y si el original hâler, broncear, lo tradujo bien Xavier de Salas,[4] quien en vez de broncear tradujo empañar, empañar el cristal de la fenêtre. Campos de plumas y plumas campantes, estas que felizmente campan por los diarios entre los crucigramas, la cartelera, las esquelas, la televisión y el fútbol y el biparti. Queden ustedes con Ana Sofía Pérez-Bustamante y el cierre que da a su poema de amor.

Qué lástima de amor. Con que solo tuvieras
dos dedos de frente, todavía podríamos
ser la más ejemplar y ultramoderna
pareja esporádica de hecho.
*

poema Psique, de Mercuriales (2003)

[1] Soledad Primera, consonantes: espuma pluma.

[2] Diario de Cádiz, lunes 10/07/17.

[3] Stéphane Mallarmé (Paris, 1842‑98).

[4] Muerto en 1982 y de los primeros traductores de Mallarmé al castellano.

I+D de terrorismo inteligente.

Una vez más, el cristianismo da ejemplo y pone altura. Comparando el monográfico atentado contra la mezquita de Londres con lo que fue el sorteo de la muerte indiscriminada en Hipercor 19/06/87 ‑donde, vale decir, murieron moros y cristianos, gente que pasaba (o compraba) por allí‑, el mata musulmanes de Londres (réplica del Santiago Matamoros) da el camino a seguir: a batallas de religión, campos de curas, que diría Góngora: iglesias y mezquitas donde creyentes de uno y otro bando diriman sus cuestiones, como Real Madrid y Barcelona o Sevilla y Betis: en sus estadios de fútbol. Mande sus ideas al I+D de eLTeNDeDeRo.


 

la pared.

machete al machote 20170612.jpg

Entre el clavel y la espada (1939‑40), de Rafael Alberti, nos trae un eco de entre la espada y la pared. pared, en inglés the wall, el muro, de Pink Floid (1979) y de Wall Street.

Una pared une y separa a los amantes en la Fábula de Píramo y Tisbe, romance de Luis de Góngora (1618). La pared es canción de Bambino (Utrera 1940‑99); Entre la espada y la pared, de Fito & Fitipaldis.

entre la espada y la pared (446.000 resultados en Google) significa que, hagas lo que hagas, lo tienes crudo, y viene de cuando los espadachines se batían el sable, que algo tiene que ver con el machete y con a machetazos.

poner pies en pared (1.590G) o pie, en singular (5.650G), es tenacidad, insistir con empeño, de cuando los muchachos se retaban a trepar con soga por una pared, a ver quién llegaba más alto. Lo cuenta Ludaico Duver, quien nos trae esta cita de Quevedo en Cuento de cuentos (1626): Poner pies en pared no sirve de nada; yo lo he probado viéndome en trabajos, como oía decir: No hay sino poner pies en pared; y sólo sirve de trepar, o dar de cogote.

Figuradamente, las paredes hablan [lo que la gente calla]. Antes, tenemos las paredes han oídos y los montes ojos / las paredes tienen orejas y oídos / las paredes oyen (51.000G): frase proverbial que recomienda cautela cuando se trata algún secreto. las paredes oyen está en Gonzalo Correas, Vocabulario de refranes y frases proverbiales (1627). Y en La Celestina (1499): Callemos, que á la puerta estamos e, como dizen, las paredes han oydos. Y en el Quijote (1615) 2,48, en boca de doña Rodríguez, quien después de poner de vuelta y media a Altisidora y a la duquesa, suelta esta retención: Quiero callar, que se suelen decir que las paredes tienen oídos. Y en Las paredes oyen, comedia famosa de Juan Ruiz de Alarcón (1628).

Antítesis de las paredes oyen serían más sordo que / sordo como una tapia y las paredes hablan (234.000G); hablan, y de qué manera, desde los grafitis.

Este “machete al machote” (13.800G), escrito en versión vasco taquigráfica (76G), está en las paredes de Bajo de Guía, Sanlúcar, Cádiz, donde no es raro este tipo de feminismo pinturero.

machete al machote 20170612

enlaces:
Fábula de Píramo y Tisbe
La pared,
de Bambino

 

bibliofilias.

Ya lo decía Félix Morales Prado en la introducción del primer número de El Fantasma de la Glorieta en internet (año 2000): «La costumbre, perfectamente (y hasta comprensiblemente) arraigada en los lectores habituales de textos literarios, a consumar y consumir su vicio sobre soporte de celulosa, conlleva en ellos una reticencia, incluso un absoluto rechazo, ante las manifestaciones literarias que flotan en la red. A veces, se trata de una actitud romántica que yo comparto plenamente. Una defensa de los libros impresos, con su olor, su tacto, con su valor como fetiches, esos objetos que nos acompañan sin protesta ni queja, a la cama o al retrete… ¡Sí! ¡Llevan toda la razón! Pero mucho me temo que, en un plazo más o menos largo de tiempo, van a tener que agachar la cabeza ante la evidencia como lo hicieron los contemporáneos de Gutenberg. O tempora, o mores. Pero, en fin, eso es lo que hay. Para duelo y quebranto de las editoriales y de todos aquellos que basan su beneficio pecuniario en ese proceso que comienza con la tala de bosques y culmina en los escaparates de las grandes superficies y, cada vez menos, de las librerías tradicionales.» Y apostilla: Hoy, erre que erre, siguen en sus trece mientras la realidad, poco a poco, avanza y se impone. Lo digital le echa la pata a lo impreso y eso es tan inevitable, con sus ventajas e inconvenientes, como que lo impreso, en su día, desbancara a los viejos y preciosos manuscritos, lecturas de sólo unos cuantos privilegiados.

Acudid, héroes, a la derrota
(Carmelo Guillén Acosta)

Bibliofilia ha sido siempre la pasión por el libro y, especialmente, por ediciones antiguas o raras. Desde la competencia de internet y del libro electrónico, bibliofilia es también aferrarse al libro encuadernado, modo superior de la literatura de pago de la que se gozan editoriales al reclamo de un tipo de lector, de la vanidad del autor, del isbn y del copyright. Un amigo mío historiador me invitó a la presentación de su libro; invitación, entre la buena sociedad, a que yo comprara su libro. Publicado por la Editorial Cualquiera, y con ayuda de la Junta de Andalucía, las 205 páginas del cuerpo del trabajo, con su guarnición de prólogo y de ilustraciones, cuestan 15,90 euros; 15,11, en Amazón; 9,49, en electrónico (este último precio me pareció especialmente elevado)[1]: mi amigo ponía a prueba mi bibliofilia. Otra cara del nuevo coleccionismo consiste en lo que se llama en inglés crowdfunding (corofinanciación)[2], microfinanciación, micromecenazgo, cooperación colectiva o suscripción previa. Por ofrecer un producto competitivo, estas ediciones suelen incluir detalles tipo edición en rama (pliegos sin encuadernar), libro intonso (sin guillotinar ni refilar) o lámina de artista gráfico más o menos conocido. Se trata de tiradas limitadas, numeradas, firmadas y no vendibles (no venales) y hasta pueden obligar al suscriptor a adquirir dos ejemplares, dos: uno de lujo y otro en rústica (se supone, para regalar). Lujo o normal, las cuentas son que el libro se venda cuanto más. Entonces el editor ganará un dinero que, en rigor, tendría que repartir como dividendos entre los socios suscriptores, algo que nunca se hace. Como siempre, quien paga es el público, el público micromecenas o el público de librerías. Yo, el de mi amigo el historiador, por no comprarlo, ni aparecí por su presentación: me pareció injusto, teniendo él mis publicaciones gratis por internet. Días antes, otro amigo poeta y otro amigo novelista me invitaron a suscribir sus publicaciones corales. A los dos dije que no y, salvando nuestra amistad, les aconsejé no prestarse al juego. Bajo el menosprecio de la lectura en pantalla y bajo la alabanza de la lectura que huele a imprenta, de la página que se subraya a lápiz y exquisiteces parecidas, el negocio editorial está cual entre flor sierpe escondida. El tiempo que sobreviva la literatura de libro convencional, no lo sabemos; sí, que el futuro es digital con tendencia a la literatura cero cero: emisores y receptores que intercambien sus productos sin más ánimo que universalizar sus ocurrencias estéticas o sus ideas. Lo cual no quita que cuidemos y veneremos nuestra biblioteca de papel, nuestra bibliofilia y nuestra bibliografía.

[1] P.V.P. por página: 0,07 euros en papel y 0,46 como libro electrónico.

[2] En español podríamos hablar de coroedición, corolibro, coroautor, etcétera.

apostillas a bibliofilias o bibliomanías

Antonio Narbona publicó hace casi 40 años (y en papel, naturalmente) un comentario de La mosca sabia (1881), cuento de Clarín en que se critica la bibliomanía, que a veces se confunde con la bibliofilia. Apostilla Antonio: El futuro digital del libro va a obligar a redefinir la frontera entre ambos términos o, quizás, a acuñar otros nuevos.

Ángel Manuel Rodríguez Castillo recuerda un artículo que hace 117 años publicó José Nogales en La Vanguardia de Barcelona. Se titulaba La fiebre gárrula (1900), y allí el autor serrano onubense denunciaba la abundancia de ediciones: “Un diluvio de tinta nos ahoga; el papel impreso nos sepulta: la imprenta es un monstruo al revés: no devora, ¡vomita!”. Entonces la disyuntiva no era, por supuesto, edición en papel o edición electrónica, sino algo que merece la pena o algo que no. “Hay que pensar; hay que madurar; hay que sazonar el fruto antes de arrancarlo y entregarlo como pasto a la especie. Lo demás es garrulería, ruido de sonajas, esquilmo inútil de la masa cerebral, desequilibrio de esa máquina moral tan admirablemente dispuesta para fabricar el poco saber humano”. Termina Ángel Manuel: Lo importante no es el canal, sino el mensaje.

–enlace a La mosca sabia, de Clarín, en Ensayistas.org, página de © José Luis Gómez‑Martínez.

–enlace a Ángel Manuel Rodríguez Castillo, José Nogales. Biografía crítica y problemática literaria. (Universidad de Sevilla, 1998).

claves de los Sonetos del amor oscuro.

manuscrito-lorca

La invención de la homosexualidad en
LOS SONETOS DEL AMOR OSCURO
de Federico García Lorca.
Análisis y comentario. Conclusiones: Ctrl+F+**

  1. LOS TÍTULOS.

(por orden de aparición en ABC Cultural, 1984)

  1. Soneto de la guirnalda de rosas
  2. Soneto de la dulce queja
  3. Llagas de amor
  4. Soneto de la carta (El poeta pide a su amor que le escriba)
  5. El poeta dice la verdad
  6. El poeta habla por teléfono con el amor
  7. El poeta pregunta a su amor por la Ciudad Encantada de Cuenca
  8. Soneto gongorino en que el poeta manda a su amor una paloma
  9. ¡Ay voz secreta del amor oscuro!
  10. El amor duerme en el pecho del poeta
  11. Noche del amor insomne.

(reconstrucción por orden alfabético, salen 13 títulos)

Ay voz secreta del amor oscuro

El amor duerme en el pecho del poeta

El poeta dice la verdad

El poeta habla por teléfono con el amor

El poeta manda a su amor una paloma

El poeta pide a su amor que le escriba

El poeta pregunta a su amor por la ciudad encantada de Cuenca

Llagas de amor

Noche del amor insomne

Soneto de la carta

Soneto de la dulce queja

Soneto de la guirnalda de rosas

Soneto gongorino

Todos son títulos de función referencial y modalidad enunciativa afirmativa (de titular), menos Ay voz secreta del amor oscuro, de modalidad exhortativa, que repite el primer verso y servirá de título al conjunto. Seis títulos son oracionales (de sujeto, verbo y predicado) con valor narrativo; cuatro de ellos: sujeto el poeta (El poeta dice, El poeta habla, El poeta manda, El poeta pide, El poeta pregunta) y uno: sujeto el amor (El amor duerme); el resto, va en estilo nominal (sin predicado): cuatro empiezan con Soneto, uno con Llagas y otro con Noche. amor (siete apariciones), poeta (cinco) y soneto (tres) son las palabras recurrentes.

De los verbos, cuatro son de dicción, contacto o comunicación: dice, habla, pide, pregunta; uno, de acción acción: manda, y, otro, de acción estado: duerme. Todo en nominal o en tercera persona. De los adjetivos, uno es obligado (Cuenca, ciudad encantada), otro especificativo (soneto gongorino) y el resto calificativos poéticos de la melancolía: dulce queja, amor insomne, amor oscuro, voz secreta; adyacentes acordes con núcleos sustantivos también poéticos guirnalda, llagas, noche, pecho, queja, rosas, voz. Solo el adjetivo dulce va antepuesto (epíteto). El sustantivo amor tres veces es su amor (persona) y podría serlo en los demás salvo en la Noche del amor insomne, donde amor es sexo (la aurora nos unió sobre la cama, dirá un verso). De todos los amores, el que más podría representar el Amor concepto (no persona ni sexo: Cupido o el Amor alegórico de Dante o de Juan Ruiz) es ¡Ay voz secreta del amor oscuro!, aunque tampoco inequívocamente, ya que el amor termina identificado con el poeta: que soy amor, que soy naturaleza. Neologismo poético: teléfono; locativo: Cuenca.

**Conclusiones a los títulos

El estilo de los títulos cursa por la antigua epigrafía, o manera de titular, vigente desde la Edad Media hasta los tiempos didácticos, cuando era normal que el autor o su editor anticipara la materia, el asunto de un texto que venía a continuación, didactismo que prevalecía sobre la intriga (hoy se diría que autores y editores hacían ellos mismos el spoiler), de donde viene redactar los títulos en tercera persona. De esta manera, se desvía el lirismo (distanciamiento) y se condiciona la lectura; el caso más claro, como después se verá, el del soneto de El amor duerme en el pecho del poeta, único en que coinciden dos adjetivos masculinos que podrían entenderse: amor de hombre con hombre.

  1. LOS SONETOS

La leyenda tejida en torno a los sonetos consistió y consiste en hacer de los sonetos un reconocimiento de homosexualidad por parte del autor. Sin embargo, no hay nada en los sonetos que, literalmente y en comentario de texto, demuestre declaración autobiográfica o confesión personal.

El 22 de mayo de 2015 escribe en ABC Isabel M. Reverte, experta en Lorca: «En los sonetos aparece por primera vez y de forma explícita su reivindicación de la homosexualidad. [hay que demostrarlo, señora Reverte] »La familia no quería publicarlos porque no podía soportar que alguien dijera que Lorca era homosexual. [hay que demostrarlo, familia Lorca] »El entonces subdirector de colaboraciones culturales de ABC, Santiago Castelo, añade que el calificativo de oscuro era un juego que hablaba del amor prohibido entre estos amigos.» [hay que demostrarlo, señor Castelo]

Que alguien demuestre no el nombre y apellidos del hombre amado de carne y hueso (que eso sería pedir biografía, no ciencia literaria), sino algo más simple: dónde, en qué momento y con qué palabras, emisor masculino varón se dirige a o habla de masculino varón. Lorca hizo como otros poetas homos o héteros: dirigirse al amor, que no tiene sexo o los tiene todos.

Estamos hablando de una conmoción editorial que sucedió en 1984. En 1935, cuando Lorca empezó a escribir sus sonetos (a sus 37 años, no era un chaval), como poeta tenía tras sí (por delante, a la hora de escribir) todas estas tradiciones que eran otras tantas maneras de escritura:

–el surrealismo y el propio Lorca de Poeta en Nueva York (desde la Oda a Walt Whitman al Pequeño vals vienés), más la poesía de poetas homo de su generación (Rafael de León, Cernuda, Aleixandre)

–San Juan de la Cruz, con sus canciones entre el alma y el esposo, al fondo el Cantar de los Cantares

–las canciones de amigo

–la copla española

–Góngora y el soneto clásico y, con lo clásico,

–los tópicos del amor platónico (homo erótico), del amor pasión y del amor posesión, con el carpe diem y el tempus fugit.

Con esos mimbres, Lorca deja en sus sonetos estas marcas de género. Y ni una más:

–Son guirnalda de amor, cama de herido,

–Que unidos, enlazados, el tiempo nos encuentre destrozados.

–Pero yo te sufrí, rasgué mis venas, tigre y paloma, sobre tu cintura

–si soy el perro de tu señorío

–estás dormido. Yo te oculto llorando, perseguido.
Pero sigue durmiendo, vida mía.

La única secuencia que no deja dudas de [masculino ama a masculino], lo único que no se podría decir a una mujer, que estaría dormida, va el poeta y lo titula El amor duerme en el pecho del poeta. Entonces, sí. Con ayuda del título (hay sonetos de 15 versos) el neutro amor, o el epiceno amor, sigue siendo sujeto y objeto protagonista. Lorca estaba en la madurez de su oficio muy por encima de sus amantes, de su familia y de España. Y no solo de la España de la República y de Franco. El revuelo estalló en plena democracia: ¡extra!, ¡extra!, ¡Lorca reconoce su homosexualidad! Y ahí destacó el grupo culto mariquita, que por entonces (eran los Novísimos y brillaba Gil de Biedma) extendía la etiqueta de este entiende (queriendo decir: es de los nuestros) a todo lo que se movía en el mundo del famoseo, del arte, de la historia y de la cultura. Y Lorca concitaba todos los conjuros. Pero, en su afán por salir a la luz y normalizar lo normal, el grupo homo olvidó que hay algo mejor que reconocerse. Y es no conocer, que nadie se inmiscuya ni interprete (lo que es o deja de ser). Lorca fue señor administrando su privacidad (que el antifranquismo entendió como represión) mientras que la homosexualidad de salón ya ven en qué ha acabado: en tacones y uñas pintadas para el día del orgullo gai, misa de gallos y de plumas, y ninguna es de Lorca.

**Conclusiones
Al cierre de esta edición hay un par de ideas, que no son nuevas ni son mías, en las que me parece importante insistir. Por un lado, vindicar el pie de la letra del texto, que esa es la materia de la literatura, y dejar para la biografía, que es ciencia bien distinta, los cotilleíllos y entresijos del personaje, que tienen su público y su interés, claro que sí, pero un buen comentarista ha de imaginar que su texto es anónimo, que los sonetos me los encontré, como hojas sueltas en la parada del autobús o en el banco del parque, y que al leerlos ‑estupefacto y absorto- dije: ¡Joder, vaya par de mariquitas! y, encima y además, ¡Joder, por su estilo tienen que ser de Lorca! ¡Eureka, eureka! ¡Encontré el eslabón perdido!

Otra conclusión es que, para hablar de amor, nada mejor, más potente y más místico, que hablar de amor y al amor; mística, palabra bien escogida. Si para expresar lo divino, San Juan de la Cruz acudió al amor humano, al sexo, así la concreta cama que tengo con una persona adquiere una dimensión divina, universal, con solo llamarla amor.

Por último, mi aportación personal: la astucia de los títulos. En particular, del título El amor duerme en el pecho del poeta porque sin título, yo perseguido y tú dormido dejaría manifiesto que tú y yo, vida mía (receptor explícito), somos varones y ¡peligro! Y viene entonces el título a dar el quite, a despejar dudas, y el lector se dejará llevar. Es derecho de Lorca como San Juan de la Cruz pidió ser leído a lo divino donde estudiantes morbosos veíamos sexo y puro sexo, y el profesor: ¡No, no! Ella es la Iglesia y Él, Dios, que esta es la mística, zoquetes míos.

Y un reparo ‑leve‑ entre tanta hermosura (si el alma pudiera decir lo bonitos que son los sonetos). En el Soneto gongorino usa Lorca un do por donde; do que leímos en la rima 4 de Gustavo Adolfo Bécquer: Mientras la humanidad, siempre avanzando, no sepa a camina. En el Soneto gongorino, verso 4, escribe Lorca: llama lenta de amor do estoy parando. Una prueba de que las cárceles no son solo de amor, también de métrica para quien se impone el endecasílabo. Ese do es ajeno al estilo de Lorca[1] (ya era solo de uso literario en tiempos de Bécquer). Lo cual se dice a mayor gloria del resto del léxico empleado, donde no leerán ustedes ni un tal por como ni un *Lejana cual oscura corza herida ni un *Dulce cual sollozo en la nevada, algo que otros hicieron, y ahí está Cernuda. La virtud de la gran poesía hay quien cree que está en la retórica, en la acumulación de artificios; y no: desde Manrique hasta hoy, pasando por estos sonetos del amor oscuro, la virtud de la gran poesía es que se lea y se disfrute con naturalidad.

APÉNDICES para el comentario de textos.

EL LÉXICO de los Sonetos del amor oscuro

LA MÉTRICA de los Sonetos del amor oscuro.

Daniel Lebrato, eLTeNDeDeRo, 11/01/2017

[1] Escrutadas sus Poesías Completas, solo hemos visto do en los Seis Poemas Galegos; gallego do, español de él, naturalmente.

la invención de la homosexualidad en los Sonetos del amor oscuro.

Lorca

Estamos hablando de una conmoción editorial que sucedió en 1984.

En 1935, cuando Lorca empezó a escribir sus sonetos (a sus 37 años, no era un chaval), como poeta tenía ante sí (por delante, a la hora de escribir) todas estas tradiciones que eran otras tantas maneras de escritura:

–el surrealismo y el propio Lorca de Poeta en Nueva York (desde la Oda a Walt Whitman al Pequeño vals vienés), más la poesía de poetas homo de su generación (Rafael de León, Cernuda, Aleixandre)

–San Juan de la Cruz, con sus canciones entre el alma y el esposo, al fondo el Cantar de los Cantares

–las canciones de amigo

–la copla española

–Góngora y el soneto clásico y, con lo clásico,

–los tópicos del amor platónico (homo erótico), del amor pasión y del amor posesión, con el carpe diem y el tempus fugit.

Con esos mimbres, Lorca deja en sus sonetos estas marcas de género. Y ni una más:

–Son guirnalda de amor, cama de herido, [2:9]

–Que unidos, enlazados, el tiempo nos encuentre destrozados. [3:12,14]

–Pero yo te sufrí, rasgué mis venas, tigre y paloma, sobre tu cintura [4:9-10]

–si soy el perro de tu señorío [6:11]

–estás dormido. Yo te oculto llorando, perseguido. + Pero sigue durmiendo, vida mía. [11:2,3,12]

La única secuencia que no deja dudas de “masculino ama a masculino”, lo único que no se podría decir a una mujer, que estaría dormida [11:2], va el poeta y lo titula El amor duerme en el pecho del poeta. Entonces, sí. Con ayuda del título (hay sonetos de 15 versos) el neutro amor, o el epiceno amor, sigue siendo sujeto y objeto protagonista.

Federico García Lorca estaba en la madurez de su oficio muy por encima de sus amantes, de su familia y de España. Y no solo de la España de la República y de Franco. El revuelo estalló en plena democracia: ¡extra!, ¡extra!, ¡Lorca reconoce su homosexualidad! Y ahí destacó el grupo culto mariquita, que por entonces (eran los Novísimos y brillaba Gil de Biedma) extendía la etiqueta de este entiende (queriendo decir: es de los nuestros) a todo lo que se movía en el mundo del famoseo, del arte, de la historia y de la cultura. Y Lorca concitaba todos los conjuros. Pero, en su afán por salir a la luz y normalizar lo normal, el grupo homo olvidó que hay algo mejor que reconocerse. Y es no conocer, que nadie se inmiscuya ni interprete (lo que es o deja de ser).

Lorca fue señor administrando su privacidad (que el antifranquismo entendió como represión) mientras que la homosexualidad de salón ya ven en qué ha acabado: en tacones y uñas pintadas para el día del orgullo gai, misa de gallos y de plumas, y ninguna es de Lorca.

*

eLTeNDeDeRo pone a disposición de quien lo pida un estudio sobre
EL LÉXICO de los Sonetos del amor oscuro y, otro, sobre LA MÉTRICA.


Quan creus que ja s’acaba

raimonalvent

Quan creus que ja s’acaba, torna a començar
Raimon, 1969

/ a quienes estuvistéis en Lebrato contra Lebrato /

Virtud de las canciones, de las poesías o de la literatura culta es dejarnos trocitos de texto (ser o no ser; elemental, querido Watson) que pillan vuelo al margen del contexto y de la intención del primer autor, frases que se hacen sentencia, proverbio o refrán. Sirvan de ejemplo cualquier tiempo pasado fue mejor, que está en las Coplas de Manrique, o versos de Luis de Góngora que no sabemos si eran refranes que él utilizó o si Góngora los elevó al refranero: ande yo caliente (y ríase la gente) o cada uno estornuda como Dios le ayuda. Esta vez yo acudo al catalán ‑cuando crees que ya se acaba, vuelve a comenzar– del cantante valenciano Raimon, por decir lo que duran los males que otras veces decimos: no hay mal que cien años dure. En realidad, Raimon puso letra y música a un miedo que teníamos bajo el franquismo: que a la hora más inesperada, a la madrugada, llamaran a la puerta y fuera la policía nacional o la Brigada Político Social, tema también de Elisa Serna en Esta gente que querrá, que llaman de madrugada. Raimon imaginó así la escena: Potser una nit /l’ascensor que sempre puja /es pararà al teu pis, /i tu i jo haurem d’obrir, /i jo i tu, impotents front a la nit, /haurem d’obrir: /aquesta vella, odiada nit. /Haurem d’obrir i no ho pots dir: /quan creus que ja s’acaba, torna a començar.[1]

Vuelta a empezar. El otro día llamaron a mi correo, a mi bandeja de entrada: –¿Qué te ha hecho tu madre para no verla?, cabrón. Solo un mal nacido hijoputa puede hacer esto y sigue escribiendo sobre un mundo mejor y más justo. Daniel, al paredón. Por cabrón. Egoísta naciste y egoísta y podrido por dentro te morirás. Además más solo que la una. ¡Buen futuro, querido hermano!

Lo cual entiendo reclamación de parte de mi madre, quien no me ha llamado ni ha venido a verme y a quien no debo visita ni llamada. Hace dos años mi madre acudió a una boda de un nieto consciente de que a mi novia y a mí, a su hijo Daniel, se nos había prohibido asistir. La prohibición fue ‑ella, testigo‑ a lo bruto y a lo fino. A lo bruto, mi cuñado y padre del novio me había amenazado: –Si apareces, 1/ te hincho a hostias o 2/ te parto la cara, tú eliges. Días después, el novio, mi sobrino, me volvió a echar, más finamente, de su ceremonia mediante 3/ la devolución de regalo ingreso en euros que habíamos hecho mi pareja y yo en señal de que ‑pasando por encima de las amenazas verbales de mi cuñado‑ no faltaríamos al feliz acontecimiento. ¿Feliz? Mi madre y mis siete hermanes[2] allá que fueron y yo pasé, de siete novios para siete hermanas, a solo en casa. Desde entonces, no hay herida abierta ni cerrada. No hay nada. Yo asumí mi culpa y cumplí mi pena. No he vuelto a tocar timbre, teléfono ni correo de las personas que estuvieron en aquel juicio. Por eso digo: esta gente, este hermano que por lo visto habla por boca de mi madre, ¿qué querrá?, que llaman de madrugada. Quan creus que ja s’acaba, Danielito, torna a començar.

[enlace a Lebrato contra Lebrato.]

[1] Quizá una noche el ascensor que siempre sube se parará en tu piso, y tú y yo tendremos que abrir, y yo y tú, impotentes frente a la noche, tendremos que abrir: esta vieja, odiada noche. Tendremos que abrir y no lo puedes decir: cuando crees que ya se acaba vuelve a empezar. Lo de no lo puedes decir, cuando es lo que se te ocurre decir, hay que entenderlo en el sentido de no hay palabras: te espera el miedo a la tortura: paliza, descanso, y vuelta a empezar con otra paliza.

[2] El texto se ajusta al español de la e, reducción de a/o.

 

Lo que sucedió en tres meses en la vida de la familia Lebrato, de julio a octubre de 2014, fue un proceso de intoxicación informativa colectiva con resultado de pánico, acoso y expulsión. Los hechos se resumen así: 

1º    En una familia numerosa, va a haber dos bodas de dos sobrines en tres meses.

 

2º    Equis, el hermano mayor delicado y pejiguera, salió de la fiesta de la primera boda quejoso de unas faltas de respeto hacia él por parte de unos parientes menores de edad que le habían hecho sentirse incómodo.

 

3º    Confidencialmente, equis transmitió sus quejas a sus hermanes, padres madres de los menores. La sobrina‑novia y la hermana‑madrina de la primera boda debían quedar expresamente al margen, no tenían nada que ver.

 

4º    Alguien rompió la confidencialidad, y la queja llegó a la segunda familia, que buscará el mínimo pretexto para sacar a Equis de la lista de invitados. Intoxicación, pánico, acoso y expulsión.

 

Ingredientes adicionales. La primera boda fue una boda básica tipo Izquierda Unida; la segunda, iba a ser más costeada y tipo PP.