Etiqueta: educación

de la necesidad de ideas sostenibles y de un centro de interpretación de nosotros mismos.

En viaje por España se me han juntado tres conversaciones o llantos: llanto por pueblos y aldeas que se vacían, llanto por pequeñas tiendas y oficios que van desapareciendo y llanto por la fuga de cerebros o titulaciones que se subemplean o emigran porque no encuentran trabajo en lo suyo.

Como no podemos vivir del tópico ni quejarnos de lo que no tiene remedio, y hoy que tanto se lleva lo sostenible y hay un centro de interpretación (turística) para cualquier cosa, aconsejo una interpretación de nuestras vidas y de la vida en general bajo principios sostenibles. Así no nos contamos películas ni caemos en romanticismos. Un principio básico es la economía: las ideas son gratis pero no la política entendida como la llevada a la práctica de las ideas. Y otro principio es asumir la responsabilidad personal de manera que cada quien defienda las ideas y la vida que se pueda costear. Seguro que entonces ya no tendríamos opiniones patrióticas nacionalistas y embotelladas y fáciles de echar al mar de las conversaciones en sobremesa.

Aunque se puedan reinventar con nuevos motivos ‑por ejemplo, el turismo o la ecología‑, pueblos y aldeas y oficios se cierran por motivos económicos irreversibles. Llámenle progreso. Y la universidad española peca de engañosa ambigüedad desde el comienzo: con dinero público se quiere formar un personal que luego, si puede, se forra por la privada: en la Habana, médico y, en Miami, millonario, vida mía. Ese juego no nos podía emocionar y, ahora en España, si tienes que irte al extranjero, te vas, mi vida. Distinto caso sería la fidelización o funcionarización de las titulaciones universitarias, algo que ya sucede con las academias militares, donde ingresar significa egresar para el ejército español. Ese automatismo podría darse en medicina o ingeniería cuando ingresar signifique, primero, que esa plaza de trabajo la necesita España y, después, que usted va a ejercerla si no toda su vida como funcionario público, al menos el tiempo suficiente para devolverle a España el dinero que España invirtió en su formación.

Al final, hablábamos de nosotros mismos y del pie por donde cojeamos. Pero eso en dialéctica da para poco. Saramago en su novela pudo echar a pelear al alfarero contra Porcelanosa. En la vida real, no.

la excelencia en secundaria.

LA EXCELENCIA
en secundaria

Hijos/hijas de papá,
llevadlos a la privada,
que no se mezclen con clases
de ética y proletarias,

y los de la concertada
‑con buenos dineros públicos,
curas y monjas, modales‑,
tres cuartos más de lo mismo,

que luego, en el instituto,
tendrán con cargo al Estado
alto nivel para el título
y sus despachos privados.

Este es el plan. No se ven
los hijos de la efepé.

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profesores, médicos, policías y soldados.

Sostiene alguien que los profesores deberían ser la élite de un país.

1º) En parte, ya lo son y, mejor, sin élites.

2º) En todo caso, que el cabo cuartel y el guardia civil y el sargento chusquero tengan estudios superiores iguales, por lo menos, a los médicos: de un tiro al aire, de un disparo de goma, de una orden que se obedece sin más razonamiento ni preparación depende ‑como de la medicina‑ la salud de la gente.

educación en valores.

Corre por colegios y distritos de Sevilla ‑y supongo que por media España‑ El gallo de boda, un cuento acumulativo (al que se van sumando coros de las criaturas que van aumentando la retahíla) que tanto se llama El tío Perico, El gallo Perico o Kiriko. El tal cuento educa en valores, dicen con entusiasmo padresmadres, cuentacuentos y concejalías de cultura. Yo no sé qué valores ni qué méritos encierra El gallo de boda, cuya letra les dejo. A cualquier cosa llaman un valor.

Daniel Lebrato, 25/03/2017.

the industrial revolution (2). Antonio Delgado Cabeza.

benagalbon foto Diario Sur

Llegué a Benagalbón en septiembre de 1980. Mi primera tutoría fue un séptimo de EGB. No he olvidado a aquellos alumnos de 13 y 14 años. Pepe, Manolito, Paco, Enrique, Salvador, Salvori, espigados, fuertes, con la piel curtida y callos en las manos. Cuando terminaban el colegio, ayudaban en los huertos familiares, dominaban las labores agrícolas y ganaderas. Sus padres pertenecían a la primera generación que había tenido que cambiar el campo por la construcción, trabajaban de albañiles o de peones en empresas malagueñas que se movían por la costa y los hijos compaginaban la escuela con su responsabilidad en las tareas del campo.

Recuerdo con especial cariño a los alumnos de El Valdés. Eran niños con una sensibilidad diferente. Académicamente fracasaban, eran considerados no aptos por la enseñanza tradicional al uso. Sin embargo, aquellos jóvenes eran capaces de cavar una viña, desmontar y arreglar el motor de su moto de 49 centímetros cúbicos o de estar un fin de semana vendiendo sacos de patatas en un cruce de carreteras del Campo de Gibraltar. Pasaban el verano yendo a Murcia o Manilva por uvas. La viña es un coñazo, maestro, hay que estar alrededor de ella todo el tiempo. Podar, sarmentar, cavar, vinar, sulfatar, despuntar, tapar, vendimiar… todo el año liados en unos pechos en los que no entran tractores ni nada, tenemos que usar amocafres, hasta los palos de los azadones sobran. Después, las pasas en los paseros, pendientes del cielo para poner los toldos en cuanto cae una gota. Antonio, ezo noztá pagao con ná.

Esa fue la última generación de jóvenes que se relacionaban con la tierra, que sabían los nombres de los árboles y de las plantas, que controlaban los cultivos de cada estación y los ritmos de la naturaleza. La mayoría de los adolescentes de ahora no distingue una encina de un olivo, el secano del regadío, las especies autóctonas de las foráneas. De una generación a otra se ha perdido la sabiduría acumulada durante miles de años, se ha producido una desconexión brutal con la Naturaleza, una enajenación artificial de la producción de alimentos, un desenraizamiento con el planeta de consecuencias imprevisibles.

Te he contado hasta ahora cómo he vivido la llegada de los motores a mi vida y a la sociedad que me rodea y quiero que sepas mi opinión acerca de este proceso de industrialización y modernización que ha concluido en la llamada globalización. Cuestionar que ha habido progreso, carece de sentido. Que vivimos mejor después de esta revolución es una obviedad. Que las máquinas en general y los electrodomésticos en especial han hecho más fácil y confortable la existencia es indiscutible. El último siglo ha cambiado radicalmente el paisaje rural y el urbano. Grandes edificios, carreteras, autopistas, coches, metros, aviones, cosechadoras, ordenadores, teléfonos móviles, todo diseñado para aumentar la calidad de vida.

Pero si ponemos la lupa en este macroproceso, descubriremos que no todo se ha hecho bien y, sobre todo, que no se han elegido ni el camino adecuado ni las formas correctas. El desarrollo tecnológico se ha dejado en manos de un poder fáctico supranacional sin escrúpulos que usa a los gobiernos -democráticos o no- para conseguir sus fines: perpetuarse en el poder y enriquecerse cada vez más. Los ricos son cada día más ricos y los pobres cada día más pobres. Se tiran a la basura millones de toneladas de alimentos mientras los habitantes del tercer mundo mueren de hambre. Los medios de producción -como los de comunicación- están en manos de una élite feroz que no entiende de justicia, equidad, solidaridad o redistribución de la riqueza.

Por mantener la sartén por el mango, lo mismo fuerzan guerras -el negocio de las armas es de los más rentables- que ignoran las alarmas de los científicos que advierten de las irreversibles consecuencias del efecto invernadero o del calentamiento global. Las miles de especies desaparecidas y las que están a punto de extinguirse les traen al pairo. Los contratos de los trabajadores son cada día más leoninos. Las petroleras ganan más. Las textiles ganan más. Las farmacéuticas ganan más. Los bancos ganan más. Y cada vez hay más pobres que son más pobres.

Mira este dato como ejemplo. Las grandes empresas españolas de todos los ramos están publicando sus balances de 2016. Todas coinciden en superávits muy positivos y en que la crisis está superada. Sin embargo, el Fondo Monetario Internacional, la Unión Europea, el gobierno y la patronal, lejos de aconsejar un reparto equitativo de los beneficios entre los asalariados, apuntan ya a profundizar en las políticas que han dado lugar a esa plusvalía, es decir, más reformas, más recortes, más precariedad en el empleo…

¿Qué podemos hacer? Pues podemos hacer mucho. De entrada replantearnos nuestra participación política, nuestro compromiso social. ¿Qué hacemos además de votar cada cuatro años, a quién votamos, de qué nos sirve? Replantearnos el consumo. Este sistema se hunde si no consumimos o lo hacemos con moderación. Comprar lo indispensable, lo que realmente necesitemos. Mirar las etiquetas, saber de qué está hecho lo que compramos, dónde y por quién. La publicidad nos intoxica hasta hacernos creer que somos más felices cuanto más tenemos, pero en el fondo sabemos que no es así.

Replantearnos nuestra relación con el Universo y con la Tierra. Recuperar el contacto directo con ella, relacionarnos con nuestra energía telúrica, poner consciencia en nuestro cordón umbilical con la atmósfera, reaprender los ciclos de la Naturaleza, aprender a cultivar nuestros propios alimentos ecológicos, hacernos responsables de nuestra salud.

Replantearnos nuestra existencia, a qué hemos venido aquí. Nos pasamos la vida en un estado de ensoñación permanente, de anhelos y frustraciones, de apegos y miedos, a caballo entre los errores del pasado y los posibles éxitos futuros, sin disfrutar del presente, sin aceptar lo que ya es. Esperamos soluciones externas -políticas, financieras, amorosas- pero la solución está en nuestro interior. Somos seres completos. Tenemos que recuperar nuestra capacidad de oírnos y encontrarle sentido a Todo.

Nuestra razón de ser es crecer, hacernos mejores personas, ser más comprensivos y amorosos y e influenciar en nuestro entorno en la medida de nuestras posibilidades. Para este crecimiento personal hay un camino milenario que en occidente se usa poco pero que da los mejores resultados: la meditación. Pero eso es otra historia.

La próxima.

Antonio Delgado Cabeza, 10/03/2017

PlayaBenagalbon foto inforural

crítica del sindicalismo.

Desde Algeciras a Barcelona, la clase trabajadora se reivindica: estibadores, contra la liberación de la estiba; taxistas, contra Uber o licencias de arrendamiento de vehículos con conductor (VTCs). Cierta izquierda y esa segunda patronal que son los sindicatos parecen ignorar que las relaciones laborales, de carácter gremial (mijita medieval, que es todo), basadas en la especialización profesional, en la división social del trabajo y en “una persona, un trabajo” (de por vida) son ya insostenibles. Y no por culpa de Bruselas, ni de tal o cual gobierno o patronal, ni de un sistema capitalista, sino por lógica de la revolución científico técnica que hará cambiar (está cambiando ya) el concepto del salario en función de una vida (individual) laboral activa computada en horas, jornadas y años trabajados. Y cambiarán conceptos como desempleo, seguridad social, planes de pensiones o planes educativos, donde se irá a la exacta formación de personas que no van a ser especialistas en nada ni tampoco ajenas a ninguna tarea productiva. En una sociedad que espera cambios tecnológicos vertiginosos que ni nos podemos (aunque sí podemos) imaginar, hombres y mujeres sin oficio conocido intercambiarán empleos necesarios y transitorios. Y ni la economía colaborativa, contra la que se alza el sector del taxi, ni la pluri contratación, que presume haber vencido el sector de la estiba portuaria, tienen marcha atrás. No solo el capitalismo es un lastre para el progreso de la humanidad. También, el sindicalismo pedigüeño de trabajos fijos para personas fijas, tan antigualla como el signo de victoria con el puño cerrado y como cantar La Internacional.

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neuroeducación.

Publica El País una entrevista que no tiene desperdicio para padres, madres, maestres y educadores en general. El neurólogo Francisco Mora, autor del libro Neuroeducacion. Solo se puede aprender aquello que se ama, retrata indirectamente, pero con nitidez, la artificialidad de la enseñanza que se imparte actualmente y el origen del fracaso escolar. Hay dos frases espeluznantes. Una, que hasta los seis años el cerebro humano no está neurológicamemte formado para descifrar letras y números. Se puede empezar a los tres a leer y escribir, claro, pero como un papagayo y con sufrimiento. Y la otra, atroz también, es que la escuela se ha actualizado tan poco, que un maestro podría tener en su clase a un niño del Neolítico, sin detectarlo. Tan patético como triste y cierto. Antonio Delgado Cabeza.

Enlace a entrevista en El País.

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arte de dialogar.

Como norma, debiéramos distinguir entre conversación y discusión, sinónimo de pelea. Discutir viene de despejar o resolver, y es a lo que tendría que remitirse la conversación: a despejar o resolver un tema. Como norma general, estarían prohibidas las alusiones personales, el cruce o dispersión hacia otros temas menores o secundarios y caer en descortesías o descomposturas, tales como gesticular en exceso o usar epítetos de confianza fuera de contexto (bonita o querido cuando quien nos lo dice no nos ve precisamente ni bonitos ni queridos en ese momento). –enlace a conversar en sociedad.

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la educación bífida y la lealtad.

La línea que une padres y madres a hijes es la prosperidad (manutención, cuidados) y la línea que une hijes a padres y madres es la lealtad. Lealtad guarda el soldado a su bandera, el empleado a su empresa, la afición a los colores de su equipo. La lealtad es como un pegamento base. El vínculo de la lealtad familiar es jerárquico y da una estructura piramidal: abuelos, padres, hijos, nietos. La lealtad se rompe cuando en esa línea vertical alguien corta o se salta un eslabón, anomalía del hijo que no se lleva con el padre pero se lleva con el padre del padre, su abuelo. Algo anómalo es también querer ser antes amigo que padre de tu hijo, como si hubiera que elegir entre amistad o paternidad y con lo que eso merma el principio de autoridad. Otras anomalías se producen cuando el niño se cría y crece entre dos hegemonías paralelas, educación bífida de chavales que reciben un trato y una educación por parte materna y otro trato y otra educación por parte paterna. Al doble ambiente puede contribuir un abuelo, una abuela, una tita, un pariente, un internado, pero normalmente se da entre ex de parejas o matrimonios separados. Ahí es fácil que si los dos polos, el del padre y el de la madre, son muy distintos y extremos que apenas se tocan, el crío puede salir traumatizado, mal educado, problemático, víctima inocente o depredador aprovechado de ambos. Si en la edad adulta, cuando el chaval se hace un hombre (porque le llegue la hora a él de emparejarse, de ser padre o de divorciarse), el hombre sigue muy inclinado a un lado y muy desinclinado a otro, pierden todos: la parte (padre o madre) que llamaremos ganadora, la parte perdedora, y el propio hijo que puede que ‑lo reconozca o no‑ para siempre arrastre una cuestión pendiente de lealtad.

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Razón de Estado y razón de sexo.

Notición. «El Psoe planea eliminar conciertos con centros educativos que segregan por razón de sexo.» Caso práctico. En un centro mixto se matricula una alumna con su pañolito islámico. Pregunta. ¿No es esa prenda segregación o discriminación? ¡Qué va, al contrario, es integración!, dirá el diputado. ¿Y esa integración no atenta contra la coeducación? ¡Es por motivo religioso! ¿Para cuándo, entonces, la religión fuera de la enseñanza?

Desde la Ley de Educación de 1970 y desde la Logse de 1990, los conciertos sirven a que la Iglesia siga teniendo el control de la enseñanza, y esto en tres vías o maneras: las clases altas: a centros privados; las clases bajas: a centros públicos (donde la religión siga teniendo horas lectivas y donde entra la niña del velito); y la clase media: a la concertada (quiero y no puedo de familias que preferirían la privada, pero les resulta muy cara). Al apaño lo llamaron libertad de enseñanza. ¡Chanza!, ¡chanza!, ¡chanza!, grita el coro.

La subsidiaridad de la Iglesia para con el Estado hasta cubrir la red de centros tenía un pase en 1982, cuando ganó el primer Psoe, el de Felipe González. Desde 1982, miren si el Psoe ha tenido tiempo y dinero para completar la red estatal de centros. Quienes tanto hablan de la unidad de España, nos quieren divididos en tres desde la infancia.

La actual “razón de sexo” (no de seso ni de peso) del Psoe (como el enfrentarse a las reválidas del PP) parece un divertimento menor de sus señorías vergonzantes a estas alturas de ignominia y claudicación. Luego hablarán de populismos.

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cuentos desde La Habana hasta el Congreso

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Mi generación creció contra la selectividad cuando fue implantada allá por 1970. Medio siglo después, que se celebre la vuelta de aquella selectividad como una victoria, da que pensar. Las huelgas y luchas estudiantiles (de los ‘60, como las de ahora) todas son explicables: quien estudia no quiere obstáculos añadidos a una carrera que ya es carrera de obstáculos. Pero pasa el tiempo y terminamos la carrera y nos damos cuenta: selectiva es la vida laboral y, lo menos malo, la selectividad académica porque, al fin, es pública y reglamentada y escasamente contaminada por el enchufismo y la presión de intereses privados. Celebrar hoy la vuelta de la selectividad es paradoja favorable a la coyuntura política por lo bien que hizo el Psoe facilitando un PP que gobierne en minoría para que la mayoría desmonte la Lomce. No os lo creáis demasiado. La igualdad de oportunidades no existe y es falso que la selección vaya a favor de quien más sabe. Seguirá la España dominante ocupando los puestos de mando y beneficio y la España dominada seguirá soportando los trabajos más duros y peor pagados. Lo cual conecta con lo que hemos vuelto a oír y a leer (en Cándido en la Asamblea, novela de J. J. Díaz Trillo) que hizo Fidel Castro en Cuba: socializar la miseria. ¡Y cómo, si no, si solo se reparte lo que se tiene! La riqueza cubana hizo en el 59 lo que en todas partes desde los rusos blancos en el albor de la Revolución Rusa hasta la actual Miami de Cuba y Venezuela: fugar capitales, evadir patrimonios, emigrar empresas, boicotear suministros básicos para una población que, empobrecida y a riesgo de hambre por los supermercados vacíos, celebrará que vuelva el viejo régimen que ese sí que puede repartir la riqueza, no te jode. La candidez de quien desmonta o desprecia la experiencia igualitaria en Cuba o donde sea y siempre en nombre de que en Cuba no hay libertad es igual y comparable a la de quien desmontando Lomces y selectividades nuevas repone Logses y selectividades antiguas creyéndose que en España hay igualdad de oportunidades. Va por sus señorías estos versos de León Felipe (1884‑1968) en Sé todos los cuentos: Yo no sé muchas cosas, es verdad. / Digo tan sólo lo que he visto. / Y he visto: / que la cuna del hombre la mecen con cuentos, / que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos, / que el llanto del hombre lo taponan en cuentos, / que los huesos del hombre los entierran con cuentos… / y que el miedo del hombre… / ha inventado todos los cuentos. / Yo sé muy pocas cosas, es verdad. / Pero me han dormido con todos los cuentos… / y sé todos los cuentos. [Revista Babel n°22, Julio-Agosto, 1944.]

el caso del Instituto San Isidoro de Sevilla

El caso de un alumno presuntamente amenazado por un profesor tras vestirse presuntamente de mujer para un trabajo de presunta visibilidad LGTB.

Visto y leído lo cual:

Problemas de niñas y niños bien en instituto bien. Excentricidad de un extremo, supongamos, de libertad frente a otro extremo, supongamos, de intolerancia o abuso de autoridad.

–Grupo libertad: ¿se vestiría de rey para hablar de la monarquía, de papa para hablar de la Iglesia o de Gran Poder para hablar de la imaginería cristiana?

–Grupo intolerante: ¿prohibiría cualquier indumentaria asociada a una ideología, lo cual incluye el velo islámico, la tirita del párroco o el uniforme del militar o del policía que al instituto van ‑yo los he visto‑ a dar una charla?

Lo dicho. Problema bien de gente bien. Hay otros.

la buena educación

mal educado se está y maleducado se es. mal educado está quien no ha sido bien educado y maleducado es quien, habiendo sido bien educado, se manifiesta groseramente o con malos modos o modales. Para que nadie se confunda, sobre todo cuando hablamos de la educación de los demás, tema sensible que puede herir, proponemos tres líneas en la palabra ‘educación’: civismo, civilidad y enseñanza adquirida o formación profesional (normalmente asociada al dinero y al estatus social). civismo es pensar en los demás y, cívico, no molestar, vivir como quien vive en sociedad. civilidad incluye, en nuestro ámbito, por ejemplo, ser demócrata, creer en la igualdad hombres mujeres, en los derechos humanos, tener conciencia medioambiental, de hábitos saludables, etc., todo lo que hace a una persona sentirse normal dentro de un sociedad que considera normal: aunque no fume ni beba, nuestro hombre o nuestra mujer entienden que tabaco y alcohol están en su normalidad. Esa normalidad será distinta en otras sociedades, islámicas, orientales, tribales, etc. Vamos al cuadro de positivos y negativos:

educación-obediencia educación-adaptación educación-poder
civismo civilidad formación
dinero
(hombre o mujer:)
perfecto salvaje
+ inmigrante posible siervo
+ + siervo perfecto
+ + + hombre modelo perfecto
+ + hombre súper con malos modales
+ + hombre súper de otra época
+ hombre súper insoportable

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mito y consciencia de la educación

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Por las cuatro esquinas del arte y la cultura (premios, exposiciones, estrenos de cartelera o de librería) se oye decir que la educación es la vacuna más potente contra todo lo que no nos gusta, también contra la violencia machista y hasta contra la guerra en Siria. Se nos olvida que hay alguien al mando. Muy educada es la Sexta Flota, que respeta la Convención de Ginebra, y muy educada la defensora del burkini en la Costa Azul con argumentos de libertad, respeto o interculturalidad. La de vueltas que le damos a lo que no tiene vuelta: la educación ‑en tanto reproduce cultura, civilización, familia y religión‑ educa en la sumisión. Un profesor enrrollao, una profesora solidaria, un magisterio comprometido no modifican esta ecuación. Qué menos que nuestro alumnado lo sepa y nos baje del pedestal donde, en el fondo, no se está tan mal.

No se pierdan la reflexión de Antonio Delgado Cabeza, maestro escuela consciente de su oficio. / a Kechu Aramburu /

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