culto, cultura y fiestas populares.

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RAP CULTO CONTRA CULTURA por Juan Caracol y Rafa Iglesias


cinco felpudos para entrar en fiestas populares.

uno.

Las fiestas tienen su explicación en el calendario que imponen el trabajo y la cultura. La fiesta no anula la explotación del hombre por el hombre y mantiene separados el altruista concepto del bien común y el personal concepto del bien particular. El verbo del trabajo es deber, deber de deuda y deber de obligación, y su opuesto o antídoto es el verbo poder: diviértase quien pueda.

dos.

La cultura presenta dos caras: racional, una, que es el saber; y emotiva, otra, que es el querer; polos que han sido representados por el árbol de la ciencia (o del conocimiento del bien y del mal) y por el árbol de la vida. Entre el egoísmo y el altruismo, entre el saber y el querer, entre el deber y el poder, la fiesta padece las mismas contradicciones que los días de labor. Y es vano, y falso, el intento de la antropología (de la conservación) que quiere ver en la fiesta valores de excepción o transgresión a una norma cotidiana. Fatalmente, no lo es. Don Carnaval es hijo, bueno y dócil, de doña Cuaresma.

tres.

No os engañen las voces que, aljofaradas y olorosas, oiréis hablar de las fiestas de primavera como exaltación de la vida y los sentidos, cosas así. Que por mayo era, por mayo, canta el romance del prisionero. Ni por mayo ni por abril. El mundo es el que es y en primavera nos limitamos a percibir un efecto cósmico que tiene que ver con la biología y con la economía, no con la cultura, administrada, en este caso, por concejalías y delegaciones ávidas de turismo a cualquier precio ideológico.

cuatro.

Tampoco es de añorar lo que en el pasado fueron fiestas que hoy parecen desvirtuadas (entre otras causas, por la masificación que atrae el turismo): todo ceremonial viene de la barbarie, la rivalidad o la superstición. Tras el caballista de la Feria está el gañán que ensilla el caballo al señorito y tras la guapa pareja que baila la sevillana está la mano que monta y desmonta la caseta.

cinco.

Y no os molestéis contra la Iglesia o las castas que imponen su calendario de días sagrados o festivos. Molestaos con el Estado (que sois vosotros, que somos todos) que lo consiente. Si fuerais el párroco, el capillita o el señorito, ¿no haríais también uso de los privilegios que gozan ellos? Pues eso. Cuando cambie este mundo, cambiará la fiesta.

[eLTeNDeDeRo]

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