Profesores de religión

Profesores de Religión

Un encuentro en el chiringuito me echa a dialogar con una que me presentan como compañera de religión. Yo me tuve que acordar de que profesores no son, imparten una doctrina, y en otro país, otra sería la religión que enseñara esa compañera, mientras las matemáticas o la física seguirían siendo las mismas. Me imagino al maligno mascullando entre dientes: Pues anda que tú, que das lengua, también darías en otro país otra lengua diferente. Verdad que sí. Pero la lengua es natural, primero se aprende y después se educa, mientras que la religión primero se elige y después se aprende. Más allá de esta corta polémica, que terminó con ella en una mesa y yo en otra en el otro extremo del chiringuito, me acordé de la suerte que tienen o tenemos algunos cuerpos privilegiados por el Estado y cómo es preferible ser conscientes que hacernos los tontos que no sabemos nada. Mi parte privilegiada se llama Muface, mutualidad que cubre ser funcionario civil del Estado. Por mutualista he podido elegir compañía de salud privada y por funcionario de la enseñanza podré jubilarme a los sesenta, cinco años menos trabajando que los demás. Este privilegio yo lo he oído casi siempre justificar por mis colegas: Es que nuestro trabajo y tal y tal (y siguen lugares comunes: dar clases quema mucho, bregamos con gente joven). Y he pensado: el funcionariado es un recurso de los estados modernos para asegurarse lealtades con reflejo en voto. Y he dicho: Me parece más digno reconocer nuestra situación de ventaja sobre otros trabajos más duros, más físicos y peor tratados, como los cargadores de bombonas, que tendrán la espalda hecha una mierda mucho antes de cumplir los cuarenta y cinco. Así también la de religión podía ella reconocer que está privilegiada por el Concordato de 1979, por la Logse del Psoe, que buena la hizo con la privada y con la concertada, y por todos los gobiernos del PP. Al querer imponerse en los programas, al rechazar impartir la doctrina fuera de horario lectivo, los compañeros y compañeras de religión que cobran dinero público y trabajan para un particular, el arzobispado, nos faltan al respeto intelectual al resto del claustro. No son iguales ni somos exactamente compañeros. Juegan con la ventaja que les da la reciente historia de España que no ha resuelto sus relaciones con la Iglesia y encima la ha liado con las tres culturas por donde han entrado en nuestras aulas niñas tapadas islámicas, para que los de la católica presuman de modernos profesores de cuota entre otras cuotas. Una o trina, el que trina es el laicismo. El Estado no se mete en la Iglesia y la Iglesia se mete en el Estado. ¿Religión? No, gracias.

Pinza del 26 del 7 de 2015.

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