Bergamín inédito

Poeta en Bicicleta, de Jean-Frnçois Martin

El 8 de abril de 1995, sábado de pasión de aquella semana santa, en Galaroza y dentro de las Jornadas de Patrimonio, Pilar y yo participamos en un acto homenaje a José Bergamín (1895-1983), por su centenario, con Alonso Jiménez, al cante, Pedro Márquez, a la guitarra, y con Manuel Moya. El motivo, haber vivido el poeta algún tiempo en Fuenteheridos, donde teníamos casa y la tuvo su hija Teresa. 18 años después, el diario El País, ha publicado 32 poemas inéditos de Bergamín, de la serie que Alonso cantó en Galaroza y nosotros pusimos en escena y en El Sobre Hilado.

¿Qué decir de originales póstumos e inéditos? Que son todo un género y que las más de las veces bien están en su apartada orilla, mejor no meneallos. A Bergamín, como a toda su generación, le entusiasmó la copla popular, música que comparten la copla culta y el arte real (Manrique, para entendernos), de estirpe de trovadores, literalmente encontradores de rimas difíciles. Del arte mal llamado menor por meapilas y meaculpas que no tienen ni idea de lo que vale un verso, a Bergamín lo atrapó la expresión breve, ni andaluza ni vasca ni española: universal. Y ahí está el jaiku.

No verséis y no seréis versados, amonesta Lucas (6, 37) con sus colegas panópticos. Dicho sea porque, en lugar de mis críticas, ustedes agradecerían que, por una vez, yo me pusiera de ejemplo o les recomendara a alguien a quien leer. Está muy malita la poesía. Si la herencia de Camarón fue el jipío del flamenquito, la de Neruda está siendo el poema verborro, ese que, si no lo vemos escrito, y al margen de lo que quiera decir, que no dirá nada, no sabríamos si es prosa o es verso o a qué ley responden sus saltos de línea y sus versos y aparte.

La última calamidad que ha caído en mis manos se llama Clara Lair (coetánea de Bergamín: 1895-1973). Las bibliotecas de casa, es lo que tienen: que empiezas poniendo orden y terminas haciendo escrutinio. De Clara Lair, dicen que es como la Alfonsina Storni de Puerto Rico. ¿Quién de las dos hará buena a quién?

Y la pereza. Con Roberto Bolaño tuve la mala suerte de leer sus versos nerudianos antes que sus imprescindibles novelas posnovelísticas. Yo me las pierdo.

Para terminar, inevitablemente, otro decálogo.

Se admiten ideas.

TRADICIÓN Y ORIGINALIDAD

El resto es literatura
(Paul Verlaine, 1874; Paul Valéry, 1941)

–DIEZ MANDAMIENTOS–

El primero es hablar como se debe;
el segundo es saber lo que se dice:
no confundir renglones con lombrices,
versos con espaguetis mal cortados.

Tercero es ritmo y emoción, belleza.
El cuarto es añadir algo en la obra
a lo que ya está dicho. El quinto sobra:
que sea original, y no copiado.

El sexto, alguien que lea el manuscrito,
si merece la pena o, francamente,
preferible tirarlo a la basura.

Del siete al nueve, es que el motor funciona:
publicación, distribución y bienes.
El diez, tal vez, será literatura.

dedicado al bodrio que se hace y se deshace
con planteamiento, nudo y desenlace

No es lo mismo decir Dios
que mi Dios o que Dios mío.
Aunque lo digas tres veces
no dirás nunca lo mismo.
Decir Dios es inventarlo.
Decir mi Dios es mentirlo.
Decir ¡Dios mío! es dolerse
de Dios o pedirle auxilio”.

Como nace el árbol vivo
de su natural semilla
así nace de tu alma
vivamente la poesía.

No se equivoca Narciso:
se equivoca el engañoso
fantasma de su espejismo.

Cuando un manchego en La Mancha
de veras se vuelve loco
no se vuelve Don Quijote
sino que se tira a un pozo.

La llama tiene dos sombras
una fuera y otra dentro:
y tú eres como la llama
dos veces sombra del fuego.
De sombra es tu corazón.
De sombra, tu pensamiento.
Y entre los dos tú eres llama
luminosa, sin saberlo.

Si tú fueras rey de bastos
y yo fuera rey de espadas,
oros pagarían copas
y haríamos malas bazas.
Conque ¡hagan juego señores!
Que aquí no hay cartón ni trampa.
Y no hay más rey ni más Roque
que el palo de la baraja.

Al fin se acabó la historia.
Y tú te quedaste, al fin,
solo y sin pena ni gloria.

Tú sabes lo que te digo:
que si no dices verdad
no digas que eres mi amigo.

De un sueño nace tu alma.
Y de otro sueño se muere.
Entre un sueño y otro sueño
tal vez nunca se despierte.

A mí me está pareciendo
que tú no quieres oír
lo que yo te estoy diciendo.

Lo que nos dice la fe
no es ni verdad ni mentira.
No se ve lo que se mira:
se mira lo que se ve.

Por los caminos del aire
se perdió mi pensamiento.
Y no he podido encontrarle.

Yo no sé por qué será
que veo claro lo oscuro
y oscura la claridad.

El curso de la vida es como un río
dijo Manrique, y es la muerte el mar.
Conforme corre el río va sintiendo
ensancharse su cauce más y más.
Es como el dulce discurrir de un llanto
que, al cabo, sentirá
amargarse sus lágrimas postreras
con un sabor de sal.

Lo que anda diciendo el río,
como el viento cuando pasa,
es lo que dice la lluvia
cuando cae sobre el agua.
Es lo que dice en el fuego
el crepitar de sus llamas.
Es lo que tú estás diciendo
cuando miras y te callas.

“Más claro, agua”.
Agua que corre y huye
para ser clara.

El cielo parió una estrella.
Y la envolvieron las nubes
en sus pañales de niebla.

La estrella más luminosa
cuando la miran tus ojos
se apaga como una sombra.

En tu vida hay dos silencios:
uno es silencio por fuera,
otro es silencio por dentro.
Y te parecen al serlo,
uno, silencio del alma,
otro, silencio del cuerpo.

Hay que saber separar
de un silencio otro silencio.
El silencio de los vivos
y el silencio de los muertos.

Al que Dios no le da el habla
el Diablo le da un silencio
que no quiere decir nada.

También el silencio es máscara
que le da forma al vacío
sonoro de las palabras.

La elocuencia del silencio
enmudece lo que hablas.
Hay silencio en lo que dices
y decir en lo que callas.

Hasta la llama más viva
se apaga cuando se duerme
blandamente en la ceniza.
Se va quedando dormida
al cobijo de su lumbre
soñando que resucita.
Que hasta la llama más viva
cuando se apaga se vuelve
Cenicienta de sí misma.

Al borde del precipicio
se asoma tu corazón
como al espejo Narciso.
Se enamora de sí mismo
sin ver que es imagen suya
la del abismal vacío.

Tengo el alma acostumbrada
a su tristeza mortal
y a mí ya nada me espanta.
A mí ya nada me espanta
porque tengo el corazón
tan triste como mi alma.

Tú tendrías que ser otra
y muy distinta de ti
para que yo te creyera
la misma que te creí.

Yo no sé si yo soy el que me sueño
o si es otro el que a mí me está soñando;
otro que me separa de mí mismo
que me vuelve un extraño
fantasma de otro sueño, de otro mundo,
más íntimo y lejano;
otro sueño, otro mundo, en el que estoy
como desensoñado.

Como el eco en el viento, como el vuelo
perdido de los pájaros,
el sueño de un amor que fue mi vida
se me ha quedado muerto entre las manos.

Tu alma es tan perezosa y dormilona
que parece que está durmiendo siempre.
Tal vez sin despertar de tanto sueño
se dormirá en la muerte.

No es un sueño la muerte,
ni es un sueño la vida.
El sueño está en los ojos
con que tú las miras.

Como la luz de la tarde
tu alma se va apagando.
Tu pensamiento en tu alma
se va crepusculizando.

No es lo mismo decir Dios
que mi Dios o que Dios mío.
Aunque lo digas tres veces
no dirás nunca lo mismo.
Decir Dios es inventarlo.
Decir mi Dios es mentirlo.
Decir ¡Dios mío! es dolerse
de Dios o pedirle auxilio”.

Como nace el árbol vivo
de su natural semilla
así nace de tu alma
vivamente la poesía.
FEl árbol, de la semilla;
del alma, la poesía.

No se equivoca Narciso:
se equivoca el engañoso
fantasma de su espejismo.

Cuando un manchego en La Mancha
de veras se vuelve loco
no se vuelve Don Quijote
sino que se tira a un pozo.

La llama tiene dos sombras
una fuera y otra dentro:
y tú eres como la llama
dos veces sombra del fuego.
De sombra es tu corazón.
De sombra, tu pensamiento.
Y entre los dos tú eres llama
luminosa, sin saberlo.
FDe sombra, tu pensamiento.
De sombra, tu corazón.
De luces, tú, sin saberlo.

Si tú fueras rey de bastos
y yo fuera rey de espadas,
oros pagarían copas
y haríamos malas bazas.
Conque ¡hagan juego señores!
Que aquí no hay cartón ni trampa.
Y no hay más rey ni más Roque
que el palo de la baraja.

Al fin se acabó la historia.
Y tú te quedaste, al fin,
solo y sin pena ni gloria.

FAquí se acabó la historia
y tú te quedaste al fin
solo y sin pena ni gloria
.

Tú sabes lo que te digo:
que si no dices verdad
no digas que eres mi amigo.
FNunca andó con la verdad;
yo prefiero al enemigo
cuando la cara me da.
*

De un sueño nace tu alma.
Y de otro sueño se muere.
Entre un sueño y otro sueño
tal vez nunca se despierte.
FSe nace y muere.
De un sueño a otro,
nunca despiertes
.
FSe nace y muere.
De un acto a otro,
los entremeses
.

A mí me está pareciendo
que tú no quieres oír
lo que yo te estoy diciendo.

Lo que nos dice la fe
no es ni verdad ni mentira.
No se ve lo que se mira:
se mira lo que se ve.

Por los caminos del aire
se perdió mi pensamiento.
Y no he podido encontrarle.
F Por los caminos que he andado
se perdió mi pensamiento
y no he podido encontrarlo
.

Yo no sé por qué será
que veo claro lo oscuro
y oscura la claridad.
FPor qué será
tan claro lo que está oscuro
y oscura la claridad.

El curso de la vida es como un río
dijo Manrique, y es la muerte el mar.
Conforme corre el río va sintiendo
ensancharse su cauce más y más.
Es como el dulce discurrir de un llanto
que, al cabo, sentirá
amargarse sus lágrimas postreras
con un sabor de sal.

Lo que anda diciendo el río,
como el viento cuando pasa,
es lo que dice la lluvia
cuando cae sobre el agua.
Es lo que dice en el fuego
el crepitar de sus llamas.
Es lo que tú estás diciendo
cuando miras y te callas.

Más claro, [el] agua.
Agua que corre y huye
para ser clara.

El cielo parió una estrella.
Y la envolvieron las nubes
en sus pañales de niebla.

La estrella más luminosa
cuando la miran tus ojos
se apaga como una sombra.*

En tu vida hay dos silencios:
uno es silencio por fuera,
otro es silencio por dentro.
Y te parecen al serlo,
uno, silencio del alma,
otro, silencio del cuerpo.
FSon dos silencios:
uno el del alma
y otro el del cuerpo
.

Hay que saber separar
de un silencio otro silencio.
El silencio de los vivos
y el silencio de los muertos.
FSon dos silencios:
el de los vivos
y el de los muertos.

Al que Dios no le da el habla
el Diablo le da un silencio
que no quiere decir nada.

También el silencio es máscara
que le da forma al vacío
sonoro de las palabras.

La elocuencia del silencio
enmudece lo que hablas.
Hay silencio en lo que dices
y decir en lo que callas.
FQué lenguaje sin palabras.
Tu silencio en lo que dices.
Tu decir en lo qué callas.

F Qué misterio de palabras.
Que se dice y no se dice,
que se calla y no se calla.

Hasta la llama más viva
se apaga cuando se duerme
blandamente en la ceniza.
Se va quedando dormida
al cobijo de su lumbre
soñando que resucita.
Que hasta la llama más viva
cuando se apaga se vuelve
Cenicienta de sí misma.

Al borde del precipicio
se asoma tu corazón
como al espejo Narciso.
Se enamora de sí mismo
sin ver que es imagen suya
la del abismal vacío.

Tengo el alma acostumbrada
a su tristeza mortal
y a mí ya nada me espanta.
A mí ya nada me espanta
porque tengo el corazón
tan triste como mi alma.

Tú tendrías que ser otra
y muy distinta de ti
para que yo te creyera
la misma que te creí.

Yo no sé si yo soy el que me sueño
o si es otro el que a mí me está soñando;
otro que me separa de mí mismo
que me vuelve un extraño
fantasma de otro sueño, de otro mundo,
más íntimo y lejano;
otro sueño, otro mundo, en el que estoy
como desensoñado.

Como el eco en el viento, como el vuelo
perdido de los pájaros,
el sueño de un amor que fue mi vida
se me ha quedado muerto entre las manos.

Tu alma es tan perezosa y dormilona
que parece que está durmiendo siempre.
Tal vez sin despertar de tanto sueño
se dormirá en la muerte.

No es un sueño la muerte,
ni es un sueño la vida.
El sueño está en los ojos
con que tú las miras.
FNo es un sueño la muerte
ni es un sueño la vida
.
Dígalo Calderón
o la filosofía.

Como la luz de la tarde
tu alma se va apagando.
Tu pensamiento en tu alma
se va crepusculizando.

Lo que nos dice la fe:
No se ve lo que se mira,
se mira lo que se ve.

Más claro, [el] agua.
Agua que corre y huye
para ser clara.

Al borde del precipicio
se asoma tu corazón
como al espejo Narciso.

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