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el sentido del sentido del humor.

No hay peor Zoido que el que no quiere oír
Rafa Iglesias, sentido crítico.

(esperpento, sátira, crítica y mal gusto).

Valle-Inclán llamó a su sentido del humor ‘esperpento’, palabra en el Diccionario desde 1726, revisada en 2014, de origen incierto: persona, cosa o situación grotescas o estrafalarias. La invención de Valle fue designar su estética en su teatro, pero no solo: hay esperpento en La pipa de kif (poesía, 1919), Tirano Banderas o El ruedo ibérico (novelas de 1926 y 27). Don Ramón mismo tenía algo de esperpéntico.

Tiramos de Wikipedia. El esperpento hace su aparición en 1920 con Luces de Bohemia. Esperpento. En la madrileña calle de Álvarez Gato (el callejón del Gato) había un espejo cóncavo y otro convexo que deformaban la figura. Max Estrella, a Don Latino, en la escena 12 de Luces de Bohemia: «Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada. La deformación deja de serlo cuando está sujeta a una matemática perfecta. Mi estética actual es transformar con matemática de espejo cóncavo las normas clásicas». Más que un estilo o técnica teatral, el esperpento es una poética. Valle-Inclán, a Gregorio Martínez Sierra, ABC, 7 del 12 del 28: Hay tres modos de representar el mundo: desde abajo, de frente o desde arriba[1]. Desde abajo se ve a los personajes como héroes de condición superior. De frente, como si fuesen nosotros mismos (como en el teatro de Shakespeare). Y desde arriba, como seres inferiores, los dioses se convierten en personajes de sainete; sus precedentes serían Quevedo y Goya.

Otra manera trifásica de ver el humor nos la da la pareja reírse con / reírse de. En reírse con, dos se ríen y de la misma cosa. En reírse de, la parte cómica o humorista se ríe de lo que a la parte humorada no le hace ninguna gracia, sea Agamenón (objeto de la sátira) o su porquero (podría ser de mal gusto). Es el desencuentro que estuvo en la base (nunca en la justificación) de la fobia yihadista contra Salman Rushdie (Versos satánicos, 1988) o Charlie Hebdo[2]. La condena al extremismo asesino no libra al humor de una incoherencia previa: métete con los tuyos o ríete de los tuyos: no de lo mío o con lo mío, porque no le veo la gracia o porque mi cultura o mi religión demandan otro código de conducta, otro sentido del humor. Es también, salvando las distancias, el juicio que nos merecen las bromadas andaluzas sobre catalanes o Cataluña. No van sobre, van contra. Noam Chomsky incluye este uso del humor como mecanismo del poder para desviar la atención y distraer conciencias. Juan Carlos Ortega, en claras palabras, da una visión de lo mismo fácil y directa. Queden con ella y con la segunda parte de La Corte del Rey Bobo, donde me aplico al cuento. Se admiten ideas.

Enlace a Juan Carlos Ortega

Enlace a La Corte del Rey Bobo


[1] En teoría clásica: 1. tragedia y épica, 2. drama y 3. comedia.

[2] Charlie Hebdo. Semanario satírico francés de izquierdas desde 1992. Tomó su nombre de una publicación satírica anterior: Hara-kiri y Hara-kiri hebdo. Su labor fue motivo de juicios, debates por la libertad de expresión, acusaciones de provocaciones a facciones religiosas y atentados; uno de ellos con cócteles Molotov en 2011. El más grave ocurrió el 7 de enero de 2015 en su sede parisina, cuando dos encapuchados asesinaron a doce personas además de herir de gravedad a otras cuatro.


el humor y la religión.

Llegan noticias preocupantes de juzgados de Sevilla. La juez Pilar Ordóñez atiende el recurso presentado por la Asociación de Abogados Cristianos contra la Hermandad del sagrado coño insumiso (la noticia, aquí). Un día fue Javier Krahe, otro día en otro país, y con otra religión, fueron Charlie Hebdo o Salman Rushdie: la sociedad religiosa está intratable y la sociedad civil no tiene fuerza ni oposición ni resistencia (a veces, ni argumentos) ni ante la justicia ordinaria ni ante la justicia que se toma por su mano un yihadista. Al final, el amenazado está solo y las mujeres que van a procesar en Sevilla están solas. Por mucha indignación, solidaridad o repulsa de parte de una minoría sensible al exterminio, por mucho Je suis Charlie Hebdo, el cómico o la feminista pagan su viñeta o su parodia en su persona.

Propongo. No hay bromas con la religión. En cambio, hay una opción política donde el laicismo vencerá antes o después, porque es de una lógica irrebatible: ustedes nos dejan en paz y nosotros, a ustedes. La religión deja de meterse en nuestras vidas y nosotros dejamos de meternos con la suya. Sea ese el trato: religión cero cero (la fe de cada cual seguirá yendo por dentro) y humor cero cero con los signos religiosos: un paso de virgen, un crucificado o un barbudo que podría ser Mahoma o Alá. Puede que el mundo fuese más aburrido pero sin alzacuellos, sin monjas que se noten que son monjas, sin mujeres que se nota que son musulmanas. eLTeNDeDeRo vota por eso, ¿y usted?

A favor, tenemos que la sociedad empieza a cansarse de la sucesión de noticias alrededor del temita. Ya nadie se cree lo de creyentes buenos y creyentes malos. Todas las religiones son cansinas y protagonistas. Ahí está la que tienen liada en Sevilla por los incidentes de esta pasada madrugá y los locos con pistola o artefactos acaparan los telediarios. La gente estará a favor de cambiar velitas y muestras de solidaridad con las víctimas por un mundo sin víctimas. Otra forma de verlo: no hay poli de la guarda para cada uno de nosotros, creyentes o no creyentes: como esto siga así, nos vamos todos al coño o al carajo, usted decide.


 

El humor.

La clave está en la preposición. Reírse con o reírse de. Más que un género, que lo es, el humor es un tono, una actitud y hasta un estado de ánimo. Y aunque la clase humorista y humoristas ocasionales como el concejal de Podemos o Cassandra Vera crean que el humor, la broma, es capa que todo lo tapa, no parece que eso sea justo ni con los demás géneros ni con las demás libertades de expresión.

Valga para el humor y para todas las artes figurativas o narrativas, la fórmula de Valle‑Inclán para su teoría del teatro[1]. Creación y Público. Dioses y héroes vistos desde abajo dan la tragedia. Personajes iguales o al mismo nivel dan el drama o la comedia. Personajes altos vistos desde aún más alto dan el esperpento, los muñecos del Bululú. En nuestros días, el humor va

–de abajo arriba, de súbditos o ciudadanos hacia sus poderosos: caso de la viñeta política, del editorialismo gráfico o de revistas satíricas como TeVeo;

–de arriba abajo: hinchas de fútbol que echan monedas a indigentes rumanas;

–o entre iguales: un andaluz y un catalán que intercambian sus chistes contra el tópico ser del otro, uno holgazán y otro pesetero. La escala es válida para carnavales o días de fiesta o normales donde, tras el humor, asoman o pueden asomar el acoso, el maltrato o el mal gusto.

Lo que sabemos desde antes de Charlie Hebdo (2016) ‑y de los Versos satánicos de Salman Rushdie (1988)‑ es que la religión es materia bipolar pues si tenemos todo el derecho a ridiculizar a Dios, Alá, Yahvé o Jehová, hay creyentes, hombres y mujeres, colectivos muy por debajo de nuestro nivel, a quienes ‑queriendo o sin querer‑ podemos herir o provocar. Obra maestra de ingeniería humorística y religiosa, y a salvo de censuras y de fiscalías, fue La vida de Brian de Monty Python en 1980, que ríe la historia de un judío nacido el mismo día que Jesucristo y a quien confunden con él. Vidas paralelas, o sea. En casos así, el autor siempre podrá decir: que este no es (el personaje) y que yo no he sido. Cassandra Vera lo que no tuvo es malicia, sin la cual el humor es fácil presa de inquisidores y pepenatas. Y nunca será lo mismo reírse con alguien que reírse de alguien.

[1] Contraversión de los tres estilos de Virgilio: sublime, mediano y humilde.