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justicia poética | literatura y compromiso.

En las primarias del Psoe, llama la atención esa Susana Díaz que primero augura aventajar a Pedro Sánchez por 20.000 credenciales, luego se queda en 6.000 y por último declara ‑tan fresca‑ que ganar es ganar, lo que anticipa que, si se lleva la Secretaría por un solo voto, ahí estará ella. En fútbol, como vencer en el último minuto y de penalti injusto o por gol en propia puerta del adversario. Es la moral ganadora. La que no tiene moral. La política, o sea.

El arte y la literatura nos enseñan la otra cara de la derrota. Justicia poética. Así llamamos al tópico consolación según el cual la bondad y la virtud son finalmente premiadas y la maldad, castigada. Nuestra simpatía con el héroe vencido o el antihéroe debe venir de algún rechazo personal hacia la competición o carrera donde ganar y perder se baten el cobre. Desde el paraíso ‑cuando ignoraban las palabras tuyo y mío y eran todas las cosas comunes‑, el verbo tener se ha impuesto al verbo ser. Ulises era un marine y la de Troya, una invasión en tierra hostil. Son los ojos con que leemos ‑ojos asimismo lejos del paraíso‑ los que nos hacen decir qué bella la Ilíada, qué hermosa la Odisea. Nos hemos envilecido a la par. Por compensación (arte moral donde es experto el cristianismo), guardamos un rincón para que el último sea el primero; la fea, la más guapa y el chico, el más listo y más valiente. Esta ‘justicia’ es proyección de nuestra propia derrota o de nuestra ansiada victoria. La cultura actúa como el millonario que ‑en la edad forrada‑ dota una fundación para ayudar a los pobres. Honor, de todas formas, a quienes en su vida defienden y custodian sus Termópilas. La cita es de Kavafis y la entrevista, a Salvador Compán, a propósito del halo del perdedor.


¡Ya hemos pasao!

¡Ya hemos pasao! fue la canción de Celia Gámez cuando el ejército de Franco entró en Madrid.[1] ¡Ya hemos pasao 2016! El espectáculo ha sido un reto financiado, artificial y bochornoso. Financiado, porque a toda costa de policías y gastos de seguridad (que alguien paga o pagamos con nuestros impuestos) Occidente tenía que demostrar que el yihadismo no iba a amargarnos las fiestas. Artificial, porque nuestros belenes y nuestras uvas no podían interpretarse como espontáneas manifestaciones de fe y de alegría (con el niño Jesús secuestrado en varios belenes públicos y con las plazas de la toma de uvas en estado de máxima alerta). Bochornoso, porque la escenificación de la navidad y del año nuevo (con sus villancicos, uvas, confetis y fuegos artificiales) no podía ser, sin pecado, un adorno: estábamos y estamos tocando fondo.

Ni el 16 fue para dar gracias ni para tirar cohetes ni el 17 será feliz más que para quien pueda costearse y blindarse la felicidad (único egoísmo bien visto). ¡Ya hemos pasao! Los ministerios de defensa y de interior se frotan las manos y dan el parte a la nación: –¡Sin novedad en nochevieja! A base de vallas y bolardos, restricción de camiones, escáneres, cámaras ocultas y cacheos, así cualquiera.

Pasado mañana quien trabaje volverá a su trabajo. En el desayuno -y a la vuelta de Reyes- volverán las oscuras concertinas de empresa y de colegios: ¿cómo lo pasasteis?, ¿dónde estuvisteis? Y a esperar que llegue primavera, que matarán al Dios que les acaba de nacer. Paternidad responsable, se llama eso. Pero antes, a devolver los regalos fracasados y a ver qué cae este año por las rebajas. Y cada día diremos ¡Ya hemos pasao! con tal de que nunca pase nada. Lucidez y buena suerte y que no nos pase nada.

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[1] Martes 28 de marzo de 1939. ¡Ya hemos pasao! (música Hans Eisler, letra José Herrera Petere) fue respuesta provocación al ¡No pasarán! de Pasionaria y del bando republicano. El 1 de abril Franco dio por terminada la guerra.

TAPADAS Y DESTAPAS (editorial)

Mantilla española

TAPADAS Y DESTAPAS
editorial–

Hablando con Maestro Liendres recodábamos cómo las madres antiguas se tapaban para ir a misa, había bancos para hombres y bancos para mujeres, los hombres casi siempre atrás, al fondo de la iglesia, para escaquearse a la primera y salir fuera a echarse un cigarro. En lo bueno y en lo muy malo, aquel era un mundo plano. Hoy, el mundo ha perdido su inocencia.

La tapada islámica que me refriega su tapado, ‑no en su tierra: en la mía‑ practica conmigo un orgullo que no tenían las madres y las abuelas de antes, esas cuyas hijas dejaron el velo para ir a misa y hasta las monjas se visten de paisanas. Cualquier comparación entre católicas de antes y musulmanas de ahora olvida espacio (esto no es Arabia) y tiempo (darle de plazo al islam 622 años va contra la aceleración de la historia) y olvida, además, que lo normal entre nosotros es distinguir mundo civil y mundo religioso y eso no es normal en el islam, donde, al no haber clase sacerdotal, varones y hembras ocupan la casilla de curas y monjas. Esa interferencia de la religión en nuestras vidas (calles, colegios, bloques de comunidad) nos resulta ajena y nada tiene que ver con los velos de las abuelas.

En la medida que el cristianismo le ríe las gracias al islamismo bueno (del malo, se habla en páginas de sucesos) se hace cómplice en el común fastidiarnos la vida, islamismo malo o extremista incluido.

Estos días de plena semana santa, cuando penitentes y nazarenos en hábitos de otros tiempos vuelven a salir a la calle, no está de más advertir que, como fiesta o turismo, el antifaz, el velo o la mantilla tienen un pase pero no los podemos tomar en serio. Todo es falso, empezando por las mujeres que siguen procesionando detrás de los pasos, para que las vean, cuando nada les impide ir vestidas de nazarenas.

A ese propósito, la fábula de la invención de la mantilla española que hoy se luce en las ciudades de jueves santo.


EL VIAJE Y LAS ALFORJAS

burricletaejemplo de burricleta

EL VIAJE Y LAS ALFORJAS
Iglesia y Psoe en la hora de España

En 1955 publicó Gabriel Celaya, después lo cantaría Paco Ibáñez, un poema que aprendimos todos y del que hicimos estribillo o muletilla, La poesía es un arma cargada de futuro. Gabriel Celaya animaba a los poetas de entonces a hacer poesía comprometida, la que se llamaría poesía social. La edad de ese poema es la edad de mi generación. ¿Ha sido o sigue siendo la poesía un arma cargada de futuro? Seguramente, no. La poesía siguió mirándose, seguimos mirándonos, demasiado el propio ombligo. Lo que sí sigue en pie es que nuestros cantares no pueden ser, sin pecado, un adorno. Y últimamente he dado con dos amigos que me han venido cantando por soleares o peteneras. Uno, con la Iglesia, cuando de lo que hablábamos era el Islam y, otro, con ocasión de presentarse como cabeza de lista por su provincia por el Psoe. Mi primer amigo, el de la discusión sobre religión, no empezó mal. Ni una vez mencionó a Dios. Solo habló del hombre y de la religión, y de la religión como si fuese un concepto teórico o un club de ideas que, en principio, están fenomenal, hasta que viene la práctica, viene el hombre y las estropea. Llegó a decir que un defecto de la religión (supongamos la imposición de la fe por la fuerza) no era problema de la religión, sino del hombre, hombre que lleva, decía mi amigo, la mezquindad en su corazón. Yo le rebatí. Esa separación religión creyentes era semejante a otras que podrían hacerse: Betis béticos, España españoles, Cataluña catalanes, chorradillas que no conducen a nada. En cuanto a la mezquindad, yo, de mezquino, no tengo nada y no creo que un creyente mezquino nacido en 1955 tenga nada que ver con las mezquindades de su religión en el pasado, sea la conversión de indígenas por la espada o las barbaridades de una guerra santa. A la segunda ronda, se le vio a mi amigo la religión de que cojeaba, la Iglesia católica, en cuya defensa no tardó en salir por donde el tópico: la gran obra social de la Iglesia que él conoce y el derecho que él tiene como padre que paga sus impuestos a la enseñanza religiosa para sus hijos. Total, que para ese viaje a la ideología de un amigo, no hacían falta mis alforjas cargadas de negatividad ante el islamismo. Con mi amigo el candidato Psoe, ese que un día me animaba a militar porque “hay que pringarse”, echo la cuenta de los años y veo por los que él y yo hemos pasado desde que murió Franco. Teníamos entonces veinte años; hoy, sesenta ya cumplidos. Si quieren leerlo, mañana, en el Dominical del eLTeNDeDeRo. Dejo a ustedes con

LOS CREYENTES

No era un problema la causa eficiente. La Tierra era redonda. Como el Sol. No era un misterio el hombre ni de dónde venimos. Las hembras parían al cabo de meses que los machos las montaban. Como el bestia a las bestias en celo. Con ternura o con rudeza. Rivalizando con otros machos de manada. No era un misterio de dónde venimos y a dónde vamos. A dónde íbamos a ir. A la caza, a los frutos, al río, y a morirnos de viejos y cansados. Aquello no era ni el paraíso ni lo contrario. Pasaban los inviernos. Pasaron los veranos. Crecían la prole y la cosecha. Una tarde, alguien volvió mirándose las manos como manchadas y diciendo algo parecido a la palabra culpable. Donde hay culpa, tiene que haber perdón. Cuando se dieron cuenta, hablaban del alma y de la salvación. Debió ser cuando levantaron la teoría de la causa primera, eficiente, de las cosas. Desde entonces, arrastran un pecado que jamás han cometido pero que están seguros de volver a cometer. Y aunque cantan aleluya y aunque se precian de profesar el amor, arrastran una tristura que no se les quita ni aun juntándose unos con otros alrededor del mismo fuego, del mismo libro o de los mismos oficios. Miran a los se quedaron fuera con rencor o con envidia, como sin entender. Cuanto más creen en Dios, menos creen en la humanidad. Se morirán igual que tú y que yo. Son los creyentes.