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Juan Carlos Aragón, la libertad contra las cadenas.

Juan Carlos Aragón

No se lleva la ideología y, menos, de ideas críticas (miedo da decir ‘de izquierdas’) y, mucho menos aún, si nos referimos a un género entre culto y popular como el Carnaval. Hay que recordar que carnavales hay tres: el carnaval de antifaz (Venecia); el de sambas y culto al cuerpo (Río, Tenerife) y el de agrupaciones musicales o comparsas, como el Carnaval de Cádiz (y éste en dos venas: la oficial en el Teatro Falla y la más llana en la calle).

De los tres carnavales, el más ripioso para un poeta y el más musical para un músico, es siempre el Carnaval de Cádiz, donde Juan Carlos Aragón, poeta y músico y guitarrista, se ha movido como pez en su agua; otros lo hicieron, pero JCA ha dejado una huella que no se puede borrar y más ahora que llega el carnaval 2020 marcado por su ausencia. Tanto palabreo tópico viene para decirr: oigan, vean y lean a Juan Carlos Aragón.

De Juan Carlos Aragón vídeos obtenemos 290 mil resultados en Google. De Juan Carlos Aragón libros: La risa que me escondes (2010), El Carnaval sin nombre: ni mayor el arte ni selecta la chusma (2012), antes El carnaval sin apellidos (2010), Los últimos versos del Capitán Veneno (2015) y El pasodoble interminable (2017). El Carnaval sin mí será su libro póstumo.

Conocí a Juan Carlos Aragón Becerra (Cádiz 1967 / 17 de mayo de 2019​) a través de Manu Sánchez, CanalSurTV. Antes, había oído hablar de Juan Carlos Aragón (sonando a rivalidad con Antonio Martínez Ares), pero (quizá porque mi carnaval era de calle, y no del Falla) nunca escuché en directo –por la tele sí– comparsa o chirigota de Juan Carlos Aragón. Sí sabía yo, y la buscaba, la ciudad de Cádiz crítica en que él militaba; nunca la chovinista Cádiz, que esa, como en mi Sevilla, yo conocía y, he de decir, he repudiado desde que tengo noticia de mí.

Hay dos Cádiz. La Cádiz de la Libertad y la Cádiz del ¡Vivan las caenas! Juan Carlos Aragón, rompió las cadenas.

Gracias: Manu Sánchez.

Son dos programas, El Mesías y La Leyenda, cuatro horas deliciosas para ponerse los cascos o para perder la vista ante la pantalla.

–Juan Carlos Aragón, El Mesías

–Juan Carlos Aragón, La Leyenda

La fiesta según Sevilla.

Fiestas de Primavera

un ensayo sobre la crueldad o una temporada de confort

Temo al infierno porque es la temporada del confort.
Arthur Rimbaud, Une saison en enfer (1873)

1.
«La prueba está en abril, cruel, que hace florecer a las lilas.» La letra es de Juan Cobos Wilkins, en su prólogo a De quien mata a un gigante (1987), y la idea, de T. S. Eliot en su obertura a La tierra baldía (The Waste Land, 1922), poema titulado El entierro de los muertos (dedicado por Eliot a Ezra Pound, il miglior fabbro): «Abril es el mes más cruel: engendra/ lilas de la tierra muerta, mezcla/ recuerdos y anhelos, despierta/ inertes raíces con lluvias primaverales./ El invierno nos mantuvo cálidos, cubriendo/ la tierra con nieve olvidadiza, nutriendo/ una pequeña vida con tubérculos secos». [lila, flor de la lila y coloquialismo por tonto, fatuo. abril, raíz aphr, aphro, acortamiento de Afrodita, diosa de la belleza y del amor, o de aprire, abrir, por el abrir de las flores, primera juventud como la de quien cuenta sus años por abriles.] Sea como sea, desde el 21 de diciembre, solsticio de invierno, los días han ido durando más, primavera antes de las doce uvas del año viejo y antes del Ya es primavera en El Corte Inglés. Únicamente el calendario cristiano, con su paso atrás (o flashback) de la Pasión, disturba una cronología recta, simple y natural (como dictada por naturaleza).

La antropología de la conservación ha hecho infinidad de cabriolas por demostrar que la pasión y muerte de un particular es alegría. Y ahí están los carteles de Fiestas de Primavera que unen Semana Santa y Feria de Abril (desde 1912, cartel de García Ramos), con toques de Toros en la Maestranza. Por algo, Isidoro Moreno[1], Jiménez Barrientos y Gómez Lara[2] se empeñaron en armonizar un mundo cofrade con una visión más progresista y social. Y la Semana Santa la han resuelto en ¡fiesta de los sentidos!: cómo se ve, cómo se toca, cómo se huele, cómo se oye, cómo se bebe, se come y nos seduce la Semana Santa de Sevilla. El problema es que la misma antropología se registra en otras latitudes y estaciones más frías.

2.
Sevilla se la inventó el capataz que bajó de Itálica o del Aljarafe hasta la Alfalfa, lo más alto y lo menos malo de Híspalis, la infelice en cuanto se desmadraba el río. Este señor dio en señorito. [señorito, nombre epiceno que abarca señorito macho y señorito hembra, nada que ver con señorita.] Precapitalista y reacio a la revolución industrial, la antítesis del señorito no es el obrero sino el criado, la servidumbre. Lo señorito se asienta en la tenencia de la tierra, viene de una injusticia de siglos: el latifundio; saca sus cuartos de olivos y naranjales y de la ganadería y se los gasta en la ciudad, cifra y compendio del ocio como negocio. Lara el editor lo expresó desde la cama: Si un negocio no da para levantarse a las once de la mañana, ni es negocio ni es nada. El criado ama y odia al señorito, todo, menos el término medio; del señorito aprende y a señorito aspira.

–No tenemos una gorda, pero vamos al Rocío.

Igual que se dice del habla andaluza, que ninguno de sus rasgos lingüísticos es exclusivo andaluz, diríamos del señorito, que nada en él es exclusivo. Los santos inocentes están aquí como en Valladolid o en Extremadura; y La escopeta nacional, lo mismo en Madrid que en Valencia. Lo pertinente, o impertinente, de Sevilla es la concentración de rasgos; su mirada de César o de Carmen la cigarrera viendo morir gladiadores; idéntica mirada, la de las santas y venerables cofradías, antiguas de nobles:

–Que carguen en silencio costaleros bajo faldones, que no quiero verlos, que no quiero oírlos ni olerlos.

Y, por eso, el incienso y las flores.

Desde 1972, los hermanos costaleros no corrigen sino culturizan esta mirada frente a otros modos, menos violentos para el cuerpo, de llevar los pasos, por Málaga o Cádiz. Para el señorito costalero, hecho al gimnasio y a la ostentación, los cargadores del puerto, sindicales, no hacían más que quejarse por vicio:

–¡La fe no pesa!

Y en tauromaquias los caballeros de Sevilla, cortos de rienda y de hacienda, reservaron sus jacas árabes y jerezanas para el rejoneo de salón dando la venia a sus gañanes, otra vez gladiadores a pie sobre la arena:

–¡Que corneen a Pepe-Hillo y nosotros, maestrantes, a ver los toros desde la barrera!

Como, desde la barrera, se asoma el señorito a la Feria de Abril, ese baile macho por sevillanas, que reducen a faena de aliño con su bajonazo final a la cintura. Cuando del tablao de Feria se pasa al tablao flamenco, el señorito abdica en el bailaor de turno, que es quien expone su cuerpo serrano, con lo que es el miedo al ridículo en un español de Sevilla. En el flamenco se gasta el señorito la estética de convidar y de ir marcando el compás con los nudillos sobre la mesa. Antes, marcaba también a la gitana (tal vez gitano) que se exhibía para él, que es quien pagaba las copas y quien peritaba la mercancía antes del reservado donde el señorito a la gitana, como a la criada, se la tiraba, ¡vaya si se la tiraba!, equivalente hombría a la que, por el Rocío, denunció Alfonso Grosso en Con flores a María (1981). Vázquez García y Moreno Mengíbar, en Poder y prostitución en Sevilla (1995), han puesto en orden, ya que no en limpio, ese mundo de cafés cantantes por la Alameda y ventas Antequera, donde no han faltado ni el pecado nefando ni la pederastia, con clientela de cortijo, quepis, tricornio y sacristía.

Y es que, de los cinco sentidos, de ninguno se goza el señorito como de la vista y ser visto (luciendo la cartera: Sevilla en sus bares). Y no será porque Viena, Venecia o Praga se contemplen menos. Es que tienen otras clases dirigentes y otras hegemonías.

3.
Una vez sometidos por la Corona los incómodos tercios moro, judío y protestante, la ciudad barroca fue pura Contrarreforma, más romana que Roma. Y ahí está la aportación de Sevilla (su I+D) a la cultura universal: el dogma de la Inmaculada. En esa mujer virgen y madre el señorito se retrata a sí mismo en su auto de fe en lo inmutable mutable, Don Juan en los altares. No hay una Sevilla frívola frente a otra a la altura de la historia. No hay más Sevilla que la que arde en cirios de nazarenos, habanos de la Maestranza y candelas del Rocío. De Sevilla, se puede decir lo que del dinero y la buena vida: la hay más barata, pero ya no es vida. Hay más Sevilla, pero ya no es.

–Ese tío no es rociero.

Esa otra Sevilla tendrá que preguntar a su intelectualidad y artisteo de copyright qué hacen por ella. La mayoría, cultivarse a sí misma, como hicieron los Caro, Arguijo, Laffón o Romero Murube. Biblia del Oso, Abate Marchena o Blanco White vienen al pelo para sostener la historia de los heterodoxos sevillanos. Esa propensión al mito y algún arquero fino de Sevilla cautivaron a Jaime Gil de Biedma. Pero del mito al misterio hay mucho trecho y, más aún, hasta la ciudad profunda y esquiva. Como en la máscara de Esopo o en la canción del roquero Silvio, no busquen más, que no hay. Sevilla, belleza hueca como la cabeza del señorito.

La cara popular, y no libresca, del mito se resume en Cernuda: el Sur es una tierra que llora mientras canta (aunque Cernuda se refería a un blues) y en Manuel Machado: cantando la pena, la pena se olvida. Para penar y cantar, el pueblo está doblemente motivado. Por solidaridad con los suyos y por contraste con la vida que se pega el señorito en la ciudad de la gracia.

No menos gracia tienen en Cádiz y ya vieron cómo acabaron con la Pepa de 1812, con ¡Vivan las cadenas! ¡Vivan las cadenas! que hoy expresan clases cautivas del Psoez Estado del Bienestar: pedid y se os dará: más servidumbre y más criados. La Andalucía libre por sí y por la humanidad asoma la patita por la novena provincia andaluza, Cataluña, ¡Vivan las cadenas!

4.
Recuerdo a mis amigos Jiménez Barrientos y Gómez Lara, Jorge y Manolo, empeñados en conciliar las esencias de Sevilla en un proyecto vital y (miedo da decirlo) de izquierdas. Cofradías. Rafael de León. Concha Piquer. Acaso aquel esfuerzo fue comparable al que hicieran ilustres del siglo 18 por aunar patria y progreso sin salir afrancesados en la foto. Bajo el poderoso influjo de Umberto Eco, Apocalípticos e integrados (1964); de la Crónica sentimental de España, de Vázquez Montalbán (1971) y de Isidoro Moreno (1982), con su lectura laica y republicana de la Semana Santa, Jorge y Manolo lo intentaron. Que si la fiesta de la pasión y de los cinco sentidos. Que si la copla como transgresión o escape. A la vista del Giraldillo, que sigue veleteando la herejía, solo nos queda lo que al penúltimo heterodoxo de Ramírez Lozano: caminar por la sombra.

La ludopatía de Sevilla empieza en la Cabalgata y dura de tres a seis meses, Cuaresma y Pentecostés. En ese espacio la Sevilla que puede permitírselo sale de una fiesta y se mete en otra, anda de víspera en víspera, de resaca en resaca, encabalgamiento que ejemplifica el Domingo de Resurrección, ya en la Maestranza. Es ciclo que pasa por el Rocío y se hace verano en Matalascañas con dos citas de cierre y vuelta a la Catedral: Corpus y Virgen de los Reyes (15 de agosto). En ese paquete falta el Carnaval, que huyendo de la ciudad de la gracia se fue hasta Cádiz. Un tiempo hubo carnaval en la Alameda de Ocaña (1947‑83), Nazario y del Teatro Real, pero, tras el sida, derivó en Orgullo Gay agradecido. Y hubo además carnaval no declarado la víspera de la Inmaculada (8 de diciembre), pero en esto llegó Palacio (Arzobispal) y mandó parar. Tampoco ha cuajado la feria de otoño o de San Miguel, cuando Sevilla tira al campo o a la sierra, candelas, setas y castañas. Nota. El señorito sevillano despacha todo el ceremonial casi sin quitarse el traje oscuro de capillita que se puso el Miércoles de Ceniza.

En el tardofranquismo, integrarnos en ese calendario parecía compatible con el cambio que esperábamos. La militancia de la Transición (con tanto cristiano por el socialismo) identificó Reconciliación Nacional con reconciliación con las hermandades y, enseguida, con Felipe González, toda España a bailar por sevillanas, y a la Expo en Ave. En Feria abrieron caseta la Pecera y El Garbanzo Negro, luego vendrían las de distrito. El Cerro del Águila sacó dos hermandades, de penitencia y de gloria al Rocío; también al Rocío, el Polígono Sur. Chavales de barrio, canis vestidos de capillita, cruzaron el Tamarguillo buscando el Centro, engominado y pijo. Parecía que por fin se abría el tarro de las esencias tan celosamente guardadas por la Sevilla de negro y del ABC. Que si quieres. La Sevilla de negro iba a mostrarle a la de colorines quién manda en la Carrera Oficial. Primero, porque la democratización empezaba a ser preocupante y, después, porque la Sevilla católica y mariana iba a acudir con renovado ímpetu de segunda Roma al rescate de Occidente, a contra imagen del Islam, según se entra a mano izquierda con feminismo del 8‑M por sus mujeres tapadas. Con ustedes: ¡Cultura y Civilización!

Nuestro intento (yo me incluyo) se rompió por tres ejes. El eje de las clases sociales, el eje de las creencias (al final, Dios distingue a sus fieles, de entre curiosos, laicos, guiris y diletantes) y el eje de la antigüedad, que en Sevilla es más que un grado. Faltando el eje de las ideas, no pudo ser, no pudo ser.

Abril sigue haciendo florecer a las lilas y, sobre todo, a los lilas. Temo a la fiesta según Sevilla porque es la temporada del confort.

Daniel Lebrato, para TeVeo ©

[1] Isidoro Moreno Navarro: La Semana Santa de Sevilla. Conformación, Mixtificación y Significaciones. 1982.

[2] Jorge Jiménez Barrientos y Manuel José Gómez Lara: Semana Santa en Sevilla. 1992.


adjetivos descalificativos.

El recurso no es nuevo. Para hacerme valer, lo más fácil es desacreditar a mi contrario. En política, gran reclamo de la izquierda ha sido el miedo a la derecha, miedo que la derecha abandera aún mucho más. Y es increíble la cantidad de estigmas o anatemas con que partidos intentan ganarse el voto mediante adjetivos descalificativos.

El gran descalificativo de la serie democrática fue terrorista. En terrorismo de Eta (hubo Grapo, Frap y Gal) se mezclaron violencias que no tenían nada que ver: el ajuste de cuentas (Melitón Manzanas, torturador asesinado por Eta en 1968), el magnicidio (Carrero Blanco, 1973), el chantaje al Estado (secuestro de Miguel Ángel Blanco a cambio del acercamiento de presos al País Vasco, 1997), la extorsión a personas por rescate en dinero (Julio Iglesias Puga, Papuchi, secuestrado a final de 1981), hasta la muerte por grupos de riesgo (víctimas del atentado contra la casa cuartel de la Guardia Civil en Zaragoza, 1987) o la muerte a discreción (atentado contra Hipercor, Barcelona, 1987). Tanto se generalizó, que, cuando los atentados del Metro de Atocha (11 de marzo 2004) y por ocultar la responsabilidad del presidente Aznar en las 193 muertes y casi dos mil heridas, todo el empeño del Estado, y del Gobierno que lo manejaba, consistió en culpar a Eta, es decir, al viejo antiterrorismo tantos años cuidado y acariciado como vivero de votos para la derecha.

Menos mal que la campaña No a la guerra fue suficiente para echar al PP, y el Psoe –sin acusar a Aznar por su intromisión en la Guerra del Golfo– reconoció que en terrorismo había que incluir el yihadismo, que es el que, desactivada Eta, continúa siendo amenaza. Sin embargo, no conviene indisponer a la comunidad musulmana. El terrorismo islámico es excepción dentro de una plácida alianza de culturas y civilizaciones, mientras el terrorismo de Eta se extiende y abarca a pacíficas generaciones vascas limpias de sangre que nunca logran redimirse por una España que cree que bildu o geroa bai son tacos que nos ofenden (como me cago en tus muertos) propios de un tipo al que nos está permitido linchar, quemar o apedrear: ese Puigdemont en el Carnaval de Cádiz o en los Judas de Coripe. A terroristas e independentistas han venido a sumarse descalificativos como golpistas, soberanistas, que quieren romper España, populistas, extrema izquierda (dicho sea de IU Podemos), incluso podemitas: una España más excluyente y más sucia que nunca a base de “líneas rojas” o “cordones sanitarios”.

–Mira que os tengo dicho -avisaba el otro- el boicot a las elecciones y que no votéis a ningún partido de la actual política (sin clase ni clases sociales). Pues nada. Id otra vez a votar en nombre de ¡Que viene la derecha!

Hay que joderse.


 

larga noche de piedra.

Debemos al Maestro Liendres la incorporación al idioma del último y muy lúcido neologismo: capilitear. Al principio parece errata por capillitear, de capillita, como decimos de la persona de procesiones y semanas santas. Y no. capilitear, con ele: de cap capi, cabeza, y litos, piedra, para significar dos en una sola palabra: 1. la cabeza de piedra o la poca cabeza que se tiene o se quiere que los demás tengan (esto es: “para no pensar”, frecuente en la clase política) y 2. la erección de monumentos ‑normalmente hechos en piedra‑ con ánimo de ir en cabeza de encuestas y estados de opinión con reflejo electoral. En la reciente política, el capilitear del alcalde de Sanlúcar, del Psoe (psoecialista, otro neo), recuerda al capilitear del alcalde de Cádiz, de Podemos (o Pudimos), y el lío que se ha hecho con la Virgen del Rosario. Ambos alcaldes ignoran que Roma (la Iglesia) no paga traidores: llegada la hora, el capilleo y el facherío siempre votan PP, que les pilla más cerca, no Psoe ni Podemos, que a ver por dónde nos salen. Queden ustedes con la Longa noite de pedra, libro y poema de Celso Emilio Ferreiro en 1961 que dice así:

LARGA NOCHE DE PIEDRA

El techo es de piedra.
De piedra son los muros
y las tinieblas.
De piedra el suelo
y las rejas.
Las puertas,
las cadenas,
el aire,
las ventanas,
las miradas,
son de piedra.
Los corazones de los hombres
que a lo lejos acechan,
hechos están
también
de piedra.
Y yo, muriendo
en esta larga noche
de piedra.

 

 

O teito é de pedra.
De pedra son os muros
i as tebras.
De pedra o chan
i as reixas.
As portas,
as cadeas,
o aire,
as fenestras,
as olladas,
son de pedra.
Os corazós dos homes
que ao lonxe espreitan,
feitos están
tamén
de pedra.
I eu, morrendo
nesta longa noite
de pedra.

 

Celso Emilio Ferreiro (1912‑79)

traducción Editorial Santillana
fuente: poética digital

Sienta bien a mi alma el mar eterno de la errata.

Dos páginas amigas muy serias y muy bien planteadas repiten la misma errata: ‘trtanquilo’, que es como el titiritrán trantrán de la tranquilidad escrita por Cádiz. La primera es de Francisco Basallote, La_biblioteca_de Bashir (octubre 2013), y la segunda de Trianarts (abril 2015), las dos recordando a Carlos Edmundo de Ory (1923‑2010). El caso es: tecleando trtanquilo en la casa de todos, o de putas según quien lo opine, se obtienen 455 resultados en 0,53 segundos y ninguno de los diez primeros es este poema, como todos mejorable, cuya errata eLTeNDeDeRo se atreve a corregir, tal vez sin merecerlo.

CUADRO DE MI ALMA

Ata siempre que puedas la gran oscuridad
a esta pequeña luz de acuario. Y si resbala
moja tus labios de muriente oro
que un vasto astro cansa. ¿Qué más quieres
¡oh asomado! si medras entre manchas
hacia las gemas de los muertos?

¡Valgo más que en el limbo! Ladina luna,
sin excepción tu lumbre arde en mi espalda.
¿Qué otra mentira urde un fuego enhiesto
desde mis pies que lisonjea el mundo?
¿Y hasta dónde ese fuego amarillento?

Siga, siga la arena cansándome este vicio
de huir del instrumento de la mente.
No se detiene este sabor de antro.
¿Qué se han hecho los altos abuelos de la dicha?
Eternamente irradia un son de vida.

Me abandonan los hechos sobre el desierto pico
de una roca no exenta de materia. Felices
los sabios peces cerca de nosotros.

Sienta bien a mi alma el mar eterno.
¡Y tú no ves la actividad creciente de estas nubes[1]!
Entúrbianme los ojos las tristes lejanías.
Aquí estoy. Un vigoroso espíritu me invita.
La zozobra me impulsa a la quietud
y el orbe oscuro rehabilita mi ánimo.

¡Pasión, cruza los brazos! Está tranquilo.
Los eminentes coros me rodean.
Un eje invicto mi presencia guía.
¡No te mueva ni aun la salvación!

Carlos Edmundo de Ory

[1] En ambas páginas otra y misma errata se repite: estas nube.

el andaluz (no a la patria, no a la guerra).

De las respuestas al uso y papel de España en el reciente bombardeo a Siria, ninguna tan servil como la que se ha dado desde Andalucía, patria querida del ¡Vivan las cadenas! por mucho que quieran presumir de la Pepa[1]. Sobre esa basura, esta otra, de cosecha propia:


 

EL ANDALUZ [2]
Cernuda 2

Si matan con Navantia y con el Airbus,
¡qué bien!, joder, ¡qué bien!
¡Creando empleo!
Si matan con lejía los Tres Sietes,
¡qué mal!, chaval, ¡qué mal!
¡Eso está feo! [3]

O sea que si matan ‑como a un cerdo
ibérico se mata en la matanza‑,
que cumplan la ordenanza y los acuerdos
del andaluz, gente de paz:
«Por Rota, los misiles de la Otan;
la muerte en general, por Gibraltar.»

Y a ti, si te preguntan, lo dijiste
de Donald Trump, del Brexit o en un chiste
(haciéndote el pelota y el patriota)
del catalán.


[1] Constitución liberal de 1812, dada en Cádiz.

[2] Luis Cernuda, EL ANDALUZ. Sombra hecha de luz, / que templando repele, / es fuego con nieve / el andaluz. / Enigma al trasluz, / pues va entre gente solo, / es amor con odio / el andaluz. / Oh hermano mío, tú. / Dios, que te crea, / será quién comprenda al andaluz.

[3] Navantia (en Cádiz), Airbus (en Sevilla) y Los Tres Sietes (en Camas, Sevilla) son fábricas o sucursales andaluzas. El pretexto de Trump para bombardear Siria a su antojo fue el supuesto uso de armas químicas por parte del régimen de Bachar el Asad. El ataque ocurrió el viernes 7 de abril de 2017 y tuvo su punto de partida en la base de Rota, Cádiz. Los Tres Sietes (química que fabrica la popular lejía) se compara irónicamente con la alta tecnología de Airbus y de Navantia al servicio de la guerra digamos convencional.

diluvio.

vacas-ahogadas
Foto Diario de Cádiz

DILUVIO

elegía por unas vaquitas muertas


Iban a dar leche y carne,
toritos bravos, terneras.
¡No pudo ser!
Cincuenta vacas retintas
ahogadas ‑dice el periódico
con pie de foto‑, cadáveres
por la Janda de Vejer.
¡No puede ser!

La tierra no engaña, quiere
ser lo que fue, una laguna,
y aquí se hundió el Rey de España.
Se ve que, también, Noé.
¡No pudo ser!

Debajo de sus paraguas
(a Ava Gardner, Humphrey Bogart
en La condesa descalza),
los mayorales las lloran:

¡No puede ser!
¡No puede ser!


la-condesa-descalza-en-la-pagina-lineas-sobre-arte
Foto Líneas sobre arte

–enlace a Diario de Cádiz

–enlace a La condesa descalza (1954) en Líneas sobre arte

 *

–enlace a ¿Quién como yo? (1996)


 

pepinos y pepinazos

pepinos de mar

PEPINOS Y PEPINAZOS

pepinos de mar como hachís

–rudimentos de ética–

La noticia es: el interés del mercado chino por las holoturias esquilma las costas gaditanas y origina tramas de tráfico ilegal hasta China, donde se llega a pagar entre 500 y 1.500 euros por kilo.

Leído lo cual, lo que la ley no regula, la vida lo regula y la gente se organiza y, si alguien paga, ya se sabe, las holoturias, el hachís o lo que sea, eso que se coge y se vende a quien mejor pague. ¿Los chinos? ¡Pues a China que van las holoturias! Quienes las capturan reciben nombres variados: furtivos, ilegales, depredadores de la rebusca de lo que cae del cielo o deja el mar. ¿Usted o yo? No. De momento.

No es bueno hacer ética relativa, comparada, pero de vez en vez ‑desde nuestra cómoda altura‑ resulta imposible no entrar en comparaciones. Tráfico de pepinos‑pepinos el que se traen instalaciones, aviones y barcos de la Sexta Flota en la base de Rota, que también es costa gaditana, y que también esquilman lo suyo, digo yo, lo nuestro. Más daño hacen los misiles nucleares y a poca gente oigo descontenta; tampoco, de Gibraltar, que por demás es costa gaditana. Metiéndonos con los chicos (los necesitados) y con los chinos (connotaciones: quien se precia de no comprar nada en un chino) no solo hablamos de los chicos y de los chinos. También hablamos de nosotros mismos.

–enlaces a holoturia, gastronomía del pepino de mar, la noticia en El País.

Mande sus fotos de cosas tendidas a eLTeNDeDeRo.

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NINFAS Y EMBARAZADOS

ninfas_carnaval_sanlucar_gran_teatro_falla andaluciainformacion.es

NINFAS Y EMBARAZADOS
una cuestión de personas y personajes

Somos y actuamos. La persona es y el personaje se crea y se representa, podría no ser.

En Cádiz y hacia el Gran Teatro Falla, ahí pueden ver, como invitadas, las ninfas 2016 del Carnaval de Sanlúcar. La ninfa más alta, segunda por la izquierda, es David Parada Armario.

Embarazados

Embarazados es una comedia de Juana Macías que plantea el tema que su nombre indica. En una pareja madurita, para ella ha llegado el momento de su maternidad.

Que el embarazo, la preñez, es cosa de mujeres no hace falta decirlo. Tampoco, que las reinas o ninfas de las fiestas vienen de la rutina machista de coronar y exhibir mujeres objeto. Si en vez de mujeres fueran vacas lecheras, estaríamos hablando de una muestra morfológica de ganado.

En septiembre de 1996, cuando tomaron el control de la capital de Afganistán, Kabul, los talibanes crearon un ministerio para regular lo que es correcto y prohibir lo que es incorrecto, han leído bien.

Hagamos un ministerio de lo que está bien y lo que está mal y dejémonos de hacer lo que se hace porque siempre se ha hecho así. Si algo se ha hecho siempre, no nos quepa duda de que está mal hecho. Inventemos el mundo en lo que haga falta reconociendo que está todo inventado. Parir, paren las hembras, y ninfas no tendría por qué haber, ni hembras ni varones.


 

eLTeNDeDeRo aprovecha la ocasión para recordarles que hoy no es el día de los enamorados. Pueden verlo pinchando aquí.

 

 

martes de carnaval

Don Carnal y Doña Cuaresma

El primero de todos que ferió a don Carnal,

fue el puerro cuello albo, e feriolo muy mal,

físole escupir flema, ésta fue grand’ señal,

tovo doña Quaresma que era suyo el real.


Martes de Carnaval. Buen día para leer el Libro de buen amor, de Juan Ruiz Arcipreste de Hita, y a Valle‑Inclán, Martes de carnaval y Ruedo Ibérico.


Y en Diario de Cádiz, una guerra de opiniones entre Don Carnal / Doña Cuaresma

DON CARNAL

Don Carnal y Doña Cuaresma

EL CARNAVAL DE DON CARNAL

Empieza el baile de las fiestas móviles o movibles. Y todo, para que en la madrugada del viernes santo (la madrugá, según Sevilla) esté la luna llena para cumplir con el evangelio de San Mateo, que aseguraba el hombre que el crimen fue en plenilunio o parasceve, primera luna de primavera. Las fechas de Semana Santa (del Domingo de Ramos) oscilan entre el 15 de marzo, la más temprana, y el 18 de abril, la más tardía: 33 días que anda el calendario para arriba y para abajo por no llevar la contraria al cronista. En total, las fiestas movibles mueven al año 107 días: 40 de Cuaresma (desde el Miércoles de Ceniza) +7 de Semana Santa +50 hasta Pentecostés (lunes del Rocío) +10 hasta el Corpus: 107 días, casi el treinta por ciento del año, en el tiovivo de los trimestres docentes y universitarios y en las vacaciones y puentes de quien pueda disfrutarlos, lo que afecta a la hostelería, agencias de viaje, operaciones salida y regreso e interfiere con fiestas fijas, como San José, Día de Andalucía o Primero de Mayo, y arrastra las fechas como las ferias de primavera (Feria de Abril) o el Carnaval. Y en Carnaval estamos. Desde ayer jueves (jueves lardero, de lardo, graso) y hasta el martes, la Iglesia nos manda divertirnos y aprovechar el carpe diem de don Carnal, que luego viene doña Cuaresma con la rebaja del ubi sunt porque el tempus fugit. De Carnaval nos quedan tres modelos: el apolíneo, tipo Venecia, que no pierde nunca la compostura; el dionisíaco, tipo Río; y el de agrupaciones o comparsas, tipo Cádiz. De las reinas de Tenerife, ni hablamos. Esas mujeres hechas carroza parecen mentira en estos tiempos que corren. Y a partir del miércoles, a comer verdurita. Lo dijo el Arcipreste. El primero de todos que firió a don Carnal fue el puerro cuello albo e feriólo muy mal.

HAY CIUDADES QUE NO TIENEN CARNAVAL

Ensayo-costaleros-Hermandad-Estudiantes-Madrid

HAY CIUDADES QUE NO TIENEN CARNAVAL
–de Cádiz a Sevilla, o Don Carnal no tiene quien le escriba–

Hay ciudades que no tienen catedral
(Luis Martín‑Santos)

Sevilla. Viernes noche. Luna llena. Plazas de San Lorenzo y San Antonio. En las plazas y en las calles y bares del entorno, grupos numerosos de muchachotes con hábito, unos, de chándal, y con una bolsa o macuto en la mano, otros, de traje oscuro. Algunas muchachas, con pinta de novias acompañantes. Se ve que ellos son o serán costaleros de Gran Poder, Bofetá, Soledad o Buen Fin. Estarán llamados a hacer la igualá (cuadrarlos por estatura en las trabajaderas de los pasos) o para la mudá (traer el paso hasta las iglesias desde el garaje donde han pasado el año). Los de traje oscuro irán de capataces. El clima es animado; la noche, excelente. Sevilla está llena. Es la noche de los matrimonios y hay cientos de turistas y extranjeros desde las Setas a la Gavidia (ni un alma cabe en la bodeguita Dos de Mayo) y hasta la Alameda. De tanto gastro bar o gastro espacio, toda la noche es gastro: cervezas, vinos, tapas, también en las casas de hermandad. Y piensa uno. De aquí al Miércoles de Ceniza, que este 2016 cae en 10 de febrero, quedan 19 días, casi tres semanas, para entrar en Cuaresma, casi dos meses hasta el Domingo de Ramos, que saldrán las primeras cofradías, que será el 20 de marzo. ¿Los cuarenta días de la Cuaresma no son suficientes para preparar lo que está más que preparado, lo que se repite un año y otro igual, como es la Semana Santa? Y me respondo. A estos, lo que les pasa no es que necesiten ni entrenar, ni ensayar ni nada; a estos, les va la marcha (procesional). Y, sigo pensando. ¿En Cádiz dejan de tener, por tener Carnaval, Semana Santa? ¿Se les caen los pasos? ¿Dan camballás (tumbos o traspiés) por falta de entreno? La respuesta es no. La respuesta es que Cádiz tiene gracia y Sevilla es la ciudad de la gracia (Divagando por la ciudad de la gracia, José María Izquierdo, 1914), pero de la gracia de Dios a la ciudad mariana, don gratuito concedido por el ser supremo para salvar al hombre o ayudar a que el hombre se ayude a salvarse a sí mismo, lo que ya es gracioso. En años como este, que pilla tan pronto la Semana Santa, más notorio es el vínculo de los tambores de la Cabalgata con los de las procesiones y más notoria la poca gracia que tiene la ciudad de la gracia comparada con otras que tienen su Carnaval y lo disfrutan (ahora sí) como Dios manda. Lo cual no es sino una demostración de lo que ya sabíamos: que La fiesta según Sevilla, de por sí mijita rancia y estirada por el lado señorito (apolíneo) que le toca, ha pasado a ser La fiesta según el Vaticano. La fiesta según Sevilla consiste en ver y el Carnaval de Cádiz (no el de Venecia, que también consiste en ver) es pura participación (dionisiaca) y búsqueda de la originalidad por hacer cada año algo diferente a lo que ya se hizo, o sea, lo contrario del inmovilismo capillita, cofrade o cofradiero. Eso se pierde Sevilla y las ciudades como Sevilla que no tienen Carnaval. Y les dejo, que nos vamos a Cádiz.