cándidos y candidatos.

Los estados del Estado que refleja Cándido en la Asamblea (novela de J. J. Díaz Trillo, 2016) son: corrector de textos, alférez, capitán, archivera, arquitecta, diputado, farmacéutico, interiorista, médico, notario, rica heredera. Los oficios más durillos son subalternos en la Asamblea: vigilante, limpiadora, jardinero; o, de servicio, en la segunda vivienda en el pueblo o en la playa: ama de cría, cuerpo de casa o zapatero. Nadie importante trabaja a sueldo de jefe o empresa privada, nadie padece la crisis ni emprende nada, si no es en áreas de investigación o literatura. Todo es inmaterial, todo es cultura y lo que no va en funcionariado va en herencia o en propiedad privada. Si buscamos gentes de las que laboran, pasan y sueñan por cuenta ajena, no las encontramos. La novela está a la última en populismo o sorpaso. [Por ahí, y por el rechazo al visionario Julio Anguita (página 372) y a la Cuba de Fidel Castro (236), asoma el diputado del Psoe.] Pero no aparecen víctimas de despidos o cierres de empresa, de hipotecas o desahucios; tampoco, inmigrantes ni mujeres tapadas. Preciándose, como se precia, de recrear la mayor época de cambios de nuestro país y de rendir un tributo cabal a la vigencia de la Ilustración, Díaz Trillo, lejos de reflexionar sobre la utilidad del “todo para el pueblo pero sin el pueblo” en los tiempos que corren, pinta un cuadro idílico de personajes sin problemas económicos cuyos conflictos humanos (aparte los sentimentales propios de la novela del 19) suceden en países lejanos donde, eso sí, menos mal que intervienen las misiones humanitarias de las fuerzas armadas (377) o de la Iglesia (295). Así, tanto da el optimismo como el pesimismo (cara y cruz de un fatuo bipartidismo), da igual si vivimos en el mejor de los mundos (posibles, ya que el autor renuncia al pensamiento utópico) y qué importa si está escrito o no, de momento: 398 páginas para dime qué miras y te diré qué ves o qué quieres ver. Lo cual no significa que uno apueste por la novela social. Ocurre que Cándido en la Asamblea es política y partidista, y España no está para novelas ni para partidos que presumen de estar de prestado, como los votos (93), para al final instalarse y perpetuarse en sus escaños en la Asamblea de la Razón frente al malestar de la Plaza del Ruido (111). Con mi voto, no, J. J.. Y con cargo al Presupuesto que pago con mis impuestos, no debería.

Daniel Lebrato, día que llaman de la Constitución, 6 de diciembre de 2016.

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