Dos niñas

AsuntaAndrea

DOS NIÑAS

Noticia de dos niñas. Nadie se merece su final. Sus dos historias se cruzan en Santiago de Compostela. Galicia de los extremos. Las dos, con doce años. El caso de una ha servido y está sirviendo para entretener con morbo los telediarios pactados de antemano, se decía antes, para entretener al pueblo, mientras no miran, se dice ahora, la que está cayendo. Esta noticia, cuando me la encuentro, cambio de cadena. Me pongo, en cambio, en el lugar de padre o madre de la otra niña, a quienes partidarios de la vida eterna y de la eternidad del alma querrían ver malvivir por su objeción de conciencia. No es culpa suya. El otro día un rancio farmacéutico de Sevilla ganó algún pulso a la Junta y se salió con la suya: en su farmacia no se despacha la píldora del día después porque él es de provida y la píldora, abortiva. Y pienso. Con quitarle a éste la licencia de farmacia, que abra tienda con otro nombre y venda lo que le dé la gana y, a los médicos de Santiago, su puesto en el hospital, conformes todos. Los médicos, que apliquen su cristianismo de bolsillo a quien les pague de su bolsillo, en su consulta privada. Sabido es que la privada está más cerca del cielo.

Los creyentes.

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