Semana Santa para escuchar

Uno de los divorcios entre lo culto y lo popular se da en torno a la música de Semana Santa. Mucho público abonado al Maestranza desconoce esta música y al revés: el pelma del pachín pachín nada entiende de sinfonías. La intención de este envío es proponer un menú de música de salón de Semana Santa para escuchar. Los materiales proceden de grabaciones de la Banda Municipal de Sevilla y de dos orquestas sinfónicas, la ROSS, de Sevilla y la Filarmónica de Londres. Ojo, porque violines, violas y contrabajos no procesionan por la calle, donde esa música es imposible de oír; tampoco, lógicamente, el piano de Manuel Roncales, que también se incluye. Todo podéis escucharlo pinchando aquí.

Lo que llamamos música de Semana Santa es mezcla de cosas que no tienen nada que ver: desde el porrón pompón de cornetas y tambores, de sonido, en tiempos de Franco, fuertemente influenciado por la música militar, hasta el delicado réquiem o los motetes de El Silencio. Esa música ha estado mediatizada por la puesta en escena procesional, aunque los aficionados, en llegando Cuaresma, se la chutan en vena en su equipo de coche y aunque algunos bares, de los de ambiente cofrade, la tengan de fondo todos los días del año. Del cortejo en la calle, derivan tres tipos de música: la de la cruz de guía, cuya función es la llamada (para que la gente acuda a ver la procesión); la de los pasos de Cristo (o pasocristos), cuya voz principal es la trompeta o corneta de llave al ritmo de tambores característicos; y la música fúnebre de los pasos de palio (o pasopalios). En las hermandades de silencio está la música de capilla, que nos remonta a tiempos gregorianos. La adecuación es tanta que no nos imaginamos un paso de misterio al son de Amarguras, de Font de Anta, y tampoco un paso de virgen al toque del árido y machacón porrón pompón. Los cristos cautivos y nazarenos van bien con marchas andantes, los misterios admiten cualquier música y los crucificados piden silencio. No se entiende mecer con recreo al muerto, y con música, aunque El Cachorro lo hace. El andante de los palios es para oír detrás del paso, cuando vamos cerrando el cortejo a la vista del largo manto y del ir y venir a izquierda y derecha de los varales. Va andando uno como se anda en los cementerios formando el duelo. Algunas marchas, como Soleá, dame la mano, yo diría que son auténticos boleros, que te dan ganas de sacar a la virgen a bailar.

Buen provecho.

Daniel Lebrato, Ni cultos ni demócratas, 30 de marzo de 2015

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