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trajinar.

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trajinar en vídeo 2:11

trajinar. [530.000] Del latín vulgar *tragināre, y este de trahĕre, arrastrar, tirar de. 1. Acarrear o llevar géneros de un lugar a otro. 2. Ir de un lado a otro con cualquier ocupación o actividad. Figuradamente, manipular. definiciona. llevar, acarrear, acarrear, portear, cargar, transportar, transbordar, traer, enviar, mover, llevar, trasladar, transbordar o embarcar grandes géneros, productos o mercancías de un punto a otro. Existe trajín, trajino, trajinante, trajinador; relacionadas recua y recuero. etimológico de chile. trajinar. De una remota raíz indoeuropea tragh (tirar, arrastrar, mover), de donde traer (1140) y derivado, atraer, abstraer, contraer, distraer, extraer, sustraer, abstracto, contrato y derivados, trazar, tracción, tractor, tren, trineo, trecho, traje, retrato, retrete, retreta, retráctil, entrenamiento, entreno. corominas. trajinar (1607) del catalán traginar (1176). Familia es trajín, traiña, traina o trainera.

En andaluz coloquial, masculino de varón, trajinarse es enrollarse o pretenderlo con una mujer y, en femenino, es apañárselas una mujer para salirse con la suya.

literatura. Mª José Aguilar Rueda (Martín de la Jara, Sevilla, 1981). Siete puentes sobre el Sena. «Clara, adormecida en el trajinar cotidiano de supervivencia urbana, había olvidado sus orígenes.»

Una escritora mexicana (Susana Pagano) escribe un Trajinar de un muerto (2011), donde se demuestra que algunos difuntos no se retiran a descansar en paz sino continúan entre nosotros.

Es tan transitivo el verbo que dejo a ustedes con esta reflexión:

LA SOLEDAD DE LOS VERBOS TRANSITIVOS

La soledad de los verbos transitivos,
del latín transitivus: que pasa o se transfiere
a objeto o a persona, acusativo el caso.

La soledad de los verbos en la pizarra
buscando algún sintagma que los quiera
y nos hacen saber estamos solos
y conviene cuidar del complemento
directo o indirecto o lo que caiga.

Daniel Lebrato, Historias de la literatura

/ a Peláez, el último de la clase,
y a Zafarrancho Vilima, que me estará escuchando /


TRAJINAR
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el destino.

«Ahora sé que el destino es la suma de todas las decisiones que tomamos en nuestra vida.» María Dueñas, El tiempo entre costuras, glosada por Andrea Turchi en A partir de una frase.

Vamos a ver. Si hay destino es porque alguien cree en una vida previamente escrita, antes de ser vivida, ese es el sentido que recoge la definición de la Academia: hado, fuerza desconocida, encadenamiento de sucesos necesarios y fatales. El Diccionario añade otras acepciones. En unas manda el azar (circunstancia de serle favorable o adverso a alguien o a algo el destino), en otras la finalidad (consignación, señalamiento o aplicación de una cosa o de un lugar para determinado fin), en otras el desempeño laboral (empleo, ocupación, lugar o establecimiento en que alguien ejerce su empleo) y en otras el acabamiento de algo (meta, punto de llegada). O sea, que el destino destino (sinónimos hado, sino, fatalidad, providencia, predestinación; todo lo contrario al azar, la suerte o la casualidad) es el que alguien desvela (es el factor adivino) y que se cumple o no se cumple. Y la tragedia consiste en que el personaje luche contra él y que esa lucha resulte inútil: es el inútil combate de Alexis o el tratado del inútil combate, de Marguerite Yourcenar.

Decir que el destino es la suma de todas las decisiones que tomamos en nuestra vida es confundir destino y biografía, carrera o currículo, y bien está: no hay destino. No hay que olvidar que el destino era privilegio de aristocracias bien nacidas y para un alto fin determinado mientras la plebe no tenía más que buscarse la vida. Es el antihéroe del Lazarillo y de quienes, como él, remando salieron a buen puerto. Y no hay que olvidar que el Destino es como Dios: se cree o no se cree.

En mi casa, la clase media que me trajo al mundo no tenía para mí más destino que estudiar o trabajar, ese era el dilema que nuestro padre nos planteaba continuamente. Dejo a ustedes con dos pinceladas más o menos poéticas alrededor del destino:

AMOR POR DESTINO

El cielo aún hasta hoy no ha querido
que yo ame por destino…

En el principio fue el destino. Fueron
herencia y descendencia o patrimonio.
Y amores de diván: Edipo, Electra.
Vinieron enseguida los amores
platónicos, humanos o divinos,
siervos de amor o del amor cortés,
hasta el morir de amor del héroe o santo.
El sexo era el cantar de los cantares.
Vinieron las novelas, vino el sí
de las niñas, de la tragedia al drama
y del destino al sino, aquel don Álvaro.
Luego vendrán las bromas, don Friolera.
La vida era otra cosa. Eso lo supo
el buen amor, que siempre fue a lo suyo.

AMOR POR ELECCIÓN

...y el pensar que tengo de amar por elección es excusado.
Marcela la pastora (Quijote, 14)

El destino es un club, se pertenece,
y hay muchos corazones, corazón,
a navaja en la historia de los parques.
Romántica, oficialmente nacidos
el uno para el otro, hasta ese orden
caprichoso, la lista de la clase
o de la compra que nos trajo aquí:
tú por aquí, mi amor tuvo que ser.
Con suerte, ves que vuelven las oscuras
golondrinas. San Blas, San Valentín
o Amores punto com, dan con mass medias
naranjas. Hagan juego o naranjada,
manda el crupier y gana el subconsciente.
La audiencia indulta a Edipo el inocente.
 


Daniel Lebrato, Historias de la literatura


¡guapa!

Es el adjetivo o vocativo que más se oye decir para calificar a otra persona y se aplica por igual a grandes y chicos, a la abuelez incluso, a varones o a hembras. ¡Qué guapo! ¡Qué guapa! Como otros epítetos en principio peyorativos, guapa o guapo lo mismo se usan en positivo que en negativo. Te has colado, guapa. Donde también se elogia, oído en madres en tutoría, que “el hijoputa no me estudia y me saca en todo sobresaliente”.

guapa, guapo [58.7 / 64.5 millones de gugles], bonita, bella, maja, linda, hermosa. Del latín vappa: bribón, granuja, pendenciero, perdonavidas. En la picaresca, galán que festejaba a una mujer. Adjetivo. Bien parecido, acicalado, bien vestido, animoso, bizarro y resuelto, que desprecia los peligros y los acomete. A ver quién es el guapo que se atreve a hacer eso. En vocativo expresa cariño, a veces con retintín, o irritación. Cállate un poquito, guapo. No es tu turno, guapa.

En literatura popular, la rivalidad por la belleza (Quién hay más guapa que yo) ocupa un lugar destacado en cuentos de terror próximos al infanticidio por la madre, las hermanas o la madrastra y, por parte masculina, hasta el incesto. La madre envidiosa, Blanca Flor y otros etcéteras. Y es conocido el tema de la bella durmiente o blancanieves; su antídoto sería la bella y la bestia.

Tomada en serio y en feminismo, la palabra guapa es moda que apabulla otros calificativos que podrían decirse a las criaturas en su carrito, como hermosa, bien criada, buena, sana, lista, espabilada o inteligente. Indicio de los tiempos, la frivolidad del culto al cuerpo y ante el espejo.

ANTE EL ESPEJO

Mari y Ángeles pusiéronse un día
a ver cuál de las dos era más bella…
¡Corten! ¡Corten! ¿Belleza por mujer?
¡Si eso ya no se lleva, ni en varones!
Se lleva la belleza en las ideas,
servir, no ser servida, y dar al otro
el trato que precisa y se merece,
lo justo a la mirada que nos mira.
Pasa la vida y pasa y quedan lejos,
aunque ahora nos gusten, los espejos.


Daniel Lebrato, Historias de la literatura


arte y artistas.

Cuestiones palpitantes sobre piratería, derechos de autor o el llamado iva cultural nos llevan a una previa o derivada: ¿a quién pertenece el arte, la creación?[1] La invención es del inventor y será este, hombre o mujer, quien se quede con las plusvalías. Pero mientras la obra no artística solo aspira a un valor de uso y un valor de cambio (en términos de la mercancía marxista), la obra artística o cultural aspira a un valor inmaterial universal,[2] lo que choca con la transmisión de derechos a herederos cuyo mérito es ninguno. Desde que concebimos el Patrimonio del Estado como bien común[3], el © de obras grandiosas en poder de un descendiente o de un sello editorial debería preocuparnos. Se expropia y se indemniza por una autopista ¿y no se va a expropiar y a indemnizar por el Corominas, por el Casares o por el María Moliner? Otra forma de verlo. El poeta ‑aunque diga otra cosa‑ escribe gracias a los oficios y personas que fabricaron su casa, su cuarto de estudio, su pluma o su ordenador. ¿No será su poema también un poco propiedad de esos oficios? ¿Hubiera escrito sin albañiles, sin fontaneros, sin electricistas? Si el autor ‑al rebufo de leyes proteccionistas‑ se hace el interesante, qué menos que nosotros (cuerpo lectoral) bajarlo de la pamplina, torre de marfil o pedestal, a donde fue llevado. Dejo a ustedes con una interpretación del niño dios Juan Ramón Jiménez.


CÁLCULO DEL NIÑO DIOS

Yo tengo escondida en mi casa,
por su gusto y el mío, a la Poesía.

Se empieza en mientras haya algún misterio
para el hombre, no para la mujer
que posa por hermosa o fastuosa
de tesoros. No es un misterio a voces
el campo, la vendimia y los jornales,
todo el ajuar que cargan las muchachas.
Se sigue con que siempre habrá poesía,
incluso sin poetas dios existe:
su altar será la sociedad de autores.
Y acaba uno encerrándose en la casa
que fueron levantando por su gusto
y el suyo antepasados y albañiles,
con muy pocas visitas, las precisas,
y viendo, apasionado, cosas raras.
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Daniel Lebrato, de Historias de la literatura, 2013

 

[1] Y, en sentido amplio, el saber, la ciencia, la investigación.

[2] Desde el “ande de mano en mano a quienquier lo pidiere”, del Arcipreste a su auditorio, hasta el Manuel Machado de las coplas que no son coplas hasta que las canta el pueblo y “ya nadie sabe el autor”, todo arte aspira ‑como un azucarillo‑ a su disolución.

[3] Con sus museos y bibliotecas nacionales, conjuntos histórico artísticos, parques nacionales, bienes inmateriales, etc. Y desde que las naciones disputan qué patrimonio o cultura es mayor, si la española con Cervantes o la inglesa con Shakespeare, por ejemplo.