Etiqueta: civilización

3 culturas.

Hace tiempo me declaré objetor de todo lo que suena a tres culturas, con Iglesia, Psoe y tapadismo islámico al fondo. La única concordia entre las tres orillas será la de una sociedad civil ya sin militares ni religiones que guarden las fronteras del reparto y sin políticos que nos vendan el producto. Todo lo demás me suena a falso.

danieL*Lebrato

ética para anti Trumps (la paja o la vida. 2)

Las primeras llamadas a la liberación universal debieron ser las predicaciones de órdenes religiosas al “todos contra la Bestia”, o el Diablo, y por el advenimiento de Cristo. Desde las cruzadas, cazas de brujas y guerras de religión, pasando por el allons enfants de la Marsellesa, hasta los frentes populares antifascistas de los años 30, no ha habido movimiento popular consciente que se haya salido con la suya.[1] Siempre es igual: en tiempos de paz amenazada, los de arriba convocan a los de abajo, los mandan a la guerra y, al final, en la nueva paz, siguen mandando los de arriba, ahora sobre un montón de cadáveres: absolutismos, colonialismos, bonapartismo, guerras mundiales. Democráticos frentes populares prosperaron en España (1936) o en Chile (1970), y ya vieron cómo acabaron Segunda República y Salvador Allende. Y ya ni siquiera hacen falta golpes militares con dictaduras. Se impone el golpe democrático institucional como hemos visto en Puerto Rico, Paraguay, Honduras, Brasil, Argentina, o está por ver en Venezuela. Las grandes, las unánimes convocatorias al todos contra uno se siguen saldando como cuando el milenarismo: detrás de Dios, lo que la buena, la pobre, gente se encuentra, es más Diablo.

Si, por ese lado, el todos contra Trump sería un déjà vu, guerra y paz tampoco son lo mismo. Habiendo armas de destrucción masiva, y con el debido respeto a las víctimas, lo que llamamos guerra, en Siria, por ejemplo, no es más que una convención, un choque de famóbiles y videojuegos aptos para el telediario de las tres. Contra Estados Unidos nadie puede pero ‑oh consuelo‑ tampoco EEUU puede iniciar la que sería tercera guerra mundial entendida como invasión militar ¿de qué país?, ¿de los nuestros? Lo que hay y habrá es guerra económica con apoyo logístico de diplomacia y prensa, ellas dictaminan los valores democráticos, los derechos humanos. Usted ‑que se los cree‑ bájese de la civilización, pónganse o quítense ‑según los casos‑ el pañolito islámico de por vida (el burka, si no siente nada a la primera) y verá cómo al día siguiente experimenta usted una notable mejoría en el tapadismo sobrevenido, en la occidentalitis aguda o en la bienestarpatía crónica que le están amargando la vida.

Es una coletilla a La paja o la viga.

[1] consciente se dice porque inconscientemente las revoluciones populares Rusa o China sí fueron propiciadas por estados de guerra.

UNA PELÍCULA GRIEGA (filosofía y filósofos)

Duchamp_Fountaine

UNA PELÍCULA GRIEGA
(filosofía y filósofos)

La teoría marxista del arte y de los oficios y de los bienes no productivos (un gol, una emoción) afirma que algo es algo si el mercado paga por ese algo, si circula como mercancía con valor de cambio, el valor de uso podría faltar. La diferencia entre un urinario y el urinario de Marcel Duchamp es que este circuló como mercancía arte y los demás, como simples urinarios; y la diferencia entre un violinista y alguien que toca el violín (mejor incluso que el violinista profesional) es que el violinista cobra y gana como músico, ocupa la casilla de violinista, y el que toca el violín, no tiene por qué. De todos los oficios improductivos que dicen los modernos que nos dejó la antigua Grecia, el más pintoresco ha sido el filósofo, esa especie de sacerdote laico. En su versión más creíble, el filósofo sería mezcla de profesor, académico y consejero, oficios los tres por los que se podía estar en nómina en la sociedad esclavista que fue Grecia. En su parodia cutre y en lenguaje de Epi y Blas: ¡Buenas! Yo soy el filósofo, me levanto por la mañana, me pongo mi sabanita y me voy al ágora; ya estoy en el ágora, ahora, a transmitir mis pensamientos; al volver me encuentro la comida en la mesa, me echo la siesta y, por la tarde, otra vez a pensar. Hace unos días leí en la página de un profesor de filosofía, buen escritor y buen colega mío: Fui ayer con dos filósofos y una filósofa a ver en el cine una película danesa que recomiendo. Filósofo, no. Él, como yo, es profesor de secundaria, yo de lengua y él de filosofía, aunque cada uno tenga, tenemos, derecho a nuestro propio personaje y hay también muchos de mi cuerda que, siendo funcionarios docentes, titulan de poeta y por demás van al cine con otros poetas a ver quién liga con la poetisa. Pero, en serio, en serio, somos lo que cobramos, por lo que nos pagan, y como emisores necesitamos receptores que nos perciban como lo que decimos que somos. Y hoy nadie está dispuesto a que otros piensen por nosotros. Si acaso, el club de fans de un Fernando Savater, quien firma como filósofo e intelectual en su wiki de visita. Lo que es seguro: nadie acude a él como discípulo al maestro, a que le dicte la verdad y la respuesta a las grandes cuestiones de la vida, quién soy, de dónde vengo y esas curiosidades de las que mi madre diría Daniel, hijo, qué de pamplinas preguntas. Solo por haberse identificado Savater con Rosa Díez, la de UPyD, ya da idea de la fiabilidad de su pensamiento, no digamos de su visión oracular, con proyección de futuro. El propio Ortega y Gasset, brillante en La deshumanización del arte (1925), no fue más que un profesor con mucho de pensador, algo de político y nada en la historia universal de las ideas que lleve su nombre. No. No hay filósofos. Hay contertulios, cada uno con sus ideas, y hay historia de las ideas, del pensamiento. Y el profesorado. El día que la filosofía desaparezca como asignatura, no desaparecerán las ideas. Las más de las veces ‑Marx lo dijo‑, la filosofía ha sido, con la enseñanza, la religión y la política, un conservante o edulcorante de un viejo precocinado: la explotación del hombre por el hombre. Otra cosa, y que mi colega me perdone, no he leído yo, en los libros de texto que se manejan. Que ciertos oficios, que fueron de tinieblas, continúen y se reivindiquen a sí mismos como de luces imprescindibles, no anula que todos los pedestales se nos han caído encima de la cabeza. La película griega, de Sócrates hasta Tsiripas, ¿quién, salvo los protagonistas, sigue creyendo en ella?