el comunidillas.

Sandalias para Gandhi

Hay convivencias que hacen sacar lo peor de nosotros mismos. El coche, las reuniones de comunidad y las mismas comunidades. Lo dijo la película de Álex de la Iglesia. Lo peor del ser humano asoma en comunidad.

Gandhi con sandalias

Como hay cocinillas, que son esos varones que van por casa de enterados en materia culinaria, aunque en lo demás doméstico ni saquen nota (la Academia pone este ejemplo de cocinillas: El cocinillas de mi marido ahora quiere llevar él la casa y nos trae por el camino de la amargura), hay también, el tipo que llamaremos comunidillas, mismo enteramiento, de enterado, en el hábitat de la comunidad de vecinos.

Las fases del comunidillas son semejantes al proceso que sigue en publicidad la promoción de una marca o producto: necesidad, elección y provecho.

Necesidad: la comunidad tiene un problema y el nuevo comunero -al que por comodidad narrativa llamaremos el Pavo: el pavo imprescindible en la mesa de navidad-, se hace el simpático y el capaz de resolver ese problema.

Elección: el Pavo se ofrece para presidir o llevar una junta de comunidad de la que normalmente nadie quiere formar parte. El recién llegado, así expresado, se manifiesta como un hombre bueno y voluntarioso que está dispuesto a sacrificar su tiempo y su gestión por la Comunidad. La Comunidad, agradecida, se prestará a que el Pavo se presente a reelección las veces que haga falta. Y llegamos a la fase

Provecho. Aunque es probable, y aun diríamos muy posible, que del gobierno del Pavo se saquen o se aprovechen gestiones por el bien común de la Comunidad, lo que es seguro y no falla: el Pavo no se equivoca y toda su gestión tendrá un sesgo, un pelín inapreciable, una sutileza de nada o de ex aequo o caso de empate, que será por el bien del piso o apartamento del Pavo y su territorio, sea plaza de garaje, trastero, pasillo de acceso o proporción de zonas comunes.

Que Omo lava más blanco, eso era así, y usted se ha aprovechado de Omo para darle envidia a su vecina. Pero que Omo, la empresa fabricante, se ha beneficiado de usted y de su vecina, de sus lavadoras y coladas, eso tampoco lo vamos a dudar.

Con música del voceador que vocea el paso por su calle de El Afilador, ya puede usted cantar con voz alegre:

—¡Atención, señora, ha llegado a esta comunidad el comunidillas! Se prevarican luces, pasillos, zonas comunes. Se prevarican bajos, ascensores, áticos, voladizos. Se prevarican partes verdes, arbolados, garajes, zonas bicis. No deje pasar esta oportunidad. Se comunidean cuotas ordinarias, cuotas extras, recibos y pagos bancarios. Señora, no deje pasar esta oportunidad. ¡Ha llegado a esta comunidad el comunidillas!

Modelo de frase que le hará ganar cualquier comunidad de vecinos


El comunidillas no está solo, cómo podría. Un comunidillas bien dotado debe imponer su lenguaje y mando (“ordeno y mando” debe disimularse a estas alturas) en tres direcciones: familia, mantenedor, y comunes (o comuneros) de su bando.

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