Alemania

Mapa de los grandes imperios coloniales del siglo XIX.jpg

ALEMANIA

Sostiene Carmen Valero, corresponsal de El Mundo en Berlín, 21 de agosto: «Ángela Merkel, una mujer fría y calculadora, tomó una decisión arriesgada: abrir por humanidad cristiana ‑en su caso protestante‑ las puertas del país a los refugiados».

Vamos a ver. Para entender a Merkel hay que entender a Alemania y, a Alemania, en dos tiempos, los actuales y desde 1871, cuando el país se unificó (antes era Prusia o Austria, pero no Alemania), pasando por las dos Guerras Mundiales y la Guerra Fría que la volvió a escindir, esa vez en la del Oeste y la del Este, que fue donde se crio y se educó Angela Dorothea Merkel, nacida en Hamburgo el 17 de julio de 1954, hija de un pastor luterano destinado a la República Democrática, la soviética, al otro lado del muro.

En comparación con Inglaterra o Francia, Bélgica, Países Bajos o Italia, Alemania no tiene pasado colonial. Lo tuvo aunque por tan escaso tiempo (de 1871 a 1919, cuando lo perdió todo por el tratado de Versalles) que ni dejó huella en Alemania ni Alemania en sus breves colonias, de modo que la sociedad germana no guarda relaciones de ida y vuelta, de culpa y disculpa, no se siente comprometida con las poblaciones de África o de Oriente Medio, doble conciencia que sí tienen Inglaterra con Egipto o Palestina, Francia con Argelia o Túnez, Italia con Libia o Bélgica con el Congo, moritos y negritos que igual viven marginados en la banlieu que ganan medallas como atletas o futbolistas para sus equipos o selecciones nacionales.

La visión del capitalismo alemán fue ¡como tonto!, y como tantos, traer de países pobres mano de obra que ha permitido a la clase capitalista pagar sueldos más bajos y, a la clase obrera, elevarse a clase media gracias a inmigrantes en los trabajos más duros y peor pagados, que es el secreto del milagro alemán, calco del milagro sueco o nórdico. Con más de un millón de inmigrantes en 2015, Alemania lo que demuestra no es ni cristianismo ni protestantismo ni lo contrario. Es seguir una política de personal que, de paso, rejuvenece la pirámide de población y refuerza cotizaciones y pensiones. De ahí, las cuentas de Merkel y esas cuentas no son ni de la izquierda ni de la derecha. Es una postura nacional mientras el PIB de Alemania crezca y cree puestos de trabajo. Informativamente hablando, tan exagerado es el cristianismo de Merkel como la xenofobia de Marine Le Pen con influencia en las clases trabajadoras.

Porque la pregunta es, también desde mi punto de vista de obrerete progresista, humanitario y buena gente muy de izquierdas (ahora en paro o subempleado):

–Si ahora no me pagan o me pagan mal, cuando vengan de acogida ¿qué será de mí?

(Claro que la pregunta no se la plantean quienes viven a este lado del bienestar, del buenismo y de las oenegés que ayudan, como el suicido, a pasar más de una mala noche. (Esto lo dijo Nietzsche y se quedó tan fresco.)

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