Etiqueta: Alemania

un país de película.

He ido al cine a ver dos películas de valores. Figuras ocultas (Usa, 2016) y Franz (Francia, 2016). De las dos salí contento con la película y disgustado con la cultura o con el uso que damos a la cultura. Figuras ocultas plantea cómo una potencia primera del mundo puede ser una mierda en derechos humanos. Las ocultas son las científicas negras que en los años 60 se abrieron paso en la Nasa contra el racismo histórico de sus colegas blancos; al fondo, la carrera espacial que fue, y es, una carrera de armamentos; de manera que las adelantadas mujeres negras no hacen más que sumarse a la enloquecida guerra que los varones llamaron fría pero que fue caliente y ha traído misiones de paz y guerras justas solo porque a la Onu o a la Otan les salga de los misiles. Franz es un soldado alemán muerto en la Gran Guerra por un soldado francés, que inmediatamente se arrepiente, y esa es la peli: un retrato en primeras personas de los horrores de la guerra. Mi pregunta es: ¿por qué el esfuerzo intelectual que dedicamos a denunciar los horrores del pasado o a ensalzar avances en las luchas civiles no lo empleamos no en ir al cine, ni en leer novelas que viven del cuento que cuentan y recrean la barbarie, sino en tomar posturas que serán decisiones políticas para que las guerras no se repitan? Al salir del cine, al tomar una copa, ¿no caeré en la cuenta de que mi país tiene soldados, tiene ejércitos, fabrica armas, que mi país mata? No en 1917. España. Un siglo después. ¿No querremos ser pioneros de un pacifismo real que desarme el planeta para que alguien algún día haga una buena película sobre nosotros? ¿Nos vamos a conformar con Gandhis y Luther Kings de bolsillo? ¿Cultos, intelectuales, artistas y cineastas vamos a seguir consintiendo la guerra para nosotros seguir perteneciendo, Meryl Streep, al selecto grupo del no a la guerra?

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hora de la democracia.

electores y elegidos | cándidos y candidatos. Según Público.es, el 62 por ciento de las mujeres en Austria ha votado izquierda y el 38, derecha. Entre los hombres, ha sido al revés, 56 a 44. Visto lo cual, un análisis feminista ha llegado a ver en las mujeres austriacas una vacuna contra el fascismo. La cuestión es: conceptos como izquierda, derecha, feminismo o fascismo son conceptos para creyentes. El feminismo crítico murió el día que abrazó la alianza de civilizaciones, con el tapado islámico que trajo consigo, lo que vino muy bien al cristianismo oficial que ostenta crucifijos, Inmaculadas y belenes vivientes. En Europa la gente no vota opciones políticas (en el sentido civil que tuvo el voto en los siglos 19 y 20) sino opciones laborales. Y ahí, amigas mías, tanto monta el NO a la inmigración que sostiene la derecha (a la que llamaremos fascismo, xenofobia o eurofobia) como el SÍ a la inmigración que sostiene la izquierda (a la que llamaremos solidaridad con los refugiados). Abandonada la vieja lucha de clases, y sin que nada ni nadie cuestione con rigor capital y trabajo, la política queda en un asunto doméstico más o menos como sigue: voto por repartir lo que hay entre los que somos o voto por que la inmigración nos deje los mejores trabajos y mejor retribuidos. Economías como Inglaterra y Alemania necesitan mano de obra inmigrada (el Brexit prueba que el factor Unión Europea no es determinante) y países como España, con su alto índice de paro, mejor harían con dar trabajo a su propia población. Alemania juega con fuego (el Islam es jodido y nunca se integra), Inglaterra juega con el mismo fuego aunque poniendo reválidas y aquí en España, desde el PP a Podemos, ningún partido tiene la valentía de reconocer que inmigración y acogida vienen en muy mal momento mientras ‑a nivel personal‑ quienes dan la tabarra con que hay que acoger y acoger no acogen en su casa a nadie: un sirio, un marroquí, un subsahariano. Háganse caso, señoras y señores y señorías: aprovechen que viene la Navidad y sienten un inmigrante a su mesa y acojan a su cargo y bajo su techo una de esas criaturitas que nos refriegan en sus telediarios solidarios. Y a la verdad (con su mala conciencia) déjenla en paz: Occidente no tiene solución.

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Alemania

Mapa de los grandes imperios coloniales del siglo XIX.jpg

ALEMANIA

Sostiene Carmen Valero, corresponsal de El Mundo en Berlín, 21 de agosto: «Ángela Merkel, una mujer fría y calculadora, tomó una decisión arriesgada: abrir por humanidad cristiana ‑en su caso protestante‑ las puertas del país a los refugiados».

Vamos a ver. Para entender a Merkel hay que entender a Alemania y, a Alemania, en dos tiempos, los actuales y desde 1871, cuando el país se unificó (antes era Prusia o Austria, pero no Alemania), pasando por las dos Guerras Mundiales y la Guerra Fría que la volvió a escindir, esa vez en la del Oeste y la del Este, que fue donde se crio y se educó Angela Dorothea Merkel, nacida en Hamburgo el 17 de julio de 1954, hija de un pastor luterano destinado a la República Democrática, la soviética, al otro lado del muro.

En comparación con Inglaterra o Francia, Bélgica, Países Bajos o Italia, Alemania no tiene pasado colonial. Lo tuvo aunque por tan escaso tiempo (de 1871 a 1919, cuando lo perdió todo por el tratado de Versalles) que ni dejó huella en Alemania ni Alemania en sus breves colonias, de modo que la sociedad germana no guarda relaciones de ida y vuelta, de culpa y disculpa, no se siente comprometida con las poblaciones de África o de Oriente Medio, doble conciencia que sí tienen Inglaterra con Egipto o Palestina, Francia con Argelia o Túnez, Italia con Libia o Bélgica con el Congo, moritos y negritos que igual viven marginados en la banlieu que ganan medallas como atletas o futbolistas para sus equipos o selecciones nacionales.

La visión del capitalismo alemán fue ¡como tonto!, y como tantos, traer de países pobres mano de obra que ha permitido a la clase capitalista pagar sueldos más bajos y, a la clase obrera, elevarse a clase media gracias a inmigrantes en los trabajos más duros y peor pagados, que es el secreto del milagro alemán, calco del milagro sueco o nórdico. Con más de un millón de inmigrantes en 2015, Alemania lo que demuestra no es ni cristianismo ni protestantismo ni lo contrario. Es seguir una política de personal que, de paso, rejuvenece la pirámide de población y refuerza cotizaciones y pensiones. De ahí, las cuentas de Merkel y esas cuentas no son ni de la izquierda ni de la derecha. Es una postura nacional mientras el PIB de Alemania crezca y cree puestos de trabajo. Informativamente hablando, tan exagerado es el cristianismo de Merkel como la xenofobia de Marine Le Pen con influencia en las clases trabajadoras.

Porque la pregunta es, también desde mi punto de vista de obrerete progresista, humanitario y buena gente muy de izquierdas (ahora en paro o subempleado):

–Si ahora no me pagan o me pagan mal, cuando vengan de acogida ¿qué será de mí?

(Claro que la pregunta no se la plantean quienes viven a este lado del bienestar, del buenismo y de las oenegés que ayudan, como el suicido, a pasar más de una mala noche. (Esto lo dijo Nietzsche y se quedó tan fresco.)

alemania.png


EL EFECTO ACERA BICI SOBRE NUESTRAS VIDAS

2007 bicicultura

(foto Bicicultura 2007)


EL EFECTO ACERA BICI SOBRE NUESTRAS VIDAS
(relato)

Un colega con el que iba en bicicleta por Sevilla a todas partes lo perdí el día que inauguraron el carril bici. Él empezó a negarse a circular por la calzada y lo siguiente fue meterse por las aceras dibujadas con itinerarios bici y, de ahí, a cualquier acera, tuviera o no los 5 metros de ancho reglamentados. Otra vez, vino a Sanlúcar un amigo que había pasado algún tiempo en Alemania. Le propuse ir en bici hasta las salinas, ruta bien fácil de hacer desde las Piletas, donde vivimos: se sube por Quinto Centenario y calle Puerto hasta la glorieta del Tren, donde empieza la Vía Férrea que desciende suavemente hasta Bonanza. Ese trayecto dispone de carril bici por Quinto Centenario y mi amigo lo cogió encantado mientras yo seguía por la calzada. Cuando se acabó el carril, mi amigo no tuvo más remedio que sumarse a mi ritmo y se notaba que iba desconfiado, se irritaba, ponía pegas. La vuelta la hicimos por la larga de Bonanza hasta Rubiños y San Nicolás, para salir al Paseo Marítimo hasta el chiringuito Macario, donde nos tomamos unas cañas comentando la jornada. Mi amigo hablaba del progreso y del atraso, de lo que iba de Sanlúcar a Sevilla, a Múnich, a Ámsterdam. Yo le respondí que es impensable pedir carril bici, esa especie de alfombra roja, por todas partes, y menos, en una ciudad como Sanlúcar de Barrameda. No hemos vuelto a hacer más excursiones en bicicleta y ya me veo como especie a extinguir. La política, los ayuntamientos, las conversaciones con mi novia, todo apunta a que la bicicleta ha cambiado y nunca volverá a ser lo que fue, con sus características de sin motor y vehículo lento, que puede circular por la derecha entre el tráfico motorizado, pero también, peatón con ruedas, con ciertas licencias, como peatón, como circular por la izquierda y por itinerarios que no entrañen peligro para nadie y que a nadie molesten. Yo vengo de esa mentalidad y voy a un mundo de bicicletas entre viandantes. Viandantes que un día conquistaron calles y espacios peatonales, ya sin coches, ahora pasean pendientes del tranvía y del paso de las bicicletas, metamorfosis particularmente visible en Sevilla, ciudad piloto de las peatonalizaciones PSOE Izquierda Unida: bicicletas que nos tocan el timbre (dicen que por nuestro bien), bicicletas que nos pasan rozando o invaden nuestra burbuja o nuestra aureola, según vayamos ese día de bien vestidos. Peatonal era (y es) no tener que mirar donde se pisa y no ir pendientes de no meter los tacones en las vías del metrotrén ni del dibujito en el suelo del itinerario bici. ¡Cuidado, una bici! A mí, me da vergüenza. Son las bicicletas las que tendrían que estar pendientes de las personas, no las personas, de las bicicletas. Eso tiene lo que no se asimila a tiempo o tontamente se imita como si esto fuese Holanda. De vehículo invisible, que lo era, al orgullo bici hemos pasado. Los conductores de automóviles toman venganza: ¡Al carril bici!, gritan al loco que pedalea por ‘su’ calzada. Ni por la acera ni por la calzada, ¿a dónde irá la bicicleta? A donde diga el PP, partidario de los coches, que por algo quiere meter la bicicleta urbana por cascos obligatorios y ese lenguaje de seguridad vial, salvo la matriculación voluntaria, que es lo que tendrían que hacer para combatir el robo de bicicletas y aliviarnos del peso de cadenas y pitones. El mundo al revés. Porque la división entre ciclistas, peatones y conductores es, desde el principio, falsa. Todos somos usted mismo, que unas veces conduce (a su fin de semana), otras veces va en bici (a su trabajo) y otras, como san Fernando, va andando. Pueden leerlo y reírlo en las Coplas del carril bici.


RUEDINES

ZIP15. BURGOS, 10/09/2010.- Un niño observa el pelotón durante la decimotercera etapa de la Vuelta disputada a través de 196 kilómetros, entre Rincón de Soto y Burgos. EFE/ZIPI TELETIPOS_CORREO:DEP,DEP,%%%,%%%

RUEDINES
(relato)

Una tarde salí con ellos a pasear en bicicleta. Son dos hermanos, de ocho y cinco años. Los dos vienen de Madrid a pasar sus vacaciones en Sanlúcar de Barrameda. Nuestra casa está a doscientos metros del itinerario bici que recorre el Paseo Marítimo desde las Piletas, donde vivimos, hasta Bajo de Guía. Los críos me habían dicho que sabían montar y además vendrían con su madre. Su madre y yo montaríamos nuestras bicis y ellos, una de niño a su tamaño con todos los avíos de una bici adulta: piñón rodante (no fijo) con cadena y frenos. El breve tramo que había que hacer por carretera, su madre y yo lo haríamos yendo detrás en paralelo: si fuéramos un coche, haríamos las veces de pilotos traseros protectores. Sin embargo, esos doscientos metros se nos hicieron eternos. El chico no los quiso hacer montado y el mayor daba trazas ¡de cansarse! Ya en el Paseo, zona peatonal donde las haya, el mayor seguía quejándose de que le dolían los brazos y el pequeño se mostraba bastante incapaz de pedalear manteniendo la línea recta. Cuando me quedó claro que el pequeño no sabía montar, me esforcé en darle el primer empujón para él seguir pedaleando por inercia. Nada. Se iba a los lados, se caía. Pacientemente les expliqué a los dos cómo hacer palanca para arrancar de pie cargando el peso sobre el pedal derecho (los dos son diestros). Que si quieres. Una, dos, tres, cuatro veces. Hasta dejarlo por imposible. Y, encima, no paraban de objetarme que ellos sabían montar en sus bicicletas de Madrid y que su padre sí que les instruía bien y sin reñirles. Perfecto. Pero el mayor jamás había hecho un trayecto medianamente largo y el pequeño me estaba dando la pista de lo que les pasaba a los dos: estaban iniciados y acostumbrados a bicicleta con ruedines, circunstancia que, por presumir y dárselas de enterados, les costaba reconocer. La palabra ruedín, o ruedines, es de estirpe cántabra (el culín de sidra) pero el ruedín como invento es de estirpe discutible porque el crío tiene que aprender a montar y a frenar, que es lo que no sabe, y no a sentarse, que eso ya sabe y es lo que le potencian los ruedines. A corto plazo, el niño con ruedines acompaña a sus padres tan a gusto, pero a medio plazo se acostumbra a conducir la bici como si fuese un triciclo, un tractor de juguete o un coche, lo que a la larga produce esa postura de bicicletas que se ve en las ciudades de carril y acera bici, donde niños y mayores el sillín lo llevan en posición bajísima para pedalear con las piernas en ángulo, encogidas, y donde arrancan y frenan sin levantar el culo del asiento. Quien quiera transmitir ese tipo de ciclismo, de pedaleo máquina de coser, adelante con los ruedines: las bicicletas son para el verano y las criaturas, de su padre y de su madre. Pero si quieren transmitir un ciclismo ergonómico y anatómico, en vez de ponerles ruedines cuando son chicos, regálenles un patín o patinete y que en él aprendan la inercia y el equilibrio, bases del ciclismo. Dominando la inercia y el equilibrio ‑que los críos aprenden pasado el primer impulso y el primer susto y cuando ven que la bici lo difícil es que se caiga, el milagro es que se sostiene sola‑, llevarán el sillín tan alto como sus piernas estiradas y harán el pie a tierra bajándose del sillín. Si para acostumbrarse a mantener el equilibrio hiciera falta, estimúlenles su lado fanfarrón y perfeccionista con el ciclismo que se ve en el Tour o con estampas de damas y caballeros ciclistas. Y no es retórica. En las tres patrias que se disputan el invento de la bicicleta (Alemania, Francia, Inglaterra), los pioneros ciclistas fueron caballeros no tan ricos como para mantener un caballo quienes, aprovechando el pretexto social de una peste equina, se apuntaron encantados a aquellos caballos de dos ruedas, mucho más baratos, desde el principio uniendo progreso y galantería, y por eso el tándem, que se adaptó para llevar a las señoras. Enseñar sin ruedines será por el bien de todos porque un ciclista con miedo provocará accidentes o los padecerá. Al manillar o al volante, el lema nos lo dio Lady Macbeth como si fuésemos su dudoso marido: Ser lo que eres no es nada, has de serlo con seguridad.

Ruedines (Postal)

ZIP15. BURGOS, 10/09/2010.- Un niño observa el pelotón durante la decimotercera etapa de la Vuelta disputada a través de 196 kilómetros, entre Rincón de Soto y Burgos. EFE/ZIPI TELETIPOS_CORREO:DEP,DEP,%%%,%%%Jinetes de carrerasTándem

RUEDINES
(relato)

Una tarde salí con ellos a pasear en bicicleta. Son dos hermanos, de ocho y cinco años. Los dos vienen de Madrid a pasar sus vacaciones en Sanlúcar de Barrameda. Nuestra casa está a doscientos metros del itinerario bici que recorre el Paseo Marítimo desde las Piletas, donde vivimos, hasta Bajo de Guía. Los críos me habían dicho que sabían montar y además vendrían con su madre. Su madre y yo montaríamos nuestras bicis y ellos, una de niño a su tamaño con todos los avíos de una bici adulta: piñón rodante (no fijo) con cadena y frenos. El breve tramo que había que hacer por carretera, su madre y yo lo haríamos yendo detrás en paralelo: si fuéramos un coche, haríamos las veces de pilotos traseros protectores. Sin embargo, esos doscientos metros se nos hicieron eternos. El chico no los quiso hacer montado y el mayor daba trazas ¡de cansarse! Ya en el Paseo, zona peatonal donde las haya, el mayor seguía quejándose de que le dolían los brazos y el pequeño se mostraba bastante incapaz de pedalear manteniendo la línea recta. Cuando me quedó claro que el pequeño no sabía montar, me esforcé en darle el primer empujón para él seguir pedaleando por inercia. Nada. Se iba a los lados, se caía. Pacientemente les expliqué a los dos cómo hacer palanca para arrancar de pie cargando el peso sobre el pedal derecho (los dos son diestros). Que si quieres. Una, dos, tres, cuatro veces. Hasta dejarlo por imposible. Y, encima, no paraban de objetarme que ellos sabían montar en sus bicicletas de Madrid y que su padre sí que les instruía bien y sin reñirles. Perfecto. Pero el mayor jamás había hecho un trayecto medianamente largo y el pequeño me estaba dando la pista de lo que les pasaba a los dos: estaban iniciados y acostumbrados a bicicleta con ruedines, circunstancia que, por presumir y dárselas de enterados, les costaba reconocer. La palabra ruedín, o ruedines, es de estirpe cántabra (el culín de sidra) pero el ruedín como invento es de estirpe discutible porque el crío tiene que aprender a montar y a frenar, que es lo que no sabe, y no a sentarse, que eso ya sabe y es lo que le potencian los ruedines. A corto plazo, el niño con ruedines acompaña a sus padres tan a gusto, pero a medio plazo se acostumbra a conducir la bici como si fuese un triciclo, un tractor de juguete o un coche, lo que a la larga produce esa postura de bicicletas que se ve en las ciudades de carril y acera bici, donde niños y mayores el sillín lo llevan en posición bajísima para pedalear con las piernas en ángulo, encogidas, y donde arrancan y frenan sin levantar el culo del asiento. Quien quiera transmitir ese tipo de ciclismo, de pedaleo máquina de coser, adelante con los ruedines: las bicicletas son para el verano y las criaturas, de su padre y de su madre. Pero si quieren transmitir un ciclismo ergonómico y anatómico, en vez de ponerles ruedines cuando son chicos, regálenles un patín o patinete y que en él aprendan la inercia y el equilibrio, bases del ciclismo. Dominando la inercia y el equilibrio ‑que los críos aprenden pasado el primer impulso y el primer susto y cuando ven que la bici lo difícil es que se caiga, el milagro es que se sostiene sola‑, llevarán el sillín tan alto como sus piernas estiradas y harán el pie a tierra bajándose del sillín. Si para acostumbrarse a mantener el equilibrio hiciera falta, estimúlenles su lado fanfarrón y perfeccionista con el ciclismo que se ve en el Tour o con estampas de damas y caballeros ciclistas. Y no es retórica. En las tres patrias que se disputan el invento de la bicicleta (Alemania, Francia, Inglaterra), los pioneros ciclistas fueron caballeros no tan ricos como para mantener un caballo quienes, aprovechando el pretexto social de una peste equina, se apuntaron encantados a aquellos caballos de dos ruedas, mucho más baratos, desde el principio uniendo progreso y galantería, y por eso el tándem, que se adaptó para llevar a las señoras. Enseñar sin ruedines será por el bien de todos porque un ciclista con miedo provocará accidentes o los padecerá. Al manillar o al volante, el lema nos lo dio Lady Macbeth como si fuésemos su dudoso marido: Ser lo que eres no es nada, has de serlo con seguridad.

Peatones y ciclistas

Daniel Lebrato Sanlúcar abril 2014 (9)

DE LA BICICULTURA, AL MOVIMIENTO CICLISTAS POR LA CALZADA

Ciclistas y viandantes, conductores y agentes de la circulación discuten sobre el sexo de las bicicletas. ¿Vehículo o peatón? Y si Gobierno y PP acabarán con la bicicleta porque no creen en la peatonalización, Psoe, IU y ciertos ayuntamientos y usuarios acabarán por aburrirnos, como conversos de los carriles de Ámsterdam o de Berlín.


El Reglamento general de circulación (RGC, que sustituye al viejo Código de circulación) menciona la bicicleta 20 veces. En el Reglamento de vehículos la bicicleta se incluye –no se lo pierdan‑ en el capítulo ciclos, vehículos de tracción animal y tranvías (artículo 22), y se la nombra en siete ocasiones. El Reglamento de conductores menciona ciclistas una sola vez, al lado de las personas que los conductores han de cuidar, o sea que, como conductor, el ciclista no cuenta. La Ley de tráfico y seguridad vial (LSV) nombra ciclista 12 veces, y bicicleta 21, total: 33.


Bici vehículo. Tráfico define la bicicleta como vehículo accionado por el esfuerzo muscular de las personas que lo ocupan, en particular mediante pedales o manivelas. Que la bici o ciclo de dos ruedas es un vehículo, se deduce de la LSV, artículos: 12 (sobre bebidas alcohólicas, estupefacientes y similares), 15 (sobre límites de velocidad y donde se prohíbe que los vehículos circulen en paralelo, salvo las bicicletas), 18 (que autoriza las bicicletas por autovías, no por autopistas), 23,5 (que establece que los conductores de bicicletas tienen prioridad de paso respecto a los vehículos a motor cuando circulen por un carril-bici), 42,3 (sobre alumbrado y visibilidad) y 47 (sobre el uso obligatorio del casco en carretera).


Bici peatón. Las ordenanzas municipales se titulan de peatones y ciclistas. La LSV matiza que son peatones quienes conducen a pie un ciclo de dos ruedas (anexo I,2).


A todo esto, la ley distingue entre vía ciclista (la específicamente acondicionada para el tráfico de ciclos, con la señalización horizontal y vertical correspondiente), carril-bici (que discurre adosado a la calzada), carril-bici protegido (con elementos laterales que lo separan de la calzada y de la acera), acera-bici, pista-bici (con trazado independiente de las carreteras) y senda ciclable (para peatones y ciclos y que discurre por espacios abiertos, parques, jardines o bosques). El RGC añade: la marca de dos líneas transversales discontinuas y paralelas sobre la calzada indica un paso para ciclistas, adosado al paso cebra o de personas: los más vitales con regulación semafórica. Y es ahí donde vehículos y bicicletas, carritos y peatones vamos a dar.


Peatón con ruedas. Para las bicicletas, los semáforos ni se abren ni se cierran, simplemente se transforman. Lo que el poeta Abelardo Rodríguez dijo del Sol, puede decirse de los semáforos: no es que se pongan en rojo, es que se ponen en verde en otra parte. Con echar el pie a tierra (la ley dice conducir a pie, no bicicleta en mano), la bici se hace peatón, y puede jugar con el color o con el semáforo que le interesen. La bicicleta, por su carácter mixto ‑vehículo a pedal o peatón con ruedas‑, puede cambiar y cambia de régimen con una simple maniobra que ‑aparte el giro izquierda o derecha o el frenado‑ no está obligada a señalar. Sin más prudencia que la que dictan sentido común y seguridad vial, la bicicleta es ciudadana del mundo con la doble nacionalidad. Y no estaría mal que ordenanzas y planes bici pusieran por escrito esa doble y noble condición, que es al fin su libertad. (*)
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(*) Itinerarios propios, derecho a contramano y a circular por la izquierda no contradicen una mejor legislación sobre la bicicleta como vehículo protegido, por ejemplo: la matriculación voluntaria o el registro de bicicletas que acabarían con el robo, regularían el mercado de segunda mano y propiciarían la integración de la bicicleta urbana laboral y de paseo donde la bici empieza y acaba y vuelve a empezar: en puntos de destino y en garajes de comunidad.

Bicicultura