MURILLO EN SU CIUDAD, por Eva Díaz Pérez

Eva Díaz Pérez
Eva Díaz Pérez, en diario El Mundo, 10/01

MURILLO EN SU CIUDAD

1. Bartolomé Esteban Murillo, sus cuadros en Sevilla.

MUSEO DE BELLAS ARTES. Casi todos los conjuntos artísticos que Murillo pintó para iglesias y conventos sevillanos han desaparecido. Sólo permanecen algunos lienzos puntuales que se salvaron por azares de las ventas, los saqueos y expolios a lo largo de los siglos. El mayor milagro fue el conjunto realizado para el convento de los Capuchinos, que se logró sacar de Sevilla antes de que las tropas francesas lo incautaran. Las obras viajaron a Gibraltar y quedaron a buen recaudo hasta que concluyó la Guerra de la Independencia y regresaron. Son los cuadros que ahora cuelgan en el Museo de Bellas Artes con piezas tan importantes como la Inmaculada Concepción, La Colosal, la Inmaculada del Padre Eterno o la Inmaculada del Coro, La Niña.

HOSPITAL DE LA CARIDAD, donde Miguel Mañara encargó a su amigo Murillo la serie dedicada a las obras de misericordia. El mariscal Soult robó parte de estas joyas aunque aún resisten en las paredes de la iglesia La multiplicación de los panes y los peces, Santa Isabel de Hungría curando a los enfermos, Moisés haciendo brotar el agua de la roca de Horeb, La Anunciación y San Juan de Dios con un enfermo.

IGLESIA DE SANTA MARÍA LA BLANCA. Sólo queda La Cena, de clara influencia caravaggiesca, ya que los realizados para los lunetos y testeros de El sueño del patricio Juan y su esposa, El patricio revelando su sueño al papa Liberio, El triunfo de la Inmaculada Concepción o El triunfo de la Eucaristía fueron saqueados y se encuentran en el Prado y en otros museos del mundo.

En la CATEDRAL DE SEVILLA queda el espectacular lienzo La visión de San Antonio, ya que Soult se llevó otra de las grandes obras de Murillo, El Nacimiento de la Virgen, ahora en el Louvre. También se encuentran El Bautismo de Jesús, San Isidoro, San Leandro, El Ángel de la Guarda, La Inmaculada de la Sala Capitular o un cuadro de San Fernando. Este lienzo lo realizó con motivo de la canonización en 1671 retratándolo del natural tras el permiso del cabildo catedralicio para acceder al cadáver del monarca con el fin de intuir cómo pudo ser el verdadero rostro en un curioso y desconocido ejercicio de pintura forense.

En el ARZOBISPADO se guardan La Virgen entregando el rosario a Santo Domingo y la Aparición de la Inmaculada Concepción a fray Juan de Quirós, que fue la primera de la gran serie iconográfica del pintor.

FUNDACIÓN FOCUS: Santa Catalina de Alejandría y el San Pedro que se expone en el Prado hasta el próximo 17 de enero y que ahora regresará a Sevilla. Por cierto, la Fundación Focus, cuyos proyectos se mantienen en la incertidumbre después del desastre financiero de Abengoa, tenía prevista para otoño de este año 2016 una gran exposición sobre Velázquez y Murillo, cuya realización es una incógnita pero que serviría como magnífico preámbulo al Año Murillo.

2. Bartolomé Esteban Murillo, huellas biográficas.

Además de la Iglesia de la Magdalena donde fue bautizado están las casas en las que residió, que también contaban con el taller del maestro. Murillo vivió en la Magdalena, San Bartolomé, San Nicolás o el barrio de Santa Cruz. Santa Cruz fue su última vivienda, un lugar que ahora alberga las oficinas de la Agencia Andaluza de Flamenco. Fue allí donde probablemente murió, según confirmó el profesor Angulo, al caer desde el andamio en el que pintaba Los desposorios de Santa Catalina para los Capuchinos de Cádiz. La historia de la Casa Murillo, en la calle Santa Teresa 8, es un ejemplo más de las desidias acumuladas por la ciudad. Tras la expropiación del Ministerio de Cultura en 1972 se rehabilita y se compra mobiliario de la época para recrear la atmósfera histórica, aunque los espacios habían quedado bastante intactos desde el tiempo del artista. Con motivo del cuarto centenario se inicia una profunda restauración a cargo de Fernando Mendoza. La entonces ministra de Cultura Soledad Becerril lo inaugura justo al final del año de 1982, año de la conmemoración, pero en 1988 se decide su cierre como museo y en 1999 se clausura por humedades. La gestión pertenece a la Junta y los consejeros de Cultura han protagonizado vergonzantes episodios de desprecio y olvido ante este centro. Ahora su rescate se ha reactivado para acoger un Centro de Investigación sobre la Cultura del Siglo de Oro.

Tomado de Eva Díaz Pérez, en diario El Mundo, 10/01.

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