A QUIENES DICEN O SE PREGUNTAN QUÉ SE PUEDE HACER

cambio-climatico-fin-del-mundo

(fotografía tomada de Pensando el territorio)

A QUIENES DICEN O SE PREGUNTAN QUÉ SE PUEDE HACER

Quienes se plantean qué se puede hacer para arreglar el mundo: miren primero qué hace cada uno. No me refiero aquí a la egoísta vida privada, dictada por instintos de conservación y necesidades primarias. Dejemos a la persona que siga siendo incoherente en su breve ciclo vital. Hablamos de las ideas, de los valores que transmitimos, de los partidos políticos que votamos, de los grandes conceptos que sostenemos en conversaciones de sobremesa. Fíjense en la Cumbre del clima: primero se reconoce el problema y, después, se reúnen conferencias mundiales para ver qué se puede hacer. La alarma la dio el científico estadounidense Charles Kelling en 1958, con sus mediciones de dióxido de carbono, el CO2, en un volcán inactivo de Hawai, y desde 1972 se convocan cumbres para que la Tierra siga siendo la Tierra. Hagamos lo mismo pero con los habitantes del planeta. Donde pone CO2, pongamos desigualdades, injusticias, deudas históricas, guerras; pongamos ahí todo lo que nos disgusta: la reducción de emisiones de violencia o de hijos de puta que nos fastidian la vida. El sentido de marcha no puede ser conservar lo que se cobija con nombre de cultura, civilización o costumbre, ya que se trata de cambiar precisamente lo que nos han embalado en esa paquetería confusa donde viajan, de polizón, ejércitos, guerras de apropiación o de religión y no pocos oficios y etcéteras que nos fastidian la vida. No. No se trata de recontar lo viejo para seguir haciendo de lo viejo un valor patrimonial. Se trata de ir a las raíces de la infelicidad, desde las condiciones de vida y subsistencia, del trabajo, del reparto de la riqueza y del tiempo libre y, ya que la felicidad no sabemos en qué consiste, que se reparta al menos el bienestar. Esa cumbre por un mundo mejor y por un cambio no traumático sería a la humanidad lo que la cumbre de París, para el cambio climático; mediante el consenso, con acuerdos de obligado cumplimiento, con leyes de plazos y sin forzar a nadie, sin tiros ni derramamiento de sangre, reconociéndole al papa y al emperador, al tirano y a su familia, al macho tapador y a la mujer tapada que tienen tiempo, que los plazos van por ellos, a la medida de su pequeña vida incoherente y de sus derechos adquiridos. Y lo mismo que Estados Unidos y China fueron reacios al cambio climático, y ahora pasan por reconocerlo, así los países o pueblos o grupos contrarios, se rendirían a la evidencia de que se impone, como si fuera un ordenador, encender y apagar, echar el freno y reiniciar porque, tal y como vamos, perdemos todos, ricos y pobres, creyentes y no creyentes, reyes y súbditos, generales y soldados, hombres y mujeres, grandes y pequeños. Parar la Historia para ponerla en marcha.

Daniel Lebrato

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s