TRES ESTAMPAS DE LA BICICLETA

TRES ESTAMPAS DE LA BICICLETA
1.

El PP en bicicleta

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¡Qué bicis tan diferentes, la mía y la suya, señor presidente! Viendo a estos tres, que ¿de qué se ríen?, se acuerda uno de lo de sentar a un pobre a tu mesa por Navidad o lo del lavado de pies a los leprosos. «Con los cochazos oficiales que tenemos, y aquí nos tenéis montando en bicicleta como uno más.» Como uno más se comía el rey el mismo bocadillo que la tropa. Y qué pintas, con el sillín tan bajo que parecen las bicicletas máquinas de coser.

TRES ESTAMPAS DE LA BICICLETA
2.
Prohibido entrar con bicicleta
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Tan bajo ha caído el ciclismo urbano que una ferretería de Sevilla ha tenido que poner una pegatina en la puerta con la señal de prohibido el paso a bicicletas. Como otros nos molestan con su perro, que no hace nada, es que está jugando, hay ciclistas con su bici de animal de compañía y no se separan de ella ni cuando, pie a tierra y bicicleta en mano, entran en los espacios peatonales de ferias y mercadillos, y, por lo que se ve, hasta en las tiendas del pequeño comercio. Luego si en la bulla o en la cola del mostrador te dan con la goma de las ruedas en las varices o en el pantalón blanco, lo máximo será que te pidan perdón, pero si no muerde, no es nada. Debieran las ciudades poner orden en estos excesos de las bicicletas, ayer marginadas y hoy pasadas de orgullo bici.

TRES ESTAMPAS DE LA BICICLETA
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Señal acera bici
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La prueba está en el timbre. Aunque la prioridad de paso es peatonal, muchas bicicletas, circulen a la velocidad que circulen, tocan el timbre a las personas que van andando. Si no es por saludar, ese timbre suena a quítese usted, que el carril es mío. Son las bicicletas las que van entre las personas; no las personas las que van entre las bicicletas y son las bicicletas, no las personas, las que tienen que ceder el paso. Por último, que las bicicletas vayan por las calzadas, no por las aceras, y que le toquen el timbre a los coches.

Lo que peor llevo cuando no tengo más remedio que meter mi bicicleta por aceras o carriles bici, es que riñan a las criaturas al yo acercarme: «¡Álvaro, ten cuidado, que es el carril! ¡Paula, la bicicleta!» Que les enseñen a tener miedo del ciclista, que debería circular despacio y con los frenos en prevención, desluce mi paso y mi paseo. Pura cuestión de imagen. El orgullo bici traído a nuestras ciudades por quienes alucinaron con las bicicletas en Ámsterdam o en Berlín, nos convierte a los ciclistas de siempre en especie a extinguir, sustituidos por el ciclismo de montaña, donde no hay montaña, por el de carreras, donde no habría que correr, y por el orgullo bici. Ya no hay sitio para nosotros entre los coches y los transportes públicos, que nos repelen: ¡Al carril bici! Tampoco, como se ve, entre las personas andando. No hay bicicultura.

Daniel Lebrato, Bicicultura en WordPress, 21 del 5 de 2015
Lectura recomendada: Coplas del carrilbici.

 

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