Etiqueta: San Juan de la Cruz

vida y obra.

el hundimiento

La muerte de Julio Anguita levanta espontáneas reacciones de elogio a su persona. Sin embargo, no recuerdo ni una sola idea que el político Julio Anguita haya aportado al mundo de las ideas; no digamos de izquierda; entre otras cosas, porque Anguita fue parte a liquidar la vieja izquierda (marxista y crítica con el Estado del Bienestar).

Anguita como texto y comentario de texto.

Quien tuvo en clase al profesor Lebrato, sabe que el profesor huía de biografismos y auto biografías:

–Imaginad que todo texto es anónimo, y así salimos de tentaciones de vida y obra: obra, nada más.

De ejemplo, les ponía la poesía de San Juan de la Cruz [1]

Otras veces, en cambio, el gusto por una obra no impedía que el profesor hiciera ver a su alumnado la catadura moral del personaje autor.

–Ese don Juan Manuel tan señorito que ni siquiera escribía: ¡mandaba escribir! (como declara al final de cada cuento de El conde Lucanor).

–Ese Mío Cid que –antes de Pérez-Reverte– respondía al tipo mercenario al servicio del botín y la rapiña.

Eso no quitaba, tampoco, que pese a la cochambre biográfica de Manuel Machado, frente a la heroica de su hermano Antonio, la poesía de Manuel fuese tan buena o mejor y, para mí, más exquisita y seductora.

Recuerdo la película El hundimiento (Der Untergang, 2004, de Oliver Hirschbiegel). La cinta cuenta los últimos días de Hitler. En 1942, varias mujeres se presentan a secretaria personal del Führer. Traudl Humps (o Junge) es la escogida. Su diario alimenta el guion de El hundimiento y, como es lógico, lo hace desde un punto de vista interno en el que un sector de público creyó ver una justificación del nazismo. ¿Desmentía la película la obra pública, la Historia escrita, con renglones de sangre y de exterminio? Nada de eso. Al hombre lo que es del hombre, y al nombre lo que es Historia.

Películas se puede hacer de cualquier cosa. La Historia, con mayúsculas, Julio Anguita sabía, pocas veces se altera o se equivoca.

[1] Donde ‘amado’, Dios, y donde ‘amada’, Iglesia. Diga lo que diga San Juan, amado es amado y, si quiere ‘Dios’, que lo ponga en el texto, no en declaraciones al margen. En clase no usé nunca la interpretación por las tres vías místicas; sí precedentes puestos en boca de mujer, como la lírica tradicional o El cantar de los cantares.

40 años y un día.

40 AÑOS Y UN DÍA

Nel mezzo del cammin della nostra vita
(Dante, Divina Comedia)

El número es redondo y llama a citas,
a tópicos y a inevitables comparaciones;
también, a anuncios célebres.
Conviene disponer sobre la mesa
los naipes de la edad sin hacer trampa
o sin que se note mucho. Caras. Nombres.
Secretos de rodaje. Tomas falsas.
Manías añadidas a las que ya teníamos.
Hay quien pone además sobre el tapete
su juego de llaves y el móvil de la empresa.
Hojas del calendario, sin buscarlas.
Cosas que recordar, porque se olvidan.
Álbum de fotos, a ver, ahí estuvimos.
A mitad del camino de nuestra vida.

A mitad del camino de nuestra vida
es un don la vida cuando la vida es buena.
El hijo se hace el padre. Infancia y juventud,
quién lo diría, diría Quevedo.
Achaques de vejez, quién los espera,
diría don Juan. Es tu hora medieval
entre un pasado ya clásico ‑tú, el niño
de los zapatos nuevos‑ y un mundo nuevo.
Salud, dinero y amor o las tres vías
sublimes a lo San Juan o las terrestres
como un Miguel Hernández con tres heridas.
Tú eliges. El juego es solitario aunque
dependes y depende. Se rueda.
Tendrás que barajar. Suena My way.

(1978‑2018)

Daniel Lebrato [LISTA DE ESPERA] ­


claves de los Sonetos del amor oscuro.

manuscrito-lorca

La invención de la homosexualidad en
LOS SONETOS DEL AMOR OSCURO
de Federico García Lorca.
Análisis y comentario. Conclusiones: Ctrl+F+**

  1. LOS TÍTULOS.

(por orden de aparición en ABC Cultural, 1984)

  1. Soneto de la guirnalda de rosas
  2. Soneto de la dulce queja
  3. Llagas de amor
  4. Soneto de la carta (El poeta pide a su amor que le escriba)
  5. El poeta dice la verdad
  6. El poeta habla por teléfono con el amor
  7. El poeta pregunta a su amor por la Ciudad Encantada de Cuenca
  8. Soneto gongorino en que el poeta manda a su amor una paloma
  9. ¡Ay voz secreta del amor oscuro!
  10. El amor duerme en el pecho del poeta
  11. Noche del amor insomne.

(reconstrucción por orden alfabético, salen 13 títulos)

Ay voz secreta del amor oscuro

El amor duerme en el pecho del poeta

El poeta dice la verdad

El poeta habla por teléfono con el amor

El poeta manda a su amor una paloma

El poeta pide a su amor que le escriba

El poeta pregunta a su amor por la ciudad encantada de Cuenca

Llagas de amor

Noche del amor insomne

Soneto de la carta

Soneto de la dulce queja

Soneto de la guirnalda de rosas

Soneto gongorino

Todos son títulos de función referencial y modalidad enunciativa afirmativa (de titular), menos Ay voz secreta del amor oscuro, de modalidad exhortativa, que repite el primer verso y servirá de título al conjunto. Seis títulos son oracionales (de sujeto, verbo y predicado) con valor narrativo; cuatro de ellos: sujeto el poeta (El poeta dice, El poeta habla, El poeta manda, El poeta pide, El poeta pregunta) y uno: sujeto el amor (El amor duerme); el resto, va en estilo nominal (sin predicado): cuatro empiezan con Soneto, uno con Llagas y otro con Noche. amor (siete apariciones), poeta (cinco) y soneto (tres) son las palabras recurrentes.

De los verbos, cuatro son de dicción, contacto o comunicación: dice, habla, pide, pregunta; uno, de acción acción: manda, y, otro, de acción estado: duerme. Todo en nominal o en tercera persona. De los adjetivos, uno es obligado (Cuenca, ciudad encantada), otro especificativo (soneto gongorino) y el resto calificativos poéticos de la melancolía: dulce queja, amor insomne, amor oscuro, voz secreta; adyacentes acordes con núcleos sustantivos también poéticos guirnalda, llagas, noche, pecho, queja, rosas, voz. Solo el adjetivo dulce va antepuesto (epíteto). El sustantivo amor tres veces es su amor (persona) y podría serlo en los demás salvo en la Noche del amor insomne, donde amor es sexo (la aurora nos unió sobre la cama, dirá un verso). De todos los amores, el que más podría representar el Amor concepto (no persona ni sexo: Cupido o el Amor alegórico de Dante o de Juan Ruiz) es ¡Ay voz secreta del amor oscuro!, aunque tampoco inequívocamente, ya que el amor termina identificado con el poeta: que soy amor, que soy naturaleza. Neologismo poético: teléfono; locativo: Cuenca.

**Conclusiones a los títulos

El estilo de los títulos cursa por la antigua epigrafía, o manera de titular, vigente desde la Edad Media hasta los tiempos didácticos, cuando era normal que el autor o su editor anticipara la materia, el asunto de un texto que venía a continuación, didactismo que prevalecía sobre la intriga (hoy se diría que autores y editores hacían ellos mismos el spoiler), de donde viene redactar los títulos en tercera persona. De esta manera, se desvía el lirismo (distanciamiento) y se condiciona la lectura; el caso más claro, como después se verá, el del soneto de El amor duerme en el pecho del poeta, único en que coinciden dos adjetivos masculinos que podrían entenderse: amor de hombre con hombre.

  1. LOS SONETOS

La leyenda tejida en torno a los sonetos consistió y consiste en hacer de los sonetos un reconocimiento de homosexualidad por parte del autor. Sin embargo, no hay nada en los sonetos que, literalmente y en comentario de texto, demuestre declaración autobiográfica o confesión personal.

El 22 de mayo de 2015 escribe en ABC Isabel M. Reverte, experta en Lorca: «En los sonetos aparece por primera vez y de forma explícita su reivindicación de la homosexualidad. [hay que demostrarlo, señora Reverte] »La familia no quería publicarlos porque no podía soportar que alguien dijera que Lorca era homosexual. [hay que demostrarlo, familia Lorca] »El entonces subdirector de colaboraciones culturales de ABC, Santiago Castelo, añade que el calificativo de oscuro era un juego que hablaba del amor prohibido entre estos amigos.» [hay que demostrarlo, señor Castelo]

Que alguien demuestre no el nombre y apellidos del hombre amado de carne y hueso (que eso sería pedir biografía, no ciencia literaria), sino algo más simple: dónde, en qué momento y con qué palabras, emisor masculino varón se dirige a o habla de masculino varón. Lorca hizo como otros poetas homos o héteros: dirigirse al amor, que no tiene sexo o los tiene todos.

Estamos hablando de una conmoción editorial que sucedió en 1984. En 1935, cuando Lorca empezó a escribir sus sonetos (a sus 37 años, no era un chaval), como poeta tenía tras sí (por delante, a la hora de escribir) todas estas tradiciones que eran otras tantas maneras de escritura:

–el surrealismo y el propio Lorca de Poeta en Nueva York (desde la Oda a Walt Whitman al Pequeño vals vienés), más la poesía de poetas homo de su generación (Rafael de León, Cernuda, Aleixandre)

–San Juan de la Cruz, con sus canciones entre el alma y el esposo, al fondo el Cantar de los Cantares

–las canciones de amigo

–la copla española

–Góngora y el soneto clásico y, con lo clásico,

–los tópicos del amor platónico (homo erótico), del amor pasión y del amor posesión, con el carpe diem y el tempus fugit.

Con esos mimbres, Lorca deja en sus sonetos estas marcas de género. Y ni una más:

–Son guirnalda de amor, cama de herido,

–Que unidos, enlazados, el tiempo nos encuentre destrozados.

–Pero yo te sufrí, rasgué mis venas, tigre y paloma, sobre tu cintura

–si soy el perro de tu señorío

–estás dormido. Yo te oculto llorando, perseguido.
Pero sigue durmiendo, vida mía.

La única secuencia que no deja dudas de [masculino ama a masculino], lo único que no se podría decir a una mujer, que estaría dormida, va el poeta y lo titula El amor duerme en el pecho del poeta. Entonces, sí. Con ayuda del título (hay sonetos de 15 versos) el neutro amor, o el epiceno amor, sigue siendo sujeto y objeto protagonista. Lorca estaba en la madurez de su oficio muy por encima de sus amantes, de su familia y de España. Y no solo de la España de la República y de Franco. El revuelo estalló en plena democracia: ¡extra!, ¡extra!, ¡Lorca reconoce su homosexualidad! Y ahí destacó el grupo culto mariquita, que por entonces (eran los Novísimos y brillaba Gil de Biedma) extendía la etiqueta de este entiende (queriendo decir: es de los nuestros) a todo lo que se movía en el mundo del famoseo, del arte, de la historia y de la cultura. Y Lorca concitaba todos los conjuros. Pero, en su afán por salir a la luz y normalizar lo normal, el grupo homo olvidó que hay algo mejor que reconocerse. Y es no conocer, que nadie se inmiscuya ni interprete (lo que es o deja de ser). Lorca fue señor administrando su privacidad (que el antifranquismo entendió como represión) mientras que la homosexualidad de salón ya ven en qué ha acabado: en tacones y uñas pintadas para el día del orgullo gai, misa de gallos y de plumas, y ninguna es de Lorca.

**Conclusiones
Al cierre de esta edición hay un par de ideas, que no son nuevas ni son mías, en las que me parece importante insistir. Por un lado, vindicar el pie de la letra del texto, que esa es la materia de la literatura, y dejar para la biografía, que es ciencia bien distinta, los cotilleíllos y entresijos del personaje, que tienen su público y su interés, claro que sí, pero un buen comentarista ha de imaginar que su texto es anónimo, que los sonetos me los encontré, como hojas sueltas en la parada del autobús o en el banco del parque, y que al leerlos ‑estupefacto y absorto- dije: ¡Joder, vaya par de mariquitas! y, encima y además, ¡Joder, por su estilo tienen que ser de Lorca! ¡Eureka, eureka! ¡Encontré el eslabón perdido!

Otra conclusión es que, para hablar de amor, nada mejor, más potente y más místico, que hablar de amor y al amor; mística, palabra bien escogida. Si para expresar lo divino, San Juan de la Cruz acudió al amor humano, al sexo, así la concreta cama que tengo con una persona adquiere una dimensión divina, universal, con solo llamarla amor.

Por último, mi aportación personal: la astucia de los títulos. En particular, del título El amor duerme en el pecho del poeta porque sin título, yo perseguido y tú dormido dejaría manifiesto que tú y yo, vida mía (receptor explícito), somos varones y ¡peligro! Y viene entonces el título a dar el quite, a despejar dudas, y el lector se dejará llevar. Es derecho de Lorca como San Juan de la Cruz pidió ser leído a lo divino donde estudiantes morbosos veíamos sexo y puro sexo, y el profesor: ¡No, no! Ella es la Iglesia y Él, Dios, que esta es la mística, zoquetes míos.

Y un reparo ‑leve‑ entre tanta hermosura (si el alma pudiera decir lo bonitos que son los sonetos). En el Soneto gongorino usa Lorca un do por donde; do que leímos en la rima 4 de Gustavo Adolfo Bécquer: Mientras la humanidad, siempre avanzando, no sepa a camina. En el Soneto gongorino, verso 4, escribe Lorca: llama lenta de amor do estoy parando. Una prueba de que las cárceles no son solo de amor, también de métrica para quien se impone el endecasílabo. Ese do es ajeno al estilo de Lorca[1] (ya era solo de uso literario en tiempos de Bécquer). Lo cual se dice a mayor gloria del resto del léxico empleado, donde no leerán ustedes ni un tal por como ni un *Lejana cual oscura corza herida ni un *Dulce cual sollozo en la nevada, algo que otros hicieron, y ahí está Cernuda. La virtud de la gran poesía hay quien cree que está en la retórica, en la acumulación de artificios; y no: desde Manrique hasta hoy, pasando por estos sonetos del amor oscuro, la virtud de la gran poesía es que se lea y se disfrute con naturalidad.

APÉNDICES para el comentario de textos.

EL LÉXICO de los Sonetos del amor oscuro

LA MÉTRICA de los Sonetos del amor oscuro.

Daniel Lebrato, eLTeNDeDeRo, 11/01/2017

[1] Escrutadas sus Poesías Completas, solo hemos visto do en los Seis Poemas Galegos; gallego do, español de él, naturalmente.

la invención de la homosexualidad en los Sonetos del amor oscuro.

Lorca

Estamos hablando de una conmoción editorial que sucedió en 1984.

En 1935, cuando Lorca empezó a escribir sus sonetos (a sus 37 años, no era un chaval), como poeta tenía ante sí (por delante, a la hora de escribir) todas estas tradiciones que eran otras tantas maneras de escritura:

–el surrealismo y el propio Lorca de Poeta en Nueva York (desde la Oda a Walt Whitman al Pequeño vals vienés), más la poesía de poetas homo de su generación (Rafael de León, Cernuda, Aleixandre)

–San Juan de la Cruz, con sus canciones entre el alma y el esposo, al fondo el Cantar de los Cantares

–las canciones de amigo

–la copla española

–Góngora y el soneto clásico y, con lo clásico,

–los tópicos del amor platónico (homo erótico), del amor pasión y del amor posesión, con el carpe diem y el tempus fugit.

Con esos mimbres, Lorca deja en sus sonetos estas marcas de género. Y ni una más:

–Son guirnalda de amor, cama de herido, [2:9]

–Que unidos, enlazados, el tiempo nos encuentre destrozados. [3:12,14]

–Pero yo te sufrí, rasgué mis venas, tigre y paloma, sobre tu cintura [4:9-10]

–si soy el perro de tu señorío [6:11]

–estás dormido. Yo te oculto llorando, perseguido. + Pero sigue durmiendo, vida mía. [11:2,3,12]

La única secuencia que no deja dudas de “masculino ama a masculino”, lo único que no se podría decir a una mujer, que estaría dormida [11:2], va el poeta y lo titula El amor duerme en el pecho del poeta. Entonces, sí. Con ayuda del título (hay sonetos de 15 versos) el neutro amor, o el epiceno amor, sigue siendo sujeto y objeto protagonista.

Federico García Lorca estaba en la madurez de su oficio muy por encima de sus amantes, de su familia y de España. Y no solo de la España de la República y de Franco. El revuelo estalló en plena democracia: ¡extra!, ¡extra!, ¡Lorca reconoce su homosexualidad! Y ahí destacó el grupo culto mariquita, que por entonces (eran los Novísimos y brillaba Gil de Biedma) extendía la etiqueta de este entiende (queriendo decir: es de los nuestros) a todo lo que se movía en el mundo del famoseo, del arte, de la historia y de la cultura. Y Lorca concitaba todos los conjuros. Pero, en su afán por salir a la luz y normalizar lo normal, el grupo homo olvidó que hay algo mejor que reconocerse. Y es no conocer, que nadie se inmiscuya ni interprete (lo que es o deja de ser).

Lorca fue señor administrando su privacidad (que el antifranquismo entendió como represión) mientras que la homosexualidad de salón ya ven en qué ha acabado: en tacones y uñas pintadas para el día del orgullo gai, misa de gallos y de plumas, y ninguna es de Lorca.

*

eLTeNDeDeRo pone a disposición de quien lo pida un estudio sobre
EL LÉXICO de los Sonetos del amor oscuro y, otro, sobre LA MÉTRICA.


PARA LEER EL QUIJOTE

Don Quijote y Sancho por Pablo Picasso (1955)
Pablo Picasso (1955)

PARA LEER EL QUIJOTE

El mejor Quijote para leer en pantalla es el Quijote de Francisco Rico en su edición digital hecha por el Centro Virtual Cervantes. Ahí en Clásicos Castellanos están las Rimas de Bécquer, las poesías de San Juan o este Quijote de Rico. La gran ventaja es que las notas explicativas se abren sobre la marcha encima de la misma duda de lectura.

En digital o en libro, eLTeNDeDeRo recomienda la lectura del Quijote haciendo razias o incursiones y saltándonos lo que el propio Cervantes quitaría de su libro sin perder nada por eso. Capítulos infames o decadentes, el Quijote tiene muchos. Cervantes se vio forzado por el canon novelístico de su época, que en realidad no existía en la novela larga. De ahí, las historias intercaladas, como ese Curioso impertinente de verdad no pertinente, y esos episodios pastoriles que se nos caen, por cursis, de las manos. También nosotros, como lectores, sufrimos presiones. La presión académica de profesores o planes de estudio que nos han metido el Quijote a la fuerza y a destiempo. O la presión culta nacional que ha hecho del libro un libro sagrado, seña de identidad manipulada por la política y el patriotismo.

Lean la etiqueta Cervantes y disfruten con las Coplas por la muerte del Quijote, dedicadas a denostar la versión en prosa que hizo Andrés Trapiello.


ELOGIO DEL TEXTO Y DEL COMENTARIO DE TEXTO

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glosas (2)
ELOGIO DEL TEXTO Y DEL COMENTARIO DE TEXTO
–El caso de San Juan de la Cruz (1542‑91)

 

  1. En una noche oscura
    con ansias, en amores inflamada,
    ¡oh dichosa ventura!
    salí sin ser notada,
    estando ya mi casa sosegada.
  2. A oscuras, y segura,
    por la secreta escala disfrazada,
    ¡Oh dichosa ventura!
    a oscuras, y en celada,
    estando ya mi casa sosegada.
  3. En la noche dichosa
    en secreto, que nadie me veía,
    ni yo miraba cosa,
    sin otra luz y guía,
    sino la que en el corazón ardía.
  4. Aquésta me guiaba
    más cierto que la luz del mediodía,
    adonde me esperaba
    quien yo bien me sabía,
    en parte donde nadie parecía.
  5. ¡Oh noche que guiaste!
    ¡Oh noche amable más que la alborada:
    oh noche que juntaste
    Amado con Amada.
    Amada en el Amado transformada!
  6. En mi pecho florido,
    que entero para él sólo se guardaba,
    allí quedó dormido,
    y yo le regalaba,
    y el ventalle de cedros aire daba.
  7. El aire de la almena,
    cuando yo sus cabellos esparcía,
    con su mano serena
    en mi cuello hería,
    y todos mis sentidos suspendía.
  8. Quedéme, y olvidéme,
    el rostro recliné sobre el Amado,
    cesó todo, y dejéme,
    dejando mi cuidado
    entre las azucenas olvidado.

 

Glosar es también comentar palabras y dichos propios o ajenos, o sea, armar un texto sobre otro texto. Las glosas más famosas de nuestra literatura son las que hizo en forma de comentarios Juan de la Cruz, antes Juan de Yepes, a su obra en verso, esas declaraciones en prosa donde el buen fraile pide ser leído e interpretado a lo divino: Iglesia por la Amada y Dios por el Amado. Y con este prólogo: «Canciones del alma que se goza de haber llegado al alto estado de la perfección, que es la unión con Dios, por el camino de la negación espiritual.» Juan de la Cruz está proponiendo un gran mentira para salvar el pellejo pues, en tiempos de Inquisición, qué hacía un fraile como él escribiendo semejantes versos. Por seguirle el juego a su coartada, generaciones de estudiantes han padecido a profesores que les hablaban de las tres vías místicas cuando en realidad de lo que habla el poema es de una noche de amor en tres fases, como todas: antes (coplas 1‑4), durante (5) y después (6‑8) del amor. Dicho lo cual, el papel activo de la mujer, que es quien sale y va al encuentro, bebe directamente de El cantar de los cantares, frente a la lírica autóctona de las jarchas y las cantigas o canciones de amigo, donde quien sale y se mueve y va en busca de la mujer es el hombre. No es poco matiz. Claro que también al Cantar lo maquillaron sus puretas comentaristas a lo divino, glosa o traslado, negación también, de un texto humano, demasiado humano para los cándidos oídos de los reverendos padres, que salieron con la patraña de la vía purgativa, la vía iluminativa y la vía unitiva, que merecerían acabar en la judicial. Y, si no, que hubieran inventado el lenguaje ya divino de primeras y dejado en paz el pobre lenguaje humano, que era, después de Babel, el único que nos quedaba.


El fantasma de la glorieta

Félix Morales

FÉLIX, EL FANTASMA DE LA GLORIETA

Lo mejor de eLTeNDeDeRo son sus lectores. Apostilla Félix Morales: ¿Por qué te empeñas, Daniel, en pontificar y en meterte con los demás? Cada uno pone en Facebook lo que le sale de la pirula. Y si te molesta, lo bloqueas y al carajo. Tú mismo no dejas de poner links a tu blog. Que el epatar ya no se lleva, Daniel. Que no se lleva. Y si quieres establecer lo que es literatura, haz una tesis y nos tienes al tanto. Ja. Abrazo.

Leído lo cual, no me consta haberme metido con nadie y menos aún con alguien de mi mismo tamaño o más chico. En crítica literaria vale la regla de las peleas de pandilla: nunca te metas con alguien más pequeño que tú. Soy profesor, tengo ese defecto, y para extinguirme como clase (como horizonte utópico: también el médico se extinguirá cuando se extinga la enfermedad), debo dar todo lo que sé, ahora, que puedo, y es mi obligación no callarme nada. Cuando se trata de obras o autores clásicos, la lucha va contra el canon literario que dicta quién es quién en el libro de texto. Bachiller era, y me preguntaba por qué El conde Lucanor se ponderaba tanto y tan por encima del Libro de buen amor, obra menor a la que se reservaba el adjetivo de miscelánea, cuando la verdad es que la prosa de don Juan Manuel deja mucho que desear mientras que Juan Ruiz sigue un plan de una astucia literaria increíble. El Conde parece la pesadez del románico y el Buen amor vuela por el gótico. Otro caso fue Quevedo, cuyo Poderoso caballero, sin duda porque lo había cantado Paco Ibáñez, nos pintaron como un manifiesto anticapitalista, cuando en realidad era, justo lo contrario: una defensa del mundo de valores feudales y reaccionarios en un tiempo en que la burguesía y el dinero ponían en peligro la sociedad estamental y abrían paso a la nueva y entonces progresista sociedad de clases. ¿Y qué decir de las vías místicas sistemáticamente enseñadas en el instituto como pautas sin las cuales no tenía sentido la poesía de San Juan de la Cruz? ¿Qué digo de la sobrevaloración del arte mayor sobre el menor? Está mal citarse a uno mismo, pero Félix Morales, siempre retón, lo que yo le agradezco, me lleva a recomendar a ustedes que echen una ojeada a Historias de la literatura (2013), libro donde saldo mis cuentas con el canon literario y, la vanidad me perdone, donde se dicen cosas que pocos se atreven a decir.

En cuanto a los contemporáneos, con la farsa literaria, sí que me he metido. Con Carlos Germán Belli, un consagrado que no entiendo el lugar que se le ha dado; con Bolaños, el narrador, endeble poeta; con Goytisolo, con Cernuda, con Andrés Trapiello. (Escritores 3.0)

Se dice que hay buena y mala literatura. Pero eso es no decir nada. Más fiable y operativa resulta la teoría marxista del arte y la literatura: es literatura lo que circula como tal. No soporto a Zoé Valdés, pero si sus señorías la crítica, las editoriales y lectores pagan por sus productos, tengo que reconocer que Zoé Valdés es o está en la literatura. Y, al revés, el inédito maravilloso que un autor nuevo guarda en su cajón o en su ordenador, ¿quién dirá que es literatura?

Los autores vivos se dividen en dos: profesionales (hombres y mujeres que viven de publicar cada equis años y de cobrar sus derechos) y el resto, a los que sería injusto llamar aficionados. El daño que hace la profesión literaria, el oficio de escritor, es tremendo. Autores que debieron callarse, porque la creatividad se agota, no se callan nunca. El último libro de Caballero Bonald no aporta nada, es mero afán recaudatorio. García Márquez llegó a publicar un libro de brindis (los alzo‑mi‑copa‑por que él había dado en la vida). Y, encima, lo tituló Yo no he venido a hacer un discurso. No ni na. Pueden verlo en Literatura, valor y precio. Del entorno onubense de Félix, no faltan casos de hinchazón literaria, pero eso lo dejo para el próximo reto suyo. Por último, recomiendo a ustedes El fantasma de la glorieta, la página de Félix Morales. Ahí verán cómo el delicioso fantasma es él.

fantasma ilustracion portada cuarta fase