Etiqueta: Delibes

las ratas.

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Aristocracia y clases altas no necesitan la democracia; si acaso, la corrompen o la mediatizan por el control que ejercen sobre la opinión pública. La democracia está a la medida de las clases medias y bajas, son las que asocian el voto al Estado del Bienestar. De ahí, la insistencia de la izquierda institucional en culpar a la abstención de su fracaso electoral. ¿Cómo es posible que no nos voten -piensan Psoe IU Podemos- con lo linda que es nuestra carta a los reyes magos?

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Las clases desfavorecidas y desestructuradas (el precariado), sabiéndose fuera de los programas de los partidos de izquierda, votarán cualquier cosa, puede ser la derecha más reaccionaria y ¿contraria a sus intereses? No, padre. Si con la izquierda viajan el mileurismo y la formación universitaria, con la derecha viaja la Iglesia, Cáritas y oenegés camufladas y, si la derecha gana, saldrían reforzados el comedor del pobre y el ropero de la tienda solidaria.

[eLTeNDeDeRo] ofrece imágenes de un género buscón de basura que consiste en gente educada, mínimamente bien arreglada y residente en el centro de la ciudad –no en el extrarradio ni sin techo ni bajo el puente– que acude con sus recipientes y bolsas de casa, cuya rebusca consiste en sacar de los contenedores del supermercado de la esquina aquellos alimentos, caducados o en mal estado, que al supermercado ya no sirven y que les puedan aprovechar. Son las ratas, dicho a la manera de Miguel Delibes en su novela (1962). Después lo dejan todo como estaba.

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A la izquierda del bienestar y por la igualdad (feminismos incluidos) se le debería caer la cara de vergüenza –no a la noble pareja que estremece nada más verla– por no incluir en cabecera de sus programas la erradicación de la mendicidad. Luego querrán mi voto.


 

Gracias y desgracias del toro de lidia.

SEIS TOROS, 6.
Tauromaquia en espirales a la manera de Luis Martín‑Santos


1º. Matar toros es ‑mucho más que animalista‑ conservacionista. Y de una especie que, sin la Fiesta Nacional (pongámosle las mayúsculas cuanto antes), estaría en peligro de extinción. El toro bravo es un ser para la muerte. Podemos decir ‑sin temor a equivocarnos‑ que ha leído a Heidegger.


2º. La especie toro bravo o toro de lidia incluye su hábitat, finca donde se cría y grey humana que lo cuida hasta llevarlo con mimo a su destino: desde el ganadero o empresario terrateniente y latifundista, hasta el veterinario, el mayoral, el picador, el mulillero, el mozo de cuadra, peones o gañanes de los de Los santos inocentes, o la criada de ahora mismo los recibe don Eduardo. Todo esto, en la España piel de toro y toro de Osborne, mejor sitio del mundo que eligen los toros de lidia para realizarse como mito, lo que determina el paisaje económico y social de la baja Andalucía y de vastas comarcas de la Ruta de la Plata, esa luna enamorada de los toros y de los caballos de raza que se las verán con ellos en el señorito arte del rejoneo.


3º. A ese paisaje agrario con toda su geografía humana se añaden ciudades y grandes y medianos pueblos (los pequeños soltarán vaquillas), con sus concejalías de cultura o fiestas mayores, que tienen dispuestas sus ferias con sus plazas de toros, sus taquillas, su venta anticipada por internet, sus guiris y forasteros, sus verdaderos aficionados o entendidos, sus bares y restaurantes, sus hoteles y comercios del entorno, más  vendedores ambulantes ‑reventa de entradas incluida‑ con algún Cortadillo de bolsos y carteras ajenas. Más policía, pues. Todos esperan el cartel de no hay billetes, máxima condecoración en días de corrida. Al conjunto, lo llamaremos cultura y civilización y casi, casi, religión: algo en lo que ‑para ser buen español‑ hay que creer y, si no, ahí está Cataluña, cuya anti españolidad se demuestra andando con la abolición.


4º. Existe además una promoción de muchachos (y unas pocas atrevidas) que, sobrados de facultades y medios familiares, no obstante eso, eligen no las cómodas carreras de medicina, derecho, ingeniería o ni siquiera el balompié; eligen la arriesgada carrera superior de tauromaquia: perito en capotes y banderillas, maestro o diestro matador de toros con la muleta: torero (o toreador, en otras latitudes) de los de a ver dónde está ese bicho, a ver si tiene cuernos (huevos) como dice, que me lo despacho aquí mismo de una estocada. Opcionales: la folclórica tras el abanico en el tendido sombra y recibir ante los toriles a porta gayola.


5º. Va a terminar la corrida y la crónica es siempre igual y la misma. Leemos en ABC: Torerito de Tal (de azabache y oro) muy bien que estuvo (quien dice bien, dice valiente, decidido, animoso, arrojado, entregado,  templado, con voluntad, con ganas, con mando) pero no le acompañó el toro en su faena. Vaya por Dios. Y aquí aparecen calificativos de manso, afeitado, semi toro, saco con cuernos, con percha, con manillar, cabestro, buey, vaca o becerrita; nunca notas por exceso de bravura o de trapío.


6º. Total. Por culpa de las ganaderías y de los toros, que ‑habíamos quedado‑ son los primeros interesados en la fiesta, falla ‑curiosamente‑ la fiesta de los toros. Vuelva a leer el toro número uno y procure no perder el hilo (de Ariadna) o la razón.


Sobrero. Estas espirales martinsantosas (o martinsantinas) excluyen ‑pero incluyen‑ la posibilidad cierta de que el torero muera o sufra algún desgraciado percance en el ruedo, culpa sin duda de la mansedumbre del que ya era manso o de una sobreactuación o insuficiente preparación para el mito. Lo que es seguro es que alguien lo ve en la plaza y al día siguiente en otra plaza ‑de abastos‑ habrá carne de toro de lidia. Especialmente apreciado, el plato de rabo o cola de toro. Exquisito según mercado y máster chef.


ratero

# Zafarrancho Vilima
Sevilla Web Radio

ratero

ratero. De rata. más pobre que las ratas, o que una rata. Sumamente pobre. ser un rata es ser un ruin, un tacaño. ser ratero, dicho de un ladrón: que hurta con maña y cautela cosas de poco valor. El ratero sigue tres conductas: el ser parasitario, el atacar sin ser visto y el esconderse en las cloacas, en el suburbio a donde la policía irá a buscarlo y lo localizará muy fácilmente. Ratera sigue siendo la delincuencia que nos hurga en la bulla, en los bolsos y en las carteras. Este pequeño depredador ha perdido noticia ante grandes y más sutiles y puestas al día del capitalismo agresivo: timadores, traficantes, políticos, banqueros o empresarios corruptos. El 15‑M los englobó a todos bajo el genérico chorizos. No hay pan para tanto chorizo.


–en lengua:

Una Gramática filosófica de la lengua castellana, publicada en 1910 por Eduardo Benot, pone de ejemplo de acusativo la frase Juan golpeó al ratero (al ratero, CD, complemento directo), frente a Juan dio golpes al ratero (al ratero, CI, complemento indirecto). O sea que, según el gramático, era fácil o frecuente golpear a un ratero. No debían ratear muy espabilados que digamos.


–en literatura:

Las ratas, de Miguel Delibes, novela de 1962. En Los españoles pintados por sí mismos, obra colectiva publicada en Madrid en 1843, Juan Pérez Calvo se encarga de redactar el capítulo dedicado a “El ratero” y en él recuerda una letra que cantó Loaysa, el burlador de El celoso extremeño de Cervantes:

Dicen que está escrito
y con gran razón
ser la privación
causa del apetito.

Ratero famoso fue Diego Cortado, Cortadillo el de Rinconete y Cortadillo, de quince años, maestro en el arte de cortar bolsas y faltriqueras y ratear para sí lo que hubiera dentro. Es propio del alma española mirar con indulgencia este tipo de robos traídos por la privación. Lo que peor llevamos es el [mario]condismo o el [rodrigo]ratismo. –De ratas, señor Conde.