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restos del naufragio.

chivo expiatorio. Macho cabrío que el sumo sacerdote sacrificaba por los pecados de los israelitas. cabeza de turco. Persona a quien se achacan todas las culpas para eximir a otras. garbanzo negro. Que hay que expurgarlo para un buen puchero.

Estas personas primero atraen, por miedo a él, la cólera de un grupo y después son marginadas a mayor lavado de conciencia del grupo, que pasa de sentirse supuestamente acosado a ser real y efectivamente acosador. En tiempos de tolerancia y diversidad disfrazadas de igualdad, el remedio contra la conjura es vencer el miedo que le dio origen. Así, en no habiendo pecado, no habrá que buscar que pague un justo por pecadores.

Los oscuros mecanismos del acoso yo los padecí en sus dos variantes, laboral y familiar, que dieron paso a Lebrato contra Lebrato. Años después de aquellos acontecimientos, que yo vencí como se vence un cáncer, todavía me salpica alguna vindicación, algún reclamo o lo contrario: el denigre contra alguien que conmigo va, por caso, contra un buen amigo que me siguió siendo fiel. Y pienso ‑con la lógica del tópico del maleficio de la bruja o de la suegra‑ que son restos de rencillas y banderías a los que no tenemos que prestarles el más mínimo caso, entre otras razones porque mi antiguo grupo acosador se frotaría las manos si nos viesen a mi amigo y a mí pelear o discutir. Y todo por un quítame allá esa habladuría o esa difamación que el grupo acosador no ha desactivado. Restos del naufragio.

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el ángel rebelde.

Procesión en San Lorenzo mayo 2010 009 Ángel Esteban

EL ÁNGEL REBELDE

Non serviam, no serviré, dijo Luzbel a Yavé.

Íbamos camino del milenio en el instituto de aquel barrio de Sevilla. El cura de Santa Aurelia, profesor de religión, ya se había ido y en su lugar venido el típico profe de religión joven, casado y marchoso que gastaba bromas con Montse, Monseñor el obispo. Y se llevó a la muchachada de calle. Él y la jefa de lengua prepararon el decenio 2000‑2010 con Jesucristo Superestar, vestíbulo de las Jornadas Escolares por la Paz que vendrían. Ya saben, palomas, laureles, gandhis y calcutas todos los 30 de enero en institutos y colegios. Donde “paz y desarme”, pusieron “paz y no violencia”. Menudo cambiazo. El mayor gol que le metieron la Iglesia y el Ejército a la Junta de Andalucía, Consejería de Educación y centros educativos. Yo me rebelé, y lo pagué. El cura Ángel, se hubiera rebelado antes y, mejor, lo cambiaron. Pasados diez años, en mayo de 2010 me encontré a Ángel en la plaza de San Lorenzo, domingo y Corpus. ¿Creerán que me emocioné? Ángel vivía entonces su retiro en el asilo de sacerdotes de Santa Clara, espacio que algunos meses más tarde se relacionaría con un crimen, sin duda pasional. La pasión de Ángel Esteban Burgos era su Jesucristo vivo por Tierra Santa, a donde viajaba cuando podía, y de eso hablábamos, de su cristo evangélico, del que anduvo en la mar y no en procesión. En otro dios no creía. Las fotos conmigo fueron las últimas. Murió, de cansado y enfermo, poco después. Pareado al asilo de sacerdotes está la sede de la Casa de los Poetas, no de la Poesía, a donde me llevan en procesión el próximo jueves (publicidad).

Procesión en San Lorenzo mayo 2010 006 Daniel Lebrato con Ángel Esteban

IES La Paz, abril de 1997. El profesor Lebrato defendió la objeción de conciencia (asistencia voluntaria) ante la representación (cortando clases y obligatoria para todos) de Jesucristo Superestar, obra que dirigía Pilar Márquez con los Padres Blancos, de los Remedios. El periódico El Corcho puso un cartel de protesta en profesores: “Jesucristo Superestar teatro no es ni el instituto una parroquia”. La respuesta del Claustro fue una defensa cerrada en banda de Pilar Márquez. Otro día el director pintó y regaló un abanico a Daniel Lebrato representando un bestiario con la leyenda: “El zorro destapa la hipocresía de la asamblea”.

Procesión en San Lorenzo mayo 2010 008 Daniel Lebrato con Ángel Esteban

*enlace a otra panorámica



 

gigantes o molinos (acaso acoso)

Última foto en San Isidoro

MOLINOS O GIGANTES

Texto previo. ElTendedero, 1 de mayo de 2015: «Nuestra consigna era Por la paz y el desarme. Con ella en nuestras pancartas íbamos a la Marcha a Rota y a la verja del Peñón: Otan no, bases fuera, Gibraltar español, todo eso. Un día, la consigna apareció cambiada por esta otra: paz y no violencia, campaña apoyada por la Cía y por el glorioso ejército español y por nombres propios como Federico Mayor Zaragoza o Rosa Díez, entonces todavía diputada del PSOE. La jugada fue cambiar la paz mundial, que es de suyo un concepto geoestratégico contrario a guerras y armamentos, por una paz de conveniencia y de convivencia: que nuestro alumnado de barrio no nos rayara el coche y no alborotara en nuestras aulas o a la salida de clase. La implantación de la Escuela, Espacio de Paz yo la viví en el instituto La Paz, han leído bien, La Paz, de Sevilla. Me costó un expediente del que salí con una baja médica por depresión relacionada con el centro de trabajo, o sea, acoso laboral.» Comentario respuesta de Carmen Tesón: «Daniel, estoy contigo. Yo me tuve que ir y faltó poco también para que me abrieran expediente Por suerte, me dieron traslado y la depresión que me provocaron se convirtió en aliento cuando encontré a compañeros normales en el instituto Martínez Montañés sin lamerle el culo al poder. Perdona por no ser más fina. Un abrazo.»

Lo que diferencia a los molinos de los gigantes no es si don Quijote está bueno o malo de la cabeza, no es tampoco lo que llamamos realidad o percepción de la realidad ni tampoco la convicción de que los gigantes lisa y llanamente no existen. La cuestión es que el hidalgo veía una cosa y Sancho Panza otra. Si Sancho hubiese dicho a su señor que los molinos eran gigantes, gigantes hubieran sido y, por nosotros, ningún problema. Viene esto a cuento de la sutil psicología que mueve los hilos del acoso laboral. Una sola persona que se ponga al lado del acosado, que vea lo que él ve, es suficiente. Lo que importa es que no estabas al borde de una manía persecutoria de caballo.

La jugada era la Década de la paz (2000‑2010) vinculada al proyecto La escuela, espacio de paz, que desde el ies La Paz se lanzó a la Junta y desde la Junta al Gobierno de España y a todo el mundo. Para medir la fuerza del proyecto, que levante la mano quien no haya participado (aunque sea escaqueándose y tomándose el día libre) como padre o madre, como enseñante o como estudiante, o como personal no docente, en el Día de la paz que en colegios e institutos se celebraba y se celebra, aunque con menor intensidad, alrededor del 30 de enero (fecha de Gandhi).

Yo, que he sido conspirador muchos años en el movimiento universitario y en el Partido Comunista, huelo de lejos la conspiración. De pronto llegó a mi instituto Santiago Agüero Muñoz (foto 2), el típico profesor de religión marchoso, que no es cura, teólogo o filósofo supongo, joven ya casado y padre de familia, que llama Montse a Monseñor (Amigo Vallejo, entonces), que gasta bromas con la Trinidad (Trinidad Lorenzo se llamaba su mujer), que dice tacos, que se va de marcha con la chavalería, una joya a la que cualquiera le dice lo que entonces se debatía: fuera la religión de la enseñanza pública. Desde 1975 teníamos al papa polaco, Juan Pablo II; vendrían después las guerras justas, del Golfo, de los Balcanes, las Torres Gemelas y, como respuesta pacífica, el PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero (en el poder desde 2004, tras los atentados de Atocha) trabajaba ya por la Alianza de Civilizaciones (con las Tres Culturas, en realidad tres religiones), que entrará en la ONU en 2007.

Lo por mí vivido lo nombré con título tomado del poeta argentino Saúl Yurkievich (1931‑2005), Acaso acoso. Cuento en mi currículum que de 1986 a 2005 estuve casi veinte años sirviendo en este instituto de barrios. Rochelambert, Cerro del Águila, Santa Aurelia, Juan XIII, Su Eminencia, Los Pajaritos, Las Teresas. Pasaron por ahí en distintas épocas: Juan Núñez, de matemáticas, Emilio Solís, de física y química, José Manuel López Muñoz, de ciencias, Juan Antonio Rodríguez Tous y Javier Lama, de filosofía, Javier Sánchez-Cid Gori, de historia, Antonio Jiménez Casero, Emilio Díaz Rolando y Pilar Riesco, de clásicas, Encina Blanco Lobato, Benigno del Río y Trinidad Infante, de inglés, Pilar Villalobos, María Dolores González Cantos y José Marrodán, de literatura, Carlos Tarín y Andrés Moreno Mengíbar, de música, y los profesores pintores Carmen Montoro, María José García del Moral, Antonio Jiménez, Antonio López Méndez y Juan Antonio Cortés. Alumnos fueron las hermanas Márquez, derecho, Juan Morata, músico, Patricia Villaitodo, actriz, Vicente Merinero, de filosofía, Pepe Fernández Pepo, publicaciones de tema cofradiero, Alex Olguín, dibujante urbano, Diego Vaya, poeta.

Acaso acoso, IES La Paz, curso 92-93. En una publicación del departamento de ciencias de su instituto La Paz, Imago Arborum, libro de los árboles de Sevilla ilustrado por poetas y escritores próximos, Daniel Lebrato no está. Sí están Ramírez Lozano, José María Algaba, Miguel Florián, Félix Morales Prado, Antonio Molina Flores o Eliacer Cansino entre otros. Para una segunda parte, Imago Arborum II, septiembre 1994, la coordinación y búsqueda de textos literarios se le había encargado a Hipólito González Navarro con José Daniel Moreno Serrallé. Daniel Lebrato sigue sin estar. Sí aparecen Juan Lamillar, Manuel Moya, Rafael de Cózar, Juan José Espinosa Vargas o Rafael Adolfo Téllez y al frente, abriendo el libro por la a de adelfa, Pilar Márquez González, jefa del departamento de lengua del instituto La Paz. Todos estos son nombres, incluida Pilar Márquez González, que El Sobre Hilado iba trayendo por el instituto en sesiones de poetas en el aula, encima muy protestadas “porque se desorganizaban mucho las clases”. Eran los tiempos de Rodríguez Tous y de su sello editorial de lujo, la Sombra de la Torre, la Editora del Veinte.

Abril de 1997. El profesor Lebrato defendió en su instituto la objeción de conciencia (asistencia voluntaria) ante la representación (cortando clases y obligatoria para todos) de Jesucristo Superestar, obra que dirigía Pilar Márquez González con los Padres Blancos, de los Remedios. El periódico El Corcho puso un cartel de protesta en profesores: “Jesucristo Superestar: teatro no es ni el instituto, una parroquia”. Para qué dije nada. La respuesta del claustro fue una defensa cerrada de Pilar Márquez González. Después de aquello el director Jesús Ruiz Abrio pintó y regaló un abanico a Daniel que representaba un bestiario de fábula con la leyenda: “El zorro destapa la hipocresía de la asamblea”. Más tarde me desaparecería, pero Jesús Ruiz Abrio y yo sabemos que el abanico fue suyo y fue cierto. Si también él fue quien ‑cuando mi amistad ya no le interesaba‑ me lo hizo desaparecer, eso ya no lo sé.

Curso 1998-1999. Ausente el profesor Lebrato por causa de una operación (de hidrocele, tenía huevos la cosa), Pilar Márquez González, jefa del departamento de lengua fija un examen para alumnos pendientes que no sigue la programación que el profesor había estado dando durante el curso. La convocatoria de septiembre fue impugnada por todas las partes y trajo un largo conflicto que duró todo el año 1999 y acabó con la intervención de la inspección, jefe de inspectores que era Miguel Ángel Ortiz, afortunadamente amigo mío, que no daba crédito a semejante pelotera por un quítame allá ese examen.

Desde 1999. Las Jornadas de la Paz. Lebrato hace un escrito, Para qué sirve la paz comparando la paz con el pitido final en un partido igualado. Para algunos la paz, en tanto anula la rebeldía, es que el mundo siga como está, aunque ellos dirán más justo, para que en clase no haya peleas ni riñas a la salida, que nadie quiere. Las generaciones añadían a la consigna paz las consignas revolución o desarme, geopolítica mundial. La no violencia de oenegés no pasa de urbanidad y buenas costumbres, combina bien con los ejércitos que ellos dicen en misiones de paz y nunca pondrá en pie la desigualdad de este mundo. De los participantes en las Jornadas, sólo a Jesús Velázquez intere­só la opinión del compañero Lebrato, a quien nunca invitaron los organizadores.

Abril de 2003. El Corcho protesta de que la junta directiva autorizara una catequesis de acampada a la aldea Candón de Huelva con el profesor de religión a tan sólo un mes de selectividad, alumnos que perdieron dos (de tres, a la semana) clases de lengua.

Curso 2003-2004. Lebrato asume la asignatura de Información y Comunicación (ICO) que venía dando su compañera Pilar Meseguer. Elige un tablón para prácticas periodísticas y por concurso de ideas entre sus alumnos funda y dirige un periódico mural, Estilo Urbano, con su logo, sus secciones, su página web. En noviembre de 2003 la directiva del instituto La Paz mandó cambiar sin previo aviso la cerradura e impidió el acceso al aula de audiovisuales. Motivos alegados: destrozos del material y colapso en el uso de la sala de audiovisuales. Todo falso. En febrero de 2004 profesores se quejan porque alumnos de 2º de bachillerato les falten a clase por participar con Lebrato en el cine fórum del ayuntamiento de Sevilla. El 14 de abril se lleva a los de 4º de ESO al IES Pino Montano, teatro club, montaje antitabaco del grupo de Mari Carmen Alfonso. El 23 de febrero de 2004, época Aznar, con tropas españolas desde septiembre en Irak y después de tanto No a la Guerra, el departamento de orientación del IES La Paz se deja caer con unas charlas de militares. Lebrato defendió otra vez la objeción de conciencia y se opuso, de palabra ante la jefa de estudios, a que las charlas fueran de asistencia obligatoria para alumnos de bachillerato. La respuesta fue que los militares venían a hablar de las misiones de paz como salidas profesionales y que no siendo obligatorio el servicio militar tampoco sería obligatoria la objeción de conciencia. La mayoría de profesores están contra Lebrato, tildado sistemáticamente de mal compañero. A estas alturas, él y Pilar Villalobos hace tiempo que faltan justificados a los claustros. Para corregir sus excesos de individualismo, DL se apunta en la asociación REDES, Renovación de la Educación y Defensa de la Enseñanza, y en Sevilla Laica, donde es visible su nuevo amigo, Leopoldo Acal.

Curso 2004-2005. En noviembre el profesor de ICO Daniel Lebrato colabora con Juan Antonio Cortés, de dibujo, en las actividades paralelas y escolares con motivo de la Bienal de Arte de Sevilla. Sobre las metáforas visuales de sus alumnos, hechas con más imaginación que materiales nobles, el profesor propuso un fotomontaje con el sello del que tenía por costumbre reírse de su propia sombra. El lunes 15 de noviembre iban los reyes a inaugurar la exposición. En su retrato oficial se veía al rey Juan Carlos con Sofía del brazo: “–Arte ni arte, ¿a dónde me traes, Mari Sofi?, ¡qué cochambre!”. Entre el 17 y el 19 de noviembre ocurre la censura y cierre del tablón de ICO/Estilo Urbano. El director alega falta de respeto al Rey y que nueve profesores se le habían quejado. El 8 de febrero en el renovado y recién elegido Consejo Escolar alumnos se quejan por las malas del profesor Lebrato. El día siguiente, 9 de febrero, Pilar Villalobos se da de baja. Se presenta ante la inspección el padre de un alumno indisciplinado. Se oye hablar de expediente. El jueves 24 de febrero de 2005, tras 18 años de servicio en ese centro, Daniel Lebrato dio en el instituto La Paz su última clase. El lunes siguiente, 28 de febrero, era el Día de Andalucía. El 13 de marzo Alberto Leidán publica Cuestiones personales, artículo en defensa del profesor Lebrato y de la libertad de conciencia y del derecho de objeción. El 18 de marzo el CEP de Castilleja de la Cuesta reconoce a Daniel Lebrato Martínez las diez horas de dedicación por su participación en la Bienal de Arte, actividad que según el director a los alumnos se salía de las competencias del profesor.

Carmen Tesón quita el Acaso al acoso. Eran gigantes, el loco lo sabía. Efecto secundario, y no el menor, fue la creación del derechoso sindicato APIA (Asociación de Profesores de Instituto de Andalucía), donde fueron a parar mis amigos de la Guardia de la Cruzcampo (en la foto 2: Carlos Tarín, Manolo Vidal y Teresa Prieto).

FOTO UNO

profes extensiónLuisCernuda (1)

Foto 1. Abajo y de izquierda a derecha: Carlos Tarín, Manolo Vidal, Daniel Lebrato (Dani el Rojo, con barba) el cura Ángel Esteban y Eduardo Figueroa; arriba de Daniel, con gafas, Teresa Prieto; a la derecha de Teresa, Chelo Morilla, Azucena Méndez, alguien y Pepe Méndez. La foto está tomada en el instituto Luis Cernuda, del que éramos extensión, curso 1986‑87.

FOTO DOS

profes en el sótano

Curso 2003‑2004. Por la izquierda: Nacho Camino, Carmen Tesón, Carlos Tarín; de pie, Santiago Agüero. Por la derecha: en primer plano Teresa Prieto, detrás de ella Purificación Rodríguez. Al fondo, a la izquierda de Daniel Lebrato, Juan Antonio Cortés y, a su derecha, Ricardo Gómez Arcos.

Daniel Lebrato, Acaso acoso, 2 de mayo de 2015


Cuestiones personales

CUESTIONES PERSONALES

Los recientes acontecimientos protagonizados a su pesar por un profesor de información y comunicación de un instituto de Sevilla, que empezaron con un texto censurado y una polémica (si en un fotomontaje con motivo de la Bienal de Arte hubo o no ofensa contra la Casa Real), han levantado otra polémica: si en el profesor hubo cuestiones personales, concepto manejado una y otra vez por el director y por el entorno del director. Ésa es la polémica y éste es el texto.

A la gente nos gusta y no nos gusta hablar de cuestiones personales, en parte porque por cuestiones personales entendemos dos cosas parecidas y distintas: llamamos cuestiones personales a lo específico que atañe o corresponde a una sola persona y llamamos cuestiones personales a las diferencias entre dos o más personas o cargos públicos. La frontera es tan sutil que ni siquiera está claro qué dice el político o el cargo público de turno cuando declara que deja el cargo por motivos personales. ¿Personales de él o personales entre él y su equipo, colaboradores o superiores? Tan personal es un secreto, el que encierra y explica la psicología de fulanito, como personal es un motivo oscuro de rivalidad entre individuos, eso que, cuando estalla, estalla en forma de reyerta. Entre romanos y cartagineses del romance de Lorca había cuestiones personales, entre Montescos y Capuletos. En cualquier caso, donde hay cuestiones personales la mayoría de los hablantes suponemos o superponemos privadas. Acostumbrados a una idea de lo personal, las personas, como las casas, tienen su privacidad y no solemos entrar en ellas sin pedir permiso o haber sido previamente invitados. Un respeto, pues, cuando nos hablan de cuestiones personales.

Sin embargo, y por lo mismo, lo personal nos provoca curiosidad, misterio. Como aquella película ¿Qué pasó entre mi padre y tu madre? o como los hijos de Meryl Streep en Los puentes de Madison. Abundan los géneros policiales o psicológicos donde la curiosidad ocupa el centro: Marnie la ladrona o la princesa triste, ¿qué tendría la princesa de Darío?, aquella Regenta de Clarín abismada en el repaso de su vida por confesión general. Entre el pudor y el misterio, las cuestiones personales nos invitan a un limbo de interrogantes, a un umbral de causas y efectos, curiosidad que podríamos llamar síndrome Gran Hermano, Show de Truman, apropiación de una intimidad que no es nuestra pero podría serlo, argumentos que justifican y alimentan el morbo.

Para que haya cuestiones en verdad personales, tiene que haber simetría, equilibrio de fuerzas y poderes. Salvo excepciones aberrantes y peliculeras, usted no diría que entre el cirujano y el operado, entre el guardia y el multado hay cuestiones personales. No había cuestiones entre usted y sus maestros ni entre padres e hijos ni entre empresarios y obreros. Habrá cuestiones educativas o de generación, habrá problemas laborales. Más aún: la moral pública ha ido creciendo y madurando precisamente en contra de lo personal. Si usted tiene algo personal con las personas de una causa judicial, usted no puede ser miembro del jurado, ni vale lo mismo ante un juez la declaración de un familiar que de alguien ajeno a la familia. Para evitar cuestiones, los árbitros, se buscan neutrales, que no compartan la ciudad o los colores de ninguno de los equipos contendientes. Y, al revés, yo como votante no puedo tener cuestiones personales con Aznar ni Zapatero. Tendré posturas, definiciones políticas, y políticos serán en todo caso mis desacuerdos con ellos como presidentes del Gobierno. Lo que sería el colmo es que Aznar o Zapatero tuvieran cuestiones personales contra mí, el ciudadano. Está mal abuchear al árbitro pero peor sería que el árbitro me abucheara a mí. Eso tiene lo público, lo que podríamos y deberíamos llamar, más que público, político. Hablemos de problemas políticos sin perder la objetividad ni la compostura. Y estemos seguros de que la mezcla de lo público con lo privado es una mezcla envenenada que no ha traído a la humanidad más que conflictos, guerras o campos de concentración: ¿habrá alguna cuestión personal más personal que las creencias de cada uno? Nunca viene con buenas intenciones quien en el terreno de la polis, de la res pública, mezcla cuestiones individuales. Pues mientras la masa discuta sobre personas, lo que interesaba a todos como ciudadanos pasará desapercibido, seguirá sin revisarse ni discutirse. Y que el individuo pierde, eso es seguro.

Parálisis o malformación del juicio semejante, pero a la inversa, sucede en un espectador ingenuo cuando un personaje indudablemente público se le muestra en su aspecto más personal. Véanse algunas reacciones a la película El hundimiento. Un ojo crítico deslinda territorios y no se confunde: a cada esfera lo suyo, el rostro humano del dictador, del sanguinario Hitler, ni nos emociona ni lo contrario, porque el dictador no está en la Historia con mayúsculas por una cuestión personal. Por tanto, digan de él lo que digan esas imágenes privadas, sigue en pie el gran juicio de la Historia por el cual, no lo olvidemos, ese personaje ocupa el lugar que ocupa y ha merecido esa película, esa historia con minúsculas.

En el caso en que nos movemos, ha faltado simetría entre profesor y director. De hecho, cada vez son más los poderes que tiene un director y menos lo que representa un profesor, apenas un voto en un claustro por encima del cual se imponen ya hace tiempo los consejos escolares. Mientras uno quitó, censuró o prohibió (dígase como se quiera), el otro ni quitó ni censuró ni prohibió nada. Mientras el director tenía de su parte instituciones y expedientes, el profesor, como mucho, simpatías y abogados y últimamente médicos. Y mientras contra el profesor se han utilizado modos estrictamente privados (la psicología del personaje, que “no se puede hablar” con él porque “ya se sabe cómo es”), nadie ha juzgado si se puede hablar con el director o cómo es el director. Pero, aun con todo y con eso, la simetría seguiría siendo falsa. Principalmente porque entre los alumnos la persona-profesor se ha mezclado y confundido con el profesor a secas, y se han involucrado programaciones didácticas, métodos de clases, de exámenes y calificaciones, batiburrillo que, en principio, no tenía nada que ver con presuntas faltas al Rey. Ya puestos, no un profesor solo, sino los cuarenta y pico profesores de ese instituto sevillano tendrían que haber pasado por una auditoría de baremaciones didácticas parecidas. Y aun después de hecha, supongamos, esa auditoría a todos y cada uno de los miembros del claustro, al director todavía le quedaría pasar un control de calidad más alta. Para algo el que era solamente profesor de dibujo se presentó en su día a director, se postuló a sí mismo para papeles de dirección y mando. Al director, como al político o como al actor, lo sostenemos con nuestro voto, le estamos pagando por su actuación y está sujeto doblemente al abucheo o al aplauso.

Un profesor es bueno porque transmita y haga avanzar a su alumnado por los caminos de la cultura y las salidas profesionales y porque su estadística de resultados (sus números en selectividad, por ejemplo) le sean favorables. Y no por ser más o menos simpático ni popular entre el alumnado ese profesor es mejor, no porque se pueda hablar con él. Todos recordamos célebres y muy buenos profesores que han tenido unas malas pulgas y un trato humano lamentables sin que se resienta su fama de buenos profesores.

Por su parte, en el balance del director habría que valorar si con el mismo celo que guarda la imagen real (que tampoco: sabido es que el retrato oficial estaba en lo alto de una estantería criando polvo), si con ese mismo celo, digo, decimos, se guardan en su centro los derechos constitucionales de expresión, de objeción de conciencia y respeto a las minorías (que no lo parece, según convocatorias de tablón y libros de actas oficiales). Preguntarle al director si los alumnos de su centro están mejor o son más felices ahora, sin periódico de alumnos. Si las asignaturas (todas: también información y comunicación) van desarrollando sus currículos sin incidencias. Si su junta directiva actúa de acelerador en innovaciones pedagógicas. Si dirige un claustro alegre y confiado donde imparcial y efectivamente caben todas las opciones que caben en la Constitución Española y en la libertad de enseñanza dentro de la enseñanza pública. Si, como profesor de dibujo que es, está profesionalmente puesto al día en conceptos del texto contemporáneo y capacitado en la materia concreta de lo que entra y no entra en asignaturas como información y comunicación. Y si, como juez y parte, actuó con razón. (A todo eso habría que añadir circunstancialmente, señor director, si el centro que usted dirige está mejor ahora, que el profesor ya no está y que, como importante efecto secundario, otra profesora, sensible a lo que estaba pasando, está de baja también.)

Lo demás, lo simpático o antipático de cada uno, si se lleva mejor o peor con el resto del claustro, si lo invitan a tal cena de Navidad, si es homosexual o va al trabajo en barco o en motoneta, la verdad es que importa poco. El profesorado no hace oposiciones ni cobra por cuestiones personales. Y suponiendo que vayan por el caminito recto y no contra el honor de la persona, las cuestiones personales no hacen nunca más que enredar y confundir.

Alberto Leidán, 13.3.05