las fiestas populares.

Durante toda su vida (una y la misma) el pueblo no ha hecho más que trabajar para una minoría que con artes antropológicas ha podido abusar del pueblo bajo las distintas formas de explotación del hombre por el hombre.

Amigos tengo, y de muy buena cabeza, que hicieron sabias carreras como expertos en fiestas populares. Supongo que a sabiendas que no existían fiestas populares; sí, objetos, hábitos, excepciones o celebraciones que cunden o fecundan en el ánimo del pueblo, raíces donde arraiga lo popular. popular que es interesante para distinguir de lo famoso o de lo tradicional arrastrado.

No hablamos de alegres efemérides familiares o personales, esas que marcan la vida por etapas: nacimiento, cumpleaños, boda. No hablamos de alegres anuales convivencias: primavera, cosecha, matanza. Hablamos de fiestas civiles y religiosas con reflejo en rojo en el calendario laboral.

En una sociedad de clases, el ocio decretado va contra el orden de las clases, y las clases bajas son las que más trabajan cuando la fiesta es un mercado para ganar algún dinero extra. La fiesta exige una cultura del ocio (un tiempo libre cultivado) que al pueblo se le ha negado desde siempre (y para que siga siendo pueblo).

No todo tiempo libre es ocio ni es libre el tiempo que el trabajador invierte en reponer su energía como fuerza de trabajo para volver a servir de mano de obra. La clase culta, aquellas personas que heredaron a través de la familia tiempo libre acumulado hasta acaparar carreras y oposiciones, es experta en hacerse la sorda y en divulgar como universales los dones particulares que les adornan y administran: desde la educación -base y principio- hasta lo que se ha ido haciendo arte, cultura, literatura o contemplación. A esa corte -con sus primeras figuras, con sus figurantes y con sus artes de predicar- habría que cortarle el suministro y ponerla a trabajar.

La tierra que me habita, la Andalucía de Sevilla, es experta en antropología de fiestas populares. Se diría que es parte de lo gracioso o de la gracia que mi gente cultiva para después quejarse si no la toman en serio. Diga usted ahora que Macarena, Gran Poder o Rocío son significantes vacíos.

Díganme ustedes qué fiesta conocen donde por popular se entienda pueblo sin clase dirigente ni ideología dirigida a dirigir personas. Yo no conozco ninguna. Luego daré un megusta a apologías del libro, de la poesía o de la cultura.

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