arte de conversar (en sociedad)

Simposiarca
El simposiarca mezcla el vino con agua según vea cómo transcurre la conversación.

DISCUTIR SIN PELEAR

Aparte del anecdotario y del topicario en que puede caer una conversación, las conversaciones son de ideas o son de experiencia. Un grupo se puede llevar horas y horas refrescando las mismas experiencias compartidas, la misma mili que hicieron juntos, el profe que tuvieron en el colegio, la misma película o el mismo libro. La mayoría de nuestros gustos y aficiones procede de primeras experiencias gustosas y placenteras que nos han llevado (como un plato que nos gusta) a repetir.

Las personas una a una y el grupo en bloque demuestran lo que valen cuando la experiencia no es compartida y cuando las ideas no son las mismas. Las experiencias a veces son muy interesantes y captan enteramente la atención del grupo. Es el conversador encantador de serpientes, esa persona que contando algo exclusivamente suyo capta enteramente la atención del auditorio. El problema en todo caso sería el abuso de protagonismo, el riesgo de acaparar en exceso.

Si no hay encantador de serpiente lo normal es repartir entre todos el espacio y la palabra y hacerlo ecuánimemente de manera que nadie pierda comba, sitio en la conversación. Los peligros de estas conversaciones son las mismas que en una exposición o muestrario de fotos, la dispersión y el aburrimiento. Dispersión porque salgan, como brazos de una hidra, excesivas variantes y posibles conversaciones, y aburrimiento porque esas variantes no capten el interés general del grupo. Lo mejor en estos casos es escuchar la respiración del auditorio. Los griegos tenían un maestro de ceremonias, que llamaban simposiarca, que regulaba la mezcla del vino con agua según fuera él viendo más o menos piripi al auditorio. En las sobremesas actuales, quizás no viniera mal un simposiarca que manejara el grado dialéctico del grupo, puntos de encuentro y desencuentro, niveles de agresividad latente o manifiesta.

En las viejas barberías ese simposiarca hablaba por boca de prudencia: prohibido hablar de política, decía siempre el letrero. Pero como los tiempos llevan mal las prohibiciones y no está bien mandar callar ni proscribir temas, lo mejor es el acuerdo tácito, cumplir todos las normas para una buena discusión.

Como norma, debiéramos distinguir entre conversación y discusión. Esta palabra en castellano es sinónimo de pelea, y no debiera serlo. La etimología de la palabra nos dice que discutir viene de despejar o resolver y es a lo que tendría que remitirse la conversación, a despejar o resolver, sin pedanterías ni academicismos, un tema. Como norma general estarían prohibidas las alusiones personales, la dispersión en dos o más conversaciones particulares, y desde luego pasar de las palabras a ningún gesto, tocar al otro, por ejemplo, que puede ser más que amistoso, agresivo muchas veces para que el otro se calle o nos deje hablar, o como los epítetos de confianza que pueden dar asco: bonita o querido pueden chocar cuando quien nos lo dice no nos ve precisamente ni bonitos ni queridos en ese momento.


Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s