Etiqueta: dialéctica

maneras de pensar (el tema catalán).

Rodin,_El_Pensador-foto rincón del pasado

Se nos repite como un conjuro que los pilares del saber son cultura (para conocer) e historia (para decidir).[1] Y se nos insiste en que, más que transmitir saberes –conjunto cerrado–, hay que enseñar a pensar: conjunto abierto a las ideas que puedan venir. Lo más curioso: nadie dice cómo se enseña a pensar. Pensar no sabremos, sí los sistemas de razonamiento. Descartada la auto ayuda, el yoga o la religión, maneras de razonar hay solo dos: la dialéctica y la estructural. La dialéctica actúa por superación de oposiciones: Tesis ± Antítesis = Síntesis. Ejemplo, Carlos Marx para la sociedad sin clases: capitalismo ± socialismo = comunismo. El estructuralismo es un sistema binario que actúa por oposición (marcado, nomarcado) dentro de un conjunto de signos (paradigma, sus reglas son la sintaxis). El último estructuralista fue Ferdinad de Saussure, Suiza, 1916. Lo progresista del estructuralismo lingüístico hay que verlo en relación a la momia morfosintaxis de inspiración eclesiástica: verbo, oración, predicado. Pero el estructuralismo vino al mundo de las ideas para vaciar la dialéctica.[2] Como palestra, el referundismo:[3]

Para empezar, el rechazo a un nacionalismo no puede ser otro nacionalismo ni tiene sentido salir por los cerros de lo internacionalista o globalista que es uno frente a lo pueblerino de Cataluña sola independiente. Sin entrar en quién mejor que Cataluña para saber lo que a Cataluña interesa o beneficia, la antítesis a nacionalismo es el apatridismo más absoluto: algo difícil de demostrar en quien en algún lugar fiscal residencia rentas y paga impuestos.

–Bueno, sí. Pero ¿y lo que Cataluña debe a España?

–Las deudas se pasan al cobro y se pagan.

–Bueno, vale. Pero en España no existe el derecho de autodeterminación.

–Se inventa. La pregunta sigue siendo ¿cuál es el problema?

–¡Que Cataluña es España y tendríamos que votarlo toda España!

Pero en esto sale la Historia:

–Lenguas y dialectos, hijos que se emancipan, ninguna nación se hizo a sí misma pidiendo permiso.

Gente condenada a remo de democracia y sé tú mismo, no soporta que Cataluña sea ella misma. O sea, derecho a decidir: ¡Cierra la muralla! Conjunto cerrado. Maneras de pensar que por algo dicen izquierda, aunque curiosamente lo de Cataluña se rechaza porque “es muy de derechas”. Por coherencia y teoría de conjuntos, donde hay derecha, tendría que haber izquierda. Ojalá.

[1] «Quien desconoce la historia, se condena a repetirla». Lema que se atribuye desde Confucio a Cicerón, Napoleón o Ruiz de Santallana.

[2] Dialéctica social que estalló en la Revolución Rusa, octubre 1917.

[3] independentismo será aplicable (como producto final) a la culminación de las expectativas catalanistas, pero la fase donde estamos es el encaje de un referéndum legal dentro de la legislación española: referundismo.


foto portada: El Rincón de Pensar

fondo y forma

Ana Osuna con Daniel Lebrato
Con Ana Osuna, en Sanlúcar el 28-F

FONDO Y FORMA
conversaciones de sobremesa

(1º) La forma es eso que se pierde cuando alguien pierde (o porque no tiene) el fondo. (2º) El fondo es eso con lo que decimos estar de acuerdo cuando, en realidad, no estamos de acuerdo, no le daríamos la razón. Estoy de acuerdo contigo pero lo que no comparto es la forma o Si tenía razón, pero le perdieron las formas.

En un mundo que hace de las ideologías materia reservada (a quién voto, en quién creo, cuáles son mis ideas: reservas protegidas por la Constitución), una declaración de ideas (minoritarias) puede llegar a ser una declaración de guerra (con o frente a las ideas mayoritarias).

Pero como también se lleva pertenecer al grupo (ser todos: todos demócratas, antiterroristas, respetuosos, pacíficos, tolerantes, solidarios, etecé, etecé), disgusta, y puede llegar a ser violento, no compartir con alguien sus ideas. Sería como echarlo del grupo, hacerlo despertenecer.

Por algo en las barberías se prohibía hablar de política (había navajas por medio) y se tiene por buena educación discrepar de las formas, no del fondo. Así doy a entender que mis formas (mi buena educación) es superior a la tuya aunque mis ideas, bueno, mis ideas vaya usted a ver por dónde andarán mis ideas.

de la serie Discutir sin pelear.


arte de conversar (en sociedad)

Simposiarca
El simposiarca mezcla el vino con agua según vea cómo transcurre la conversación.

DISCUTIR SIN PELEAR

Aparte del anecdotario y del topicario en que puede caer una conversación, las conversaciones son de ideas o son de experiencia. Un grupo se puede llevar horas y horas refrescando las mismas experiencias compartidas, la misma mili que hicieron juntos, el profe que tuvieron en el colegio, la misma película o el mismo libro. La mayoría de nuestros gustos y aficiones procede de primeras experiencias gustosas y placenteras que nos han llevado (como un plato que nos gusta) a repetir.

Las personas una a una y el grupo en bloque demuestran lo que valen cuando la experiencia no es compartida y cuando las ideas no son las mismas. Las experiencias a veces son muy interesantes y captan enteramente la atención del grupo. Es el conversador encantador de serpientes, esa persona que contando algo exclusivamente suyo capta enteramente la atención del auditorio. El problema en todo caso sería el abuso de protagonismo, el riesgo de acaparar en exceso.

Si no hay encantador de serpiente lo normal es repartir entre todos el espacio y la palabra y hacerlo ecuánimemente de manera que nadie pierda comba, sitio en la conversación. Los peligros de estas conversaciones son las mismas que en una exposición o muestrario de fotos, la dispersión y el aburrimiento. Dispersión porque salgan, como brazos de una hidra, excesivas variantes y posibles conversaciones, y aburrimiento porque esas variantes no capten el interés general del grupo. Lo mejor en estos casos es escuchar la respiración del auditorio. Los griegos tenían un maestro de ceremonias, que llamaban simposiarca, que regulaba la mezcla del vino con agua según fuera él viendo más o menos piripi al auditorio. En las sobremesas actuales, quizás no viniera mal un simposiarca que manejara el grado dialéctico del grupo, puntos de encuentro y desencuentro, niveles de agresividad latente o manifiesta.

En las viejas barberías ese simposiarca hablaba por boca de prudencia: prohibido hablar de política, decía siempre el letrero. Pero como los tiempos llevan mal las prohibiciones y no está bien mandar callar ni proscribir temas, lo mejor es el acuerdo tácito, cumplir todos las normas para una buena discusión.

Como norma, debiéramos distinguir entre conversación y discusión. Esta palabra en castellano es sinónimo de pelea, y no debiera serlo. La etimología de la palabra nos dice que discutir viene de despejar o resolver y es a lo que tendría que remitirse la conversación, a despejar o resolver, sin pedanterías ni academicismos, un tema. Como norma general estarían prohibidas las alusiones personales, la dispersión en dos o más conversaciones particulares, y desde luego pasar de las palabras a ningún gesto, tocar al otro, por ejemplo, que puede ser más que amistoso, agresivo muchas veces para que el otro se calle o nos deje hablar, o como los epítetos de confianza que pueden dar asco: bonita o querido pueden chocar cuando quien nos lo dice no nos ve precisamente ni bonitos ni queridos en ese momento.