EL ESPAÑOL DE LA E (TEORÍA DE CONJUNTOS)

 poliamor

EL ESPAÑOL DE LA -E (TEORÍA DE CONJUNTOS)

No hay manera de verlo o descargarlo en internet. El artículo se llama Pregunta a los libreamorosos, lo firma Gabriela Wiener, y está de momento solo en la edición impresa de El País de las Tentaciones, número 4, que salió el jueves 27 de agosto. En la página 40, Gabriela Wiener reporta al colectivo Amor Libre Spain (ALS, lucha contra el amor heteropatriarcal). Este colectivo practica un curioso lenguaje inclusivo que cuestiona los géneros establecidos por el paradigma ‑a/‑o a base de la ‑e como terminación única. ¡Bienvenides!, ¡Hola, chiques! En estos casos la ‑e ahorra escribir chicos/as, chic@s o chicxs, lo cual está muy bien para acabar antes y no meterse uno (une) en más problemas. Al fin y al cabo, la ‑e ya es terminación epicena, que neutraliza o incluye los dos sexos, en participios de presente como adolescente, estudiante, firmante o acertante. Otras veces, la ‑e en lenguaje ALS cumple una función no epicena sino distintiva, diacrítica. Ocurre con persone, frente a persona. Persone sería la persona de amor libre. Guape, amigue, cariñose, cachonde, opresore son neologismos internos del grupo. Como en todo, hay quien se pasa de frenada y quiere ya la ‑e donde no hace falta. La expresión de puta madre no gana nada con de pute madre. Lo más curioso de la página está en los tecnicismos que etiquetan las nuevas relaciones: libreamor, poliamor, pansexual, heteropatriarcal, demisexual, o cómo usan el verbo deconstruir en el sentido de levantar una nueva personalidad que mate los enemigos del sistema sentimental y sexual: los celos, la posesión, las relaciones tóxicas. Es por ahí, no por el porno, por donde el colectivo ALS respira libertad, libertad que se han tomado también con el idioma. Valga de ejemplo de cómo las palabras sirven a las intenciones y no las intenciones a las palabras, como quería el Arcipreste. Frente al mamoneo del todos y todas y frente al furibundo inmovilismo del masculino varón (expresión feliz de José Luis Macías Rico), este español de la ‑e tiene un respeto: el que merece el colectivo que lo practica. A Eusebio Valladares, el viejo luchador por el español concordado, le hubiera gustado. Siempre nos ha parecido que un mariquita puede decirle a otro maricón, maricona o mariconaza, que nunca lo estará insultando, pero que eso mismo, si al mariquita se lo dice un chaval que va por la vida de varón, sería un insulto. Teoría de conjuntos.

Daniel Lebrato, ElWoman, 4 del 9 de 2015

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